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viernes, 27 de septiembre de 2024

Gran Alianza Nacional / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


«Para el 10 de enero de 2025 faltan más de tres meses, tiempo suficiente para levantar de nuevo esa alianza de vocación civilista que permita la asunción de Edmundo González a la presidencia»

Repasar lo ocurrido desde octubre de 2023, pareciera un viaje a un pasado muy remoto. Han sido tantos los eventos que se han apretado en tan solo once meses, que las referencias importantes se pierden. El 23 de enero de 2024, María Corina Machado, ganadora de las primarias y cuya inhabilitación aún no había sido hecha pública por el régimen, anunció el lanzamiento de GANA, una magnífica idea. 

La definió como una gran alianza nacional para obligar a Maduro a medirse en las elecciones y, luego, salvaguardar los votos de los venezolanos. En su alocución, pidió a los diversos sectores de la sociedad, incluyendo partidos políticos, maestros, médicos y trabajadores, unirseen el esfuerzo común por restaurar la democracia en el país. «Lo que ya arrancó, nada ni nadie lo va a parar; hoy la lucha es por la libertad», concluyó. 

Tres días más tarde, el 26 de enero, el TSJ de Maduro anunció la inhabilitación de MCM para ser candidata. Lo que ocurrió en los meses siguientes fue una de las épicas civiles más importantes de nuestra historia reciente: MCM se convirtió en un vendaval que a su paso aglutinó a su alrededor una coalición popular de anchísima base (una GANA de millones de ciudadanos) dentro y fuera del país, y el 28 de julio, con la candidatura de Edmundo González Urrutia, aplastó electoralmente al chavismo. Más aún, esa gran alianza popular fue fundamental para realizar una tarea que parecía imposible: preservar las actas emitidas por el CNE, ordenarlas, digitalizarlas y publicarlas en internet. De esa manera, la verdad quedó evidenciada ante Venezuela y el mundo, la tiranía había sido derrotada de manera, pacífica, electoral y constitucional.

También se sabe que Maduro jugó la carta del “autosuicidio”. Desconoció el resultado, se burló de la soberanía popular, se declaró ganador y aplastó con las fuerzas militares y policiales las protestas populares. A partir de ese momento, una fecha comenzó a aparecer en el horizonte: 10 de enero de 2025. Ese día termina oficialmente la presidencia de Nicolás Maduro y comienza un nuevo período constitucional.

Edmundo González es el legítimamente llamado a ocupar la presidencia en esa fecha. Así lo sabe Venezuela y lo reconocen multitud de estados democráticos del mundo. Tanto EGU como MCM continúan, en medio de persecuciones y grandes dificultades, convocando voluntades y reuniendo apoyos para que se respete la voluntad soberana de los venezolanos. Esa lucha es muy dura y hay que pelearla con la desventaja de quienes no tienen, ni quieren tener, las armas. 

No es tiempo de divisiones, es ahora cuando la idea de la gran alianza nacional recupera toda su vigencia. La oposición venezolana que derrotó a Maduro, que incluye a MCM y su partido Vente, a la Plataforma Unitaria y a millones de independientes, necesitan reactivarse. Si a los fines de la disputa electoral, se agregaron con el cemento del entusiasmo inmenso, expresado por los venezolanos de todos los estratos socioeconómicos, ahora habrá que recurrir a un trabajo político paciente y discreto para burlar a la represión dictatorial. 

Tiempo hay. Las candidaturas a las elecciones de julio se inscribieron a mediados de abril y la campaña electoral, como tal, tomó menos de un mes. Para el 10 de enero de 2025 faltan más de tres meses, tiempo suficiente para levantar de nuevo esa alianza de vocación civilista que permita la asunción de EGU a la presidencia, es una necesidad para salvar a Venezuela. 

El golpe a la soberanía por parte de Maduro, los dirigentes chavistas y militares que lo apoyan abrió una puerta –que sería de Pandora de ser una caja– que conduce al infierno de a la inestabilidad política y la ruina económica. Ellos parecieran no entender que después de su transgresión, Venezuela se convierte en un territorio sin leyes ni normas éticas que protejan a su gente, ellos incluidos.

https://lga.lagranaldea.com/2024/09/25/gran-alianza-nacional/

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jueves, 19 de septiembre de 2024

La conspiración interminable / Francisco Suniaga @FSuniaga



 «Los venezolanos no están para aventuras como estas, cuyo único resultado posible sería hacer más duras las condiciones de vida en el país»

Los mismos que han develado miles de conspiraciones e intentos de magnicidio de los que nunca se ha visto  la menor prueba, vienen de nuevo con el mismo cuento. Las fuerzas imperialistas mundiales (todos, menos los chinos y rusos, que como se sabe nunca han sido imperios), conspiran otra vez para poner su planta insolente sobre el sagrado suelo de la patria y, mayor crimen aun, atentar contra su amado presidente, Nicolás Maduro. 

En esta oportunidad se trata de dos intentonas independientes entre sí, pero con el mismo objetivo. En la primera, el agresor fue el imperio español. Aunque no el de Felipe II o Carlos V, sino uno inspirado en el monólogo humorístico de Emilio Lovera sobre Bolívar. Por eso, en vez de dos gallegos jugando dominó, se trata de dos vascos. Gracias a la infinita capacidad de la seguridad e inteligencia régimen, ya esta invasión fue abortada y los dos gallegos, perdón, vascos, están presos, atados y bien atados. 

Hay otra invasión, esta de tipo quirúrgico, patrocinada por el imperio habitual y su CIA. Esta operación está supuestamente integrada por cazadores de recompensas.  Los pasquines correspondientes, como los de las películas vaqueras, fueron emitidos hace ya unos años, por el gobierno de Estados Unidos y son, por tanto, absolutamente legales en ese país. Los cazarrecompensas no habían movido ficha  porque quieren más dinero por los buscados, Wanted, les dicen allá. Visto que el gobierno norteamericano no puede aumentar los montos ofrecidos, se les ocurrió una genialidad: abrir una cuenta bancaria para que los ciudadanos del mundo completen la cifra a la que aspiran. 

Estos cuentos huelen a montaje cubano, en lo personal, no los creo. Que los crean aquellos que han hecho y siguen haciendo dinero con la nomenklatura  chavista/madurista. Advertencia: los creerán y harán cualquier cosa por hacer que otros los crean, mientras haya real, eso sí. Que les crean el cuento esos fósiles ideológicos, auténticos fantasmas del pasado, que siguen delirando con que esto de Chávez y Maduro es una revolución socialista. 

viernes, 13 de septiembre de 2024

Con Edmundo hasta el final / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


«A quien de veras Maduro necesita quitarse de encima es a los más de siete millones de electores que lo sacaron legítimamente del poder el 28 de julio»

En estos últimos días quizás Edmundo González Urrutia piense en su vida apacible de jubilado con una nostalgia sólida. Añorará aquellas tareas que le tocaba realizar y estaban vinculadas a la esencia de su profesión: acercar posiciones, unir desuniones y asesorar en materia internacional a sucesivas plataformas políticas opositoras. Actividad complementaria perfecta para un embajador jubilado como él; lo bueno del retiro se concentra, precisamente, en la placidez de no tener que sufrir presiones o tener responsabilidades estresantes.

 Ese hombre, que no escogió la política como oficio sino como voluntariado, por esos avatares de la vida criolla, se encuentra de pronto en una situación donde ni siquiera el más avezado y correoso de los políticos querría estar ni se manejaría con tranquilidad: ser perseguido por una dictadura que no conoce el escrúpulo. “Me apresarán o asesinarán de un momento a otro”. Algo como eso debió sentir Edmundo, pero quien en verdad lo escribió, en una carta al CEN de AD, fue un Rómulo Betancourt de 40 años de edad, tras el derrocamiento de Gallegos. Es evidente que tranquilo no estaba, aunque, a diferencia de EGU, tenía un doctorado en ser perseguido por dictaduras.

Edmundo González pidió asilo a España. Una decisión que, visto que ya estaba “como huésped” en la embajada de Holanda desde el 29 de julio, fue meditada y consultada. Se podría suponer que eso fue parte de algún plan de contingencias, si Maduro optaba por un golpe de estado a la soberanía popular, como en efecto hizo. Se le critica (en particular en las redes, en las que se le ha maltratado mucho, por cierto) que no lo consultó con el liderazgo de la oposición. Claro que no, dado lo delicado de la materia, lo haría con María Corina Machado y alguna gente confiable para él, si acaso. No podía ampliar ese círculo por su propia seguridad. Betancourt, para continuar el contraste, tampoco lo hizo. La carta al CEN la escribió varios días después de asilarse.

Especulaciones hay muchas en torno a la solicitud de protección de EGU (la mayoría de ellas negativas o pesimistas), pero lo único cierto es que España gestionó el salvoconducto correspondiente y Maduro lo concedió. De hecho, de tan buena gana lo hizo, que celebró el evento como una victoria. Hasta dulce de lechosa comió, emulando a su líder eterno. Que lo disfrute, es poca compensación para la incomodidad de estar sentado sobre una bayoneta.

En España, el asilo de Edmundo ha pasado a engrosar la lista de frentes de guerra abiertos entre PSOE-PP. Eso constituye un gran inconveniente para la lucha por la democracia en Venezuela. Lo que conviene es que ambos partidos, across the aisle, como en Estados Unidos, traten el tema venezolano. Mientras escribo, se anuncia una sesión del Congreso de los Diputados de España en la que probablemente se vote positivamente una iniciativa del Partido Popular para declarar EGU como Presidente Electo. Una de esas pequeñas victorias, de las que hablaba Mao.

jueves, 5 de septiembre de 2024

El terror como único contenido / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


«¿Cuál es la razón de tanta rabia contra los venezolanos que durante años incluso los votaron? La respuesta parece absurda: el miedo»

En varios artículos anteriores, desde antes incluso de las primarias, insistía en afirmar que el ideario y contenido normativo del régimen chavista había sido desguazado por Nicolás Maduro y su claque. Consecuencia de ese desguace, como régimen estaba liquidado porque sin ideas políticas y normas éticas, sociales y jurídicas un régimen no existía. Como consecuencia de esa falla estructural que fue la base de su insondable corrupción, sus partidarios lo abandonaron. Eso quedó dramáticamente demostrado el 28-J cuando fue aplastado por el pueblo venezolano.

Un hombre, Edmundo González Urrutia, sencillo, anónimo, conocido solo para quienes participaban en  la vida interna de las diversas plataformas políticas montadas por la oposición en cinco lustros o en el mundo diplomático, fue el abanderado de esa victoria popular. Es por la más genuina de las formas, la de la verdad, el presidente electo de los venezolanos. La vasta mayoría de quienes  pudieron votar, lo invistieron de una autoridad sagrada en democracia. Y entonces, de la nada, sin sustentación real o jurídica, el gobierno depuesto por el pueblo pretende convertirlo en reo de una serie de delitos que solo existen en las mentes afiebradas de la claque chavista, y a punta de pistola pretenden ahora usurpar el poder que perdieron.

Lo de la pistola es un decir, la realidad es aún peor. Su propósito de desconocer a la voluntad popular es tan raigal que desde el 28 de julio pasado, a partir de la hora en que ordenaron cortar la transmisión de las actas de escrutinio de los centros electorales a la sala de totalización del CNE (la paliza que Venezuela les estaba dando era gigantesca) descargaron su furia contra el pueblo que rechazaba la farsa que escenificaron al anunciar un resultado sin siquiera presentar un papelito. 

Desde esa hora, los jefes del chavismo han llenado de contenido la carcasa vacía de lo que fue el régimen del socialismo del siglo XXI. Lo hicieron con el más tóxico de los contenidos, algo impensable para quienes honestamente pusieron alguna vez en él sus esperanzas: el terror. Armados con él han desatado sobre los venezolanos la furia de un ejército de ocupación extranjero. Nada se ha salvado: ni instituciones, ni personas, ni los niños. Ni el presidente electo. 

viernes, 16 de agosto de 2024

Resistir hasta el final / Francisco Suniaga @FSuniaga



La violencia de Maduro contra los venezolanos se puede explicar, pero no se puede aceptar. Hay que resistirla

Un régimen político cualquiera tiene ética y estética propias. Venezuela ha sido, para bien y para mal, ejemplo de este aserto. El 01 de diciembre de 1968 se realizaron las elecciones presidenciales, las terceras de la pasada era democrática, y el resultado era incierto por lo cerrado de la disputa. Por primera vez, desde las celebradas en 1958, pasaron varios días sin que se supiera a ciencia cierta quién había sido el candidato ganador. Fue el 5 de diciembre, después de un tira y encoge político y declaraciones altisonantes de lado y lado, cuando AD reconoció el triunfo de Rafael Caldera, abanderado de Copei. La diferencia a su favor fue alrededor de 30 mil sufragios.

En esos días en los que Venezuela esperaba en vilo el resultado definitivo, el doctor Gonzalo Barrios rechazó las demandas de algunos dirigentes adecos, de impugnar y revisar el resultado electoral. Sus palabras fueron lapidarias: “Al gobierno más le vale una derrota cuestionada que una victoria discutida”. Y procedió a reconocer el triunfo de su adversario. Debió ser muy duro para él hacerlo porque sabía con seguridad que jamás volvería a tener otra oportunidad de aspirar a la presidencia. 

Gonzalo Barrios no sólo pronunció el discurso preciso sino que también estableció las bases de lo que vino a ser una conducta democrática consuetudinaria y fundamental: la alternancia en el ejercicio del poder político. A esa decisión de alto contenido ético la acompañó una representación estética que hace mucho se echa de menos: la imagen de un presidente entregando el mando a otro político de signo contrario. De paso, echó por tierra una vieja conseja de tiempos pasados: “Gobierno no pierde elecciones”. Expresión decimonónica que el chavismo revivió y convirtió en dogma desde 1999. 

Ante los buenos ejemplos de la política democrática a lo largo de cuarenta años tanto en lo ético como en lo estético, están las reiteradas muestras de inmoralidad política de Nicolás Maduro y de la horrible y sangrienta estética que las ha acompañado. Así ha sido desde las elecciones de 2013, que ahora es obvio que también perdió, pasando por las del 2018, en las que se impuso con ventajismos, manipulaciones y trampas, hasta llegar al delirio fraudulento de 2024. 

El robo electoral que trata de imponer en estas elecciones merece unos comentarios aparte. En principio, intenta Maduro un crimen imperdonable contra la voluntad popular, como es irrespetarla cuando se ha expresado de manera tan clara y contundente: 7 de cada 10 venezolanos votaron en su contra. Desconocer el mandato que millones de ciudadanos le concedieron a Edmundo González para que presidiera la nación. Violar de manera flagrante y grotesca la Constitución. Mentir descaradamente y sin prueba alguna en sus alegatos. Nadie mejor que él sabe que perdió. Someter a millones de venezolanos libres a la voluntad ilegal e ilegítima de una camarilla que no los representa. Atentar contra la democracia de la forma más descarada. Y los delitos que se derivan de todos estos sumados a los costos de desalojarlo del poder.

jueves, 8 de agosto de 2024

La transición sí que vive / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


Todo estaba cantado para que se iniciara la gran transición a la democracia que Venezuela necesita. La admirable campaña de la oposición en la calle, principalmente por María Corina Machado, la líder y gran movilizadora popular, y el candidato presidencial Edmundo González Urrutia, acompañados por la Plataforma Unitaria y sus dirigentes; con la participación de cientos de miles de voluntarios, provenientes de un amplísimo espectro político eran augurios poderosos. Aunque Maduro y Diosdado no cesen de repetirlo, nadie ofrecía masacres ni castigos, la consigna ha sido solo una: cambio.

Las grandes movilizaciones opositoras durante los meses previos, la fiesta en que millones de electores convirtieron el día mismo de las elecciones, la ausencia total de violencia antes, durante y después de los comicios, ratificaba ese propósito de marchar hacia una nueva Venezuela: republicana, democrática, moderna y próspera.

Esas manifestaciones tan esperanzadoras fueron segadas con el balde de agua helada que el apparatchik que preside el CNE, cuyo nombre es preferible olvidar, arrojó sobre ellas con su primer boletín. En él, horror de horrores, declaraba a Nicolás Maduro ganador, con 51% de los votos.

La sorpresa fue inevitable. Eso era imposible. Venezuela entera había sido testigo de las avalanchas humanas que provocaron Edmundo y María Corina, y de las concentraciones de otras fuerzas opositoras. Las exit polls, conocidas al final de la jornada, eran unánimemente abrumadoras. Asimismo eran los resultados de los primeros escrutinios a lo largo y ancho del país.

Siempre hubo entre los demócratas el temor de que Maduro y los suyos no iban a aceptar su derrota, que “algo” iban a hacer, pero la paliza en todo el país fue tan rotunda que lo racional era aceptarla. Solo quien no quiera a un país se atrevería a una acción tan irresponsable, no es racional para ningún político en el mundo atentar de esa manera contra la voluntad nacional. Lo patriota, lo venezolano era admitir que habían sido rechazados de manera categórica. Pues bien, Maduro y los suyos se atrevieron a desafiar a la inmensa mayoría de ciudadanos, inventaron unas historias tan simples como estúpidas y desconocieron los resultados.

En ese instante histórico, en el que un autócrata y su claque se empeñaban en atentar de manera violenta contra la soberanía popular, había un hombre que pudo haber cambiado la situación con una sola frase. Las mismas tres palabras que millones de venezolanos gritaron en un coro nacional: “Muestren las actas”. Pero ese hombre, el general Vladimir Padrino López, no cumplió con su deber constitucional. Aquello de ser descendiente del ejército libertador de Bolívar lo dejó olvidado. Contrario al interés de Venezuela y para desmayo de la vasta mayoría que había decidido sacar con sus votos a Maduro de Miraflores, declaró que había que acatar la declaración írrita del CNE y ordenó a las fuerzas armadas que impusieran a la fuerza ese acatamiento.

Quizás la ira que Nicolás Maduro ha venido expresando en sus presentaciones posteriores al 28J –esas amenazas cargadas de furia contra los venezolanos que se han limitado a ejercer sus derechos–, tenga que ver también con lo decidido por Padrino López. Es obvio que en la cabeza y el alma de Maduro debe estar ocurriendo ahora la fusión atómica que se da previo al estallido de una bomba nuclear.

sábado, 3 de agosto de 2024

La gran chapuza / Francisco Suniaga @FSuniaga



 «El chavismo ha terminado. El Psuv será un partido político de muertos-vivos, sin patria, sin fe, y sin principios»

Los jefes chavistas autores del fraude el pasado domingo no tuvieron la decencia de respetar la voluntad del pueblo al que aún aseguran defender. La estafa electoral que intentaron materializar es el pecado más grande que se puede cometer en una República: desconocer la voluntad popular. Baste saber que en la antigua Roma republicana se condenaba a muerte infamante a quienes cometían ese delito. No mostraron los conspiradores ningún respeto por los millones de venezolanos que confiaron en el “mejor sistema electoral del mundo” que ellos administran. Por el contrario, se afincaron en el irrespeto a sus conciudadanos, a los pendejos pues, a aquellos que no importan, a los que no han participado en el saqueo rojo rojito a lo largo de un cuarto de siglo.

Fue un fraude donde los principales implicados actuaron con premeditación (tal vez el plan se inició hace años, desde el olvidado incendio de las máquinas anteriores), alevosía, nocturnidad, ventaja y hasta ensañamiento. El tongo estaba montado desde hace unas semanas, desde que comenzaron que iban a respetar los resultados que anunciara el CNE. El propio Nicolasito (desde ya candidato a ser “el querido dirigente del chavismo”) lo declaró a la prensa. Ya eso era suficiente indicio  porque esa coletilla nunca había hecho falta. Los resultados, así ha sido siempre, quien los informa es el CNE, sin más.

Por eso los jefes no reaccionaban ni reclamaban a los dirigentes medios de Psuv por las concurrencias verdaderamente escuálidas a sus actos. No les importaba, ya el fraude estaba listo, “sabían” que iban a ganar, para qué preocuparse.

Desde hace tiempo, la oposición ha sabido que hacen trampa, que por lo menos les tumbaban unos cientos miles de votos. Se tenía como un axioma que el gobierno siempre salía adelante con por lo menos trescientos mil votos. La razón principal eran los centros a los que la oposición no podía atender porque las huestes chavistas se lo impedían. Gente sabida y curtida en este asunto, Gumersindo Rodríguez era uno, sostenía que desde el primer referéndum estaban haciendo trampa, pero nunca habían dado con la pistola humeante. Ahora el argumento muerde la verdad.

«¿Qué liderazgo puede ejercer un Presidente que a la vista de todos se robó las elecciones y se burló del soberano? ¿Qué poder puede tener vis a vis otros factores políticos, los militares, por ejemplo?»

La chapuza de fraude del 28-J es responsabilidad directa de Amoroso, aunque bajo la supervisión de Jorge Rodríguez y con la participación de los cubanos, que de todo saben mucho, pero de elecciones no saben un carajo. ¿De verdad creyeron que ese timo era posible en unas elecciones donde su candidato perdió en una proporción de 3 a 1? El resultado no pudo ser peor, fue más que un fraude en grado de frustración, fue una estupidez de la que se derivan males infinitos. Ahora se puede decir, sin parecer exagerado ni fanático, que Capriles sí ganó, y que todos los procesos realizados por el CNE a lo largo de veinte años son por lo menos dudosos. De hecho, como en esta conspiración participaron todos los poderes del Estado, hay un desmoronamiento general de las instituciones. No hay razones para creer en ninguna de ellas. ¿Se puede gobernar así? Al parecer ellos sí.

jueves, 4 de julio de 2024

Qatar, otra vez / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


«A Maduro y su claque no les pasó por la cabeza (y quizás a los gringos tampoco) que el nivel de rechazo de una población exangüe y maltratada llegaría a ser tan alto que no haya para él manera de ganar»

Según Nicolás Maduro, la vuelta a la mesa de conversaciones en el emirato ocurre luego de múltiples solicitudes por parte de Estados Unidos. Reconoce que le tomó dos meses pensarlo y aceptar el ruego de los gringos. Eso sí, con “con respeto, sin manipulación y que, además, sean diálogos públicos, sin especulación”, advirtió.

Cualquiera que sea la verdad del asunto (más probablemente se trate de un proceso que viene desarrollándose desde hace tiempo entre ambos gobiernos), unas conversaciones tres semanas antes de un proceso electoral de importancia crucial, difícilmente vayan sobre un tema distinto.

El propio Maduro adelantó una respuesta: «Ya saben quién va a ganar, y yo se las voy a poner fácil. Soy un hombre de diálogo y quiero que a través del diálogo se respete a Venezuela, a hacer respetar (sic) a nuestro país, su democracia, su pueblo». Vale decir, para Maduro, Estados Unidos tiene el conocimiento de que él va a ganar las elecciones y acepta acordar con ellos alguna cooperación política (de la misma manera truculenta como ha hecho con acuerdos anteriores). A cambio, el gobierno de Biden lo legitima ante el mundo.

Estados Unidos, es obvio, mira la realidad de Venezuela con otra lente (la de ellos) y a veces da la impresión de que no tienen una idea clara de lo que realmente ocurre aquí. No obstante, tendrían que estar usando una muy distorsionada para no ver el tsunami electoral y democrático que se ha levantado en unas pocas semanas. Y tampoco advertir las desastrosas consecuencias políticas que se desencadenarían si Maduro desconoce o tuerce la voluntad expresada en las urnas por los venezolanos.

Si el proceso de acercamiento para conversar comenzó hace dos meses, como sugiere Maduro, la primera observación sería que el cuadro político entonces era otro. En abril aún era creíble el supuesto con el que la dictadura había montado su estrategia electoral: que la base militante chavista sumada a la inhabilitación de MCM, más el trabajo de zapa de los candidatos “nopositores” y las ventajas y trampas electorales ya preparadas le aseguraban la victoria. En ese caso, se puede especular, lo único que necesitaba asegurar Maduro era el reconocimiento de Estados Unidos.

Conversaría para persuadirlos de que miraran hacia otro lado y no condenaran el ventajismo, las tramposerías y la supresión de derechos a millones de electores. En fin de cuentas, la primera prioridad de EEUU ha sido siempre la estabilidad política. Algún chance creía tener. 

viernes, 31 de mayo de 2024

Tres escenarios / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


En tiempos de la democracia de los cuarenta años y del antiguo Consejo Supremo Electoral esta campaña electoral sería como la de Jaime Lusinchi, una galopada de punta a punta y turbulencias. En aquellos inolvidables cuarenta años de crecimiento democrático, a menos de dos meses para la fecha electoral, con lo visto en la calle, el entusiasmo de millones de venezolanos y el vívido deseo de cambio expresado en todo el país, se podría decir que ya Edmundo González ha ganado las elecciones. Mas en estos tiempos no es así y de repente aparece un episodio como el de las Hernández, las vendedoras de empanadas de Corozopando, para recordarles a todos que aún queda mucho camino por recorrer y que es culebrero.

En una tertulia con viejos amigos políticos (retirados, pero con los reflejos intactos, dicen), apareció el tema inevitable en estos tiempos: los chavistas saben que estas elecciones no las ganan de manera limpia, ¿qué van a hacer para impedirlo? Allí aparecieron tres hipótesis en torno a las posibles respuestas del régimen.

Primera: No van a hacer nada. El chavismo se ha convertido en el “saco de gatos” del que hablaba José Vicente Rangel y, como tal, no producen respuestas coherentes. Hasta ahora la única que han dado son las pocas giras de Maduro, con tomas cerradas para que no se note la soledad, y Diosdado (por donde ha pasado poco antes de María Corina Machado). Ambas sólo han servido para destacar la falta de apoyo y respaldo popular que los debilita con cada día que pasa. Eso es lo que harán. Por eso, salvo la represión y las escaramuzas que siempre montan en fechas electorales, nada harán. Lo otro es que nadie toma iniciativas porque en medio de tantas conspiraciones probablemente termine preso. Además, no hay que olvidar que median seis meses entre las elecciones y la juramentación para sacar un conejo de la chistera.

Segunda: Van a provocar un incidente fronterizo con Guyana (como Hitler en 1939). Suspenden de manera indefinida las elecciones por razones de seguridad nacional, como hizo Zelensky en Ucrania, ponen en vigencia leyes marciales y meten presos a los dirigentes opositores. Los defensores de esta tesis admiten que la jugada es muy delicada porque los perros del vecino son grandes, peligrosos y tienen portaviones como en las Malvinas. Aun así, es una posibilidad, si la candidatura (que es como un carro sin ruedas) no llega al umbral de votos necesarios para que las trampas electorales funcionen. De repente los ayuda una ola de nacionalismo, cambia el panorama electoral y hasta pueden hacer las elecciones este mismo año.

Tercera: Eliminan la tarjeta de la Unidad con una sentencia del TSJ. Visto lo rápido que la oposición ha pasado el suiche entre las candidaturas, esta decisión debe tomarse cuando el tiempo para cambiar el tarjetón y hacer campaña por la nueva tarjeta (si es el caso) sea mínimo o no exista. Puede también ocurrir que la decisión no conceda esa posibilidad y simplemente se deja a la oposición sin candidato. Esta sería la más extrema de las medidas. Requeriría de la participación de cuerpos militares, milicias y colectivos con un alto nivel de coordinación. Amén de la condena internacional casi unánime, incluyendo la de antiguos aliados y amigos, pero para tiempos desesperados medidas desesperadas.

jueves, 23 de mayo de 2024

Arranca una campaña incierta / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


«El candidato la sacó de jonrón con un discurso, muy oportuno y pertinente, que había sido esperado por tirios y troyanos. En La Victoria no había calle pa’ tanta gente»

El manejo sesgado, opaco y autoritario del proceso electoral por parte del régimen chavista ha generado violaciones graves de la ley y principios democráticos. Solo considerando lo más grueso, se adelantó al mes de julio la fecha la realización de las elecciones, cercenaron el derecho al voto a unos cinco millones de venezolanos y le impidieron a María Corina Machado participar como candidata, no obstante haber sido elegida por casi tres millones de votantes en unas primarias.   

Se imaginan, solo para contrastar, que el gobierno del presidente Luis Herrera, en 1983, hubiera ordenado el cierre del hotel Prado Río de Mérida, porque Jaime Lusinchi, entonces candidato opositor, se había hospedado en él. Semejante decisión habría alcanzado cotas de escándalo nacional y constituido un inconveniente tremendo para la campaña del candidato Rafael Caldera. Para Lusinchi habría sido de gran utilidad  referirse a esa bajeza política en cada evento electoral y cobrar en votos el rédito de tal arbitrariedad. Ese mismo atropello, sin embargo, se ha cometido varias veces contra dueños de hoteles, restaurantes y cualquiera que preste sus servicios a MCM en sus giras por el interior de Venezuela. 

La conducta antidemocrática del régimen de Maduro ha hecho que la oposición haya tenido que pasar apuros que no debieron presentarse. Las inhabilitaciones de MCM y de la doctora Corina Yoris fueron ejecutadas con el propósito de descarrilar la aspiración de derrotar al régimen. En un lapso muy corto, la oposición tuvo que encontrar un candidato que no solo fuese tolerado por el régimen sino, además, que esa misma tolerancia no lo destruyera puertas adentro, y apareció el nombre de Edmundo González Urrutia. La solución parecía obvia y fácil, pero no lo era. Esto demuestra que la capacidad de los opositores para adaptarse y superar obstáculos ha sido notable. Ahora cuenta con un candidato que no tiene techo electoral y cuyo caudal de apoyos crece a diario. 

Esta es una campaña incierta donde cualquier cosa puede ocurrir. Una de ellas es que esa capacidad de abusar que tiene el gobierno pueda verse disminuida. Bien podría ocurrir que la movilización del electorado opositor sea de tal magnitud, tan arrolladora, que genere la energía necesaria para contener los arrebatos autoritarios del chavismo. Parece impensable, pero los cambios políticos suelen ocurrir de esa manera y nadie puede negar que Venezuela, después de un cuarto de siglo de destrucción, reclama un cambio de ciclo.

Los dos eventos de campaña del fin de semana pueden ser un indicio de que algo efectivamente se está moviendo. González y Machado estuvieron juntos en La Victoria, y Nicolás Maduro estuvo en Margarita. En el primer caso, a EGU y MCM los acompañaron dirigentes de todas las organizaciones opositoras, en una apretada piña unitaria. El candidato la sacó de jonrón con un discurso, muy oportuno y pertinente, que había sido esperado por tirios y troyanos. En La Victoria no había calle pa’ tanta gente. Miles de personas llegadas allí por sus propios medios, porque en la oposición parece que no hay plata ni para hacer una tarima, aunque también es verdad que los empresarios del ramo se niegan a prestar ese servicio porque temen ser sancionados.   

jueves, 9 de mayo de 2024

Las cuentas de Maduro / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


«Hay múltiples indicios de que este sería un triunfo seguro si enfrente estuviese un gobierno democrático, mas no es así. Por el contrario, el adversario es una dictadura entrenada en el engaño y el abuso de poder»

En la campaña electoral de 1963, Jóvito Villalba fue el candidato del partido amarillo, Unión Republicana Democrática. Por miles, como nunca antes visto, los neospartanos se movilizaron para expresarle su apoyo. “El Maestro” ciertamente arrasó en las urnas de la isla, pero en el resto del país, Raúl Leoni lo superó con comodidad, de hecho casi lo dobló en votos. Los urredistas ñeros vivieron por años convencidos de que a Jóvito le habían hecho fraude. No otra cosa podía explicar en Margarita aquella derrota tan inesperada.

Y sí la había. Fueron engañados por uno de los sentidos más confiables, la vista. Ignoraban (no había TV y los medios nacionales circulaban poco) que en casi todo el resto de Venezuela AD y su candidato movilizaban muchedumbres. Con la aparición de la televisión y las encuestas mucho cambiaron las cosas, pero el error de los margariteños en 1963 continúa repitiéndose. 

Ahí está el doloroso recuerdo del revocatorio contra Hugo Chávez el año 2004. Parecía tan cierta e inminente la victoria opositora que todavía muchos venezolanos adversarios del chavismo juran que fue un fraude. Ello a pesar de que las encuestas más prestigiosas decían que Chávez triunfaría. Conclusión: es muy fácil sustituir la realidad con deseos y aspiraciones.

En esta oportunidad es lógico pensar que la oposición, superados ya no pocos e importantes obstáculos políticos para presentar una candidatura unitaria, podría resultar victoriosa en las elecciones del próximo 28 de julio. Así lo han medido las encuestas desde hace meses. Así se percibe en las enormes concentraciones de venezolanos para apoyar a María Corina Machado. Se siente también el triunfo en la emoción de quienes salen a las calles a saludar su paso por los caminos del país. Es muy buen augurio la rapidez con la que Edmundo González Urrutia, desconocido hasta hace unas semanas, aumenta su caudal como el candidato del cambio.

En fin, hay múltiples indicios de que este sería un triunfo seguro si enfrente estuviese un gobierno democrático, mas no es así. Por el contrario, el adversario es una dictadura entrenada en el engaño y el abuso de poder. El plan para resultar victorioso, Maduro lo tiene por escrito desde hace meses y lo ejecuta de manera implacable.

Se han inventado conspiraciones, detenido a dirigentes y operadores electorales de las organizaciones opositoras, inhabilitado a MCM y a Corina Yoris, vetado partidos e individuos, apoyado candidatos alacranes y perpetrado otras marramucias. Sobre las organizaciones y candidatos opositores, sin que obsten el estatuto electoral y las leyes, pende además la amenaza de la patada a la mesa. La dictadura puede escoger el momento. 

viernes, 26 de abril de 2024

La respuesta es la unidad / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


«¿Qué pasará si más tarde Maduro llegara a la conclusión de que va a perder haga lo que haga?»

Y así acaba de quedar demostrado. Ayer Venezuela, una vez más, contuvo el aliento esperando la decisión de Nicolás Maduro. Se esperaba un zarpazo del régimen, las dudas estaban en torno al nivel de daños que causaría, y aspirar a que tuvieran remedio. Ocurrió lo inesperado: salvo demorar el trámite hasta las últimas horas del lapso y dejar a un país entero sin dormir dos noches, la sanción no fue a mayores. El suspiro de alivio de millones de venezolanos le dio varias veces la vuelta a la tierra. Finalmente, el CNE recibió la renuncia de Manuel Rosales a la candidatura de su partido UNT y se aceptó su sustitución por la de Edmundo González Urrutia, candidato de la unidad.

En Venezuela se sabe que la transición a la democracia es por lo pronto una rendija en su espacio/tiempo político. Que se mantenga abierta es una decisión que en poco depende de la mayoría opositora al régimen de Maduro. Al contrario, es precisamente el autócrata quien puede decidir dejarla así o bloquearla. Lo único que lo ha contenido es que el costo de hacerlo, resulta todavía mayor que aquel de someterse a unas elecciones, en las que ya, antes de la partida y por si acaso, se ha procurado ventajas insólitas. 

Ayer se contuvo. Unas negociaciones con Estados Unidos, de cuyo contenido mucho ignoran los venezolanos; la falta de apoyo de sus camaradas en el continente, en particular  Lula y Petro, y de otros actores internacionales, como España, que declararon su desacuerdo con una tercera inhabilitación sucesiva; fueron importantes. También debe haber influido en esa decisión el ambiente interno. Maduro es un político de un gran instinto y debe percibir que su apoyo puertas adentro se debilita. Debió preguntarse qué pensarían de él sus rivales, Padrino, Diosdado y hasta el propio Jorge. No en balde circulaban por la redes especulaciones sobre una posibilidad de cambio del candidato chavista. Las redes no son fuentes confiables, pero cuando suenan, son como los ríos. 

Ayer se pudo, pero falta superar otros episodios de ese mismo tenor que aparecerán antes, durante y después del 28-J. ¿Qué pasará si más tarde Maduro llegara a la conclusión de que va a perder haga lo que haga? Sin duda que el riesgo de que decida darle una patada a la mesa (y mesas electorales) se potenciará peligrosamente. Sabido es que en Venezuela hay una dictadura y que, como dicen en España, Maduro es el puto amo.

Tampoco hay que olvidar que el interés de Cuba en el devenir político venezolano se hace más acucioso, a medida que la isla se interna en su crisis terminal. El infausto “período especial” de los 90 se quedó atrás. El régimen castrista dirigido por Díaz Canel está por tanto en modo supervivencia. La teta de la que se ha alimentado durante el último cuarto de siglo se le seca. Pero nadie se equivoque, no piensan soltarla hasta que no hayan extraído la última gota porque no tienen sustituta a la vista. Por eso trabajan con denuedo para mantener a Maduro en el poder, por las buenas o por las malas. Y en esto último sí son mortalmente efectivos. El riesgo del zarpazo por tanto seguirá ahí. 

Con la aparición de Edmundo González Urrutia, como candidato unitario, se ha producido una ola de entusiasmo nacional. Cuando han sido tantas las derrotas, las victorias, por episódicas que sean, son una catarsis, pero no hasta lo inconveniente. No hay que bajar la guardia ni un segundo. Los dueños del espacio/tiempo también tienen la ventaja de quien juega con cartas marcadas y cuenta con soplones alrededor de la mesa. Y desde el sábado pasado, cuando se produjo en la Plataforma Unitaria la decisión de apoyar a EGU, todas sus alertas están encendidas y las cartas ya se sabe dónde. 

jueves, 28 de marzo de 2024

Un acto de responsabilidad / Francisco Suniaga

 


Ahora sólo queda un candidato, Manuel Rosales. Ya él hizo lo que tenía que hacer

Antes de ayer concluyó el proceso de inscripción ante el CNE de los candidatos a las elecciones presidenciales de 2024. El día 21 de marzo, la candidata de la oposición, María Corina Machado, intentó inscribirse y su aspiración, y la de millones de venezolanos, quedó truncada. El órgano electoral ejecutó la inhabilitación que le impuso, sin el debido proceso ni derecho a la defensa, un ente administrativo.

No hubo argumento que cambiara la decisión del régimen. Su victoria contundente en las primarias y su popularidad, ratificada por todas las encuestadoras (menos Hinterlaces), la convertían en indeseable para los jerarcas de la unión cívico-militar que manda aquí. 

Ante esa circunstancia, la propia María Corina se sacó de la manga un as que nadie esperaba, la doctora Corina Yoris, la sustituta perfecta. Académica reconocida, filósofa de larga trayectoria universitaria, con quienes los opositores se identificaron de manera instantánea, amor a primera vista.

En vez de una Corina, los venezolanos tenían dos. Parecía un milagro, pero por esas mismas razones, Maduro y su régimen tampoco la aceptaron. Esta vez, sin inhabilitaciones ni disimulos, recurrieron al “porque a mí me da la gana” del guapo criollo. El ambiente festivo que había generado el hallazgo de la doctora Yoris se empichó y una ola de indignación y rabia se apoderó de todos los espacios y almas.

Llegó el día 25 y el déjà vu de otras derrotas ante el muralla (china, en parte) de la dictadura fue colectivo. Los líderes de la Plataforma, María Corina y otros, los que debían producir una respuesta clara y sin equívocos posibles (se supone que producto de un escenario previsible, como era el caso), no lograron hacerlo.

No había otro nombre, otra figura, otro desconocido del mundo político como la doctora Yoris, o simplemente Maduro se negó a aceptarlos. Nadie ha contado todavía el cuento. Esperé hasta la declaración de prensa de María Corina para terminar la nota y, si algo me quedó claro, es que no hubo acuerdo.

Echaré mano de la ficción para asumir la peor hipótesis (ese método a los opositores de 25 años no nos falla. El cuento: Maduro llamó a la reunión, pidió que lo pusieran en el altavoz y con voz de “guapo y apoyao”, dijo: “Se los voy a decir clarito, si el candidato que escogen no es Manuel Rosales, olvídense de inscripción”.

jueves, 14 de marzo de 2024

El Trafalgar opositor / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


Venezuela espera que el liderazgo democrático cumpla con su deber. Y que la ciudadanía cumpla con el suyo: salir a votar el próximo 28 de julio por una candidatura que represente la voluntad expresada en la primaria

La batalla naval más crucial del siglo XIX se peleó el 21 de octubre de 1805 frente a Trafalgar, un cabo en la costa española, cercano a Cádiz. Se enfrentaron la escuadra combinada de España y Francia contra la flota de Inglaterra, unos sesenta navíos entre las dos fuerzas. Una derrota anglosajona habría permitido a Napoleón invadir las islas británicas y la historia de Occidente sería otra.

Como se sabe, los ingleses obtuvieron un triunfo categórico; la flota franco-española, literalmente, dejó de existir. En ese día histórico, la orden dada por Horace Nelson a su flota fue clara y de una simpleza absoluta: “Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber”. Y ¡vaya si lo hicieron!

El episodio de Trafalgar viene al caso porque eso es exactamente lo que Venezuela espera del liderazgo opositor: que cada uno cumpla con su deber, con su responsabilidad. No ha sido tradición de muchos políticos venezolanos asumir su condición de representantes de un colectivo que ha depositado (con el voto) su confianza en ellos. En términos estrictamente jurídicos, son apenas mandatarios. A pesar de ello, es usual que se excedan en el mandato o lo tergiversen, usándolo para un propósito que en nada representa la voluntad de sus mandantes.

Es obvia la voluntad de los venezolanos de alcanzar un cambio drástico de dirección en el Estado. Ese cambio debe ser ejecutado por los dirigentes opositores (para quien escribe, todos menos quienes usurparon los mandos de los partidos confiscados por la dictadura). Para lograrlo hay que contar con un candidato por el que puedan votar en 2024. Es una responsabilidad política y, sobre todo, moral con una nación destrozada.

¿Cuál es la dificultad para que eso (que parece sencillo pero no es) se logre? Hay que decir que la oposición ya cumplió la tarea de escoger a su representante. Sus organizaciones, contra viento y marea, hicieron unas elecciones primarias inobjetables y en ellas se eligió a María Corina Machado con el 92% de los votos. Con esos resultados no solo se le eligió como candidata sino también como líder del sector mayoritario del país.

El tema de su inhabilitación siempre estuvo ahí, pero los venezolanos opositores la eligieron a conciencia. Nada extraño en un país de probada vocación libertaria y democrática. Una muestra asimismo de la gran contradicción que existe entre los demócratas y el régimen dictatorial usurpador del poder. Es vieja la aspiración republicana de los venezolanos y ha estado presente desde el primer día de su historia como nación.

Cierto que algunos apurados comenzaron desde el propio octubre (2023), vale decir, de manera extemporánea, a agitar el tema de la inhabilitación de MCM y la necesidad de buscar un sustituto. Fea palabra que no se podría usar para un candidato en circunstancia alguna. Por supuesto que siempre hay jugadores que caen en la treta del offside y quedan en posición adelantada, es rutina la política.

La tarea única, en justicia y acorde con las demandas de la realidad, era y ha sido apoyar a la candidata elegida por una vasta mayoría y segura ganadora de unas elecciones libres. Y en general, así se hizo. Cierto que no se vislumbra un equipo amalgamado e integrado con otros factores de la oposición. Si la cosa hoy está reducida a una carta para concertar una cita y evaluar, pues habrá que apurarse.

La dictadura está en una fase bastante más adelantada y aplicando su plan, el de siempre. El 5 de marzo anunció el calendario electoral, hecho con el propósito evidente de dificultar la participación de los electores y, en particular, para vetar cuanto antes a MCM (cuando lo necesita, el régimen demuestra, sin rubores, que son una dictadura pura y dura). Los lapsos se acortaron al mínimo y para el 25 de marzo, en poco más de una semana, todos los candidatos deben estar inscritos en el CNE.

sábado, 2 de marzo de 2024

La hora de María Corina… y de todos / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


María Corina, se quiera o no, es la líder de la oposición venezolana en este momento y no es casualidad. Ha estado ya unos quince años en la arena política, y sus batallas ha peleado.

Ayer circuló en las redes un video de Enrique Ochoa Antich –una suerte de la “carta abierta” de otrora– dirigido específicamente a María Corina Machado. En él, “con todo respeto” –y también con mucha vehemencia, habría que agregar– le pide que reconozca que no es su hora y le exige que se ponga a un lado y permita un consenso para todos los venezolanos. No se trata de un ensayo argumentado con rigurosidad, pero sí resume lo que piensan y publican muchos comentaristas políticos y, por tanto, motiva esta nota.

No puedo estar más distante de esa posición, creo que contiene atavismos de la izquierda venezolana más rancia y hasta cierta dosis de menosprecio. María Corina, se quiera o no, es la líder de la oposición venezolana en este momento y no es casualidad. Ha estado ya más de 20 años en la arena política, y sus batallas ha peleado. Como suele ocurrir en un oficio tan ingrato, ha cosechado triunfos y encajado derrotas, pero en ambos lados ha demostrado tener una valentía poco común. Se ha arriesgado, no arruga y cuando le ha tocado perder no se ha escondido, ha aguantado la pela –incluso cuando el ataque ha sido físico–.  

Ahora le tocó ganar en grande. Contra todos los pronósticos y pareceres –aquí incluyo el mío– se lanzó en la aventura de las primarias y el 22-O coronó una auténtica hazaña. Más que ganar, fue aclamada por los opositores y su victoria sacudió al chavismo, que se mofaba de ella y había tolerado las primarias porque le auguraban una catástrofe. Los números y la gente en las calles han demostrado que el noventa y tanto por ciento que obtuvo no es coba. Así se erigió en candidata y, por su acierto en lo que los demás habíamos interpretado era un error, también en líder de la oposición.

Todavía, sin embargo, no se habían apagado los ecos de la celebración, cuando comenzaron a asomarse los cazadores de güire de la política nacional a poner la infausta inhabilitación de MCM en el primer plano. Casi en modo simultáneo, apareció un gambito no usado antes en el ajedrez: el candidato sustituto. Acompañado, por supuesto, de un argumento dicho con fingido pesar: “Es que como ella está inhabilitada, lo mejor, para asegurar la unidad y el triunfo, es que renuncie y se escoja un sustituto. No es su hora”.

¿Cómo que no es su hora? El miércoles 28 de febrero, apareció publicada en redes y medios una encuesta de Datincorp: María Corina 55% y Maduro 14%. Si la escogencia es polarizada entre los dos, MCM 65% y Maduro 15%. Clarísimo está que es su hora y le toca usar las herramientas que da la política para materializar su candidatura. No se le puede pedir que haga lo que ningún otro político haría. Lo lógico es que cuente con la cooperación plena de todos los opositores para obtener su reivindicación. No concederle el crédito ni el tiempo necesario para tratar de superar la capitis deminutio decretada por el régimen, más que una canallada, es una equivocación política grave. Con ella ganamos todos.

jueves, 25 de enero de 2024

Esto no es sino el comienzo / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


“A esta amenaza de la inhabilitación, María Corina Machado ha respondido que esa no es una batalla legal sino política, que es precisamente la que necesita ganar para ser candidata”.

María Corina Machado convocó una concentración en Caracas para presentar la Gran Alianza Nacional (GANA), y dar inicio a la campaña electoral más difícil de nuestra historia reciente. Cuenta con grandes fortalezas para tener éxito. Más allá de sus condiciones personales para asumir el reto -Machado ha probado ser valiente y decidida y tiene las ganas que hay que tener para alcanzar el poder, completo y sin intermediarios-, hay una situación objetiva que la favorece: cuenta con un gran apoyo popular; la percepción unánime dentro y fuera del país es que, en unas elecciones, siquiera medianamente limpias, derrotaría a Nicolás Maduro.

Por supuesto que no la tiene para nada fácil porque enfrente no tiene a un rival político, Maduro y su régimen son otra cosa. Tienen bastante tiempo preparando su arsenal de marramucias; no son demócratas, les gusta el chiquero y pelear con todas las ventajas, no entienden unas elecciones de otra manera. Cuentan con una estrategia que les ha funcionado varias veces y que han venido afinando con el paso del tiempo. Desde antes de iniciarse la campaña han tratado de minar con incertidumbre el camino. Lo primero ha sido generar dudas sobre la realización misma de las elecciones. “Se harán cuando diga el CNE”, dijo Maduro, con ese tono de sobrado, del que se reconoce  guapo y apoyado. En paralelo, se niegan a procesar el caso de la inhabilitación de María Corina -nadie ha visto el expediente, pero no importa- y, como si Gladys Gutiérrez no hubiese demostrado ya ser suficientemente confiable para sus trapisondas judiciales, buscaron a otra militante del PSUV para presidir al TSJ.

“Ella tiene la opción de pelear por su candidatura y de agotarla y si bien no puede impedir que la inhabiliten en el TSJ, puede ciertamente ejercer el liderazgo que también se ganó en las primarias”

Cierto que lo de Guyana les resultó una morisqueta y dejó otro boquete a su ya irremediablemente dañado prestigio como gobierno capaz de gestionar un Estado, pero en materia de demolición de figuras opositoras y medidas represivas son unos campeones invictos. Estos últimos días han dado muestras de ello. En esta oportunidad no se trata de una conspiración para asesinar a Maduro, ¡se trata de cinco! Así como en las secuencias finales de El Padrino, mientras Tarek William Saab lo anunciaba al país, se realizaban las primeras detenciones y se publicaba la lista de “conspiradores”. Los primeros de ellos dirigentes de la campaña electoral de Vente, vaya sorpresa.

En paralelo, el propio Maduro anunciaba el lanzamiento de la Operación Furia Bolivariana. De nuevo no tiene nada, es el mismo libreto cubano, tan viejo y usado como los de las radionovelas de la antigua CMQ. Ya los venezolanos saben cómo se desarrollan, aunque esta nueva cepa probablemente sea más letal, porque la situación ha cambiado mucho, y los capitostes del régimen también perciben que se están jugando a Rosalinda, y la están perdiendo.

Su movida última, que dice mucho de lo que son capaces, fue sabotear el lanzamiento de la Gran Alianza Nacional, el pasado 23 de enero en la Plaza Francia de Altamira. Montaron un escenario para propiciar la primera erupción de violencia. Anunciaron el paso de una marcha a la misma hora y con el mismo espacio como lugar de concentración. Todo un dilema para María Corina, quien tuvo la inteligencia de mudar su acto a un lugar aledaño y evitar que la provocación tuviera los efectos buscados: llevar la pelea al teatro de operaciones violento donde la ventaja del régimen es insuperable. Episodios como el de este martes 23 se van a repetir por todo el territorio nacional. Algo habrá que idear para mantener a Maduro solo en ese ring, peleando con su sombra.

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Inteligencia Artificial y literatura / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


“No hay óptimo para la belleza artística. ¿Cómo saber si Vincent van Gogh es mejor que Diego Velásquez o Pablo Picasso, o que Gabriel García Márquez escribe mejor que Javier Marías?”.

El pasado 30 de noviembre se cumplió un año que la empresa OpenAI lanzó al mundo su chatbot ChatGPT. En apenas cinco días ya había alcanzado el primer millón de usuarios. Para tener una idea de lo que eso significa, baste saber que a Twitter le tomó dos años alcanzar ese número y a Instagram, dos meses y medio. En una estimación hecha por la prestigiosa cadena alemana Deutsche Welle (DW) en una nota publicada en la fecha aniversario, con cada mes transcurrido desde su aparición, se incorporan al chat 100 millones de personas. Nada que el hombre haya creado antes ha tenido esa rata de difusión.

Visto que no tenía ni idea de qué significa GPT, abrí una cuenta y, con la timidez del caso, preguntarle. Su respuesta: “GPT es un modelo de lenguaje basado en la arquitectura Transformer que ha sido preentrenado para generar texto de manera generativa (sic)”. Como me pareció algo complicado para mi nivel de entendimiento de la cibernética, cambié la pregunta y le pedí una explicación que un niño pudiera entender, me respondió: “GPT significa Generative Pre-trained Transformer, pero eso es un nombre largo. Lo importante es que GPT es como un asistente virtual muy listo que usa palabras y oraciones para entender lo que le dices y responderte de una manera que tiene mucho sentido. A veces, ¡puede ser casi como hablar con un personaje de un cuento de hadas que sabe muchísimas cosas!”.

“Somos únicos e irrepetibles. La creatividad está marcada por esa circunstancia”

Los debates en torno a la Inteligencia Artificial (IA) van desde el bar hasta las instituciones internacionales, pasando por universidades e institutos de investigación. Ya se han realizado varios encuentros de los líderes de los Estados más importantes para evaluar su impacto en las sociedades que gobiernan y qué decisiones tomar. Para algunos, esta tecnología puede provocar un cambio destructivo a escala global y en todos los ámbitos. En el plano laboral, por ejemplo, estiman en más de trescientos millones los puestos de trabajo que podrían perderse, con el agravante de que se trata de aquellos propios de trabajadores muy calificados. Ningún campo se escapa.

César Antonio Molina, escritor y exministro de Cultura en España, autor de un libro sobre el tema, Qué hacemos con los humanos, dijo hace un par de semanas al dominical ABC Cultural: “No se ha valorado lo suficiente cómo (la IA) afectará a nuestra existencia… Esto va a afectar nuestros deseos, emociones, pasiones, el amor, la sexualidad, la soledad, la creación literaria y artística, la libertad, las creencias, los sentimientos, los afectos, la educación, el libre albedrío, el destino, la felicidad, el consuelo, la fe, la duda, el tiempo, la muerte. De hecho, hay gente que habla de un genocidio existencial”. El tema, como se ve, es tan vasto como la humanidad misma.

La idea en esta nota es hablar de su impacto en el ámbito creativo, específicamente en la literatura. En la entrevista citada, se le preguntó también a Molina: ¿Cree usted que la inteligencia artificial escribirá las novelas que no vamos a ser capaces de escribir los humanos? “La imaginación literaria se ha visto sobrepasada por los avances científicos. La inteligencia artificial escribirá mejor que muchos ganadores de premios, de bestsellers, de eso estoy seguro”.

El autor catalán, Jordi Carrión, en una conferencia en el marco del Forum Edita Barcelona 2023, coincide con Molina en lo del impacto de la IA, pero su visión es menos tremendista. Para entenderlo en venezolano, es un “escritor cooperante”. Admite que ha escrito (él dice “coescrito”) una novela y un ensayo apoyándose en la IA. Ya en el mundo anglosajón, aseguró, se han publicado varias obras con la IA como apoyo y ya está en curso lo que él llamó “una pequeña revolución”. Considera además que la IA ya está instalada en el “mainstream” literario y remata su exposición afirmando que, de hecho, ya Word comenzó a incorporar IA a su programa, por lo que terminará siendo tan familiar como cortar y pegar.

¿Qué puede hacer la IA para “ayudar” a un escritor? Dejemos de lado, para otra nota, el debate evidente que se abre sobre uso de la IA en literatura y cualquier arte -en el fondo, aplicarla sin parámetros convenidos, podría constituir plagio, solo que no se identifica el cerebro o los cerebros anónimos que incorporaron a la base de datos de ChatGPT las formas literarias usadas por un escritor cualquiera. La línea entre lo aceptable y no aceptable, desde lo ético, se hace muy difusa-. Hasta ahora, mientras aún se desarrolla y perfecciona, la IA puede hacer casi todo: un diseño de lo que se quiere escribir, puede crear personajes completos (su físico, su interioridad, ambiente en el que vive, relaciones), voces narrativas. También puede crear diálogos (lo que en las telenovelas hacen los “dialoguistas”), servir de fuente documental, dar ideas sobre ciertos desarrollos narrativos y hasta escribir el primer borrador. En otras palabras, lo de coescribir es como la unión cívico-militar venezolana, casi nada de lo primero y mucho de lo segundo.  

viernes, 1 de diciembre de 2023

El referéndum de diciembre / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


“En lo personal, creo que está diseñado para provocar una conmoción internacional, despertar una onda nacionalista en Venezuela y salvar de alguna manera el escollo de las elecciones presidenciales de 2024. Logrado eso, que al Esequibo se lo lleve el diablo”.

No el convocado por Maduro para el 3 de este año 2023, me refiero al celebrado el 15 de diciembre de 1957, más conocido como “el plebiscito de Pérez Jiménez”. Aparte de coincidir en el mes de su realización, también debía celebrarse bajo circunstancias políticas bastante similares a las del presente: una dictadura que confronta la posibilidad cierta de su terminación por vía electoral aunque pretende mantenerse aferrada al poder. Para Marcos Pérez Jiménez, la necesidad de ir a las urnas emanaba de la Constitución -que aunque hecha por él a su medida, establecía ese requisito formal, si quería, como en efecto, continuar como presidente hasta 1963.

Aquella era otra Venezuela y, por lo menos en lo económico, el candidato-dictador disfrutaba cierta comodidad. Tenía unos ingresos petroleros enormes, vivía en medio de un boom, con obras públicas monumentales, dólares en abundancia y contaba con un flujo elevadísimo de inmigrantes (de España, Italia y Portugal, principalmente) que le daba prestigio internacional. En lo político, Pérez Jiménez no parecía estar apretado. Las Fuerzas Armadas estaban amalgamadas con su dictadura, aunque, como se sabe, siempre lo están hasta que dejan de estarlo. Disponía de un aparato represivo eficaz y despiadado, encabezado por la Seguridad Nacional de Pedro Estrada, y sus adversarios políticos estaban presos, en el exilio o muertos. La peor amenaza era que esa oposición, precisamente por la inminencia de esas elecciones, se había unido y comenzado a coordinar sus acciones.

“Consta de cinco preguntas que son confusas y tienen un propósito, por lo menos en lo que respecta a la reclamación del Esequibo, absolutamente inútil”

Pérez Jiménez pudo haberle dado una patada a la mesa y decir que elecciones ni de vaina, pero entendió que su mejor opción era manipular la Constitución y guardar las apariencias democráticas (cuestión por la que todos los dictadores de la historia tienen verdadera debilidad, a pesar de que suele irles mal). Eso sí, igual que Nicolás Maduro, en vez de convocarlas libres, universales y secretas, como estaban normadas por el texto constitucional, optó por una especie de gambito perverso: un referéndum o plebiscito, como se le llamó, sobre su gobierno.

viernes, 17 de noviembre de 2023

Cinco preguntas fraudulentas y una invención desesperada / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


“De ir a votar, votaría cinco veces NO por una primera y simple razón, porque ellos quieren que vote cinco veces SÍ. Las demás razones jurídicas, políticas y humanas igual me llevarían a votar ‘no’ en ese referendo inútil y antijurídico. Si la patria está en peligro de perder la disputa, no será por votar o no votar el 3D. Las contradicciones y los errores son solo del régimen”.

De su chistera infinita de trucos políticos, el régimen chavista extrajo el último: el referendo consultivo sobre la Guayana Esequiba. El primer intento de usarlo fue contra las primarias de la oposición democrática; era el mecanismo ideal para descarrilarlas. Había que impedirlas sin levantar mucho polvo y nada mejor para lograr eso que fuese a solicitud de la víctima del timo. Ante las evidentes dificultades logísticas y escasez de dinero de los opositores para realizarlas, Elvis Amoroso, pretendiendo hacerle honor a su apellido, ofreció entonces solventar todos los problemas poniendo el Consejo Nacional Electoral (CNE) a la orden. Sólo había una condición, realmente una minucia fácil de superar: suspender la celebración de los comicios opositores hasta después del referendo. Con buen juicio, la oposición tomó la mejor decisión posible y siguió adelante según su propio cronograma.

De inmediato, a finales de octubre, todavía con el ojo hinchado por el tortazo de las primarias del 22, el CNE aprobó las preguntas del referendo y poco a poco comenzó a develarse su intención. Nuestras mentes jurídicas más brillantes diseccionaron la naturaleza de la consulta. El doctor Héctor Faúndez en su artículo de Runrunes lo definió como “cinco preguntas largas y complejas, de naturaleza eminentemente jurídica, formuladas de manera enmarañada, que siempre nos remiten al derecho internacional, y que no se pueden responder simplemente con un sí o un no”. Por su parte, el doctor Allan Brewer-Carías aportó una pieza en cuyo título sintetiza su parecer: “El referendo consultivo sobre el Esequibo: errado, inconstitucional, inútil, inconveniente, inoportuno, irresponsable y contrario a los intereses del país”.

“La razón de ser del referendo, su motivación más profunda, reside en lo único que verdaderamente les preocupa: mantenerse en el poder”

También formula el doctor Brewer-Carías una pregunta en cuya respuesta yace una realidad ineludible: “¿Cuántos venezolanos tienen el conocimiento mínimo para poder dar una respuesta seria a preguntas jurídicas y técnicas referidas al Laudo Arbitral de 1899, en particular sobre la ‘línea’ fronteriza que fijó, el contenido del Acuerdo de Ginebra de 1966, la Corte Internacional de Justicia y sus competencias, y por qué Venezuela está demandada allí por el Estado de Guyana?”. Aparte de los juristas citados y otros especialistas en la materia, nadie más.

La lectura de estos maestros ha ayudado sin duda a clarificar el horizonte jurídico y, quienes no los hayan leído, están invitados a hacerlo (asociados en hipervínculos a sus nombres en el segundo párrafo de este escrito). En esas y otras opiniones queda demostrado que, de bulto, esto es una estupidez jurídica y que si la patria está en peligro de perder la disputa, no será por votar o no votar el 3D. Las contradicciones y los errores son solo del régimen. Bastaría para entenderlo, haber visto a Nicolás Maduro declarando que Venezuela no reconoce la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, y, al día siguiente, ver a Delcy Rodríguez presentando argumentos en ese mismo tribunal.

viernes, 3 de noviembre de 2023

Sin Chávez, sin real, sin gente / Francisco Suniaga @FSuniaga

 


“En algo debe atormentar, incluso a los que tienen la concha más dura, darse cuenta de que tras un cuarto de centuria de poder omnímodo, su revolución nada hizo y todo lo destruyó. Además de no quererlos, los venezolanos ya decidieron tomar otro camino. Les fallaron todos los cálculos con las primarias y con María Corina Machado y han reaccionado tarde y mal; el pánico es mal consejero. Si los directivos del chavismo se empeñan tercamente en impedirle participar en las presidenciales, ella es ahora la gran electora”.

Y en pánico, habría que añadir, porque el tigre en el que están montados, que se suponía domado y manso de tanto palo, se ha vuelto de nuevo cerril. Nadie, en una directiva de políticos avispados -líderes, lo que se llama líderes, no hay- se quiere desmontar. El miedo que sienten es como el que producen las enfermedades autoinmunes, no viene de afuera sino de muy adentro, de los quarks mismos del alma; no debe haber uno que no se sienta culpable de algo. Por lo menos de traición a sí mismo. En algo debe atormentar, incluso a los que tienen la concha más dura, darse cuenta de que tras un cuarto de centuria de poder omnímodo, su revolución nada hizo y todo lo destruyó.

El caso es que les fallaron todos los cálculos con las primarias y con María Corina Machado y han reaccionado tarde y mal; el pánico es mal consejero. Comoquiera que aquello de que fanatismo nacionalista es el último refugio de un canalla, ahora pretenden embarcarnos en una cruzada patriótica para “recuperar” al Esequibo. Lástima que Chávez y Fidel no estén vivos y no puedan declarar que ya ellos habían arreglado eso con los “hermanos” guyaneses. Deberían tomar el consejo de Stalin González, un político tan bien intencionado como agudo para el diagnóstico: “Yo creo que el Gobierno tiene que entender que el país no lo quiere”.

“Para cuando se ordenó la suspensión de los efectos de la Primaria, María Corina ya les había metido dos millones y medio de votos por el pecho, y ya había sido proclamada candidata”

Si el Gobierno entendiera eso, no hubiese puesto al Tribunal Supremo de Justicia a dictar medidas cautelares sobre un acto que había ocurrido una semana antes: suspender los efectos de las primarias. La impresión que da es que esa sentencia la tenían ya escrita hacía tiempo, pero, como estaban buscando los cobres con los gringos, no se atrevieron a hacerla pública. Ocho días después les daría flojera ponerse a escribir un fallo sobre una situación que ya se había movido.

Para cuando se ordenó la suspensión de los efectos de la Primaria, María Corina ya les había metido dos millones y medio de votos por el pecho, ya había sido proclamada candidata, ya había sido reconocida como tal Urbi et Orbi y, lo peor, ya era la líder de la oposición a quienes, los venezolanos y los pocos políticos opositores que importan le habían declarado su amor, más que amor, frenesí. Ahí se les quedaron fríos todos los alacranes opositores, a ver qué hacen con ellos ahora. Nada de raro tendría que, cuando perciban que se hunde el barco, salten la talanquera; entrenamiento tienen, son buenos en eso.