A fines de 1917 la triunfante revolución rusa (posteriormente unión de repúblicas socialistas soviéticas, URSS) crea su primera policía secreta, «la Cheka», una “comisión extraordinaria para combatir la contrarrevolución y el sabotaje”.
Posteriormente cambia de nombre, NKVD, OGPU, KGB, hasta llegar a la actual SFB (servicio federal de seguridad) a la orden de Vladimir Putin, pero siempre fiel al principio que rige su funcionamiento, «Se ha de inculcar en todos los ciudadanos la sensación de que pueden ser detenidos y fusilados en cualquier momento y por cualquier motivo».
El comunismo ruso se adelantó al nazismo en el diseño de sistemas represivos organizados para la persecución, la desaparición, la creación de campos de concentración y el asesinato masivo. Dzerzhinki, Yagoda, Yeshov, Beria, fueron responsables junto con Stalin de sistemáticas masacres, irónicamente varios de ellos fueron fusilados posteriormente por el mismo Stalin.
Cuba es la versión tropicalizada de esa vergüenza que fue para la especie humana la Unión Soviética y su omnipresencia en Venezuela ha contribuido a intentar imponer aquí el mismo modelo.
En Venezuela es imposible negar la permanente persecución contra cualquier disidencia, protesta o denuncia. Se ha convertido en política de Estado la violación de la Constitución y leyes de la república, de derechos humanos fundamentales comenzando por el derecho a la vida.
Las denuncias sobre centros de tortura, allanamientos ilegales de morada y desapariciones, son hechos reales y probados en el país. El régimen está practicando lo que se puede calificar de terrorismo de Estado.
Es una realidad inocultable los cierres arbitrarios de los medios de comunicación que no se prosternen ante el poder de una camarilla cada vez más repudiada por los venezolanos con la expresa intención de fomentar la desinformación y la manipulación.
Lo ocurrido con Rocío San Miguel debe hacer despertar a los venezolanos, a los organismos internacionales y a los países democráticos. Aquí está en juego la democracia, la libertad, los derechos humanos, vulnerados por una camarilla minoritaria que se mantiene ejerciendo el poder al margen de las leyes.


