Héctor Silva Michelena 07 de abril de 2019
El
lunes 1º de abril recibí alguna información de la agencia Bloomberg, firmada
por Ethan Bonner, Alex Vásquez y David Wainer. De ellos van algunos datos; los
datos, la redacción y la opinión son mi responsabilidad.
Los
hombres que arrancaron las uñas de los pies de Carlos Guillén y colocaron una
bolsa de plástico sobre su rostro en un cuartel general de contrainteligencia
en Caracas eran venezolanos, pero los oficiales que supervisaban su tortura
eran cubanos. Lo que los delató de inmediato fue su acento, explicó Guillén,
teniente (r) del Ejército venezolano acusado de traición quien, luego de ser
puesto en arresto domiciliario y escapar, huyó a Colombia.
Los
acentos también fueron una advertencia para María Martínez Guzmán, parte del
equipo de Univisión que obtuvo una entrevista en febrero con Nicolás Maduro;
Martínez quedó sorprendida por lo que presenció: cubanos con trajes y audífonos
dando instrucciones a los asesores de Maduro, que vestían jeans. El mandatario
se enojó tanto con las preguntas de los periodistas que ordenó que el equipo
fuera detenido y luego expulsado del país. Un poco más tarde, Guzmán, quien es
productora de Univisión, situada en Miami, precisó: “Quedó muy claro quiénes
vigilaban a Maduro, quiénes eran responsables de él y quiénes simplemente
recibían órdenes”. Agregó que la jerga que usaban los hombres en la habitación
dejó claro que eran de la isla.



