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lunes, 20 de marzo de 2017

El cadáver sigue muriendo, por @CarlosRaulHer



CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ 19 de marzo de 2017
@CarlosRaulHer

¿Se puede ser marxista leninista? Los seres humanos somos las criaturas extremas y podemos ser y hacer las cosas más insólitas. Fuimos nazis, inquisidores, guardia rojos y camisas rojas. Un funámbulo cruzó de una a otra las dos Torres Gemelas caminando sobre una cuerda. Cazábamos brujas en una época y las quemábamos. Creo que todavía existe la Sociedad Tierra Plana en California, que de acuerdo con su nombre, afirma que eso de la redondez del planeta es un estúpido error, ya que, por el contrario, es casi perfectamente plana. Los marlenistas grupo newyorquino de seguidores de Trostky, decían que la Segunda Guerra Mundial fue un plan salido de la conspiración entre EEUU y la Unión Soviética para repartirse el mundo, gracias a la ingenuidad de Hitler, que se dejó engañar por Stalin en el Pacto Nazi-Soviético de 1932.

martes, 11 de septiembre de 2012

EL NEOLIBERALISMO Y EL IMPERIO


Fernando Mires 10 septiembre de 2012
No hay palabra que haya sido usada de un modo tan indiscriminado, y sobre todo, tan aburrido, como la palabra neoliberalismo. Tanto que a veces se tiene la inevitable impresión de que sólo es utilizada como medio retórico para descalificar opiniones divergentes. Basta que alguien se atreva a criticar a algún representante de las ideologías estatistas para ser calificado de inmediato como neo-liberal.

En gran medida los llamados anti-neo-liberales recurren a la palabra neoliberalismo de un modo muy parecido a los estalinistas cuando recurrían al concepto de burguesía. Todo aquello que discrepaba respecto al último informe de la URSS era calificado por los comunistas de ayer como una representación de la ideología burguesa.
Lo dicho contrasta con el hecho de que de los ideólogos que se denominan anti-neo- liberales, ninguno ha hecho jamás una crítica seria al llamado neoliberalismo.

Pues ¿qué es el neoliberalismo?
Antes que nada es preciso decir que no se trata de un cuerpo doctrinario homogéneo, sino de un conjunto de diversas teorías económicas, muchas veces divergentes. Unas, como las de Friedrich Hayek, Ludwig von Mieses, Carl Menger, se refieren fundamentalmente al significado del Estado en la economía. Las escuelas de Fribourg y Münich (Wilhelm Röpke, Alexander Rüstow), ponen el acento en la generación de los precios y de las ganancias, hasta llegar al monetarismo norteamericano de Milton Friedmann, quien sugiere controlar el área de la producción mediante el manejo de los mecanismos de la circulación de capital.

Así como las teorías económicas de Ricardo, Smith y Marx son hijas de la máquina a vapor, las llamadas teorías neoliberales son hijas de la robotización, de la computación, y de la digitalización. En gran medida se trata de teorías macroeconómicas reactivas, es decir, de teorías que han surgido como respuesta teórica frente a transformaciones que han tenido lugar en los procesos de producción contemporáneos. Procesos que han incorporado una tecnología extremadamente ahorrativa de fuerza de trabajo, hasta el punto que ha tenido lugar -voy a utilizar por un momento la propia terminología marxista- una alteración de las relaciones entre capital variable y constante donde el factor trabajo propiamente tal se ha convertido en un agregado secundario y no esencial, como ocurría durante el periodo basado en la producción industrial clásica. O para seguir expresándome en jerga marxista: En virtud del desarrollo (cualitativo más que cuantitativo) de las fuerzas productivas han tenido lugar modificaciones radicales al interior de la composición orgánica del capital.
Ahora bien, el uso y abuso indebido del concepto de neoliberalismo, que tanto caracteriza a las elites pro-autócráticas de América Latina -cuyo pensamiento trabaja todavía con las categorías propias a la era de la máquina a vapor- no concuerda en modo alguno con la presencia real de los llamados neoliberales en la gestión económica de los diversos gobiernos. Quien no me crea, tómese la molestia de analizar el currículum de los ministros de finanzas y economía del continente. No hay casi ninguno, quizás ninguno, que pueda ser calificado como neo-liberal. Véanse también los nombres de los principales profesores de economía en las universidades latinoamericanas. Los así llamados neoliberales, en el sentido verdadero y no ideológico del término, constituyen una minoría absoluta. Analícense las publicaciones de instituciones académicas, económicas y sociológicas. Casi lo único que es posible encontrar en ellas son enconados ataques al neoliberalismo pero, cosa muy curiosa y sintomática, sin nombrar jamás a un solo neoliberal, como si el neo neoliberalismo no fuesen los neoliberales sino un espíritu maligno que recorre el mundo y que de pronto se apodera de los seres humanos.

En sentido estricto, la contrapartida del liberalismo o del neoliberalismo es el keynesianismo. Los ideólogos del neo-estatismo no se declaran, sin embargo keynesianos. Ellos se declaran socialistas, y socialistas para ellos significa lo que siempre ha significado para todas las doctrinas antidemocráticas de todos los tiempos: el estatismo.
El socialismo ha sido y es una ideología del estatismo político. Si bien no todo estatismo es socialismo, todo socialismo, en cambio, es estatista. Por eso no ha de sorprender que donde más uso y abuso obtiene la palabra neoliberalismo es en aquellas naciones en donde desde los respectivos gobiernos se incuban proyectos autocráticos e incluso dictatoriales.

La verdad es que la contradicción entre neoliberalismo y socialismo no existe. Es una simple invención del estatismo antidemocrático de nuestro tiempo cuyo objetivo no es otro que la apropiación del Estado a través de la alianza entre determinadas elites para-estatales y el populismo de masas. El neoliberalismo, independientemente a su existencia real, cumple la función de operar como el polo ideológico negativo que requiere el estatismo para afirmarse a sí mismo. La verdadera contradicción, si elevamos el tema al plano político, es la contradicción de siempre, la misma que ha recorrido a las naciones latinoamericanas desde los momentos de su propia fundación hasta ahora.
Esa es la contradicción entre democracia y dictadura.

La doctrina hegemónica en el pensamiento social latinoamericano no es el neoliberalismo, es el estatismo. No obstante, como ni al interior de los diversos gobiernos ni en las principales instituciones que cobijan al pensamiento macroeconómico es posible encontrar auténticos neoliberales, los sociólogos y economistas autodenominados anti-neoliberales han inventado la fábula relativa a que el neoliberalismo viene de afuera. ¿Desde dónde? Pues, del imperio.
Pero ¿qué es un imperio? Cualquier diccionario define como imperio una nación que practica una política expansiva mediante anexiones territoriales realizadas por ejércitos de ocupación. De ahí que todos los imperios modernos, desde el británico, pasando por el otomano, hasta llegar al último imperio clásico que fue el ruso- soviético, han sido imperios coloniales. En ese sentido, los EE UU si han practicado una política territorial expansiva, ha sido mucho menor que la que han llevado a cabo naciones muy pequeñas, como por ejemplo Holanda. De tal modo que en la lista de los imperios clásicos, los EE UU están lejos de ocupar el primer lugar.
Para el marxismo post-Marx en cambio, no fue la categoría “imperio”, sino la categoría “imperialismo” la que ocupó un lugar central en sus teorías. Desde Rudolph Hilferding, pasando por Lenin y Rosa Luxemburg, hasta llegar a André Günder Frank y la teoría de la dependencia que tanto éxito tuvo en la América Latina de los setenta, el imperialismo designaba una determinada fase en el desarrollo del capitalismo mundial (la última o la penúltima, no importa aquí). El imperialismo no era una nación en particular sino un sistema económico mundial. En ese punto estaban de acuerdo todos los teóricos de la teoría del imperialismo.
El gran genio teórico que identificó el concepto imperialismo con una sola nación fue, como es sabido, Stalin. En cierto modo la tesis estalinista del "imperialismo en un sólo país" (EE UU) fue un derivado de la tesis también estalinista aunque radicalmente anti-marxista del "socialismo en un sólo país".

Stalin fue el primer estadista que habló del “imperialismo norteamericano”. Sin embargo, como toda producción teórica estalinista, sería inútil buscar una teoría coherente detrás de esa designación.
La designación de EE UU como “imperialismo norteamericano” fue una respuesta a la Doctrina Truman (1946), doctrina que cerró el paso del avance militar de la URSS en Europa occidental, en el sudeste asiático después, y en América Latina, con todas las nefastas consecuencias que todos conocemos. El término fue asumido por los partidos comunistas, y después por Castro, Che Guevara, Marulanda, Abigaín Guzmán, y otros benefactores de la humanidad, todos ellos empeñados en aquella locura destinada a convertir América Latina en un nuevo Vietnam.

Mao Tse Tung por su parte, aplicó el término imperialismo a la propia URSS de los años sesenta. El nuevo concepto “made in China” se llamaba “social imperialismo”.
Según la doctrina de Mao Tse Tung, el “social imperialismo soviético” era el enemigo fundamental de nuestro tiempo -en las palabras de Mao: la contradicción principal- razón por la cual dio señales a USA para detenerlo en conjunto. Kissinger advirtió rápidamente que esa era la oportunidad para salir del pozo en que había caído USA en Vietnam, e intensificó sus contactos con el líder chino. China detuvo así el avance soviético del Vietkong en Vietnam, brutal y genocida operación que no duró más de un mes. A partir de ese momento, el imperio soviético (que eso era) reconoció que había llegado al límite de su expansión territorial y se encerró en sí mismo, hasta que las revoluciones democráticas del Este europeo de fines de los ochenta pusieron fin a tan siniestro capítulo de la historia universal.

Mas, a fines del siglo pasado, nuevamente el término “imperio” fue puesto de moda. Una de las razones que explica la reactualización del “imperio” devino de la publicación de un extraño libro llamado precisamente Empire, libro cuyos autores son Michael Hard y Antonio Negri. En ese libro los autores nombrados intentaron reactualizar la teoría marxista leninista del imperialismo. Empire, en ese intento, menos que un imperio era un concepto para designar a la fase de la globalización del capital, fase que seguía a la imperialista, considerada por Lenin como “la fase final”.
El libro Empire fue muy bien recibido por restos ortodoxos de la intelectualidad marxista quienes después de la caída del muro de Berlín no podían entender por qué el llamado capitalismo, habiendo, según ellos, alcanzado la fase imperialista, en lugar de abrir las compuertas a la llegada del comunismo, había ampliado su radio de acción incorporando a las pujantes economías vietnamitas, camboyanas, y sobre todo, el nuevo motor del capitalismo mundial: China. A la vez, Rusia y sus satélites, particularmente, Bielorusia, se han transformado en las zonas del capitalismo más salvaje que es posible imaginar. Porque al lado del capitalismo mafioso de Putin y Lukazensko, el practicado por la señora Thatcher y por el presidente Reagan era un simple juego de niños.

Ahora ¿qué es el imperio para la ideología autocrática? Lo mismo que el neoliberalismo: Nada, o cualquier cosa, o todo junto a la vez. Porque vano será buscar detrás del concepto “imperio”, no digamos una teoría, sino por lo menos un par de ideas coherentes. Lo único cierto es que “imperio”, así como el "neo-liberalismo", es todo lo que no está de acuerdo con sus arcaicas doctrinas. El “imperio” ha llegado a ser una fuerza cósmica frente a la cual los ideólogos estatistas imaginan librar una lucha sin cuartel.
En fin de cuentas, el "neoliberalismo y el “imperio” son construcciones ideológicas destinadas a orientar políticamente a débiles mentales. Sirven para justificarlo todo. Luchando contra el "neoliberalismo y el imperio” hasta las dictaduras más terribles del mundo se convierten en virtuosas. En la noche oscura del “imperio” todas las vacas son negras. La satrapía persa, la despotía de Lukazensko, la dictadura cubana, la dictadura de Corea del Norte, la dictadura de Siria etc. Incluso las FARC han pasado a engrosar los nobles ejércitos del antimperialismo de nuestro tiempo.

El antimperialismo y el neoliberalismo, en la versión de los regímenes autocráticos, ya está en vías de ser lo que fue el “antifascismo” para las “nomenklaturas” del Este europeo. Calificando como fascistas a cada adversario, cualquiera violación a los derechos humanos podía ser justificada. Así como el antifascismo, antes de que fuera convertido en una ideología de poder era una actitud política y moral que llama al respeto y a la admiración, el antiliberalismo y el antimperialismo -ideologías que en el marco determinado por la “guerra fría” tuvieron cierta fundamentación política- han sido transformadas, por las autocracias de nuestro tiempo, en simples ideologías de poder.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Venezuela: ¿Comunistas o fascistas?



Domingo Alberto Rangel, Publicado: 27/11/2011 8:05 pm


En los análisis teóricos sobre el movimiento bolivariano predomina una confusión parecida a la que suele reinar en las perturbaciones cromáticas que llevan a tomar unos colores por otros.


El movimiento bolivariano, el PSUV o con mas sencillez, el chavismo pasa por ser un movimiento de la izquierda revolucionaria de inspiración marxista y contextura muy avanzada. Nada más ajeno a la filosofía, si es que esta palabra cuadra con unas gentes como las de ese mundo que están en las antípodas de todo lo que significa inquietud intelectual o desvelos doctrinarios. El chavismo o PSUV es el viejo caudillismo venezolano, forjado en los campeonatos de las guerras civiles que, necesitado de una plataforma ideológica, apeló o se vio forzado a apelar a las muletillas de la izquierda pues éste era la única que en 1992 cuando el comandante Chávez irrumpe desde el cuartel donde presta sus servicios, militaba en la oposición.

Si Chávez no opta por las muletillas de izquierda, no obtiene las inmensas cuotas de popularidad que le acompañan desde el primer momento. Pero sólo en la escogencia de las consignas de izquierda que lo emparentan con la izquierda, todo en el movimiento chavista es de inspiración fascista.

El chavismo está, digamos como primer paso, destinado a esclarecer los infundíos y borrar las confusiones, militarista.


Hasta en las filas del PSUV haber hecho una carrera militar o haber pertenecido por unos meses siquiera al cuerpo de oficiales de una cualquiera de los cuatro componentes de las Fuerza Armada para subir hasta la estratosfera política dentro del movimiento. Tan intolerantes son los militares chavistas que en días pasados hicieron regresar desde La Habana a Venezuela, al mismísimo comandante Chávez para disipar una aguda crisis creada por un grupo de oficiales bolivarianos en Fuerte Tiuna que anunciaron allí sin tapujos de no concurrir al desfile del 5 de Julio si lo presidia Elías Jaua. El pobre Jaua se dará cuenta que los desertores de la izquierda tienen que maldecir, de manera pública y reiterativa, su propio pasado si quieren hacer carrera tras una deserción. El espejo para los desertores es Rómulo Betancourt, quien paso más de medio siglo maldiciendo a los comunistas y agrediendo al comunismo tras haber militado unos pocos años en el Partido Comunista de Costa Rica. Para que la derecha crea en la sinceridad de los arrepentidos, estos últimos deben atacar todos los días la vieja fe, ser apóstatas beligerantes y orgullosos.


Chávez resulta un caudillo a la venezolana que nada agrega a José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, Joaquín Crespo o Cipriano Castro. Personalistas y dicharachero, Chávez oscila entre pintoresco y simpático. Tienen gracia como la tuvo Panchito Alcántara quien decía que el Tesoro era como el Guaire, todos tiene el derecho de meter allí su pichagua y solo se discute el tamaño de la pichagua. En otra ocasión esta misma persona, cuando alguien le pregunto cuál era su programa de gobierno respondió, exprimiendo el cinismo, tirarle una morocota a todo el que pase frente a la casa de gobierno. Un movimiento tan rupestre no puede tener ideología, pero lo que podría sustituir en él a la ideología es de neto corte fascista.

El PSUV reivindica un indigenismo de raíz racista. El culto al pasado pre colombiano, la exaltación de un remotísimo pasado indígena constituye uno de los rasgos básicos del actual oficialismo.


Ignoran los caudillos de PSUV que entre los aborígenes hubo clases sociales pugnaces entre sí, guerras atroces sin que hubiere aparecido ningún movimiento de resistencia. En cambio en España, mientras se realizaba la conquista de América, los comuneros de Castilla realizaban la guerra campesina más avanzada de Europa hasta aquel momento. El régimen implantado por España fue infame como todo colonialismo pero nada de esto autoriza a introducir ese fascismo para tonto que es el indigenismo. El movimiento bolivariano tiende a crear una organización social que coloca a la clase obrera a disposición de la burguesía nacional. Los consejos obreros constituyen el intento más descarado e infame de convertir al proletariado en un apéndice de la burguesía. Es el fondo un infeliz intento de crear la situación que fue característica de Alemania e Italia en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial.


El descarado y obsesivo culto a la personalidad es otro rasgo que identifica a nuestros bolivarianos con el fascismo de todas las coloraciones y variedades.


Los fascismos de Europa exaltaban más allá de toda ponderación a todos sus jefes. Es verdad que no solo incurrieron en ese pecado los movimientos fascistas, pero en el comunismo soviético hubo copiosas autocriticas por el derroché de cursilerías y en general por todas las miserias que acarreo el culto a la personalidad.

El régimen venezolano pasa por socialista o usa la palabra socialista para definirse. La experiencia de la Europa Oriental nos induce a pensar que en sociedades atrasadas, la única manera de promover y realizar una política industrializadora radica en instituir y crear empresas estatales que luego, robustecidas y prosperas serian privatizadas.


En la URSS y en general, en la Europa del Este se creó una burguesía ya desde tiempo de Stalin, era una burguesía táctica que esperaba su oportunidad.


Aquí el chavismo viene creando “su” burguesía. ¿Qué otra cosa son Diosdado Cabello, Aristóbulo Isturiz, José Vicente Rangel y Darío Vivas, sino burgueses avergonzados que no puede confesar o mostrar su enriquecimiento.


Ellos pueden decir hoy, menos aprovechamos a fondo de las ventajas de las cuales gozamos para que nuestros nietos no se vean obligados a hacer lo mismo. La burguesía chavista es en cuanto a hipocresía, lo más refinado que hayamos tenido en los últimos cien años. Coloca más de un millón de barriles de petróleo en los Estados Unidos, sus dirigentes se enriquecen con una presteza que nadie en el pasado venezolano llego a demostrar y encima de eso hablan como revolucionarios. Se necesita cinismo pero también el cinismo requiere de artistas y estos lo son hasta lo sublime.


Fuente: Quinto Dia (Venezuela)