José López Padrino 04 de julio de 2017
Al
margen de las acepciones historicistas, el término izquierda ha estado asociado
a la construcción de un imaginario libertario y humanista. Lamentablemente, una
izquierda que nació en las jornadas revolucionarias del siglo XVIII y ha
terminado ahora abrazando a lo peor: al militarismo, al nacionalismo, y a la
reacción. Paradójicamente ha escogido defender lo que cuestionaba en el pasado,
los autoritarismos opresores, viveros de irracionalidad y de despotismo. Una
izquierda miserable que ha caído en una desideologización vergonzosa.
Es esa
izquierda falsaria y reaccionaria la que le ha brindado apoyo al gorilismo
bolivariano, un proyecto militarista y reaccionario que promueve un capitalismo
de Estado explotador, la institucionalización de la represión y la tortura, la criminalización
de la protesta, el secuestro de la autonomía de los movimientos sociales, y ha
entregado nuestros recursos mineros (arco minero) y energéticos (empresas
mixtas) a las trasnacionales.

