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lunes, 22 de agosto de 2011

¿Gadafi para Venezuela?


Por Carlos Vílchez Navamuel, 21/08/2011

Como si no existieran problemas suficientes en Venezuela, ahora aparece una noticia que de ser cierta y se llegara a realizar, podría traerle consecuencias negativas en el ámbito internacional a esa nación Suramericana.

La emisora Rusa denominada “La Voz de Rusia en español” ha publicado el 18.08.2011 una información que debe poner a pensar a los venezolanos, la noticia se titula “Gadafi empaca su tienda” El comunicado empieza diciendo “El líder libio está enfermo y dispuesto a entregar el poder al Secretario del Comité Popular de Justicia, Mogammed Kamudi. Gadafi está además de acuerdo en trasladarse con su familia a Venezuela”.

El comunicado agrega “Los detalles de la súbita partida del líder libio, según informaciones no confirmadas, fueron debatidos en la víspera, en la isla de Túnez de Jerba, por un emisario del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con “gente de Gadafi” y en la misma noticia dice que “Al mismo tiempo se supo que un asistente de Muamar Gadafi, Bashur Salej, debatió en Mali con diplomáticos de Gran Bretaña y de Francia, las “vías de la salida de Libia de Gadafi y de su familia”. http://spanish.ruvr.ru/2011/08/18/54834244.html

La verdad es que parte del contenido de esta noticia no es nuevo, sabemos que desde febrero pasado cuando se inició la rebelión en Libia, el mismo presidente venezolano Hugo Chávez le había manifestado su apoyo y solidaridad al líder Libio, y en alguna oportunidad le ofreció asilo, también es de todos conocido que en el mes de abril pasado Chávez había recibido una delegación enviada por el mismo Muamar Gadafi para buscar soluciones a este problema.

Decíamos al principio de este artículo que si Gadafi se asila en Venezuela, las consecuencias serían muy negativas para esta nación, primero porque la comunidad internacional no vería con buenos esta acción, segundo porque sería un ingrediente negativo más a los ya conocidos, pues se sabe que el gobierno Chavista es afín a las FARC, la ETA y el HIZBOLLA, entre otras organizaciones terroristas y tercero porque es muy probable que se le impongan algún tipo de sanciones económicas.

En el contexto nacional, la oposición debería alzar la voz y oponerse desde ahora a la llegada de este siniestro personaje, esperamos que así sea, en el plano civil, un movimiento en contra de la llegada de Gadafi a Venezuela se empezó a formar, en la página www.peticiones24.com apareció recientemente una invitación para subscribirse a una petición en la red que se denomina “No queremos a Gadafi en Venezuela” la petición la firma Adolfo R. Taylhardat, ex Diputado al Parlamento Latinoamericano (1998-2005) el comunicado ya empezó a difundirse y propone una movilización nacional e internacional para oponerse, los que quieran participar en esta petición pueden hacerlo en el siguiente link:
http://www.peticiones24.com/no_queremos_a_gadafi_en_venezuela

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http://carlosvilcheznavamuel.com/

Visita el Blog de Carlos Vilchez Navamuel:
http://porunaprensamashumanayobjetiva.blogspot.com/

lunes, 4 de abril de 2011

Libia: Hipocresía y cinismo


Por José Rafael López Padrino

La tragedia que hoy vive el pueblo libio refleja la lucha de intereses geoestratégicos, económicos y políticos que se enfrentan en la región, barnizada con un importante toque de hipocresía. La revuelta del pueblo libio estalló sin duda inspirada y alentada por el triunfo de los movimientos liberadores de los países vecinos, los cuales han dado al traste con algunos de los regímenes autoritarios de la región entronizados en el poder por muchos años.

La revuelta de Libia tiene factores en común con las otras explosiones sociales vividas países en el mundo árabe recientemente. Si bien el factor miseria no actuó como detonante de la movilización, a diferencia de Túnez, Egipto, Yemen, y Marruecos, la carencia de libertades democráticas, la intolerancia a la pluralidad de pensamiento, el irrespeto por los derechos humanos, la represión, y la corrupción fueron factores decisivos en el proceso de rebelión de las masas en Libia. A lo largo de estos 41 años en el poder el dictador Gadafi ha desarrollado un capitalismo de Estado desnacionalizador, aunado a un populismo subvencionado por la renta petrolera, a fin apaciguar a las masas trabajadoras. Ello aunado a un manejo caprichoso de los recursos del Estado libio a fin de comprar lealtades internas y complicidades externas.

La inesperada insurrección del pueblo libio agarró por sorpresa a las potencias industriales y a sus grandes inversionistas. Ello explica que hayan sido los cómplices externos del sanguinario Gadafi (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia, etc.), socios preferentes de inversiones petroleras, quienes se hayan erigido en abanderados y promotores de la intervención militar en Libia. Acción militar que ha sido conducida bajo la excusa de la defensa de los derechos humanos y en favor de la democracia. Estos países, sin distinción, han alcahueteado los baños de sangres, así como los desmanes del dictador durante varias décadas a cambio de prebendas económicas, en especial en la explotación de los hidrocarburos. Guardaron un silencio sepulcral cuando el régimen de Gadafi aprobó una política de ejecuciones extrajudiciales para todos aquellos opositores en el exilio, a los que se calificó de "perros callejeros" (1980), así como el asesinato de más de 1.000 detenidos políticos en la prisión de Abu Salim, a manos de la fuerzas de seguridad del régimen (28-29 de Junio 1996). Paradójicamente ahora fue que estos cómplices externos del brutal Gadafi descubrieron lo que han obviado por 41 años.

Para los cómplices externos, Gadafi el gran socio de ayer, hoy les resulta indefendible. Por ello lo abandonaron -igual hicieron con Hosni Mubarak- y a través de la ONU propician acciones militares en su contra. Es posible que algunos no lo sepan, o se hagan los olvidadizos, pero el negocio occidental con el petróleo libio no necesitaba ninguna guerra. El petróleo libio es explotado y exportado en su totalidad (100%) por las grandes transnacionales del petróleo: Eni (Italia), Total (Francia), Repsol (España), Statoil (Noruega), Occidental (EEUU), OMB (Australia), Conoco Phillips (EEUU), Exxon Mobil (EEUU), Shell (Reino Unido-Holanda), Petrochina (China) y Wintershall, la filial de extracción de gas y petróleo de la empresa alemana BASF. Además, Libia exporta gas a Italia (el 17% de las necesidades de este país), a través de un gasoducto submarino llamado Greenstream, controlado por Italia y no por el sátrapa de la “revolución verde”. Para las transnacionales, la insurgencia Libia ha sido inoportuna, y por ende ha complicado sus planes de negocios en la región. Hubiesen preferido seguir contando con un socio fiable, aunque éste haya ocupado durante mucho tiempo el primer lugar en la lista de los terroristas más intratables del planeta. El menguado dictador del desierto ha sido un socio apreciado entre los gobiernos y capitalistas occidentales, pues le ha entregado el subsuelo libio a las grandes transnacionales petroleras. La afirmación del iletrado de Miraflores de que “los imperialistas desean cogerse el petróleo del territorio Libio” es una muestra más de la ignorancia o complicidad del tte coronel. ¿Cuál petróleo desean robarse los Estados Unidos y sus aliados, si ya es de ellos ?.

El mundo árabe vive hoy momentos estelares. Las rebeliones que están teniendo lugar en la región han generado una situación compleja, ante la cual no caben los análisis simplistas y maniqueos. Vemos como regímenes dictatoriales se desploman producto de la insurgencia de masas rebeldes, las cuales carecen de un proyecto político nacional, más allá del deseo de lograr conquistas democrático-burguesas (libertad, pluralidad ideológica, cese a la represión, etc.). Donde la participación de los obreros, como clase organizada ha estado ausente, o su presencia ha sido minima, al igual que las organizaciones de izquierda. Estas insurgencias populares persiguen la democratización del mundo árabe, y no representan supuestas conspiraciones imperiales auspiciadas por la CIA. Las masas insurgentes en Libia difícilmente podrán acabar por si solas con una dictadura sólidamente establecida y con enormes recursos militares, financieros y organizativos. Históricamente todas las insurgencias populares han contado con la solidaridad internacional, de allí la importancia de asumir una conducta militante ante dicho conflicto. Una postura indiferente ante el problema Libio es un SI rotundo a favor del régimen del criminal Gadafi. Pero peor es aún la actitud cínica asumida por el tte coronel y sus lacayos, quienes bajo la excusa de la autodeterminación de los pueblos, ignoran las barbaridades cometidos por el autócrata Libio (más de 800 muertos tras bombardear y disparar a los manifestantes que piden un cambio de régimen) y solo condenan una supuesta conspiración en contra de Libia y la intervención militar de la OTAN. ¿Cómo es posible que el dictador sanguinario libio sea considerado como un “combatiente revolucionario antiimperialista”?. Los revolucionarios debemos de apoyar a los pueblos en sus luchas democráticas y sus aspiraciones libertarias, y no solidarizarnos con dictadores corruptos en base a consideraciones meramente geopolíticas. El genocidio en contra del pueblo libio por parte del régimen de Gadafi es tan condenable como las operaciones militares que realizan las fuerzas extranjeras en el territorio dicho país.

Publicado por:
http://aserne.blogspot.com/2011/04/libia-hipocresia-y-cinismo.html

viernes, 1 de abril de 2011

Libia: raptada por denunciar una violación!


El sábado pasado, una joven abogada, de nombre Iman al-Obeidi, irrumpió en un hotel en Trípoli pidiendo ayuda a un grupo de periodistas extranjeros, mientras les mostraba moretones por todo el cuerpo y les contaba que acababa de ser golpeada y violada por 15 hombres del ejército de Gadafi. Mientras denunciaba los hechos entre sollozos, agentes del régimen libio la sacaron del hotel arrastrándola a la fuerza, y nadie la ha visto desde entonces.

No hay palabras para expresar el coraje que tuvo Iman al-Obeidi al denunciar estos crímenes, y apenas podemos imaginar el terror por el que debe estar pasando en estos momentos, en manos de los matones de Gadafi. Su vida está en peligro, pero podemos ayudarla si actuamos inmediatamente.


Gadafi podrá hacerse el sordo ante muchas denuncias internacionales, pero ya escuchó al gobierno turco cuando le pidió que liberara a periodistas extranjeros. Lancemos con urgencia un gigantesco llamamiento mundial dirigido al primer ministro de Turquía Erdogan para que ayude a salvar a Iman. Firma la petición y reenvía este correo a todos tus conocidos. La petición será entregada directamente en el consulado turco en Benghazi, cuando alcancemos las 500,000 firmas:

http://www.avaaz.org/es/free_iman_al_obeidi/?vl

Iman manifestó que fue detenida en un puesto de control en Trípoli, donde estuvo detenida durante dos días, soportando palizas brutales y violaciones por parte de 15 hombres de las fuerzas oficiales de Gadafi antes de poder escapar. También dijo que aún había un número de mujeres rehenes en manos de los matones del régimen.

Los hombres que violaron a Iman probablemente pensaron que ella nunca se atrevería a enfrentarse abiertamente el aparato de terror del regimen de Gadafi, ni que sería capaz de asumir la verguenza que conlleva la admisión pública de haber sido violada en una sociedad conservadora donde a menudo las mujeres son culpadas por estos crímenes. Pero Iman se atrevió a romper el silencio que sofoca a muchas víctimas de la brutalidad de Gadafi y de violencia sexual en todo el mundo.

El regimen la ha tratado de desacreditar diciendo que es una prostituta y ha amenazado con acusarla por difamar a las fuerzas del gobierno. Pero los ciudadanos libios han salido a las calles a apoyar a Iman, y la influencia que tiene Turquía sobre Gadafi podría ser decisiva para liberarla. Apoyemos a Iman al-Obeidi, quien tuvo el coraje de rebelarse contra sus torturadores y alzar su voz en defensa de la verdad y la justicia. Firma aquí para pedirle al Primer Ministro de Turquía que actúe, y corre la voz:

http://www.avaaz.org/es/free_iman_al_obeidi/?vl

En estos momentos, esta joven y valiente mujer ha arriesgado todo lo que tenía en nombre de los valores que todos nosotros defendemos y, por ello, está sufriendo horribles consecuencias. Hagamos todo lo que esté en nuestras manos para salvar a Iman.

Con esperanza y determinación,

Stephanie, Pascal, Alice, Rewan, Mohammad, Ricken y el resto del equipo de Avaaz

Fuentes:

Libia: el caso de Eman al-Obaidi conmociona a periodistas extranjeros (con video)
http://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2011/03/110328_video_libia_mujer_denuncias_abusos_hotel_periodistas_jg.shtml

Una mujer de Libia rompe el cerco de Gadhafi para contar que fue violada
http://mexico.cnn.com/mundo/2011/03/27/una-mujer-de-libia-rompe-el-cerco-de-gadhafi-para-contar-que-fue-violada

El valor de romper el silencio
http://www.elpais.com/articulo/internacional/valor/romper/silencio/elpepuint/20110327elpepiint_3/Tes

Libia: demandarán a mujer que dijo ser violada por soldados de Gadafi
http://www.bbc.co.uk/mundo/ultimas_noticias/2011/03/110329_ultnot_libia_mujer_obaidi_violada_rg.shtml

Hay que investigar a fondo la violación de una mujer en Libia
http://www.amnesty.org/es/news-and-updates/investigar-fondo-violacion-mujer-libia-2011-03-28

El portavoz del Gobierno libio dice que Al Obaidi es una "prostituta"
http://www.europapress.es/internacional/noticia-portavoz-gobierno-libio-dice-obaidi-prostituta-20110329113711.html

"Me ataron, se orinaron encima de mí y me violaron entre 15"
http://www.diariopanorama.com/seccion/el-mundo_17/me-ataron-se-orinaron-encima-de-mi-y-me-violaron-entre-15-_a_87053

miércoles, 23 de marzo de 2011

Despachos desde Libia: ataques aéreos y camino a Ajdabiya


Por Jon Lee Anderson, 21 de Marzo 2011

Temprano en la mañana de ayer, misiles dirigidos y ataques aéreos de la coalición de occidente rompieron una línea de blindados del ejército Libio que había avanzado rápidamente durante la noche desde la cercana ciudad de Ajdabiya hacia Bengasi, dejando un campo con restos y pedazos de tanques, lanza misiles y otros vehículos militares, a lo largo de la carretera que lleva al oeste. En un punto, los residentes de Bengasi empezaron, a mediados de la tarde, a desplazarse en sus carros a curiosear la destrucción. Jóvenes se encaramaban dentro y fuera de media docena de tanques humeantes y examinaban los restos carbonizados y desmembrados de un grupo de soldados.

Un hombre joven caminaba a lo largo de una espantosa línea de cuerpos cubiertos improvisadamente con sábanas, e iba de uno en uno descubriéndolos y gritaba a cada uno de forma burlona: “Miren la gran obra que Gadafi ha hecho”. Otro, un hombre mayor, le dijo que parara y que era “haram”, impropio—prohibido. Se produjo una breve discusión cuando otros espectadores siguieron la iniciativa de insultar a los cadáveres de los enemigos. Un amigo libio, de veintiocho años, llamado Osama, señaló al joven provocador y dijo riendo: “Estoy de acuerdo con él, estos hombres vinieron a atacarnos, compatriotas libios”.

Algunos hombres me gritaron para que me uniera a ellos dentro de un tanque. “Observe, observe su comida” exclamaron. Me señalaron algunas manzanas y naranjas y un paquete aplastado de queso fundido y algunos cigarrillos. La gente estaba molesta por ver las comodidades que gozaban esos hombres de Gadafi.

Frente a otro tanque, un hombre jugaba con una cámara y me pidió que le tomara una foto con su anciano padre, que parecía abrumado por la emoción, y de repente ambos levantaron sus manos formando una “V de victoria”. Los hombres preguntaban mi nacionalidad: “¿Francés?, ¿Americano?” y estrechaban mi mano rápidamente y con timidez. Expresaban su gratitud a occidente, su enfado con Gadafi y la humillación que sentían: “¿Sabes?, Gadafi no es normal”, los libios a menudo dicen esto con vergüenza, como si trataran de comprender al hombre que dominó sus vidas por más de cuarenta años y que ahora lanza bombas, aviones y tanques contra ellos. “¿En qué está pensando?, ¿En qué de alguna manera podremos perdonarlo y aceptar vivir con él de nuevo, después de esto?”

Bajo algunos árboles, en una zona cubierta de césped que en otros tiempos hubiese sido un lugar encantador para hacer un picnic, había algunos hombres merodeando un área donde las fuerzas de Gadafi acamparon antes de moverse hacia Bengasi. Encontraron una enorme pila de cajas militares que contenían misiles tierra-aire, y restos de una oveja. Apareció un hombre que gritaba indignado que los atacantes robaron las ovejas de los granjeros locales y que ni siquiera las mataron de la forma tradicional musulmana: cortándoles la garganta y esperando a que desangraran. En su lugar, les dispararon en la cabeza. Para Osama, esto probaba que eran mercenarios: “No son libios”, dijo, negando con su cabeza.

Hasta ahora, los libios en Bengasi han insistido en que no hay una Guerra civil, sino una lucha de una mayoría de libios contra un despiadado, déspota, loco ejército mercenario—de libios, sí, a los que a menudo describen como matones y soldados pobres del sur, y también como mercenarios de otros países.

En el nuevo frente de batalla, que para la puesta de sol de la noche del domingo se encontraba a unos ocho kilómetros al norte de la entrada de Ajdabiya, un grupo de hombres y jóvenes esperan inquietos, en vagones de batalla y carros, armados y gritando, observando el espacio vacío entre ellos y la ciudad ocupada, esperando al siguiente ataque aéreo aliado sobre los tanques de Gadafi. Una vez que lo hagan, explicó el combatiente más viejo llamado Ibrahim, él y sus compañeros de batalla avanzarían—como han hecho todo el día—para perseguir sobrevivientes, y como él dice, limpiar.

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http://prodavinci.com/2011/03/21/despachos-desde-libia-ataques-aereos-y-camino-a-ajdabiya-por-jon-lee-anderson/

martes, 22 de marzo de 2011

Supremacía aérea: ¿y ahora qué?


Por Carlos Gómez Arruche
El Pais.es, 20/03/2011

Los pilotos, la gente de la aviación militar llamamos supremacía aérea a la situación en la que el grado de dominio del espacio aéreo en una zona determinada, el control sobre todo lo que se pueda mover en los cielos de ese territorio que estamos considerando, es total. Así de absoluto y determinante. Y aquí es a donde queríamos llegar, efectivamente la supremacía aérea es determinante para lo que suceda en la superficie de la tierra que se encuentra bajo nosotros. Esta es la situación que casi inmediatamente, tras el despliegue de fuerzas aéreas coaligadas, se ha conseguido, se está consiguiendo en Libia.

La Fuerza Aérea no lo puede todo en todos los conflictos, ni mucho menos, y desde luego no puede ocupar el terreno, si es que fuese necesario (como reiteran los ortodoxos), pero sí es determinante en todos o casi todos los conflictos bélicos.

En primer lugar la rapidez. Si el enemigo está a punto de entrar en el último bastión que queremos defender y la decisión para intervenir en su defensa se aplaza, por el motivo que sea, hasta que las fuerzas atacantes alcanzan con sus obuses a las casas de los barrios periféricos, sólo nos quedan unas horas para detener con firmeza los asaltos. Tomamos por fin la decisión de defender a los débiles y .... ¡menos mal! tenemos fuerza aérea para que tan solo en 24-48 horas esté situada en los lugares de despliegue adecuados y lista para llevar a cabo inmediatamente las acciones contundentes solicitadas. Es la fuerza coercitiva suficiente para que pueda detener la sinrazón.

No hace falta ser un experto en logística militar para hacerse una idea del tiempo mínimo que habría hecho falta para montar una operación terrestre suficiente en fuerza, multinacional, que pudiese llegar hasta los aledaños de Bengasi y detuviese a las tropas y a los carros de combate desplazados hasta allí.

Conseguir el dominio del aire, mejor aún la supremacía es relativamente fácil cuando el oponente no existe, es débil o no tiene capacidad de oposición. Recordemos los últimos casos de Afganistán, Irak, Kosovo o Serbia. Las aviaciones aliadas eran técnicamente muy superiores a lo que se podía poner enfrente. Lógicamente éstos ni lo intentaron.

Aviones F-18, Tornado, Mirage 2000, Rafale y F-16 están sobradamente capacitados para destruir o apagar los radares de la defensa aérea libia, destruir o anular sus misiles antiaéreos, destruir o enterrar los cazabombarderos que pudiesen volar en contra. Una vez llevada a cabo esta tarea, se pueden concentrar con soltura en detener cualquier caravana de importancia que se mueva por el país, eliminar cualquier grupo de blindados que quiera acercarse a los grupos protegidos, pulverizar posibles grupos de artillería.

Y bien. Ya no se mueve sin nuestro control ninguna unidad militar de cierta solvencia, tenemos los mares de acceso bloqueados. ¿Y ahora qué? Pues si bien nuestra aviación militar ha sido la herramienta ideal para el momento y la situación, como ya señalamos no puede ir más adelante por sí sola. Ha llegado de nuevo el momento de la diplomacia y de la política.

Ni que decir tiene que la diplomacia lleva trabajando sin dormir, con su habitual discreción, desde hace muchos días y así debe seguir, incluso intensificar sus contactos, su capacidad imaginativa para buscar salidas a la situación enquistada. Y en ello han de jugar un papel esencial, además de las clásicas y consabidas potencias, aquellos otros que tiene privilegiado acceso a Gaddafi, como son Italia, Egipto, Argelia y otros países de la Liga Árabe, así como miembros de la OUA.

Y de nuevo la política. Si no se llega a esa solución que no satisfaga a nadie pero que sea aceptada por todos, no habrá más remedio que volver a nuevas decisiones drásticas, y pocas más opciones existen que, de un modo u otro, no se centren en obligar al dictador libio a abandonar su país o lo que le quede de su país.

Una vez en esa supuesta decisión y concentrándonos en el área militar, que es el que ahora nos corresponde, dos son las posibilidades reales, una la ocupación física del terreno. Imaginemos un Irak, mucho más liviano pero que requiere una complicada conjunción de voluntades, complicada organización de mando y complicado despliegue de fuerzas, pero que sin duda es la solución definitiva y que, de una forma u otra, al final siempre es requerida aunque sólo sea como fuerza de seguridad y aseguramiento de la paz (con lo cual acabo de inventar una palabra nueva para la doctrina de operaciones de paz).

La otra posibilidad es la campaña aérea, que también requiere una complicada organización de mando, particularmente para señalar objetivos (ya tuvimos una difícil experiencia en los Balcanes), y una complicada actuación ante la opinión pública para que mantenga su apoyo constante en unas operaciones que ve un tanto asépticas militarmente pero cuyos efectos recaen sobre la población civil y que no obtiene resultados inmediatos ni tangibles hasta el derrumbe final. Una campaña aérea es relativamente fácil de imaginar, se trata de ir reduciendo escalonadamente las condiciones de vida, la capacidad de actuación, del oponente hasta su rendición. Con los mínimos daños posibles a la población se va destruyendo paulatinamente sus organismos de dirección, su sistema eléctrico, su sistema radioeléctrico, su sistema hidráulico, su sistema ferroviario, sus comunicaciones terrestres y marítimas, sus aprovisionamientos, etc.etc.

Y mientras tanto ¿qué puede hacer el coronel Gaddafi? Pues realmente no mucho. Además de amenazarnos, tiene el petróleo pero no es suficiente. Ya sabemos todos que nos va a costar caro de cualquier manera. Le quedan posibles actuaciones desesperadas puntuales. Yo por si acaso vigilaría los puestos fronterizos.

En cualquier caso, como vemos, los conflictos bélicos siempre son complicados, nadie espere otra cosa.

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http://www.grupolacolina.blogspot.com/

martes, 15 de marzo de 2011

Despachos desde Libia: ¿Dónde están los Estados Unidos?


Por Jon Lee Anderson, 14 de Marzo 2011

Las fuerzas de Qadaffi continúan recuperando terreno. Los rebeldes retroceden en medio del desorden y el pánico. Jon Lee Anderson nos cuenta los detalles desde Libia.

El sábado, en Brega, conocí a Osama BenSadik, un Libio-americano de cuarenta y siete años que regresó a su tierra natal desde Martinsville, Virginia, para ayudar a la revolución. Estaba ofreciendo sus servicios en el hospital. (Él sirve como bombero voluntario en el Condado de Henry.) Me dijo, lleno de pasión, orgullo y miedo, que Muhanad , su hijo de veintiún años, estudiante de medicina de segundo año, Boy Scout y quien había estudiado aquí en Libia, se fue a luchar en el frente. “Dígale a los Estados Unidos que vengan y ayuden, porque si no lo hacemos, si dejamos que la revolución Libia caiga, entonces nosotros-tú y yo y todos nosotros- veremos cosas que jamás pudiéramos imaginar”, dijo. Me pareció que BenSadik no tenía sus ideas completamente desarrolladas, pero entiendo que estaba reflejando las turbulentas y a veces contradictorias emociones de los jóvenes combatientes que se encuentran en el frente y que ven como masacran a sus amigos; BenSadik trata de entender todo esto. Me dijo que temía por la seguridad de su hijo, porque él era valiente, y le había dicho que sentía que la revolución era una causa por la cual vale la pena morir.

Al día siguiente me encontraba en lo que quedaba de los rebeldes en el frente del borde occidental de Ajdabiya, el pueblo oriental que es la puerta de entrada a Benghazi. Un reducido número de baterías anti-aérea y unos cien hombres tensos y desalentados, parados por allí con armas, mirando el horizonte, era todo lo que parecía quedar de la multitud eufórica de miles de civiles y niños-convertidos-en-revolucionarios que apenas hace doce días estuvieron cantando y bailando en ese mismo sitio mientras se preparaban para atacar y acorralar al odiado régimen de Qaddafi. Después de hacerse de armas capturadas en los depósitos de la policía y en instalaciones del ejército, marcharon hacia al oeste, con la esperanza de liberar al resto del país. Supuestamente, miembros del antiguo Ejército se les unieron, pero la evidencia de ese apoyo es escasa. Sin la ayuda o consejos de soldados y oficiales entrenados profesionalmente, los últimos diez días, más o menos, he visto a los rebeldes -los jóvenes “shabbab”, como todos los llaman aquí- ensangrentados en los pueblos petroleros de Ras Lanuf y Brega, retrocediendo en el medio de un creciente desorden y pánico.

Los rebeldes han perdido terreno porque no han sabido mantenerlo. En las líneas del frente de Ras Lanuf y de Brega no cavaron trincheras, por lo que cuando los aviones venían a bombardearlos, entraban en pánico y huían. El viernes pasado estaba con ellos mientras abandonaban lo que había sido su nueva línea de combate, frente a la refinería este de Ras Lanuf (habiendo perdido el pueblo el día anterior bajo intenso fuego). Esa noche dormí en Brega. Cuando me aventuré a regresar, al día siguiente, para ver si quedaba algo en la línea del frente, conseguí sólo quince o veinte camiones de batalla en una alcabala en el desierto a ochenta kilómetros al este, cerca de El Aquela. Unos pocos vehículos de combate improvisados, con armas, aparecieron desde Brega para reforzar la línea; algunos fueron más lejos, “probando” el desierto, según un oficial con el que hablé -uno de los pocos soldados que había visto en cualquier lugar cerca de las líneas del frente durante los últimos días.

De repente, el cielo se llenó con el estruendo de un avión de combate que se abalanzó hacia donde nos encontrábamos y, mientras nos lanzamos al lado de un carro, soltó una bomba a unos treinta metros de nuestra posición. Otra vez, como hemos visto ya tantas veces en los últimos días, todos huyeron- porque no había cómo cubrirse, ni donde esconderse. En Brega, había una especie de intento de reagrupar a los hombres, pero eran pocos, y allí estaban, de nuevo, sin fortificaciones, sin trincheras y con pocas armas de importancia. A la mañana siguiente, Brega también fue abandonada en medio de escenas similares, mientras las fuerzas de Qaddafi, avanzando, anunciaron su intención de lanzar cohetes de largo alcance y realizar más bombardeos aéreos en su marcha.

Desde hace días, todos los combatientes se acercan a Occidentales como yo preguntando, con diversos grados de pasión, “¿Dónde está Obama, dónde están los Estados Unidos?” Ellos querían saber por qué el Oeste, como ellos lo ven, han sido tan pocos diligente para la implementación de una zona de exclusión aérea. Ha quedado claro que sin algún tipo de fuerza internacional de disuasión, la rebelión fracasará. Desde aquí, los argumentos usados en contra de la zona de exclusión, que parece una inversión de bajo riesgo en la revolución anti-Qaddafi, han sido imposibles de comprender. Funcionó en Serbia, después de todo, y el Occidente logró definir y luego ejecutar una zona de exclusión aérea en Irak luego de la primera Guerra del Golfo y mantenerse en posición durante doce largos años. ¿Por qué de repente es tan difícil imponer una zona de exclusión aérea aquí en Libia?

En realidad, una zona de exclusión aérea impuesta ahora puede que sea insuficiente para detener el avance de Qaddafi. Su verdadero valor, hasta donde he podido determinar, sería simbólico, sería el impulso moral que daría a los combatientes, a quienes les haría sentir que no están completamente solos en el mundo. Incluso podría comprar suficiente tiempo para reunir más voluntarios para la resistencia y la lucha, en lugar de retirarse frente al avance de las fuerzas de Qaddafi -o por lo menos les daría tiempo para cavar algunas trincheras-. Si los revolucionarios de Libia están verdaderamente abandonados, cualquier cosa puede suceder. Una incoherencia ideológica se está sembrando entre los jóvenes- que tratan de ser valientes, en el medio de su terror y van hacia adelante, aún cuando los vuelan en pedazos- lo que podría ser manipulado si la euforia revolucionaria se convierte en un amargo resentimiento.

Ayer en el hospital de Ajdabiya fui a buscar a Osama BenSadik. Mientras caminaba hacia él, se desplomó en mis brazos, y todo su cuerpo temblaba mientras lloraba. Muhanad, su hijo, había muerto en combate el sábado en la mañana, no muy lejos de Brega. BenSadik lloraba con el dolor de un padre inconsolable. El estaba allí esperando por el cuerpo – no tenía certeza de recuperarlo, porque el cuerpo estaba en territorio de Qaddafi ahora. Si el cuerpo de Muhanad llega, me dijo, lo llevaré a la casa de mi hermano en Benghazi y estaré de luto durante tres días, de acuerdo con la tradición Libia. Luego regresaría al frente. “No permitiré que Muhanad haya muerto en vano”, dijo. “No voy a regresar a los Estados Unidos hasta que esto haya terminado. No me importa nada más.”

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http://prodavinci.com/2011/03/14/%c2%bfdonde-estan-los-estados-unidos/

domingo, 13 de marzo de 2011

Despachos desde Libia: miedo al colapso y una mirada a Japón


Por Jon Lee Anderson, 12 de Marzo 2011

Ayer, luego de la pérdida de Ras Lanuf a manos de las fuerzas de Khadafi, el foco del ataque se trasladó a la refinería del pueblo, ubicada a dieciseises kilómetros al este. En un largo día de enfrentamientos entre un reducido número de combatientes que se encontraban alrededor de unos edificios y una mezquita, al lado de la carretera, el asalto del gobierno fue lento, metódico y sin piedad. El ataque consistió en un par de bombardeos aéreos, oleadas de cohetes, fuego de artillería y, justo antes de que se pusiera el sol, el día terminó con la retirada de los combatientes bajo un fuerte bombardeo de las fuerzas de Khadafi que ahora parecen avanzar con mayor resolución.

Una columna de humo negro salía de un tanque de petróleo crudo, y también de cauchos ardiendo en la carretera que tenían la intención de dificultarles la visión a los pilotos de combate. Esto no detuvo a los cohetes, lo que produjo que casi todos huyeran hacia Brega y que continuara el éxodo de vehículos. Si la refinería cayó en las manos de las fuerzas de Khadafi, como parece, Brega, a unos 144 kilómetros al este, pudiera convertirse en el nuevo frente de batalla durante los próximos días. Ayer, mientras el gobierno aparentemente tomaba el control de Zawiya, Seif al-Islam Khadafi hizo una promesa pública que fue reenviada por mensajería de texto y retuiteada profusamente en Libia:

“Escuchen ahora, tengo solo dos palabras para nuestros hermanos y hermanas en el este: vamos en camino.”

Un amigo libio me llamó desde Benghazi para preguntarme cómo estaban la situación en el frente de batalla; la gente ha escuchado las noticias del desmoronamiento del frente y cada vez se preocupan más, me dijo. Mi amigo mencionó las amenazas de ayer de Seif al-Islam Khadafi. Por vez primera, la gente de la libia “liberada” parece comenzar a preguntarse si su libertad durará en realidad poco tiempo, y si pronto verán a las tropas de Khadafi atacando a Benghazi.

Hoy había muchos menos reporteros y fotógrafos en el frente de batalla. Después nos enteramos que los rebeldes habían establecido una alcabala en las afueras de Ajdabiya –el último pueblo antes de Bengazhi-para evitar que vinieran al frente. Una docena de nosotros había pasado la noche en Brega y pudimos llegar a la línea de combate, donde inmediatamente fuimos abordados por combatientes para pedirnos que no les tomáramos fotos. Zaid, un ingeniero civil que me ha acompañado desde Benghazi, me explicó: “Ellos creen que las imágenes –especialmente las de televisión-están ayudando a Khadafi a identificar los objetivos a atacar”. Sin embargo, con el degaste del día, la cautela de los combatientes cedió y comenzaron nuevamente a mostrar la “V” de victoria a cualquiera que pareciera extranjero y tuviera un cámara. Además, declaraban: “Khadafi majnoun (loco)” , “¿Dónde están los Estados Unidos?” y “díganle a Obama que haga algo; ¿Por qué no hecho nada? Necesitamos una zona de exclusión aérea.” (Más tarde, varios de los vehículos de los reporteros pudieron pasar la alcabala luego de haber sido retenidos allí por horas, pero, al igual que los combatientes, el número continuaba siendo reducido. Dos de los reporteros que llegaron fueron heridos durante un ataque con cohetes cuando acababan de colisionar con otro vehículo).

En una escena de batalla surrealista, varios hombres bailaban y cantaban en árabe versos desafiantes al lado de una batería anti-aérea, mientras el fuego de artillería tronaba y caía a unos cientos de metros en la carretera. Algunos jóvenes se subieron a una pequeña loma para ondear la bandera de la “nueva” Libia y los combatientes gritaban con emoción disparando al aire en respuesta. Varias veces, el paso y el sonido de los camiones cargados con misiles Grad excitaba a los combatientes, pero el sonido de un jet de combate causaba pánico y la gente se lanzaba detrás de sacos de arena que se encontraban al lado del camino buscando protección. Cuando el jet disparó hacia las afueras de las barracas, donde estaban almacenadas las municiones, un hombre, o posiblemente dos, murieron; de ellos solo quedaron pequeñas partes esparcidas por el suelo. Un poco después, un joven caminó hacia mí con una pieza metálica de una bomba en una mano y, en la otra, la foto de un hombre joven, y dijo, con una sonrisa de orgullo, que el hombre en la foto era su amigo, y que era un mártir, un shaheed, quien había muerto en el bombardeo.

Las oraciones de los viernes en Benghazi tuvieron una asistencia masiva, en claro desafío a Khadafi, me contaron, en medio del temor creciente de que el este pueda colapsar.

Una mirada a Japón desde Libia
Una posdata a mi despacho desde Ras Lanuf: entre la docena de periodistas que lograron llegar al frente de batalla se encontraba un fotógrafo japonés. Su padre y sus hermanas viven en Sendai, una de las ciudades devastadas por el terremoto y el tsunami que golpeó a su país natal. El salió de Ras Lanuf apenas escuchó la noticia trasladado por unos combatientes. Planeaba llegar a Brega, para luego pasar a Benghazi y, ojalá, pasar luego a El Cairo y allí tomar un avión a Japón. De una escena de destrucción, hecha por el hombre, a otra, hecha por la naturaleza.

Mi hermana vivió en Sendai muchos años y su primer esposo vive actualmente allí. En el medio de los combates de hoy pude enviarle un e- mail y enterarme de que él estaba bien. Mi hermana había escuchado que los procedimientos de emergencia estaban bien organizados y que la mayoría de las personas habían encontrado refugio. Pero ella no había podido contactar a una buena amiga de ellos, quien vivía con su familia cerca de un río cuyas riberas se desbordaron: “No hay electricidad, no hay líneas telefónicas en Sendai. No he recibido respuesta a ninguna de mis llamadas y correos electrónicos.” Muchas personas, desde muchos lugares, esperan respuesta

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miércoles, 9 de marzo de 2011

Las dos banderas de Libia


Editorial del Equipo Productor

La rebelión de los pueblos árabes oprimidos por sus dictadores en las últimas décadas provocada por la chispa de un buhonero inmolado en Túnez a finales del año pasado, mantiene a la comunidad internacional y en especial a los países del primer mundo, en vilo intentando preservar su hegemonía histórica, pues tanto el norte de Africa, como el Medio Oriente en su conjunto es el principal abastecedor de energía fósil petrolera al resto del planeta.

El gobierno de Túnez y su Dictador Ben-Ali cayó en el mes de enero, después le toco el turno a Egipto y a su Dictador Mubarak, ahora le toca a Libia encarnado por el sanguinario Moamar Al-Gadafi, quien tomo el rumbo de la represión y los crímenes de lesa humanidad para contrarrestar la rebelión de su pueblo.

La posición de los países industrializados, tanto de la Unión Europea, antiguas potencias coloniales, y Estados Unidos en su afán de gendarme del planeta, así como del resto de los países influyentes y miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es muy complicada, pues durante las últimas décadas avalaron y apuntalaron a esos gobiernos, considerándolos como aliados estratégicos y realizando inmensas inversiones en esos países. Cabe aclarar que no solamente en los tres países nombrados hay manifestaciones y rebeliones antigubernamentales, pues están en ese mismo camino Marruecos, Argelia, Yemen, Bahrain, Arabia Saudita, Jordania, Siria, etc,.

Sin embargo el caso de Libia es de muy especial atención, pues el uso de armas de guerra para contrarrestar la revuelta ha ocasionado un conflicto de consecuencias impredecibles, desembocando en este momento en una guerra civil con miles de muertos y más de 250,000 desplazados que han cruzado las fronteras de Túnez y Egipto. Guerra civil muy desigual pues si bien la mayor parte del ejército Libio se pasó a la oposición desorganizadamente y está combatiendo a las fuerzas leales a Al-Gadafi, una pequeña parte del ejercito sigue fuerte y ayudada por cientos, ó tal vez miles de mercenarios africanos pagados con los dólares petroleros, y con el apoyo de la fuerza aérea leal al Dictador, implican una fuerza que pareciera invencible en contra de los rebeldes.

La supremacía aérea en una guerra es de vital y fundamental importancia pues inclina la balanza a quien la controla, es por eso que organizaciones como Avaaz.org, parte de la UE (Unión Europea), los Estados Unidos y cientos de organizaciones civiles a nivel del planeta están pidiendo una zona de exclusión aérea sobre Libia, que busca evitar los bombardeos sobre la población civil y de alguna manera igualar las fuerzas en conflicto en este momento en Libia.

Sin embargo aunque la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que incluye a la UE y los Estados Unidos están dispuestos a implementarla, piden que tenga el aval de un pronunciamiento de las Naciones Unidas en particular del Consejo de Seguridad.

En Libia hay dos banderas en este momento, la del Dictador totalmente verde y la de las fuerzas rebeldes que retomaron como icono la anterior bandera que existía antes del año 1969. Aquí cabe la gran pregunta: ¿Hasta dónde se debe respetar el principio de la No Intervención en los asuntos internos de una Nación?, hay que permitir que Dictadores, Autócratas disfrazados de demócratas y gobiernos hegemónicos como el Libio, hagan con su pueblo lo que mejor les venga en gana?, para nosotros la respuesta es NO, cuando un gobierno pasa la raya amarilla e irrespeta de manera brutal y generalizada la Declaración Universal de Los Derechos Humanos, en ese momento pierde toda legitimidad y es necesaria la intervención internacional para restituir el orden interno.

Apoyamos en este caso la zona de exclusión aérea (No Fly Zone) pues se están cometiendo crímenes de lesa humanidad y Al-Gadafi debe de irse de Libia, pero no olvidemos que este no es el único caso, el norte de Africa y el Medio oriente están llenos de dictadores como el Libio, en Costa de Marfil hay una guerra civil de la que nadie habla, buena parte de los países africanos están en la misma condición, Birmania, Iran, Irak, Afghanistan, Pakistan y el mismo Estados Unidos de América al mantener la prisión de Guantanamo con más de 170 islamistas detenidos sin juicio, atenta contra la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que vamos a hacer con todos estos casos…

Los invitamos a unirse a la campaña de Avaaz.org pidiendo una zona de exclusión aérea sobre Libia en el siguiente link:
http://www.avaaz.org/es/libya_no_fly_zone_1/?vl

Pero no olvidemos el resto de los casos…

martes, 8 de marzo de 2011

El Libro Verde de Al-Gadafi


Nota Editorial del Equipo Productor

Moamar Al-Gadafi asumió el poder hace 42 largos años, a través de un golpe de estado que derroco la monarquía existente en Libya. Durante su gobierno ha creado las bases para sustentarse indefinidamente en el poder, colocando a parte de sus hijos y a sus mas allegados en las principales posiciones del poder.

Al-Gadafi, Kadaffi, Gadaffi, o como se escriba, intento darle un basamento filosófico – político y jurídico a su régimen y escribió ya hace años un documento llamado el “Libro Verde” donde establece los principios fundamentales de su doctrina.

Ya hace varios días un grupo de expertos, intelectuales y abogados está estudiando el Libro Verde e intentan establecer comparaciones entre la doctrina Gadafi y la doctrina del Socialismo del Siglo XXI venezolano, de la primera lectura por encima del manifiesto del Dictador hemos encontrado algunos puntos coincidentes, sin embargo requiere de estudio y algún nivel de interpretación lograr hacer comparaciones entre las dos doctrinas.

Para los curiosos, hemos subido a la internet el “Libro Verde”, bájenlo y léanlo…

https://docs.google.com/ellibroverde

lunes, 7 de marzo de 2011

Despachos desde Libia: Los Ejércitos del Este


Por Jon Lee Anderson, 6 de Marzo de 2011

Jon Lee Anderson continúa en el frente de batalla en Libia, que se ha desplazado hasta Ras Lanuf, una ciudad cercana a Sirt, uno de los bastiones importantes de Khadafi.

Durante los últimos días, el frente de batalla se ha desplazado rápidamente desde Bhengazi, la ciudad oriental ubicada en la costa que ha sido el epicentro de las revueltas contra Khadafi desde hace tres semanas, hacia Trípoli, la capital. Desde mediados de semana, cuando los llamados rebeldes de la “Libia libre”, basados en Benghazi, repelieron el ataque de las tropas de Khadafi contra dos pueblos petroleros ubicados en su frontera occidental –Brega y Ras Lanuf- el frente de batalla se ha acercado a la ciudad costera de Sirt. Sirt se encuentra justo en el punto medio entre Bhengazi y Trípoli, y, después de la capital, es el último bastión de Khadafi.

Hoy fui a Ras Lanuf, el pueblo costero donde se encuentra la principal refinería de petróleo del país. Al igual que Brega, otro enclave industrial que visité el pasado miércoles durante los combates, Ras Lanuf es un pueblo dominado por la industria petrolera, con varios conjuntos residenciales impersonales y su propia pista de aterrizaje, hospitales y escuelas. Entre estos dos pueblos, no hay nada excepto desierto, camellos y las ocasionales alcabalas establecidas por el “ejército” emergente de oriente, un grupo de hombres, civiles, la mayoría en sus veintes y armados. Casi ninguno tiene experiencia de combate. Son gatillos-alegres y frecuentemente disparan, entusiasmados, sus armas al aire. Se mueven en camionetas y pickups que han acondicionado al estilo Somalí, con armas pesadas y, en algunos casos, baterías anti-aéreas saqueadas de los depósitos militares.

Ayer en Bhengazhi, uno de esos depósitos fue el escenario de una tragedia cuando aparentemente rebeldes inexperimentados ocasionaron una explosión accidental. Murieron docenas de personas a causa del estallido. En Ajdabia, mientras tanto, Peter Bouckaert, un representante de Human Rights Watch, advertía que había encontrado un arsenal de misiles anti-aéreos portátiles SA-7, de origen ruso, así como una gran cantidad de otras armas y municiones guardadas en depósitos inseguros, bajo el control de las fuerzas rebeldes).

Durante la mayor parte de la tarde del sábado, conduje varias veces entre Brega y Ras Lanuf con un par de compañeros tratando de entender la lógica de la situación, o al menos para encontrar a alguien que pudiera contarnos lo que estaba pasando en el nuevo y caótico “frente de batalla”, pero no lo logramos . Las comunicaciones son difíciles y solo pudimos comunicarnos por mensajería de texto con otros colegas, quienes al igual que nosotros, conducían alrededor del frente. Hay mucha adrenalina en las alcabalas de los rebeldes, mucho ruido y con combatientes disparando sus armas aleatoriamente y en cualquier dirección, mucho peligro. En una de estas alcabalas, tres jóvenes nos retuvieron hasta que transmitieron con éxito una fotografía desde uno de sus teléfonos, por bluetooh, a uno de los nuestros. La foto mostraba a un ser humano acostado, picado en pedazos. Ellos se comportaron como si el hecho de que nosotros tuviéramos la foto certificaba la ocurrencia de la atrocidad. En otra de las alcabalas, un mayor del Ejército, vestido de civil y que intentaba ejercer alguna clase de autoridad, nos dijo que estaba preocupado porque los combates se estaban moviendo hacia las afuera de Ras Lanuf y las fuerzas de Khadafi se estaban reagrupando para un contra-ataque, de acuerdo con la información de inteligencia que manejaba. Ellos pudieran regresar por el desierto y aislarnos por nuestra retaguardia, nos dijo. Comenzó a dar órdenes a los hombres a que se estaban fuera de sus vehículos, y, cuando terminó, un aire de urgencia se apoderó del ambiente y se produjo un éxodo. Nos unimos a la caravana, que como muchas de las actividades en el frente, implicaba conducir a una velocidad peligrosamente alta.

Cuando nos detuvimos en una alcabala, un hombre con barba comenzó a gritar que la oposición había derribado varios jets de combate en Ras Lanuf. “Tumbaron tres”, gritó emocionado. Otro hombre dijo que fueron “cuatro”. Todos los jóvenes empezaron a pronunciar consignas triunfalistas, gritando “Allahu akbar!”. El combatiente barbudo comenzó a manipular con torpeza su AK-47, intentando disparar para celebrar, pero casi pierde el control del arma. Afortunadamente, dejó de jalar el gatillo justo cuando se acercaron algunos de sus compañeros a mostrarle como debía hacerlo. (Por si acaso, nosotros nos habíamos agachados en el carro para quedar fuera de la línea de fuego).

Una hora después, ya en el ocaso, regresamos a Ras Lanuf, frente a la refinería. Un combatiente, fumador compulsivo, nos guío un cuarto de milla a través de un camino en el desierto que nos permitió encontrar el avión –el número, en definitiva, era uno-. Nos contó que la aeronave –un MiG, supuestamente, aunque algunos habían dicho que podía ser un Sukhoi- había estado volando por la zona todo el día, pero todavía no había bombardeado cuando hizo un vuelo a baja altura y todos los hombres aprovecharon para abrir fuego. Increíblemente, uno de ellos atinó el disparo en el punto correcto. El avión se estrelló, explotando y desintegrándose en miles de pedazos que quedaron esparcidos por el desierto. Sus dos pilotos murieron. Uno era de Sudán, de acuerdo con un pasaporte encontrado en el sitio del accidente; el otro era libio, según sus documentos.

Vi los restos de los pilotos. Ambos habían sido decapitados, presumiblemente por la explosión o por el impacto al estrellarse, pero sus cuerpos, aun vestidos con sus trajes verdes de vuelo, estaban intactos. El rostro de uno de los hombres se había desprendido parcialmente de la cabeza, y reposaba, con su nariz y su labio superior con bigotes, como una máscara desechada en el desierto.

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jueves, 3 de marzo de 2011

Despachos desde Libia: El frente de batalla


Por Jhon Lee Anderson, 3 de Marzo 2011

Durante varias horas del miércoles, luego de días estacionados en un limbo político, el territorio “liberado” del oriente de Libia tuvo un frente de batalla en su lado occidental en el que se produjeron verdaderos enfrentamientos propios de una guerra. Desde el ataque aéreo del lunes a un depósito de armas al oeste de Benghazi, la capital de la “Libia libre”, la tensión venía incrementándose. Esta mañana llegó la información de que un convoy grande de milicianos pro-Khadafi invadió el pueblo petrolero de Brega, a unas ciento cincuenta millas al sur de la ciudad. Se rumoraba que ellos venían desde Sirt, el pueblo natal de Khadafi y el principal bastión del gobierno entre Benghazi y Trípoli.

Salí de la ciudad manejando hacia Brega con algunos compañeros. Nos dirigimos al oeste a través de un paisaje desértico, cuya monotonía solo era interrumpida por algunos pastores con sus rebaños, el tendido eléctrico, y, en un punto, un gran y deprimente desarrollo de viviendas, llamada la “Nueva Benghazi”, que estaba siendo construido por los chinos y que consiste en cientos de apartamentos residenciales de cemento crudo gris. Ya en una oscura Ajdabiya, luego de aproximadamente una hora más de camino, encontramos actividad alrededor del hospital. Un grupo de doctores y voluntarios corrían agitados de un lado a otro y todos gritaban al mismo tiempo. Había combates en Brega, nos dijeron; ellos estaban enviando ambulancias. Las ambulancias partieron y nosotros las seguimos.

En las afueras de Ajdabiya vimos una escena teatral en el sitio donde se encuentra un doble arco verde que señala la salida del pueblo y que está lleno de frases del libro verde de Khadafi. Cientos de carros y pickups estaban estacionados, y a cada lado del camino había gente manipulando –y tratando de de aprender cómo usar- baterías antiaéreas, urgidos por una multitud de hombres y muchachos con machetes, cuchillos de carniceros, Kalashnikovs, y revólveres, quienes cantaban, celebraban y gritaban “Dios es grande.” Más y más combatientes voluntarios comenzaron a llegar, corriendo a gran velocidad para unirse a las masas en la puerta, mostrando sus armas. Algunas veces la gente les lanzaba agua, aparentemente una manera de bendecir en Libia.

Colegas de muchas nacionalidades –americanos, rusos, egipcios, belgas, franceses e italianos- tomaban notas y fotografías en medio del caos. Cada cierto tiempo, los combatientes disparaban un arma, y se produjo un estruendo de aprobación cuando, uno de los grupos novatos que estaban manejando las baterías antiaéreas lograron disparar una ruidosa y sostenida ráfaga hacia el cielo. Una fuerte explosión al otro lado de la calle puso a correr a docenas de hombres. ¿Será que ya están llegando? No. Alguien había disparado por equivocación un arma larga y se había herido a sí mismo.

Luego de un rato, un grupo de combatientes salió hacia Brega, y los seguimos. Una hora más apareció Brega a un lado del camino, un pueblo petrolero donde todo-es-color-salmón con zonas residenciales y con una universidad en donde se estaban produciendo los combates. Ahora podíamos escuchar grandes explosiones y ruidos ensordecedores que parecían provenir de morteros y, en la distancia, veíamos columnas de humo gris. El desierto aquí está conformado por lomas, con alguno que otro arbusto.

Salimos detrás de unos amigos que se habían adelantado por una ruta que va paralela al mar –bellas aguas para hacer snorkel- y nos encontramos en un frente de batalla que parecía improvisado. Cientos de combatientes corrían con armas, R.P.G.s y granadas de mano; subían a las dunas de arena que están junto al camino para observar y disparar hacia la universidad donde se decía que estaba la gente de Khadafi; y corrían ida y vuelta hacia los jeeps y pickups en donde estaban las armas pesadas. Donde aparecía un combatiente, la gente entonaba slogans y mostraban la “V” de la victoria con sus manos. Una pickup partió hacia el pueblo cargada con cadáveres. Un par de jets -Mirage o MiGs, no pude distinguir- apareció sobre nosotros y realizó varios sobrevuelos, bombardeando una vez, justo sobre las dunas. Un amigo que había subido detrás de unos combatientes a la parte alta de la duna regresó al minuto diciendo que los jets habían disparado muy cerca de donde ellos estaban caminando.

Trajeron una cacerola con arroz y pollo y fue pasando de mano en mano, seguido de pequeños vasos de de té dulce caliente. Un grupo de hombre se puso en cuclillas al lado de un carro y tomaron su almuerzo bajo el sol resplandeciente.

Al frente había un par de carros sobre los que habían disparado y un número grande de conchas anti-aéreas esparcidas. Un hombre recogió una, se acercó a nuestro carro y nos dijo: “esto se lo vamos a meter por el culo a Khadafi”.

Luego de un tiempo, una especie de tranquilidad se impuso en el ambiente; todavía se podían escuchar ráfagas de artillería pesada, pero eran esporádicas y muchos de los combatientes se habían regresado al pueblo en sus carros. Ellos decían que los combates se habían desplazado hacia esa dirección, mucho más cerca de la universidad, donde los milicianos de Khadafi se habían preparado para combatir desde temprano. Los seguimos y eventualmente llegamos a la universidad, que estaba tranquila. Los milicianos se habían marchado –luego de un día caótico se regresaron a Sirt en su convoy, dijeron. Los combatientes que los habían perseguidos primero que nosotros se esfumaron también. Nos montamos en el carro para buscarlos.

Nos paramos al lado del océano, donde recogí una caja de municiones –tenía impresa varios números y “D.P.R. of Korea”- y nos devolvimos manejando hacia la carretera principal. Un número importante de hombres se habían reunido bajo una valla con la imagen de Khadafi y, en un modo festivo, similar al que encontramos en las afueras de Ajdabiya, estaban disparando sus armas al aire y cantando victoria. Varios de ellos arrancaban con sus manos la imagen de Khadafi, donde todavía quedaba visible una parte de su cara.

Los voluntarios se movían alrededor de la multitud ofreciendo jugos y pan cuando súbitamente un jet rugió sobre nuestras cabezas y soltó una bomba. Cayó justo detrás de los carros estacionados, a unos quince o dieciocho metros de donde nos encontrábamos, y levantó una gran nube de humo, vidrios y piedras. Todo el mundo corrió; Vi la bomba explotar. Increíblemente, nadie salió herido. Luego, horrorizados, todos los que estaban allí corrieron a sus carros y salieron disparados –hacia Brega, Ajdabiya, Benghazi. El parabrisas de nuestro carro tenía nuevas astillas en forma de telaraña, pero mis compañeros y yo estábamos ilesos. (Más tarde, de regreso en Bhengazi, escuchamos bombardeos en la distancia, lo que motivaba a los perror a ladrar).

En el último momento, en el medio del caos y del humo, unos pocos hombres comenzaron a cantar con ánimo triunfal, pero el mensaje que envió el jet, o su cuasi-fallo –lo que en realidad haya sido- tuvo efecto. Pude escuchar a alguien diciendo, “Maldita seas Khadafi, ahora vamos conseguir una zona libre de vuelos.”

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