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sábado, 11 de mayo de 2024

Tacuato Cumple 64 años / Oscar Bastidas-Delgado @oscarbastidas25

 


El estado Falcón es muestra viva de cooperación desde hace años. Entre las cuatro opciones acerca de la primera cooperativa venezolana la opción más antigua se remontaría a una posiblemente constituida en ese estado durante la Guerra Federal, cuyo “estatuto a medio quemar” fue encontrado por el historiador Federico Brito Figueroa en una investigación sobre el General Ezequiel Zamora.

Fue luego de 1959 con la caída de la dictadura militar perezjimenista y el retorno al país de numerosos demócratas, socialistas y comunistas con ideas renovadoras y conscientes de la importancia de organizaciones como las cooperativas para impulsar la necesaria atmósfera democrática que el país requería cuando en Falcón, particularmente la Península de Paraguaná, se empina sobre el cooperativismo; un sacerdote, José Elías Thielen, quien concentró sus esfuerzos en la falconiana Comunidad Cardón, entonces Campo Shell, e impulsó la constitución de una cooperativa que sería referencia falconiana y nacional: Tacuato, fundada el 10 de abril de 1960, la primera de la era democrática del país. José Elías venía de participar en un programa de desarrollo comunitario del instituto Coady de la St. Francis Xavier University en Antigonish, Nueva Escocia, Canadá, que combinaba principios y prácticas de una educación crítica de adultos con preceptos cooperativos; había viajado a ese país, junto a Vicente Fuentes, por el Monseñor Francisco José Iturriza, nacido en Valencia, quien se preocupó por el cooperativismo al observar en Coro los escandalosos procesos de usura  y maltratos que proveedores y comerciantes daban a humildes artesanos. Canadá ya era reconocida por sus cajas populares.

Según José Elías: “Tacuato se inició como ahorro y crédito por ser la forma más sencilla de cooperativismo y el dinero es un elemento necesario para todo otro proyecto”. Entre sus trece fundadores se encontraban Silvio Bracho; Ramón, Teodoro y Domingo Dewendt; Félix Delgado; Cruz María Petit;  Jesús García, el abuelo Chucho;  y Dilia Barreno. Ella nació con una suscripción inicial 123 bolívares y su primer crédito fue para la compra de un burro; fue la primera cooperativa inscrita en el Ministerio de Fomento. José Elías  fue un cooperativista y amigo lleno de bondad a quien el autor de estas líneas tuvo como amigo, como alumno en unos talleres de la Central Cooperativa del Táchira, y como compañero de estudios en un taller de proyectos de la OIT y de Sunacoop, siendo superintendente la falconiana Ana María de Sandoval.

Tacuato ilustraría el camino a otras comunidades y sectores para formar cooperativas como San José Obrero, Judibana, Hospital Cardón, Comunidad Cardón, Centro Curativo Punto Fijo (hoy Cooperativa Punto Fijo), Pueblo Nuevo, San Miguel, Consumo Paraguaná, Santa Ana, Buena Vista, Las Piedras, Punta Cardón, y Cotraedup. En el ínterin se conformaron organismos de integración como los capítulos, suerte de integración de cooperativas de cualquier tipo a niveles regionales con fines formativos, de coordinación, y auto-apoyo, que funcionarían de manera parcial y limitada en varias regiones del país destacando el de Paraguaná, en Falcón, a principio de los 60´s, y los de Caracas y Miranda a finales de esa década. Los capítulos, con José Elías al lado, influyeron en la constitución de la Unión de Fomento Cooperativo, en la Federación de Cooperativas de Ahorro y Crédito de Venezuela (Fecoacreve).

Así pues, en 1966 funcionaba El Capítulo con soporte de siete cooperativas de ahorro y crédito. Con los movimientos regionales de 1967 en torno al servicio funerario cooperativo iniciado en Mérida y seguido en Barquisimeto y otras regiones del país, la población paraguanera impulsa la constitución de la Central Cooperativa de Servicios Sociales Falcón (Cecosesola) el 10 de mayo de 1967.

En la asamblea constitutiva de esta central participaron como fundadoras las siguientes cooperativas con sus representantes: Tacuato, por Casimiro Pérez, Silvio Bracho y Armando Arcaya; San José Obrero, por Cástulo Chirinos, Jeroboan Velásquez, Froilán Gutiérrez, Miriam Gotopo y Cornelio Martínez; Judibana, por Andrés Montilla, Juan Bautista López, Reina de García, Néstor Rodríguez, y Carlos Primera; Hospital Cardón, por Ramón Naveda, Miguel Gutiérrez, Carmen Barreno e Isabel Pereiro; San Miguel, por Juan Salas, Raúl Rodríguez y Ana Rodríguez; Comunidad Cardón, por Jesús Hurtado; Centro Curativo Punto Fijo por Juan Gutiérrez; y Pueblo Nuevo por Juan Jordán, Hernán Marín, Luis Rodríguez y Pompilio Otero.

sábado, 13 de enero de 2024

David Esteller Ortega / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Falleció David, me lo informó su hija Rosana. Familiares y algunos amigos esperábamos el desenlace; él había decidido no continuar exámenes y medicamentos y que la Energía Suprema orientara su cuerpo. «Son decisiones de vida, valientes, que enaltecen a las personas» opinó una amiga de quien estas líneas suscribe.

David: hombre del llano, nacido en el municipio que lleva su primer apellido en el estado Portuguesa; impulsor de transformaciones sociales; hombre de armas tomar en aras de sus ideales como lo demostró en su «corta estadía en la guerrilla de la montaña», foco humano que luego fusionó con el de Argimiro Gabaldón, fue fundador y secretario general de la Juventud Comunista de Guanare, enfrentó la dictadura perezjimenista y la incipiente democracia de inicio de los 60.

En 1963, durante su clandestinidad, refugiado en la casa de José Ángel Surga, se inició en lecturas sobre cooperativismo y tuvo su primera experiencia cooperativa. En febrero 2023 David narró a quien suscribe: Surga, activo en política sindical desde la caída de Gómez y en el cooperativismo desde López Contreras, amigo de Salvador de La Plaza y de Rodolfo Quintero, era directivo de la Federación de Cooperativas de Producción (de corta vida), y de la Confederación Nacional de Cooperativas de Venezuela (Conacoven) donde estaba acompañado del abogado Jaime Daly Guevara y del sacerdote Zabala, apoyó la conversión de la Mueblería Dibo, constituida en la época de Pérez Jiménez, en Cooperativa de Trabajo Asociado Cumyd, mediante acuerdo de su propietario con sus trabajadores liderados por Laureano Díaz (QEPD), con el apoyo de asociados de la Cooperativa Avoda, productora de zapatos.

Alejado del partido comunista por diferencias en cuanto a la lucha armada, David tejió su vida entre un activismo político sin militancia, el cooperativismo y la docencia en la UCV como profesor titular de la cátedra de Historia Económica de la EAC. Obtuvo su doctorado en Derecho en la Universidad de Carabobo con su tesis «El Acto Cooperativo», tesis que sentó bases en el cooperativismo latinoamericano. En el bautizo de su tesis convertida en libro, quien suscribe tuvo el honor de hablar a nombre de la EAC.

Permítaseme hablar en términos personales. Siendo quien suscribe estudiante de la EAC, en equipo con los profesores Manuel Rodríguez Campos, Miguel Ángel Perera, ambos fallecidos, Manuel Mariñas Müller y David, se constituyó el Centro de Estudios de la Cooperación (1973), que tuvo corta vida por ida de la mayoría de sus miembros a estudios en el extranjero. Recién graduado, fue David quien me oriento hacia el Colegio Cooperativo de París que, en alianza con la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (Ehees), era dirigido por el profesor Henry Desroche, estudios realizados.

A mi regreso en 1978, David, consultor jurídico de la Superintendencia Nacional de Cooperativas (Sunacoop) desde 1969, me presentó a Carlos Molina Camacho (QEPD), exsuperintendente, y a Luís Delgado Bello superintendente en ese momento. Luís me puso en contacto con Joaquín Ramón (QEPD); Tania Miquilena (QEPD) y su esposo Werner Corrales, con quienes realicé mi primer trabajo como consultor en asuntos comunitarios; con Gustavo Salas y Eduardo Matute, presidente del consejo de administración y coordinador de la unidad de proyectos de la Central Cooperativa Nacional de Venezuela (Ceconave) respectivamente, quienes me contrataron para evaluar nueve proyectos cooperativos. Gracias a David y a estos amigos me inicié con buen pie en el cooperativismo venezolano.

Convertido quien suscribe en profesor de la EAC, la relación con David y Ceconave se acrecentó. Con Eduardo y otros compañeros, Lucio Segovia (QEPD) entre ellos, constituimos la Cooperativa de Trabajo Asociado Centro de Estudios Cooperativos (Cescoop). Posteriormente, en la EAC. el Centro de Estudios de la Participación, la Autogestión y el Cooperativismo (Cepac-UCV, 1987) impulsor del Ciriec-Venezuela que en su momento asociamos a la Alianza Cooperativa Internacional (ACI). David fue activo del Cepac-UCV y estuvo en la primera directiva del Ciriec-Venezuela; siempre, hasta el momento final, con su espíritu cooperativista en alto.

En su libro, publicado por su hija en USA y por quien suscribe hace dos semanas en Venezuela, escribió a propósito de su condición su preso político.: “Estuve preso en los calabozos de la propia Dirección General de Policía, donde fui golpeado para que confesara quiénes más estaban conspirando conmigo. Desde luego, no delaté a nadie”.

Mi penúltima visita a David fue con Luís, en ella le ofrecí publicar su último libro «Utopía y Realidad (El fracaso del socialismo)» en el que rechaza el mal llamado «socialismo del siglo XXI» en digital: le cumplí. Repentinamente Luís se adelantó a David, falleció el pasado día 15, impensable que se fuese antes (QEPD).

David, hermano, en la medida en que viviste, levantaste tu familia y sembraste inquietudes con tus acciones y escritos en tus discípulos, en tus camaradas como los de la Sociedad Royal, y en tus numerosos amigos, construiste un legado perdurable. Sigues entre nosotros. (01/01/1932 – 29/12/2023).

oscarbastidasdelgado@gmail.com

https://talcualdigital.com/david-esteller-ortega-por-oscar-bastidas-delgado/

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sábado, 4 de noviembre de 2023

Sistema de Cuentas Nacionales y cooperativas / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Si por visibilidad se comprende la cualidad perceptible que permite ver objetos, hablar de visibilidad de las cooperativas obliga a considerar las vías y mecanismos posibles a través de los cuales ellas puedan ser percibidas y por consecuencia valoradas por organizaciones, sectores gobiernos y representantes la sociedad. Una herramienta poderosa de visibilidad de cualquier sector económico o social al nivel de un país o internacional, lo constituye el ser considerado en el respectivo Sistema de Cuentas Nacionales. Las cooperativas no deben ser excepción.

Puede afirmarse la existencia de mecanismos a favor de esa visibilidad como los estudios específicos por sector cooperativo o por niveles territoriales elaborados por organismos públicos, universidades, instituciones de desarrollo, la Alianza Cooperativa Internacional, las mismas cooperativas y otras organizaciones con métodos que se corresponden con los intereses de quienes las desarrollan pero el marco de la visibilidad de cualquier actividad económica a nivel de una nación lo establece el Sistema de Cuentas Nacionales, SCN en adelante.

El SCN es un sistema estándar internacional publicado por la ONU en 1953 con manuales revisados en 1968, 1993 y 2008. Además de la ONU, el SCN es mantenido por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE por sus siglas en inglés) y la Oficina de Estadística de las Comunidades Europeas.

Su aplicación es voluntaria, tiene como objetivo compilar las cuentas nacionales y proporcionar un sistema completo e integrado de ellas que permita conocer las actividades económicas significativas, realizar comparaciones nacionales e internacionales entre ellas.

Compilar involucra numerosas fuentes, entradas y estimaciones, los datos compilados se referencian en moneda nacional y se refieren fundamentalmente a las transacciones de capital, el gasto público, la inversión y el comercio exterior apuntando a precisar el Producto Interno Bruto (PIB).

Bajo normas de elaboración de cuadros de insumo-productos y transacciones intersectoriales, las cuentas se publican en el Anuario de las Naciones Unidas.

Además de sus lentes macros, el SCN utiliza cuentas satélites que, sobre un marco conceptual, funcionan como sus extensiones con el objeto de determinar la situación y el aporte de determinado sector al Producto Interno Bruto (PIB) gracias a sistemas integrales de indicadores de desempeño con variables influyentes en las áreas de interés considerando conceptos básicos, definiciones y clasificaciones de manera flexible sin sobrecargar o distorsionar el sistema central. La metodología de estas cuentas se corresponde con la lógica insumos – productos del SCN.

En el caso de existir una cuenta satélite de las cooperativas, sector que obviamente aporta en lo socio-económico al PIB desde los espacios en donde ellas se encuentren, ella permitiría ampliar la capacidad analítica de la contabilidad nacional del sector, identificar y visibilizar cuáles y cuántas son, dónde están, actividades, concentraciones, nichos de oportunidades, aportes según regiones y sectores como, por ejemplo, los de las cooperativas de ahorro y crédito y las cajas de ahorro al sector financiero, los de producción porcina o avícola al sector agrario, las de médicos al sector salud, y otras, así como realizar estudios comparativos nacionales e inter–países.

Ampliando el ángulo de visión, en algunos países se ha intentado visualizar las cooperativas pero a través del prisma de cuentas satélites de las OES. Según Álvarez, en América Latina solo México y Costa Rica a través de sus bancos centrales han dado pasos en ese sentido; Colombia se inicia en estas lides, República Dominicana y Chile aún desarrollan ideas, Ecuador pareciera haber diseñado un sistema pero aún no aplica los indicadores, y en líneas generales los demás países no las abordan.

sábado, 14 de octubre de 2023

La ética como sinergia de valores y principios / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Como toda actividad humana, constituir y poner en marcha organizaciones implica la aplicación de valores por quienes las constituyen. Ellos surgen, se aplican, con cierto orden, sucediéndose unos a otros de manera no lineal, nutriéndose mutuamente y generando otros a manera de sucesión yendo desde el más sencillo o Individualismo al más complejo o solidaridad, cada valor generado contiene los anteriores.

Los valores de unos pueden ser rechazados por otros, por ejemplo, mientras países del norte de África discuten qué es la democracia y cómo aplicarla, posiblemente limitándola solo a quienes tienen bienes de fortuna o solo a hombres, en la amplia mayoría de los países iberoamericanos y en los movimientos cooperativista y mutualistas, el principio de «un ciudadano un voto» permite aplicar de manera precisa ese valor.

Valores y principios son pautas de conducta adquiridas a lo largo de la vida de las personas, grupos humanos, organizaciones y sociedades por influencias familiares, escolares, religiosas, políticas, económicas u otras, que permiten discernir entre cuales límites actuar ante determinados sucesos. Los primeros son como rieles de un tren con límites a derecha e izquierda para evitar descarrilamientos concediendo límites a quienes los poseen, los segundos son síntesis de los valores, explicaciones resumidas de ellos que facilitan su aplicación, son las locomotoras que facilitan la comprensión y aplicación de los valores.

La ética como palabra proviene del latín ethĭcus éste a su vez de «êthicos» del griego antiguo. Se asimila a la idea de «êthos» como «carácter» y no como «costumbre»; gracias a ella una persona discierne a propósito de cómo actuar ante determinada situación con base en preceptos acumulados a lo largo de la vida, preceptos que se convierten en valores que emergerán oportunamente dependiendo de la situación enfrentada a manera de rieles que limitan el respectivo valor trazando rutas de acción.

Dicho lo anterior, la ética puede presentarse como la sinergia Valores/Principios poseídos y practicados por las personas individualmente y también de las organizaciones. Los valores tienen su aposento en la mente de cada persona y la impulsa a poner carácter en lo que libremente y por convicción cree que debe hacer. Para que ella exista sus valores y principios deben difundirse y aplicarse.

La consecuencia lógica de poseer determinada ética es desear que otros la compartan, es por ello por lo que los primeros valores de toda organización son los de sus fundadores, quienes tiendan a transmitirlos a sus colaboradores.

Con el tiempo llegan generaciones de relevo, cambian los valores y por lo tanto la ética. Ello explica porque los valores y principios cooperativos han cambiado a lo largo del tiempo.

sábado, 7 de octubre de 2023

Los excedentes en las organizaciones de la economía social / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Los excedentes son lógicas consecuencias de las actividades realizadas y contablemente se forma por la diferencia entre ingresos y gastos; en Puerto Rico lo denominan sobrante. Al final del ejercicio ellos deben ser repartidos con base en el valor de la equidad entre los asociados que los produjeron considerando las operaciones realizadas por cada uno. Es de precisar que el lucro se riñe con el Acto Cooperativo y la solidaridad como valor; lo que no significa que las cooperativas actúen con fines de pérdidas.

Un ejemplo referido a consumo ilustra: alguien con ingresos lícitos y ya declarados al sistema impositivo le pide el favor a un amigo de comprarle cierto producto y le entrega dinero para ello, la persona compra, entrega lo comprado y regresa el vuelto o sobrante al demandante del favor. ¿El monto devuelto es ganancia?: no, ya era lícitamente de él solo que lo utilizó para resolver un problema. Sucede igual si en lugar de un amigo es una cooperativa la que realiza la compra: los asociados constituyeron el capital para comprar en mayores dimensiones y al final recuperan lo que aportaron demás o excedente: ¿lo que recuperaron ya era de ellos o no?

Otro ejemplo: un grupo de desempleados constituye una cooperativa en la que asocian su trabajo y recursos para proveerse de empleo: Cooperativa de Trabajo Asociado (CTA), alquilan un local y compran o alquilan equipos e insumos con economías de escala. Constituyen un monto común para operar y al final del año sobró una porción o excedente que deciden repartírselo proporcionalmente entre ellos con base en lo laboral aportado o producido: ¿lo percibido lo produjeron ellos o no?

El “no lucro” es un atributo entonces que no contradice la necesaria creación de riquezas ni el deseo humano de mejores niveles de vida. La primera vía de generación de excedentes en una cooperativa es el ahorro en los montos aportados para constituirla.

Toda cooperativa debería generar apropiados excedentes para: 1. – proporcionar mejores niveles de vida a sus asociados; 2. – sentar bases económicas y materiales para fortalecer sus actividades y formar generaciones de relevo; 3. – dotarse de herramientas que le permitan crecer en una economía de mercado que normalmente le es adversa; 4. – generar volúmenes apropiados de transacciones para óptimos rendimientos gracias a economías de escala; 5. – enfrentar el desafío de la capitalización, sobre todo en época de inflación.

Adicionalmente: 6. – aumentar la rentabilidad de las actividades de sus miembros: remuneración apropiada, buen ambiente laboral, adecuados procesos formativos otros; 7. – avalar operaciones crediticias de sus asociados; 8. – tener recursos para responder ante terceros; 9. – descontar de los certificados de aportación los montos que por negligencia o irresponsabilidad deba cobrar a algún asociado; y 10. – no terminar su gestión anual con pérdidas económicas: ¿cómo sustentar lo social?

Determinar la condición lucrativa de las cooperativas es clave para contrarrestar gobiernos que pretenden llenar sus vacíos presupuestarios cobrando impuestos a las cooperativas, mutuales y fundaciones como sucede en Venezuela; esos gobiernos se inspiran en la cláusula Stan By del Fondo Monetario Internacional (FMI) que propuso «la ampliación de la base de impuesto a las ganancias para incluir los ingresos por intereses y dividendos y las ganancias de cooperativas, mutuales y fundaciones».

sábado, 23 de septiembre de 2023

El mal entendido lucro en las cooperativas / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Todas las variantes conceptuales entienden por lucrativo «lo que produce utilidad y ganancia», y por «lucrar» el sacar provecho de un negocio u obtener utilidades. Según una Declaración del Consejo Intercooperativo Argentino[1]

 «las cooperativas no son empresas lucrativas; sus excedentes, en caso de existir, retornan anualmente a quienes los hayan generado al haber abonado por el servicio un precio superior al costo del mismo. El retorno cooperativo constituye un ajuste de precio que se distribuye en proporción al uso de los ser vicios sociales; la actividad de las entidades lucrativas, en cambio, configura una remuneración al capital y es éste la base de su reparto»

El Dr. Juan Carlos Basañes autor del libro «Teoría y Realidad de la Economía Cooperativa» citado por Esteller afirma[2] que «El lucro, como objeto y medida de eficiencia empresarial, tiene solo vigencia para la empresa capitalista». Efectivamente, las cooperativas en sí no realizan lucro y la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) es clara cuando afirma que los procesos relativos al reparto de excedentes se realizarán en «beneficio de los asociados» y «será proporcional a sus operaciones con la cooperativa». Sin ese valor las cooperativas perderían un elemento clave de su identidad, uno que sirve para distinguirlas de otras organizaciones.

Es por la vía de los hechos como este valor se pone en práctica. Los cooperativistas constituyen el capital de sus cooperativas para enfrentar sus problemas y no para generar ganancias; lo que resta al final, diferencia entre lo aportado y lo aplicado o gastado, es el excedente o sobrante como se le dice en Puerto Rico, monto se devuelve a cada asociado de manera proporcional a lo aportado.

Elgue profundiza al respecto:

«Si bien las cooperativas realizan una actividad económica, ella está dentro de un campo de la economía distinta a la economía de lucro […] En el campo de la actividad económica en función social no se compra para revender con ganancia o producir utilidades a los inversores sino que la operación consiste en la prestación de servicios sociales. No se opera con valores de cambio sino de uso. En el área cooperativa, los excedentes de previsión se restituyen a los usuarios, las reservas son irrepartibles y, en caso de disolución de la entidad, el remanente patrimonial corresponde al Estado»[3]:

 Este aspecto no está claro en numerosos actores de las cooperativas que rechazan cobrar montos justos, apropiados, por sus actividades ante el temor a ser calificados de «capitalistas» cuando una unidad monetaria pudiere ser lucro y millones de ellas no serlo. Por ello es clave comprender la sutil diferencia entre organizaciones «sin ánimo de lucro» y «no lucrativas»:

«… sólo las obras caritativas que obtienen dinero con la intención de ofrecer servicios sin buscar ningún beneficio pueden ser adecuadamente designadas como empresas “no lucrativas”. Esta distinción entre empresas cooperativas y empresas no lucrativas es importante para garantizar una política oficial adecuada. Toda confusión que surja entre las empresas de autoayuda (entre ellas, las cooperativas) y las obras caritativas (que prestan servicios en relación de dependencia) no puede ser más que negativa para las cooperativas, y habría que evitarla a toda costa»[4].

sábado, 8 de julio de 2023

A Ceconave en su Aniversario 47 / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Si bien en el país existen cooperativas desde inicio del pasado siglo, no fue sino en los 60 cuando se conformó un movimiento que le concedió concepto y direccionalidad con los capítulos en un primer momento, luego las federaciones y concomitantemente las Centrales Cooperativas Regionales (CCR) con la Central Cooperativa Nacional de Venezuela (Ceconave) como ente integrador de 18 CCR fue fundada el 26 de junio de 1976 por conversión de la Federación de Cooperativas de Ahorro y Crédito. Esa fecha fue instaurada como «Día del Cooperativismo Venezolano» en su Congreso Nacional de Educación Cooperativa de Semana Santa en 1997; Gustavo Salas, hoy trabajador – asociado de Cecosesola, presidía Ceconave.

A lo largo de estos últimos años con los fallidos intentos de constitución de cooperativas por el gobierno, por la hiperinflación, el éxodo de ciudadanos y otros problemas que pudiesen cobijarse bajo el término «situación país», el cooperativismo mermó sus actividades notoriamente, en particula   r en ahorro y crédito y en consumo.

Es de reconocer que varios equipos se esfuerzan por recuperar Ceconave en lo funerario reestableciendo los traslados intercentrales, que una docena de las 16 CCR están en pleno funcionamiento, y que destacan cooperativas de base que a pesar de la difícil situación nacional de los últimos años insisten en cumplir su objeto social sin exigencia alguna de apoyos gubernamentales.

Entre las CCR activas destacan la Central Cooperativa de Falcón (Cecofal) desde 1982, la de Barinas (Cecobar), y la de Lara (Cecosesola). Mención especial merece Cecosesola por su sinergia entre varios servicios autogestionados por sus 1.500 trabajadores – asociados junto a cooperativas y otras organizaciones de la sociedad civil larense.

No en balde Cecosesola obtuvo el Premio Nobel Alternativo 2022, otorgado desde Suecia por la Fundación Right Livelihood entre 175 nominados de 77 países del mundo: “Por establecer un modelo económico equitativo y cooperativo como alternativa sólida a las economías basadas en el lucro”. Reconocimiento internacional que a los cooperativistas venezolanos nos llena de orgullo. 

El acecho contra nuestras cooperativas no es retórico. Recientemente personeros gubernamentales se propusieron modificar la ley que, como se afirmó, fue redactada por el movimiento y refrendada con pocas modificaciones por el fallecido Chávez, en ella se exonera a las cooperativas del impuesto sobre la renta por lo que imponer este impuesto como lo hizo el gobierno actual es olvidar aquella decisión de su antecesor.

sábado, 1 de julio de 2023

Problemas macros del cooperativismo / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


A pesar de las magnitudes y aportes de las Organizaciones de Economía Social (OES), particularmente de las cooperativas, son varios los aspectos que obstaculizan su desarrollo.

1-La informalidad. Constituyen un número grande pero indeterminado y algunas hasta poseen mayor influencia que las formales. Ese huir del formalismo se sustenta en muchas ocasiones en el no «complicarse la vida», como afirmó un cooperativista venezolano, con actividades formales administrativos y contables que las normativas y organismos públicos de control establecen. Se agrega que en algunos países no existe tal personalidad jurídica y ellas se esconden o disfrazan bajo fórmulas jurídicas propias de los actos de comercio. La OIT está impulsando la conversión de trabajadores informales a cooperativas.

2-Falsas cooperativas. Falsas son las de maletín constituidas como de trabajo asociado por empresarios y empleados públicos corruptos con claras intenciones de beneficio en cuanto a exoneraciones impositivas y legales o el cobro de comisiones según sea el caso, en detrimento de quienes aportan su fuerza de trabajo como sucede con varias de limpieza y recolección de basura; de instaladores de líneas telefónicas, eléctricas y acueductos; de construcción y mantenimiento de vías y edificios públicos, y otras.

También las de transporte con choferes de avances explotados; las que fungen como mototaxis sin llevar registros de asociados; las financieras y de seguros que olvidan el mutualismo y son lucrativas aseguradoras y vendedoras de pólizas.

Falsas son las que: 1. – realicen a conciencia actividades diferentes a las estatutarias y mercantiles contrarias al espíritu del Acto Cooperativo; 2. – mantengan premeditadamente bajos los montos de los certificados de aportación para cubrirse de posibles acciones legales; 3. – disfracen relaciones de dependencia laboral y oculten activos o vacíen de activos la empresa para eludir responsabilidades ante posibles demandas; y 4. – evadan impuestos, logre apoyos, contratos y créditos que con otra figura no obtendría. Son aquellas que tratan a sus asociados como meros clientes.

3-Alerta ante las asimetrías e isomorfismos en el sector. Lamentablemente no todas las cooperativas cumplen con los preceptos de la Identidad Cooperativa que en principio obligan a aplicar valores y principios como guías de acción y no solo caen en el extremo de generar lucro sino que desarrollan un isomorfismo al transformar sus parámetros de organización y funcionamiento porque sus directivos y cuerpo gerencial pretenden que se ellas se parezcan y ellos parecerse a las empresas capitalistas como bien lo describe Ricardo Dávila (2010), al calificar el isomorfismo como «alejamiento de los principios y valores que plantea la doctrina y la ley», remarcando la tendencia a la desnaturalización de las cooperativas «por querer ser banqueros y empresarios capitalistas».

Existe otro isomorfismo, pero esta vez proveniente del modelo burocrático altamente jerarquizado y con rígida división taylorista del trabajo como el militar que hace olvidar a directivos y gerentes la participación y la democracia como ejes fundamentales de las cooperativas. Obvio, cooperativa que desarrolle estos isomorfismos es falsa.

sábado, 17 de junio de 2023

Utopías e imaginarios en la génesis de las cooperativas / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Por imaginario, del latín imaginarius, pudiese entenderse aquello que solo existe en la imaginación, una suerte de representación mental; aplicado a lo social, el concepto hace referencia a el conjunto de representaciones con las que un individuo o un grupo colectivo dan significado al mundo en el que se desenvuelven; en sentido amplio puede asimilarse a la visión que de las sociedades aportan las ideologías sin que sean contrastadas empíricamente.

El término utopía viene del griego y significa “no-lugar” o un lugar que no existe; se utilizó por primera vez en la novela Utopía del santo Tomás Moro publicada en 1516. Las utopías constituyen un subconjunto de los imaginarios; son imaginarios individuales o colectivos, escritos y o practicados, con aceptables precisiones en cuanto a los detalles de la sociedad deseada. Según Desroche (1976), director del Colegio Cooperativo de París, por utopía puede entenderse «un proyecto imaginario pero realizable de una sociedad alternativa» y han existido utopías escritas y prácticas

Entre las escritas destacan La Republica de Platón (428-347 a. de c); Utopía de Tomás Moro (1480-1535); La Nueva Atlántida de Francis Bacon (1561-1626); La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella (1568-1639) y Viaje a Icaria de Etienne Cabet (1788-1856). Pueden agregarse al cristiano Peter Cornelius Plockboy (Holanda 1620 – 1700) calificado por algunos como “Patriarca de la Cooperación”; John Bellers (1654-1725), quien en 1695 hizo una exposición de sus doctrinas en el trabajo “Proposiciones para la Creación de una Asociación de Trabajo de Todas las Industrias Útiles y de la Agricultura” y Robert Owen (1771-1858), autodidacta e industrial innovador en técnicas y sistemas sociales con su Asociación de Todas las Clases de Todas las Naciones (Londres, 1835) (Bastidas-Delgado, 2019)

Destacan también Claude Henrri de Rouvroy o Henri de Saint Simon o Conde de Saint Simon (1760-1825), socialista francés proponente de una suerte de socialismo; Philippe Joseph Benjamin Buchez (1796-1865), alumno de Saint Simon, socialcristiano, considerado como el padre del cooperativismo francés. Robert Owen (1771 – 1858) con sus propuestas de mejora laboral y de vida para los trabajadores de su fábrica textil escocesa (1799), considerado impulsor del socialismo, tanto por las prácticas introducidas en la experiencia de Nueva Armonía como por su célebre Declaración de la Independencia Mental (1826). Charles Fourier (1772-1837), quien pregonaba una sociedad fundada sobre pequeñas asociaciones autónomas denominadas falansterios; William King (1786-1865), anticapitalista de Brighton que publicó The Co-operator, periódico mensual en Brighton; y George Mudie que entre 1821 y 1822 publicó el semanario The Economist con la finalidad de propagar el «socialismo cooperativo».

Pueden sumarse utopías prácticas como la del mismo Owen con su primera cooperativa owenita con el nombre de Economic and Co-operative Society (1821); la de Louis Blanc (1811-1882), apóstol de las cooperativas de producción que serían exitosas con la ayuda del Estado, creador de los Talleres Sociales de Clichy[1] quien junto a Buchez también impulsó el cooperativismo de producción.

En Alemania destacan Friedrich Wilhem Raiffeisen (1818-1888) con su mezcla religiosa-cooperativa, fundador de las cooperativas de ahorro y crédito o cajas rurales, y Franz Herman Schultze-Delistz (1808-1883), fundador de las cooperativas de ahorro y crédito o cajas populares con orígenes en instituciones comunitarias con sesgos caritativos. Se suma Ferdinand Lassalle (1825-1864) abogado y político socialista alemán de origen judío que impulsó la idea de cooperativas de producción y el apoyo estatal a fin de proteger al débil del fuerte, colaboró con el movimiento obrero y los sindicatos

En el panorama alemán también, resaltaron Carlos Marx (1818-1883), Frederic Engels (1820-1895). Puede agregarse al ruso Vladímir Ilich Uliánov (Lenin, 1870-1924) quien al inicio de la revolución en su país observó en las cooperativas agrícolas un potencial económico como experiencias colectivas de transición a un sistema socialista centralizado (Coque Martínez, 2001).

sábado, 10 de junio de 2023

Confusiones con el término Economía Social / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Actualmente, a pesar de que la Economía Social constituye un conjunto determinado de realidades socio-económicas que se han sostenido y desarrollado por más de dos siglos, ella tiende a ser confundida con una pléyade de términos que la solapan, algunos genéricos como tercer sector, tercer sistema, cuarto sector; otros intentan señalar el sector que construyen: economía popular, economía indígena, economía familiar algunos se refieren a los espacios en los que actúan: economía urbana, economía campesina, economía marginal, economía vecinal, economía comunal, economía colectiva, economía circular.

*Lea también: A 200 años del término Economía Social, por Oscar Bastidas Delgado

Otros términos denotan el valor que supuestamente desarrollan: economía colaborativa, economía de autoayuda, economía participativa, economía asociativa, economía cooperativa, y otros que señalan condiciones de funcionamiento como Non profit organisations (NPO) u Organizaciones Sin Fines de Lucro (OSFL).

Una definición amplia la formula la Organización Internacional del Trabajo (2022), nótese que este organismo agrega la S de Solidaridad a la Economía Social así ESS:

«La ESS engloba a empresas, organizaciones y otras entidades que realizan actividades económicas, sociales y medioambientales de interés colectivo o general, que se basan en los principios de la cooperación voluntaria y la ayuda mutua, la gobernanza democrática o participativa, la autonomía y la independencia, y la primacía de las personas y el fin social sobre el capital en la distribución y el uso de los excedentes o los beneficios, así como de los activos. Las entidades de la ESS aspiran a la viabilidad y la sostenibilidad a largo plazo y a la transición de la economía informal a la economía formal, y operan en todos los sectores de la economía. Ponen en práctica un conjunto de valores que son intrínsecos a su funcionamiento y acordes con el cuidado de las personas y el planeta, la igualdad y la equidad, la interdependencia, la autogobernanza, la transparencia y la rendición de cuentas, y el logro del trabajo decente y de medios de vida dignos. En función de las circunstancias nacionales, la ESS comprende cooperativas, asociaciones, mutuales, fundaciones, empresas sociales, grupos de autoayuda y otras entidades que operan según sus valores y principios».

De manera didáctica la ES pudiese definirse (Bastidas-Delgado: 2018)

«como conjunto de actividades socio – económicas realizadas voluntariamente por las personas naturales y jurídicas para resolver enfrentar situaciones y problemas comunes y realizar sueños sociales sin intermediarios, con esfuerzos y recursos propios sin intermediación alguna, por lo que no persiguen fines de lucro y sus resultados económico no son ganancias o utilidades sino excedentes susceptibles de ser repartidos entre quienes lo aportaron o ayudaron a incrementarlo, podemos concluir que desde siempre la humanidad ha desarrollado OES”.

Para precisar estos aspectos en el ámbito del desarrollo, es fundamental visualizar la ES al interior del complejo espectro organizacional del planeta conformado por tres organizaciones básicas: públicas, de capital y de Economía Social, complejo al que habría que agregar las organizaciones conformadas en las cuatro intersecciones entre estos tres tipos organizacionales, considerando adicionalmente los términos como: economía popular, difundido desde los años 40 del S XX pero indefinido como término debido a las imprecisiones para definir pueblo, definición que se debate entre conjunto de personas que no dominan los resortes de lo público ni de las empresas de capital y conjunto de personas que no posee dependencia salarial ni forman parte de la clase media.

sábado, 15 de abril de 2023

Esperanza, utopías y cooperativismo / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 


Desde siempre han existido fórmulas organizacionales mediante las cuales individuos, grupos y poblaciones enteras han logrado soluciones a problemas de variadas magnitudes y alcances, así como realizar grandes y trascendentales sueños sin que en ellas, como afirma Kliksberg, hubiesen fórmulas explotadoras del hombre por el hombre. Paul Lambert, en su libro La doctrina cooperativa, menciona algunas: las confraternidades de sepultura y las de seguros en Grecia y Roma; las lecherías comunes en Armenia; las sociedades de arrendamiento de tierra en común en Babilonia; los collegia funeralitia de artesanos de la antigua Roma; las confraternidades de drenajes, riegos y construcción de diques en Alemania; los ágapes de los primeros cristianos como formas cooperativas; el mir entre los rusos; y las asociaciones de ahorro medievales de artesanos y trabajadores por oficios, entre otras.

También las hubo y algunas existen en nuestra América como el calpulli de los aztecas, de aprovechamiento colectivo de la tierra para usufructo individual y comunal; los consejos de ancianos de los nahuas que dirigía la organización de la comunidad con el pariente mayor como «jefe»; y los positos como almacenes comunales de los indígenas del México precolombino; los ayllus de la cultura inca; las cajas de comunidad de la colonización española; las cofradías religiosas; el trabajo asociado de la minka y la waki en Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú; el tequio en México; las juntas de los borucas en Costa Rica; el ayni de ayuda mutua y recíproca de servicios o bienes entre familias en los países andinos; el apthapi o compartir comida de manera comunitaria; los ejidos colectivos de México; y el convite, la manovuelta y la cayapa en Venezuela.

Esas fórmulas se han sostenido y desarrollado sobre dos pilares humanos claves: 1.- la esperanza, entendida como un estado de ánimo optimista, individual o colectivo, mediante el cual las expectativas sobre algún aspecto futuro parecen posibles, y más lo serán si se conocen experiencias previas que confirman esa posibilidad; y 2.- las utopías, escritas o no, entendidas por Henry Desroche, fallecido director del Colegio Cooperativo de París, como un proyecto imaginario pero realizable de una sociedad alternativa.

También han existido utopías escritas y prácticas, destacan La república de Platón (428-347 a. de c); Utopía de Tomás Moro (1480-1535); La Nueva Atlántida de Francis Bacon (1561-1626); La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella (1568-1639); Viaje a Icaria de Etienne Cabet (1788-1856); el ensayo de Peter Cornelius Plockboy (Holanda 1620 – 1700) sobre un proceso que les haga felices a los pobres de esta nación y a los de otros pueblos, …, y otras, alimentadas en muchos casos por propuestas políticas nacionales.

La mayor y más extendida formula suplidora de esperanzas en el ánimo de concretar utopías es el cooperativismo, entendido como la sinergia de los procesos impulsados por la intercooperación y la integración de cooperativas. Este movimiento, surgido con la Revolución Industrial con el fin de enfrentar las secuelas del naciente capitalismo, se ha alimentado siempre de esperanzas colectivas y de variadas utopías desarrolladas a lo largo de la vida humana, teniendo a su favor una eficacia o logros de objetivos demostrada por sus infinitas expresiones en el planeta ya que con cooperativas se pueden realizar todas las actividades humanas menos las de esclavizar o explotar personas. Su organismo cúpula es la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), fundada en 1895, que define las cooperativas como asociaciones autónoma de personas que se han unido de forma voluntaria para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales en común mediante una empresa de propiedad conjunta y de gestión democrática.

sábado, 18 de marzo de 2023

Intervenciones estatales para salvar al capitalismo / Oscar Bastidas-Delgado @oscarbastidas25

 



La Teoría del Derrame del «sobrante de las empresas capitalistas», propuesta de la caridad pregonada por los protestantes ingleses, en que la se colocaba la piedra de salvación del capitalismo defendida por Smith para enfrentar las secuelas del capitalismo naciente: desempleo, migraciones, hambre y otras, jamás se concretó.

Esas fatales consecuencias del capitalismo generaron reacciones. La realidad impulsó el surgimiento de otros benefactores; efectivamente, los defensores de ese sistema quedaron al desnudo y el no derrame obligó a estados como el mismo inglés, el alemán y el francés a intervenir en las empresas con propuestas de seguridad social, condiciones laborales y opciones sindicales; véanse: 

1.- Gran Bretaña. Patria de la «ortodoxia clásica» y más importante país industrial del Siglo XIX gracias a su Revolución Industrial, debió sancionar una serie de leyes sociales intentando contener el maremoto de miseria generado por ese capitalismo aún incipiente y hacer menos inhumanas las condiciones de trabajo en minas y fábricas. En esa idea se promulgó, entre 1833 y 1897, una gran cantidad de leyes referidas a seguridad, salud pública, educación, compensación por accidentes de trabajo, limitación legal del trabajo de las mujeres (1844) y hasta la fijación legal de un salario mínimo (1896). Todas tenían como objetivo enmendar los «excesos capitalistas».

2.- Francia. El Estado intervendría con aportes que irían desde la constitución de Tribunales de Trabajo en Lion (1806); pasando por leyes de impulsos a proceso como el ahorro escolar (1839), la participación en los beneficios (1842), la limitación legal del trabajo de los adultos (1848); la fundación de la Caja Nacional de Jubilaciones del Estado (1850); hasta la instauración del Derecho a Huelga (1864), la inspección de fábricas (1874) y el establecimiento de la Asistencia Médica Obligatoria (1893).

sábado, 11 de marzo de 2023

La frustrada teoría del derrame de los defensores del capitalismo / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 

Con la Revolución Industrial el capitalismo nace y se proyecta en medio de una turbulencia religiosa con el claro dominio calvinista y puritano de la sociedad inglesa. Fueron Adam Smith, profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow con su Theory of Moral Sentiments, y otras figuras liberales, quienes le dieron marco teórico a ese capitalismo postulando la primacía del mercado sobre el Estado bajo el supuesto de que los empresarios de la época, por estar imbuidos de una intensa religiosidad, generarían condiciones auto-generadoras de soluciones a las secuelas negativas de su «evolución económica» aplicando porciones de sus ganancias a favor de los «impactados negativamente por el proceso», oferta conocida como «Teoría del Derrame».

Mediante ese derrame los defensores del capitalismo pensaban que los empresarios, una vez cubiertas sus necesidades personales, familiares y empresariales, revertirían lo no necesario a la población afectada incentivando el consumo y éste a su vez al mercado mediante un ciclo económico beneficioso para ellos, sus empresas, la sociedad y, el crecimiento capitalista[1] (Monaldi, 1998). Así, con esa supuesta obligación de conciencia religiosa, Smith y los suyos suponían que la tarea social y complementaria del mercado sería superar la exclusión social conformando un «cuadro de ganadores»

El mercado resultó imperfecto, esa condición filantrópica no funcionó, la avaricia capitalista hizo que la acumulación llamara a mayor acumulación y la brecha Capitalistas – la pobreza creciera extendiéndose al resto del mundo al compás del desarrollo de ese sistema. La concepción de que el libre mercado generaría pleno empleo si los trabajadores flexibilizaban sus demandas salariales tampoco se cumplió ya que los salarios llamaron a más salarios.

Si bien es cierto que el capitalismo impulsó el crecimiento económico mediante el mercado y la competencia, cierto también es que ignoró el alto residuo de excluidos y perdedores: ancianos, niños, desempleados, enfermos y otros con obvias necesidades de asistencia económica y social; las consecuencias fueron una galopante marginalidad social y una iniquidad objetiva: desempleo, pobreza, hambre y otras secuelas. El capitalismo escapó de las manos de sus impulsores[2].

Definitivamente Smith no acertó; las fatales consecuencias del capitalismo generaron reacciones. Los benefactores privados de Smith, portadores de la filantropía señalada y en quienes se colocaba la piedra de salvación del capitalismo, jamás actuaron y sus acciones filantrópicas, producto de la caridad pregonada por los protestantes ingleses que pretendían solventar las consecuencias del capitalismo, no tuvieron impactos.

sábado, 25 de febrero de 2023

A 200 años del término Economía Social / Oscar Bastidas Delgado @oscarbastidas25

 



Desde siempre han existido fórmulas de Economía Social mediante las cuales individuos, grupos y poblaciones enteras han logrado soluciones de variadas magnitudes ante problemas comunes sin que en ellas hubiese formulas explotadoras del hombre por el hombre como afirma Kliksberg 1. En ese panorama, jugaron papel importante las utopías, escritas o no, entendidas por tales, según Henry Desroche, como aquellos planteamientos: 1. – factibles y 2.- referidos a sociedades.

Durante la Edad Media, Europa vio nacer organizaciones de beneficencia constituidas por clases pudientes para realizar acciones de caridad hacia sectores pobres; dominaron ese espacio organizacional los montes de piedad, las cofradías, los hospitales benéficos, destacando por su amplia composición femenina la York Female Friendly Society fundada en York en 1788. Bajo esa lógica de organizarse para enfrentar sus problemas directamente se constituyó la primera cooperativa moderna del mundo, la Compañía Común de Ampelakia que según Monzón y Chaves se fundó entre 1750 y 1770 cuando las pequeñas asociaciones (syntrofies) cultivadoras de algodón y productoras de hilo rojo de 22 aldeas de la zona de Tempi se unieron para evitar una competencia innecesaria.

La Francia de finales del Siglo XVIII destacaba con experiencias asociativas que se impulsan con la Revolución Francesa que a su vez se apoyó en algunas como los clubes de los Feuillants y de los Cordeliers, y la famosa asociación jacobina de los Amigos de la Constitución a partir de 1790. Luego surgirían experiencias cooperativas como la de consumo en Zabaikalie, Rusia; una de construcción en Filadelfia; y una avícola en Irlanda, las tres en 1831.

También «l’Association chrétienne des bijoutiers en doré», fundada por cuatro obreros parisinos en 1834 y una de consumo en Lion: «Le commerce veridique et social» en 1835. No sería sino en 1844 cuando se constituiría la de los Equitativos Pioneros de Rochdale que no fue la primera cooperativa pero si la pionera en escribir unas pautas de funcionamiento que darían origen a los célebres Principios de Rochdale. Fue entonces como respuesta a las consecuencias del naciente capitalismo impulsado por la Revolución Industrial con su fracaso filantrópico del derrame de utilidades de los empresarios cuando un sector de economistas concentraría esfuerzos en comprender las asociaciones, mutuales y cooperativas surgiendo el término Economía Social (ES) para denominar ese conjunto organizacional y la Escuela de Economía Social como corriente de estudio de ellas.

Defourny, al hablar de las fuentes de la ES y remontarse a las utopías y al asociacionismo obrero del Siglo XIX señala que ya en 1830, Charles Dunoyer publicaría en París su Nuevo Tratado de Economía Social y en esa misma década se impartiría un Curso de Economía Social en la Universidad de Lovaina2, ambas actividades se insertaron en la faceta de esa economía como campo del conocimiento aplicado a las OES. Desde entonces y hasta finales de ese siglo, agrega Defourny, citando a A. Gueslin3, la ES no pretendió ser, ni más ni menos que otra forma de hacer política económica, “todos sus defensores estaban sensibilizados por el tremendo coste humano de la revolución industrial y reprochaban a la ciencia económica dominante el que ignorase la dimensión social”.

Con el surgimiento de esa escuela se estaría ante dos dimensiones de la ES: 1.- la de ciudadanos actuando para resolver directa y voluntariamente los problemas generados por el capitalismo; y 2.- la de los estudiosos que reflexionaban e intentaban explicar las reacciones de los ciudadanos ante sus problemas. Estos economistas no constituyeron ni gestionaron esas organizaciones, solo intentaban explicarlas.

Con el tiempo la Escuela de la ES se asimilaría a la Escuela de la Economía Socialista, afirma Girard: «En su origen se trataba esencialmente de un movimiento de resistencia a la puesta en marcha de una economía de comerciantes que intentaba establecer una división entre lo social y lo económico y de ofrecer una solución de recambio a la hegemonía del modelo de un individuo racionalista y egoísta, movido por sus estrictas necesidades. De un proyecto de sociedad, las comunidades de vida y de producción de Owen y Fourrier, el concepto de Economía Social evolucionará hacia una especialización sectorial: cooperativas, sindicatos, mutuales».

En esta línea varios actores aportaron a la ES como categoría cognoscitiva: Constantin Pecqueur (1842); Francios Vidal (1846); Benoît Malon con su Tratado de Economía Social (1883); Charles Coquelin quien incluiría el término “Economía Social” en su Diccionario de Economía Política (1854); Frédéric Le Play, del cristianismo social, con su Sociedad de Economía Social (1856) y su revista La Economía Social, proponente de que la ES figurase en las Exposiciones Universales. Mención especial merecen el escocés de la Escuela Clásica Jhon Stuart Mill, autor de Principios de Economía Política (1852), y Alfred Marshall (1842-1924), fundador de la Escuela de Cambridge, uno de los antecesores de la Economía del Bienestar.

sábado, 4 de febrero de 2023

Encuentros de haceres y procesos formativos superiores a los locales / Oscar Bastidas @oscarbastidas25

 



La humanidad cabalga sobre la Cuarta Revolución Industrial calificada como 4.0, iniciada con el internet y marcada por las tecnologías digitales, físicas y biológicas continuadas con los robots integrados a los sistemas ciberfísicos. Ante esa situación, todo asociado a una cooperativa debe educarse para comprender estos procesos, capacitarse para aplicarlos en lo laboral y lo cotidiano, informarse para no quedar a la zaga y ser cada día más mejor cooperativista. También, hoy como nunca, adquieren vigencia el quinto y sexto principio del cooperativismo: Educación, Formación para el trabajo e Información, y Cooperación entre Cooperativas; ambos están en el orden del día de quienes deseamos un mundo mejor que haga contrapeso a la creciente globalización neo-liberal.

¿Cómo poner en práctica ambos principios en el eje formativo? Sin dudas desde la base «…trabajando conjuntamente mediante estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales» como reza el sexto principio, poniendo en marcha nuestras unidades de educación sobre bases dinámicas y sustentables en correspondencia con las reales necesidades de los asociados y comunidades considerando el entorno en el que actúan.

¿Cómo incorporar economías de escalas en lo formativo? Sabiendo que con cooperativas se puede realizar cualquier actividad humana menos la de explotar y esclavizar personas, se deben tener presentes estas afirmaciones de dos cooperativistas venezolanos lamentablemente fallecidos: «Antes de constituir cooperativas hay que formar cooperativistas», Francisco Díaz, y «Una cooperativa no se constituye en función de si misma sino sobre las necesidades de sus asociados», Laureano Díaz.

Bajo estos preceptos, conociendo la complejidad de las cooperativas, debe aplicarse esta lógica secuencial: «Concepto ↔ Direccionalidad ↔ Acciones», traducible a esta otra: «Saber ↔ Hacer ↔ Ser». Un primer paso en este sentido sería trascender los válidos encuentros de saberes que en nuestra América Latina varios movimientos realizan, hacia encuentros de haceres que superen las simples visitas, conversaciones y fotos de algunos de esos encuentros por pasantías de varios días para hacer lo que sus asociados hacen cotidianamente. Esto aportaría economías de escalas en conocimientos.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Silke Helfrich, lo común y la interconexión humana / Oscar Bastidas-Delgado @oscarbastidas25

 



Los problemas y actuar para enfrentarlos constituyen el dúo del emprendimiento. Desde tiempos inmemoriales han existido fórmulas mediante las cuales individuos o grupos poblacionales han buscado soluciones comunes a sus problemas, ellas van desde las lecherías comunes en Armenia, las confraternidades de sepultura y las de seguros en Grecia y Roma; pasando por los ayllus de la cultura inca, el aynien y la minka como expresiones de ayuda mutua y trabajo asociado en los países andinos, los ejidos colectivos de México y el convite y la manovuelta en Venezuela, hasta las mutuales y las cooperativas como expresiones de la economía social que, si realmente construyesen el valor de la solidaridad conformarían la economía solidaria, como se observa en la experiencia autogestionaria del Organismo de Integración Cooperativa Cecosesola, experiencia orgullo de los venezolanos que en el mes de diciembre recibirá el Premio Nobel Alternativo también sueco por la Fundación Right Livelihood de entre 175 nominados de 77 países del mundo: «Por establecer un modelo económico equitativo y cooperativo como alternativa sólida a las economías basadas en el lucro».

 En la idea de mostrar y reflexionar sobre expresiones de «nuevas economías» voluntarias y cotidianas con bases colaborativas, el Goethe Institut, institución alemana encargada de difundir la cultura y el idioma alemán, en alianza con la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FaCES) de nuestra UCV, realizó en octubre 2016 un ciclo de conferencias entre las que, junto a experiencias venezolanas muy válidas para una economía alterna, pudimos oír la disertación de la ponente alemana Silke Helfrich sobre «Co-crear comunes: Más allá de la producción de mercancías» en su disertación sobre: Límites y potencial de la Economía Colaborativa.

 Lamentablemente, recientemente nos enteramos del fallecimiento de Silke justamente hace un año, el 10 de noviembre del 2021, mientras caminaba por los Alpes de Liechtenstein horas antes de una de sus tantas conferencias. Ella nació en Alemania Oriental en 1967, estudió lenguas románicas, ciencias sociales y educación, fue directora de la Fundación Heinrich Böll en Centroamérica y México, y siempre mujer preocupada y activista porque los humanos tomen las riendas de su propia vida sobre esquemas de interconexión superando egoísmos y creando condiciones de corresponsabilidad para, superando binomios engañosos como lo que es de todos es de nadie y esquemas como el del dúo mercado–Estado como base de desarrollo, impulsar lo mejor de todos.

Bajo esos preceptos, abogó por la necesidad de reflexiones sobre los derechos de propiedad y las prácticas comunes para una convivencia exitosa rescatando de las sombras prácticas de impactos como las alemanas granjas SoLaWi inspiradas en la agricultura sostenida por la comunidad y la centenaria Asociación Pilzfreunde de amigos de los hongos de Stuttgart.

Gracias, entonces, al Goethe-Institut, Silke —que conocía la experiencia de Cecosesola por referencias de algunos de sus asociados en México y Alemania, y por los libros traducidos al alemán, El Camino y Una utopía viviente de una cooperativa en Venezuela— por fin tuvo la oportunidad de visitarla en el 2016.