Por Yedzenia Gainza, 16/04/2016
Voy a comenzar esta carta con un “buenas tardes” porque está demostrado
que usted no es precisamente uno de los millones de venezolanos que madruga
para trabajar. Bueno, ni madruga ni no madruga, usted no trabaja.
Acabo de ver un video con un extracto de una de sus intervenciones en
cadena nacional. Comprenderá que me haya limitado a esto, pues no tengo tiempo
para perder escuchando en su totalidad el despliegue de ignorancia, hipocresía
y prepotencia que hace en cada una de sus alocuciones.
En ese video usted dice que piensa irse a vivir con su mujer a un
apartamento de la Gran Misión Vivienda de Venezuela. Supongo que esto lo dice
para demostrarle al país que siente y padece lo mismo que todos los demás, y
justamente por eso voy a hacerle unas preguntas:
Si su plan es irse a vivir a un apartamento de la GMVV,
díganos cuánto gana y cómo hará para cubrir los gastos. ¿Se mudarán a una
vivienda totalmente equipada y sin grietas o a una de esas en obra gris cuyos
baños siguen esperando las baldosas prometidas? Díganos dónde conseguirá
repuestos para la lavadora o la nevera cuando a punta de apagones se le dañe el
motor. ¿Se dedicará la señora Cilia Flores a hacer cola como el resto de
personas que cada día peregrinan por los supermercados para ver qué es lo que
pueden conseguir para comer? Y cuando salga, ¿lo hará con el pelo feo siguiendo
su consejo de no usar secador para ahorrar energía eléctrica?
Si va a vivir “como el pueblo”, ¿a qué hora piensa levantarse para
agarrar el agua con la que luego cocinará, limpiará, bajará la cadena de los
baños, regará las matas y se bañará? ¿Va a seguir usted las instrucciones de
Hugo Chávez y para ahorrar se bañará con una totuma? Si ese es el caso, vaya
buscando una tapara bastante grande, porque con lo largo que es y lo ancho que
se ha puesto –no precisamente por pasar hambre– dudo que le alcance con un tobo
nada más.
Si van a vivir “como el pueblo”, ¿qué piensan hacer con la legión de
escoltas que les acompañan a todas partes? Le recuerdo que el pueblo no tiene
escolta, no tiene servicio doméstico, ni choferes ni camionetas blindadas. “El
pueblo” si tiene la suerte de tener un vehículo que funcione y le permita
salvarse de los apretones en el metro o los atracos en los autobuses, sale
bastante temprano de su casa con la esperanza de llegar al trabajo sin que se
lo trague un hueco en la autopista, sin que un motorizado lo atraque en el
primer semáforo y sin que al terminar la jornada le toque volver a pie porque
le robaron la batería o los cauchos.
“El pueblo” vive sin un batallón de focas asalariadas que aplaude cada
cosa que dice –por más estúpida o irrespetuosa que sea–. “El pueblo” no se pasa
los días hablando pendejadas. “El pueblo” trabaja, no sabe muy bien para quién,
pero trabaja.
¿Además de amor le pondrá a su apartamentico una caja fuerte?
¿Dónde piensa guardar sus carísimos relojes o las joyas que su mujer luce en
cámara? Porque “el pueblo” es muy bueno y muy honesto, pero entre la multitud
también hay atracadores que cada día contribuyen al colapso de las morgues de
este país llenándolas de muertos mientras ustedes alegremente bailan salsa como
si nada pasara.
Cuando llegue con la mudanza, ¿sabe cómo hará para disfrutar del
internet más lento y deficiente del continente? ¿Comprará sábanas nuevas o se
traerá esas sabrosas como las que usan en los hoteles de Nueva York donde se
hospeda junto a una legión de enchufados? ¿Se llevará en el camión el primer
mercado hecho? ¿Cómo hará cuando el aroma del café invada las casas ajenas y le
pregunten dónde consiguió? ¿A cuál hospital cercano va a acudir si se enferma?
¿En qué farmacia encontrará todas las medicinas que necesite? Si le toca algún
vecino que tenga un hijo con autismo, ¿cómo lo saludará? ¿Está seguro de que la
chaqueta tricolor no se va a desteñir cuando la lave con el agua sucia que sale
por las tuberías? ¿Se pasará los innumerables días festivos decretados caminando
por ahí para saber qué tipo de necesidades pasa de verdad “el pueblo” o va a
montar un circo pagado con bolsas de comida?
Nicolás, ¿cuánto tiempo cree que aguantará esa mecha? ¿Cuánto cree que
tardará en exigirse a sí mismo la renuncia?
No me responda, no hace falta. Veamos si por lo menos por una vez en su
vida cumple con su palabra y de verdad se va a vivir a un apartamento de la
GMVV, con un sueldo miserable de los que gana la gente de verdad, con las
carencias que tienen los venezolanos de verdad. Si acaso, permítase una
excepción, llévese una cámara escondida entre la ropa para que vaya grabando el
día a día, y cuando lo atraquen, no oponga resistencia, salude al ladrón
–seguro lo conoce de alguna fiesta– y pídale por favor que publique el archivo.
A todos los venezolanos nos encantará ver cómo hizo para sobrevivir a este
desastre.
Cuídense mucho de las OLP esas que entran en los barrios disparando
como si las balas fueran la mejor manera de hacer justicia. Nosotros no
queremos esa justicia. Por nada del mundo querríamos perdernos el momento en el
que en un juicio con todas las garantías que se han negado a muchos
venezolanos, ustedes dos y otros componentes de este parapeto de gobierno sean
condenados por cada uno de sus actos. Y fíjese, somos tan generosos que hasta
iríamos a visitarlos para que no se sientan tan solos como los narcosobrinos
detenidos en Nueva York.
Me despido para que siga durmiendo, es una pena interrumpirlo en medio
de la cantidad de días libres que ha decretado para producir lo único en lo que
usted es especialista: nada.
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