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domingo, 21 de julio de 2019

¿Conoces tus fuerzas interiores?, por @pacarlospadilla




Carlos Padilla Esteban 20 de julio de 2019
@pacarlospadilla

El poder del autoconocimiento y el autocontrol

Tengo escondida en el alma una fuerza infinita que desconozco. Un volcán que a veces aparece en la superficie. Una fuerza escondida capaz de calmar el mundo a mi alrededor. O destruirlo.

Puedo hacer todo el bien que quiero. Y también todo el mal que mi ira provoca. Lo tengo dentro de mí todo sin yo saberlo. Puedo romper y reparar casi al mismo tiempo. Soy capaz de lo peor y de lo mejor. Ni yo mismo me entiendo.

Pero puedo vivir como vive mucha gente: “Mucha gente nunca sabrá nada más que lo que ve”. Puedo no creer en lo que puedo llegar a ser. En esa fuerza oculta que habita en mí.

domingo, 30 de junio de 2019

No le dio tiempo a ser sacerdote…, por @pacarlospadilla




Carlos Padilla Esteban 29 de junio de 2019

Se trata de vivir en plenitud mis días consagrando a Dios cada cosa que hago

Un joven seminarista murió estos días en Chile después de una larga lucha contra el cáncer. Tenía sólo 31 años. Era un joven idealista y enamorado de Jesús.

Después de una larga lucha se entregó dócil:

No hay nada que me alegre más el corazón que si muriese siendo un hombre consagrado a Sion, siendo de Jesús para siempre”.

Quería morir perteneciendo a su comunidad para siempre. No hubo tiempo para sellar esa consagración perpetua en la tierra. Quedó sellada en el cielo para siempre con su muerte.

Murió atado a esa cruz de Jesús a quien amaba. Murió junto a Jesús que era su amigo para siempre.

domingo, 23 de junio de 2019

¿Qué hacer cuando Dios pide cosas insensatas?, por @pacarlospadilla




Carlos Padilla Esteban 22 de junio de 2019

Si creo que es imposible, dejaré de luchar antes de tiempo

Jesús ha estado predicando al puebloEstá oscureciendo. Todos están cansados y tienen hambre. Los discípulos entonces aconsejan lo razonable:

Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado”.

Mejor que cada uno vaya a su casa. Así podrán descansar y comer. Es lo más lógico. ¿Por qué no hacer eso? A menudo tengo claro lo que deberían hacer los otros. Tengo claro los pasos a seguir. Aconsejo con rapidez. Opto por lo sensato. Es lo que de verdad importa. Lo elijo.

Pero Jesús hoy me pide la mayor insensatez. Jesús les dice a los discípulos que hagan lo imposible: “Dadles vosotros de comer”.

Me pide que me ponga manos a la obra para llevar a cabo una empresa imposible. Dar de comer a miles. Salvar la vida de tantos.

domingo, 4 de noviembre de 2018

¿Para qué sirve un sacerdote en este mundo que no lo necesita?, por @pacarlospadilla




Carlos Padilla Esteban 03 de noviembre de 2018

Tal vez, para que el mundo vea en mi pobreza con pecado el brillo de un amor que no me pertenece

Siempre de nuevo me sorprende la fuerza de la llamada de Dios en el alma. Despierta en el corazón un deseo de entrega, de dar la vida, de seguirlo con pasión.

No me acostumbro a su grito ahogado en mi alma que mueve fuerzas interiores que antes desconocía.

Me conmueve esa voz suya tan sutil que rompe los moldes y los prejuicios que me encadenan. Me gustan sus gritos que son susurros, y ese abrazo suyo que es silencio.

Jesús un día llamó a unos hombres a dar la vida siguiendo sus pasos al borde del abismo. Ellos lo siguieron sin tener dónde reclinar la cabeza.

No sé cómo pudieron creer en lo imposible. Me impresiona su amor de niños ante ese hombre que acabaría muriendo en la cruz rechazado como un leproso. Despreciado y odiado.

Y ellos eran los seguidores fieles de alguien al que mataban como asesino. Después de ellos fueron viniendo muchos hombres también dispuestos a dar la vida por un Jesús leproso, condenado a muerte.

Y entre ellos, los sacerdotes, los religiosos, los que consagran su vida a Dios por entero rompiendo con el camino que seguían hasta conocer su llamada.

domingo, 7 de octubre de 2018

El tiempo pasa y yo cambio… a mejor, por @pacarlospadilla




Carlos Padilla Esteban 06 de octubre de 2018

Me da miedo pensar que con los años pierda mi esencia y me vuelva viejo; quiero crecer, no menguar

Nunca el camino es el mismo camino que he recorrido ya más veces. Siempre es distinto. Un árbol quizás ahora tiene menos hojas. Han cambiado los olores. O las piedras parecen haber aumentado.

Y el sol está en otro punto de su recorrido. Y el brillo del agua. Y la paz. Hay más viento, o más lluvia, o más calor. Y las sombras. Y las luces.

Y quizás lo más notorio, tampoco yo soy el mismo en el camino. Han cambiado mis miedos. O sueño otros sueños. O miro la vida de otra forma.

Me doy cuenta de golpe de tantos cambios. Al mismo tiempo que estoy repitiendo los pasos por un camino que no he vivido, aunque crea que es el mismo. Lo miro de nuevo, pero es distinto.

domingo, 18 de marzo de 2018

Llega a la verdad a través de la belleza, por @pacarlospadilla




Carlos Padilla Esteban 17 de marzo de 2018

La belleza que nace de la pureza del corazón es la que salva el mundo

Ya no sé si hay cosas que no me gustan porque son feas o porque me hacen daño. Tiendo a pensar que más bien es lo segundo. Como decía Dostoievski: “Lo contrario de la belleza no es la fealdad, sino la utilitariedad”.

Lo bello no me hace daño. El ser utilizado por otros, sí que me hiere. Hay cosas que me hacen daño. El mal me duele muy dentro. El mal es feo. El odio, el desprecio, la indiferencia. El maltrato, el abuso, la mentira.

Me hacen daño los que calumnian, difaman y juzgan. Los que me quieren utilizar o desean mi mal. O me desprecian con su olvido.

domingo, 8 de octubre de 2017

¿En qué consiste la “santa indiferencia” de los santos?, por @pacarlospadilla ‏



Carlos Padilla Esteban 07 de octubre de 2017

Creo que el sí es la palabra más bella que puedo pronunciar con mis labios. El sí de María en la anunciación del Ángel cambió la historia de los hombres. Un simple sí dicho desde la experiencia de la propia pequeñez. Un sí audaz y valiente.

Tal vez mi felicidad consista en ser capaz de decirle sí a Dios cuando me invite a seguir sus pasos. Sí a estar con Él. Sí a mi vida tal y como es hoy, en este mismo momento. Sí al peso de la cruz que cargo y a la renuncia que me exigen mis pasos. Sí a mis talentos. Sí a mis defectos. Sí a las personas con las que comparto el camino.