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martes, 28 de noviembre de 2023

Un pendejo en una camionetota / Claudio Nazoa @ClaudioNazoa

 


Difícil el tema de hoy. La primera dificultad es tratar de definir lo que significa ser pendejo, ya que, generalmente, todo pendejo es ignorante de su condición, de hecho, yo mismo creo no serlo. Aunque seguramente sí lo soy, pero no soy consciente de eso; quizás, si algún día alguien me lo dijera, lo tomaría como un insulto y respondería: “¡Más pendejo eres tú que te crees la gran vaina!”.

¿Un pendejo es una persona tonta o boba? ¿Es acaso un loco? La verdad, no lo sé. Y la cosa se complica porque, fíjense, hay mucho vivo haciéndose el pendejo para joder a un pendejo genuino. Incluso, muchos hemos escuchado cosas como: “Claudio, hecho el pendejo, se levantó a fulana”, “hecho el pendejo se ha ido metiendo en tal sitio”.

Todos conocemos “vivos” que son engañados con una pendejada y entran en razón cuando se dan cuenta de su terrible condición: “¡increíble!, yo siempre estoy mosca y vine a caer en este fraude de criptomonedas. ¡Qué pendejo fui!”, “Yo, que sé tanto de mecánica, pensé que el carro que compré era una ganga y caí como un pendejo”.

Hay un dicho popular que al parecer es cierto: “Todos los días sale un pendejo a la calle y el que se lo encuentra es de él”. Esto puede ser verdad, pero es una verdad peligrosa porque puede ocurrir que el pendejo que usted se encuentre, realmente se está haciendo el pendejo para hallar a un pendejo genuino que se la da de vivo. Hay que estar alerta con los seudopendejos porque utilizan herramientas como la lástima o hacen alarde de una supuesta ingenuidad con el objetivo de hacer caer a sus víctimas. Los peores seudopendejos son aquellos quienes fingen ganar un premio y no saben cómo cobrarlo. Al “vivo”, se le prende el bombillo de “¡ay, papá!, este pendejo es mío” y lo hace caer en la trampa de una estafa.

También son peligrosas aquellas personas que fingen enfermedades, miserias y tragedias, para, hechos los pendejos, convencernos de que les consigamos un trabajo en nuestros negocios o casas y luego terminar robándonos.

Sin lugar a dudas, los pendejos más peligrosos son aquellos que tienen iniciativa. Son de dos tipos. Los pendejos que creen dominar una profesión, como, por ejemplo, plomería, arquitectura, ingeniería, cocina o mecánica, porque al final hacen verdaderos desastres, esos son los que llamamos “pobres pendejos”, y aunque son conscientes que no saben casi nada sobre esas profesiones, creen o hacen creer a otros que las dominan. El segundo tipo es un verdadero azote para la humanidad, son los pendejos que se meten en política. Esa profesión está cundida de pendejos con iniciativa, algunos, incluso, siendo pendejos genuinos, tienen seguidores quienes, sin darse cuenta, son pendejos útiles mal llamados tontos útiles, pero que realmente son pendejos ingenuos dispuestos a escuchar pendejadas de un pendejo con iniciativa. Honestamente no creo que alguien llegue al poder por pendejo, por algo está en el poder.

martes, 24 de octubre de 2023

La Brutalidad Artificial / Claudio Nazoa @claudionazoa

 


Me entero que un tal Kim Peek, fallecido en el año 2009, tenía una extraña enfermedad: el «Síndrome del Sabio”. El hombre se sabía de memoria 12.000 libros y podía leer y entender 2 libros al mismo tiempo. ¡Leía uno con cada ojo! ¡Qué enfermedad tan arrecha! Es exactamente lo contrario a la que yo tengo. Mi enfermedad se conoce como el «Síndrome del Bruto”. Fíjense: yo, con los dos ojos, leo un libro en varios años y a medida que voy leyendo se me va olvidando lo leído. Cuando leo, debo taparme un ojo y mientras lo hago, el ojo abierto se me cierra porque yo duermo de ese lado. Tengo, además, varias mujeres y no porque sea mujeriego, sino porque se me olvida la cara de mi esposa.

Eso de ser un genio está perdiendo importancia. Ya de nada vale estudiar como cuando yo lo hice. Recuerdo que amanecía en los pasillos de la UCV, sentado en una sillita de extensión y con un termo de café, sin celular ni laptop, porque no existían. Los estudiantes, nos peleábamos por unas pizarras que aún creo están frente a la Plaza del Rectorado. En esa antigua y milenaria época, había que saber de memoria la tabla de multiplicar, los nombres de las capitales y los estados de Venezuela, los límites del país y, además, tener buena ortografía.

Era una época increíble, había que aprenderse los nombres de los huesos, de los músculos, de los órganos internos y sus funciones, los números romanos y los números de teléfonos de nuestros padres, novias, familiares y amigos, ¡todo de memoria! Era raro quien no sabía que Cristóbal Colón, Simón Bolívar y Rómulo Gallegos, no vivieron en una misma época. Todos habíamos leído Doña Bárbara, Las Memorias de Mamá Blanca, La Trepadora, Lanzas Coloradas, País Portátil, Casas Muertas, Cien Años de Soledad, Historia de un Náufrago y Humor y Amor. No existía el reguetón y para que una muchacha te hiciera caso, había que enamorarla. En fin, era una época realmente horrible.

Por raro que parezca, pasábamos toda la noche estudiando a la luz de faroles, bueno, a veces no estudiábamos nada, pero al menos lo intentábamos. En esa época, si presentabas un examen y no sabías nada, te raspaban y te daban sólo una oportunidad para reparar, para colmo, y esto es increíble, te bajaban puntos por cada error ortográfico.

En las casas de aquella terrible época existían las famosas enciclopedias que eran un montonón de libros numerados por tomos, en donde estaba escrita toda la sabiduría humana, cosa que ahora da ganas de reír si lo comparamos con lo que sabe mi celular. Las enciclopedias se compraban fiadas y nuestros padres pasaban años pagándolas; la verdad es que nunca nadie las leyó. Sólo servían para que nos regañaran y nos mandaran a buscar allí si uno preguntaba algo.

-¡Deja la preguntadera y abre esa enciclopedia que no muerde! ¡Es que nunca las lees!

Y era verdad, crecimos y nadie nunca las leyó.

Mis hermanos y yo nos graduamos de toda vaina y jamás abrimos esos libros. En estos días, mi hermano Mario me dijo:

-Claudio, vamos a ver qué hacemos con esas enciclopedias llenas de polvo.

-Vamos a donarlas –le respondí.

-Ya lo intenté, pero nadie las quiere ni en las bibliotecas.

martes, 11 de abril de 2023

Lorenzo Mendoza, la maleta de oro, la harina Pan, Dubái y Casalta / Claudio Nazoa @claudionazoa

 


Soy un anciano en etapa terminal. Tengo dos mil setenta y tres años de edad. Cuando tenía como mil y vivía en Casalta vieja, bloque 1, letra B, Nro. 8. En esa época tuve la oportunidad de trabajar con un señor que tenía mucho dinero bien habido. Yo era una especie de asesor para relaciones públicas de algunas de sus empresas.

La primera vez que nos reunimos en su casa del Country Club, cuando nos despedimos, a eso de la una de la madrugada, me acompañó hasta la puerta de su mansión. Tenía yo, en ese entonces, un Malibú azul medio aporreado. Cuando mi amigo vio el carro estacionado dentro de su casa, increpó a uno de sus guardaespaldas.

–¡Les he dicho que no guarden sus carros en la entrada de la casa! Esto es para los invitados y miembros de la familia.

Ante el reclamo, el empleado, un poco asustado, le dijo.

–Señor, ese carro es de su invitado.

Mi amigo, incrédulo, se me quedó mirando y asombrado me preguntó.

–¿De verdad ese es tu carro?

–¡Claro! –le contesté.

–¡No me jodas, chico!

–Mañana vamos a solucionarte ese problema. ¡Te voy a asignar un carro mejor!

–No te preocupes. Yo estoy de lo más feliz con mi Malibú. Fíjate, yo ahora me voy hasta Casalta en Catia, me estaciono frente a mi edificio y mañana iré solito, libre y sin miedo, al mercado de Catia a comprar. Tú, para salir de aquí, tienes que ir con dos motorizados armados y dos camionetas blindadas. No puedes andar solo en el mercado ni bajarte en una panadería para tomarte un café tranquilo.

–¡Coño, Claudio, es verdad! Por eso eres mi asesor. Vamos a hacer una cosa.

–¿Qué? –le pregunté.

–Véndeme el Malibú.

Este cuento viene a colación por las vainas increíbles que superan la ciencia ficción en la que vivimos los venezolanos, con eso de la corrupción desatada que involucra a las empresas más importantes del Estado, de acuerdo a denuncias realizadas por el fiscal general de la República. Cuesta creer, e incluso cuesta escribir, las cifras de los miles de millones de dólares “desaparecidos” en todas estas empresas.

Purga madurista: Ya son 51 los detenidos y Saab elude responder si El Aissami está siendo investigado

Ser rico no es malo. Malo es ser muy pobre por hacerse rico robando, aunque sea un bolívar. Pero, ¿por qué robar? ¿Qué se hace con tanto dinero sucio? El problema del robo es que, aunque no te importe porque eres un sinvergüenza, aunque no quieras aceptarlo, estás nervioso porque sabes que ese Ferrari, ese apartamento en Dubái, ese yate, no es tuyo. Sabes que esas mujeres bellísimas no te quieren y tienes además miles de cosas que, aunque estén a tu nombre, no te pertenecen.

sábado, 7 de enero de 2023

Los verdaderos reyes / Claudio Nazoa @ClaudioNazoa

 



¿Qué habría pasado si el Niño Jesús hubiese nacido en la Caracas de hoy y los Reyes Magos tuvieran que venir desde el Oriente?

I

En enero, los reyes, al igual que todos los venezolanos, no habrían podido conseguir pasaje aéreo. No dudo que con tal de viajar pasarían días durmiendo en el piso del aeropuerto o se anotarían en una interminable lista de espera y ni hablar de viajar en autobús, ya que, con sus pintas, nadie querría llevarlos.

II

Los reyes lograron que un taxista pirata y loco les creyera la historia del nacimiento del Niño Jesús en Caracas, y por lástima, les hizo la carrerita hasta el terminal en donde tomaron una camionetica para Petare tras pasar horasssss en una interminable cola. Allí, un malandro los asaltó quitándoles los regalos, menos un paquete de jabón en polvo, uno de harina PAN y un desodorante de marca diferente a Mun Bolita, que traían de contrabando ocultos en sus turbantes.

III

Como se hizo de noche, creyeron que las luces del barrio La Bombilla de Petare era un nacimiento, por lo que se enfilaron hacia allá para buscar al Niño Jesús. En el camino se toparon con un operativo policial y cuando las autoridades les preguntaron que a dónde iban, contestaron:

―En busca del niño.

El policía que los detuvo, gritó:

―¡Sargento! Estos tres sospechosos andan buscando al “Cara e’ niño”, el malandro que agarramos anoche.

―¡Regístrenlos! –ordenó el sargento.

Los registran y les descubren el jabón en polvo, la harina PAN y el desodorante de marca diferente a Mun Bolita; los detienen por acaparadores y traficantes de mercancía.