Roberto Mena 29 de octubre de 2016
Los
escritores, a menudo, reconocen la importancia de las palabras y sentencias
iniciales de un escrito. Las imágenes captan la atención; las palabras atraen;
los tonos reclaman; incluso los documentos oficiales de la Iglesia se
aprovechan de esta dinámica.
Los
documentos de la Iglesia generalmente recorren las épocas con nombres asentados
y, a veces, familiares (sí, incluso en Latín) como Sacrosanctum
Concilium, Lumen Gentium, Gaudium et Spes, y Dei
Verbum.
