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martes, 16 de julio de 2024

Mano segura no se tranca / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


El dominó, con sus fichas rectangulares y sus puntos enigmáticos, ha cautivado a jugadores de todas las edades y culturas durante siglos. Su historia, rica y fascinante, nos lleva a un viaje a través del tiempo y las civilizaciones, revelando sus orígenes orientales (pero no de Cumaná), su expansión por el mundo y su evolución hasta convertirse en el juego popular que conocemos hoy en día.

Las primeras referencias al dominó se remontan a China, donde se cree que surgió durante la dinastía Song (960-1279 d.C.). Conocido como «pupai» o «dominoes», el juego consistía en fichas de marfil o hueso talladas con símbolos que representaban valores numéricos. Su popularidad se extendió rápidamente por toda Asia, llegando a Corea, Japón y el sudeste asiático.

En el siglo XVIII, el dominó inició un nuevo capítulo en su historia al cruzar el Atlántico hacia Europa. Las rutas comerciales entre Oriente y Occidente sirvieron como puente para que este juego llegara a Italia, donde fue recibido con entusiasmo. Los italianos adaptaron su nombre al término «domino», derivado del latín «dominus», que significa «señor». Desde Italia, el juego se expandió por el resto del continente, ganando popularidad en Francia, España y otros países europeos, donde se incorporó a las tradiciones y costumbres locales.

El dominó es un juego de mesa popular que se juega con 28 fichas rectangulares divididas en dos mitades, cada una con un número del 0 al 6. El objetivo del juego es ser el primero en deshacerse de todas las fichas colocando las mitades con números coincidentes uno al lado del otro en una cadena. Por lo general se juega en equipos de a dos, aunque también se puede jugar uno contra uno.

Con la llegada de los colonizadores europeos a América, el dominó también cruzó el océano. En el continente americano, este juego ancestral se adaptó a las nuevas culturas y dio lugar a diversas variantes locales. Un ejemplo notable es el dominó cubano, que se caracteriza por sus fichas con números del 0 al 9 y la ausencia de la ficha doble seis.

En Venezuela, el dominó, junto al sancocho, el ajiley, el truco y las bolas criollas, forma parte de la idiosincrasia popular desde tiempos inmemoriales. Es poco probable que exista un venezolano mayor de 40 años que no haya jugado una partida de dominó, aunque sea colocando las fichas sin mucha estrategia. Su simplicidad lo hace accesible para cualquier persona, pero la experiencia y la astucia de los jugadores expertos añaden un nivel de complejidad que lo hace aún más emocionante.

martes, 12 de diciembre de 2023

“Lleno hasta la bandera”, una expresión del pasado / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


Desde que comenzó el campeonato de beisbol profesional he ido por lo menos a tres juegos en el parque de la Universidad Central de Venezuela, ese que popularmente es conocido en el ambiente beisbolero como “el Universitario”.

Aunque soy magallanero por convicción, historia y carga genética, he asistido a juegos donde no ha estado involucrada la Nave Turca. La fiebre por este deporte me hace disfrutar del espectáculo con independencia de quienes estén jugando. Pero no solo he ido al estadio, también he visto por televisión la mayoría de los juegos donde ha estado involucrado el equipo de mis afectos.

Ustedes se preguntarán, “¿cómo es posible que a este articulista se le ocurra escribir sobre beisbol cuando Venezuela está a un paso de un conflicto fronterizo?”, o mejor aún, “qué riñones, este dizque cronista, coloca como relevante la pelota por encima de asuntos como la crisis política, la pobreza, la delincuencia, la corrupción, la persecución al que piense diferente, el suicidio y la diáspora”.

A estos preocupados lectores desde ya les pido disculpas por no llenar hoy sus expectativas. Sin embargo, también les pediría que leyeran todo el artículo para asegurarse que la entrega es lo suficientemente díscola y frívola como para justificar la crítica hecha en el párrafo anterior. Continúo.

Decía pues, que he ido al universitario y he notado el cambio en las instalaciones. Indudablemente que el contrato firmado entre los Tiburones de La Guaira y la UCV ha traído beneficios al coso de Los Chaguaramos. Los baños están reconstruidos totalmente, se diversificó la oferta en los servicios de comida rápida, bebidas y en cuanto al orden y seguridad el cambio también ha sido notable.

En cuanto a la calidad del espectáculo, el hecho de que se hayan superado los obstáculos para la contratación de peloteros criollos o importados que sean fichas de equipos de la MLB, ha permitido a la afición disfrutar de sus ídolos y de un beisbol de alta calidad. Esto también se agradece.

A la par de lo anterior he notado, quizás salvo en el Monumental de La Rinconada cuando juegan los eternos rivales, que en la mayoría de los estadios las Gradas permanecen totalmente vacías y la Tribuna Central con apenas el 50% de las sillas ocupadas o, en casos muy puntuales, tres cuartas partes de las sillas disponibles son ocupadas.

Es evidente que la asistencia al estadio ha disminuido en esta temporada. Una hipótesis que puede explicar en parte esta situación es el alto costo que supone para el fanático disfrutar del espectáculo. Sacando unas cuentas ligeras donde no se incluye el precio de la entrada, un padre de familia acompañado de su esposa y dos hijos debe asegurar llevar en los bolsillos por lo menos 60 dólares, sin pretender que con esa cantidad tenga acceso a lo más exquisito de la oferta culinaria.

martes, 28 de noviembre de 2023

Entre motorizados te veas / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


El primer vehículo motorizado sobre dos ruedas fue inventado por los franceses Pierre Michaux y Pierre Lallement en 1868. Estaba propulsado por un motor a vapor de un cilindro que accionaba la rueda delantera. Casi 20 años después se produjo la invención del motor de combustión interna, el cual fue diseñado por Gottlieb Daimler y Wilhelm Maybach en 1885. Este motor era de cuatro tiempos de un cilindro que accionaba la rueda trasera.

Luego de esos inicios, la primera motocicleta producida en serie fue la Hildebrand & Wolfmüller, fabricada en Alemania en 1894. Tenía un motor de dos cilindros de 2.500 cc que desarrollaba una velocidad máxima de 30 km/h. Los parroquianos la veían como una máquina infernal ya que espantaba a los caballos y salpicaba de barro a los transeúntes.

Posteriormente apareció la Harley-Davidson con su sonido particular y la Duccati con su estilizada línea. Más tarde, los asiáticos inundaron el mercado con motocicletas para todos los gustos y bolsillos. Marcas como Honda, Yamaha, Suzuki, Kawasaki se volvieron tan populares que se asimilaron a las diferentes lenguas del globo. ¿Quién no soñó tener una Vespa para ir a la universidad o una Triumph TR5 Trophy, para emular al James Dean de Rebelde sin Causa?.

Con el tiempo, la moto se convirtió en un vehículo masivo. En algunas ciudades como Ho Chi Minh (Vietnam), el número de motos transitando es invasivo. Con sus 7 millones de habitantes, es la ciudad con más motos en el mundo. Hay cerca de 6 millones de motocicletas, lo que equivale a más de 800 por cada mil habitantes.

En Bangkok, con una población de más de 10 millones de habitantes, se estima que hay cerca de 4 millones de motos. En Delhi, se estiman 3 millones de motos, con una población de 30 millones de habitantes.

En estas ciudades es icónica la escena de una maraña de motos circulando sin orden ni concierto en calles abarrotadas de vehículos de cuatro ruedas, gente caminando y hasta vehículos de tracción animal. Lo espectacular es que, a pesar del caos, el tráfico es fluido y sin contratiempos. Pareciera más bien una escena diseñada por una Inteligencia Artificial.

En nuestra capital no se conoce oficialmente cuantas motos circulan. Sin embargo, la nueva y revolucionaria métrica que se utiliza como unidad de medida, podría ayudarnos en el cálculo. Por ejemplo si la expresión “un gentío” alude a un enorme número de votantes de una elección, podríamos usar la expresión “un pocote” para referirnos al excesivo número de motos que circulan por nuestra ciudad capital.

A diferencia de la maraña motorizada que observamos en las ciudades comentadas, en nuestra ciudad la presencia de motorizados, además de enorme, es anárquica y violenta. No son todos, pero muchos de ellos se han convertido en una suerte de jinetes del apocalipsis.

martes, 14 de noviembre de 2023

La Inteligencia Artificial y las expresiones populares / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


La palabra «raspao» tiene múltiples connotaciones en Venezuela. Se utiliza en la cotidianidad para aludir a situaciones diversas según el contexto en el que mencione. Pese a su uso reiterado, no ha sido objeto de chistes ni de geniales y creativas construcciones polisémicas como las que la inventiva popular ha generado sobre la maracuchisíma palabra “verga”.

«Raspao», es una expresión muy discreta y sin ansias de protagonismo o vedetismo. El venezolano la incorpora naturalmente a su lenguaje, sin piquetes ni travesuras lingüísticas. Es decir, al usarla no se acompaña con risitas irónicas, ni con el típico rictus facial que aparece cuando decimos de manera intencionada, una palabra con doble sentido.

Wikipedia, el diccionario de los cibernautas, nos señala el significado convencional de esta palabra. Sin necesidad de buscar por la R, como otrora hacíamos con el Diccionario de la editorial Larousse, este sabelotodo tecnológico nos informa que raspao es «equivalente a granizado, el cual es un refresco o refrigerio compuesto de hielo troceado o rallado con sirope o jarabe de sabores variados (limón, fresa, café, etc.)».

Por cierto y hablando como los locos, el raspadero o persona que vende el raspao, es una especie en extinción. Es posible que, por la falta de agua para hacer el hielo, la inexistencia del efectivo, lo poco rentable que sería alquilar un punto, la imposibilidad del delivery, la matraca que merma las pocas ganancias, o todas las anteriores, hayan hecho desaparecer uno de los oficios más antiguos en Venezuela. Aunque, la verdad sea dicha, no es más antiguo que el otro, ustedes saben.

Como no soy menos que mis alumnos, decidí apelar a la Inteligencia Artificial. Una de las aplicaciones más utilizadas por los muchachos da este significado: «En Venezuela, «raspao» se refiere a una bebida alcohólica (¿¿??), que se sirve en un vaso pequeño con aproximadamente la mitad de capacidad que un vaso normal. Es una bebida compuesta por alcohol y soda (¿¿??). Los raspaos más populares son el raspao de ron con Coca-Cola, el raspao de whisky con Sprite y el raspao de ginebra con jugo de naranja” (¿¿¿???)

Que me perdonen mis panas conocedores del mundo de la Guerra de las Galaxias (se me cayó la cédula), pero esta IA está más pelada que rodilla de chivo paralítico. Sin embargo, no gastaré el poco espacio que me queda para hablar de lo bruta que puede ser la IA. Más bien vamos a ver algunos significados que el habla popular le atribuye a esta palabra.

En el ambiente estudiantil estar raspao supone haber sido reprobado en un examen o en una asignatura. Es sinónimo de «coleteado» y «revolcado». Levante la mano algún lector que no haya usado esta palabra para definir su maltrecha situación cuando cursaba Química, Física y Matemática de tercer año de bachillerato, o Bioquímica si estudió Medicina.

martes, 19 de septiembre de 2023

Un superhéroe de a pie / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


Los de mi generación, y seguramente los de la suya también, crecimos en un mundo imaginario lleno de superhéroes con poderes y dones adquiridos por su condición de dioses, semidioses, alienígenas o por accidentes de laboratorio.

Estos fantásticos personajes se dedicaban a salvar el mundo del empeño de villanos, tan poderosos como ellos, por adueñarse del mundo, en el mejor de los casos, o destruirlo definitivamente. Era la manera de sacarse el clavo por alguna humillación padecida.

Por supuesto, no todo el tiempo andaban vestidos con una lycra ceñida al cuerpo, interiores de colores por fuera y capa almidonada. Cuando no estaban salvando al planeta, hacían vida civil como periodistas, extravagantes millonarios, estudiantes universitarios o científicos con sueldo ONAPRE. Curiosamente, ninguno de ellos, para pasar desapercibido, ha hecho el papel de político como camuflaje. Quizás nunca quisieron que los confundieran con los camaradas y su oferta engañosa de salvar a la humanidad “sin pedir nada a cambio”.

Recuerdo que el primer contacto que tuve con estos personajes fue a través de los llamados “suplementos”, hoy conocidos como “comics”. Recuerdo que renovaba mi colección, intercambiando con otros chamos en la entrada de los cines Encanto y Miranda, en el Casco Histórico de Petare. Los domingos a las 11:00 am, se aglomeraban los muchachos con una treintena de suplementos bajo el brazo, cambiando “Batman contra el Guasón” por “Capitán América vuelve a atacar”.

Unos años después, la programación de los escasos canales de TV en blanco y negro incluían series protagonizadas por estos superhéroes. La primera vez que vi a Superman quedé maravillado. Su habilidad para volar sin despeinarse me hizo pensar que se colocaba la misma brillantina que usaba mi papá cada vez que iba a una fiesta.

Posteriormente llegó la serie de Batman con Adam West como el magnate y filántropo Bruno Díaz y su fiel protegido Ricardo Tapia, interpretado por Dick Grayson. Ambos como Batman y Robin lucharon contra villanos nada tenebrosos y hasta simpáticos. Con los años descubrí que la escena donde escalan un edificio no era más que un efecto especial de la época. Caminaban en una plataforma horizontal de una manera tan graciosa solo superable por el vecino que se asomaba por una ventana para preguntarles la hora.

martes, 5 de septiembre de 2023

Caracas también es Cosmopolita / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


New York, Londres, París, Madrid y Dubai, son calificadas como ciudades Cosmopolitas. Son metrópolis donde la diversidad de nacionalidades se asemeja a un arco iris interminable de culturas. En todas ellas es posible conseguir un Barrio Chino, un Barrio Latino, un Barrio Musulmán, un Barrio Judío, entre otros tantos, donde se desarrollan costumbres e idiosincrasias diferentes que han enriquecido la cultura anfitriona, incorporándose a ella a partir de las segundas generaciones.

Tal convivencia, no exenta de dificultades y tensiones, les ha dado un atractivo especial. No resulta extraño que un taxista del Bronx use turbante, o que un grupo de damas asiáticas se pasee en kimono por las calles de Manhattan, o que en Lavapiés, en Madrid, un grupo de gitanos húngaros establezcan su centro de reuniones familiares; o que en Liverpool digan que la comida típica de Inglaterra sea la comida India, o que en Saint Michelle, en Paris, la música de salsa sea la más escuchada.

Además de sus bellezas naturales, su historia, lo espléndido de sus construcciones, lo moderno de sus tendencias culturales, las pautas que dan al mundo en materia de moda y espectáculos, son ciudades abiertas al cambio, no chauvinistas, tolerantes, y vanguardistas. Son ciudades cuya característica multicultural, constituye un atractivo turístico en sí mismo.

En ese mismo rubro debo incluir a Caracas, la capital del cielo. Ok, ok, entiendo que muchos lectores ya están pensando «este comenzó con la joda, que broma que no quiso terminar el artículo en serio». Pero no, queridos amigos, no es una chanza. Caracas al igual que las metrópolis mencionadas, la han convertido en una ciudad cosmopolita, pero eso sí, a su manera.

Si bien es cierto que ya no tenemos Barrios donde se iza la bandera de Ecuador o Colombia, ni una colonia de peluqueras dominicanas alegrando con merengues las pensiones donde vivían, ni españoles e italianos jugando dominó en los cafés de la avenida Victoria o en La Candelaria, tampoco musius caminando por la plaza Bolívar comprando oro barato, lo cierto es que si hemos asumido los peor de muchas ciudades del mundo.

Por ejemplo, basta ir al centro de Caracas y sentirse como en Bangkok. Los conductores no respetan los semáforos ni el cruce de peatones. Los motorizados zigzaguean entre los carros con una sorpresiva habilidad acrobática. Van y vienen en sentido contrario al flechado, hablando por el celular y con el casco en el codo, como si ese fuera la parte más preciada del cuerpo.

martes, 22 de agosto de 2023

A propósito del asesinato de Silvino / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


Varias han sido las versiones sobre las causas del horrible homicidio de Silvino Antonio Valladares Muñoz, un joven médico de 28 años que laboraba en un establecimiento de Barrio Adentro ubicado en las Lomas de Urdaneta de la populosa parroquia de Catia.

Una de estas versiones atribuye el asesinato a unos indigentes que deambulan por el sector, otra indica que murió a manos de delincuentes por robarle un celular, la más impactante señala que fueron unos familiares de un paciente en venganza por no haberle salvado la vida.

Cualquiera de estas versiones no aminora la rabia, la indignación y la tristeza de sus familiares. Ver como a un joven de origen humilde, que estudió con grandes sacrificios, que apostó por el país para desarrollar su vocación en favor de los más necesitados, se le haya truncado la vida de esa manera, nos obliga a reflexionar sobre cómo se está malviviendo en Venezuela.

De acuerdo a la imaginería popular «los crímenes se han reducido porque los malandros se fueron por El Darién». Esta falsa percepción de seguridad lo que indica es una suerte de autoengaño y adaptación resiliente que aminora la angustia y el desasosiego. Repetir constantemente que «estamos mal, pero antes estábamos peor», pareciera suavizar nuestros temores.

El homicidio de Silvino no se debe analizar como un hecho aislado o fortuito «que puede pasar en cualquier parte del planeta, inclusive en las ciudades más seguras del mundo». Los relativistas y los resignados convertirán este asesinato en un número más y en tres días ya no se hablará del asunto.

Me niego a que sea así. Y no es porque se trate de un joven profesional que tenía un futuro promisorio, lo cual sería suficiente razón para destacar la noticia y generar un debate sobre lo echado a la suerte que están nuestros ciudadanos con respecto al ataque de la delincuencia. Lo significativo del final trágico de Silvino es que simboliza el estado de imperio del delito en el que está sumido el país.

El experimento social al que hemos estado sometidos, el cual ha sido un fracaso rotundo en los lugares en los que se ha implantado, ha convertido a la conducta delictuosa una forma de vida. Accedieron al poder con la promesa de redención social, justicia igualitaria, redistribución equitativa de riquezas y protección social, sin embargo, han devenido en multiplicadores de la pobreza, del resentimiento social y del ilícito como recurso cotidiano.

martes, 25 de julio de 2023

Medidas que solo verás en socialismo / Tulio Ramírez @tulioramirezc





Revisando una caja llena de viejos y amarillentos recortes de periódicos desordenadamente ordenados en mi biblioteca, encuentro una nota de prensa un tanto insólita. La misma fue publicada en el diario El Nacional del 14 de febrero de 2011. Efectivamente, aunque usted lo haya olvidado, en 2011, hace apenas 12 años, teníamos diarios de circulación nacional que se vendían en los quioscos. No hablo de escenas en blanco y negro, y a 78 revoluciones por minuto.

“Prohíben reencarnación del Dalai Lama”, decía la nota. El Dalai Lama, cuando cumplió 75 años hizo públicamente votos porque su sucesor guiara espiritualmente a su pueblo en un país libre y democrático. Como respuesta, el gobierno comunista chino decidió a través de un acto administrativo, prohibir cualquier reencarnación, léase bien, “sin su permiso”.

Al leer el titular, me pareció una mamadera de gallo del periódico. Volví a revisar la fecha por si me había equivocado y se trataba de esas notas que acostumbran publicar el Día de los Santos Inocentes. Pero que va, era el Día de los Enamorados, así que la cosa parecía que era en serio.

Releyendo detenidamente el artículo más que risa, me generó indignación. Pretender reglamentar y condicionar los rituales de una religión con millones de seguidores en el mundo, es pretender suplantar la voluntad individual y colectiva por la voluntad del Estado. Tal barbaridad ha sido práctica común en los países autoritarios sean comunistas o de cualquier otra factura ideológica antidemocrática.

Recientemente, otra insólita noticia del mismo tenor fue publicada en una de las páginas informativas que abundan en internet. El gordito Kim Jong Un, monarca hereditario del reino comunista de Corea del Norte, acaba de prohibir el suicidio en ese país. No mi querido lector, no es una joda. No se trata de un chiste macabro, de esos que acostumbran contar en los velorios allá en Carúpano, tipo “se castigará con condena perpetua al que se suicide”.

La nota de prensa señala que es voluntad del todopoderoso gordito, devenido en primer mandatario por la gracia de su padre, que, si el suicida queda vivo, tanto él como su familia sufrirán penas por haber cometido el delito de “traición a al socialismo”.

Por este lado del mundo nuestros socialismos bananeros no se han quedado atrás en eso de imponer medidas insólitas “porque a mí me da la gana”. Por ejemplo, el “aquí no se habla mal de Chávez” transformado en afiche y colocado de manera visible en todas las oficinas públicas, no fue más que un rechazo explícito a la expresión libre del pensamiento disidente. Al principio se asumió como una travesura de algún funcionario superjaleti, pero realmente era una amenaza.

martes, 27 de junio de 2023

2da Vuelta / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


Los ucevistas se autoconvocan para asistir masivamente a la 2da vuelta de las elecciones. El viernes 30 de junio en los campus de Caracas y Maracay, así como en los Centros Regionales de los Estudios Universitarios Supervisados; los Centros de Votación estarán dispuestos para recibir a profesores, estudiantes, egresados, empleados y obreros para que expresen su opinión a través del voto.

En esta oportunidad se elegirán, entre aquéllos que clasificaron en la primera vuelta, a las autoridades rectorales, así como algunos candidatos a decanos que no obtuvieron la mayoría absoluta en los comicios del pasado 9 de junio.

La comunidad escogerá libremente a sus autoridades, dando un ejemplo de participación democrática al país. La jornada se llevará a cabo, a pesar de las acostumbradas voces agoreras que apuestan por el fracaso de estos comicios. Aunque ustedes no lo crean, todavía existen y gozan de buena salud.

No es un cuento de camino. Recordemos que, a contracorriente de lo que sucede en el odiado mundo libre, en los socialismos bananeros la frase «elección democrática» es traducida como conspiración, golpismo, traición a la patria, guarimba o cualquier otra expresión que ayude a aplicar la muy oportuna Ley del Odio. El miedo es libre.

Compiten por el favoritismo de los universitarios, académicos de alta valía e inocultables valores ucevistas. Las campañas de descrédito a los diferentes candidatos, lamentable práctica no del todo erradicada en nuestra cultura electoral, afortunadamente no han tenido la receptividad que sus impulsores anhelaban.

Los ucevistas apuestan por un proceso mejor organizado, con conteos oportunos, boletines no sujetos a enmiendas o tachaduras, ni sospechas que empañen la fiesta electoral. No se pueden dar excusas para que los enemigos de la UCV, descalifiquen el proceso o hasta intenten invalidarlo.

Pero es inevitable, nunca dejará de estar presente el temor por acciones sobrevenidas para  enturbiar las elecciones. Quienes quieren apoderarse de la UCV «por las buenas o por las malas», no descansan ni tienen paz con la miseria. Están en permanente acecho.

Pero seamos optimistas y confiemos en que esta vez fluirá este evento con total normalidad y sin contratiempos. Cómo decía el compadre Güicho cada vez que alguien le nombraba a la comadre Camucha, mientras estaba de parranda por los lados de Casanay: «Cuidado compay, no llamemos la tormenta porque puede llover de verdad». Ok, por ahora dejemos los cuentos y centrémonos en las elecciones.

Los profesores Humberto Rojas y Víctor Rago son los candidatos a ocupar la Silla de Vargas. Cómo dije más arriba, son ucevistas intachables y reconocidos nacional e internacionalmente como investigadores de primera línea en sus respectivas disciplinas. Son el tipo de profesores que uno desearía para los hijos. Recibirían una formación de altísima calidad académica.

martes, 30 de mayo de 2023

Misterios del socialismo / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


Todas las experiencias socialistas tienen sus dosis de misterio. La falta de transparencia, el secretismo, el engaño, la simulación, la manipulación y la desinformación son características inherentes a estos, ya desangelados, experimentos sociales.

Bajo el argumento de “llevar la verdad de verdaíta al pueblo”, confiscan los medios de comunicación para monopolizar la información y crear en el inconsciente colectivo, mundos paralelos que nada tiene que ver con la miserable realidad que viven los ciudadanos. Narnia, pues, como diría el otro.

El primer objeto de secretismo es siempre el líder. A Stalin le atribuyeron poderes sanadores; y a Mao, el poder de la ubicuidad. Fidel, por su parte, fue objeto de una mitología que lo ubicaba por encima del resto de los cubanos. Nadie sabía dónde vivía, cuando viajaba o cuando iba al baño. Sus apariciones en público eran sorpresivas, lo que lo convertía en una suerte de San Gabriel de la revolución. Sus visitas eran esperadas con veneración y, estrechar su mano, era una suerte de gracia divina.

El caso más patético es el del Rey hereditario de Corea del Norte, Kim Jong Um. No solamente es obligatorio adorarlo, reírse de sus malos chistes, hacer una reverencia a su estatua, o llorar a moco suelto si así lo ordena, so pena de ir a parar con los famélicos huesos a las cárceles del “Amado Líder”.

En democracia esto es impensable. Si bien es cierto que siempre habrá aduladores por convicción perruna o por interés crematístico, la libertad de expresión no hace inmune a ningún presidente de la crítica o la joda de su pueblo. La lección democrática del general Soublette sigue vigente “Venezuela no se ha perdido ni se perderá, porque un ciudadano se burle de un gobernante; se perderá porque un gobernante se burle de sus ciudadanos”.

En las democracias sanas los niveles de secretismo y oscuridad tienden a minimizarse (no a desaparecer totalmente), por la división de poderes, la institucionalidad contralora y por la libertad de prensa. Sin embargo, nunca dejará de aparecer algún gobernante con iniciativas malsanas para burlar la confianza de su pueblo. La carne es débil y la ambición seductora.

A diferencia de los socialismos realmente existentes, en las sociedades abiertas los ciudadanos pueden exigir, cuentas y explicaciones a sus gobernantes sin temor a ser acusados de “incitación al odio” o “traición a la patria”. Debo aclarar que cuando hablo de los fracasados países socialistas, excluyo a las socialdemocracias escandinavas. Estas han servido de justificación a los ideólogos del comunismo para insistir en que “el socialismo funciona, el problema es que no ha sido bien aplicado en algunos otros países”.

El experimento socialista en Venezuela no ha sido la excepción. La revolución bonita tiene también sus puntos oscuros. Por ejemplo, nadie sabe, por qué razón se construyó la pirámide rosada en la Valle-Coche. Hay hipótesis que van desde motivaciones esotéricas, un antojo del burgomaestre de la época o hasta un vulgar guiso donde “todos comieron”.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Además de nuevo rector, queremos una nueva universidad / Tulio Ramírez @tulioramirezc

 


Al observar el ambiente en la UCV, a propósito de las elecciones que se efectuarán el próximo 26 de mayo, no puedo sentir más que orgullo y alegría. Después de 11 años de mora obligada, la comunidad universitaria retoma la senda democrática, arrebatada por un TSJ que impidió cualquier evento electoral desarrollado de manera autónoma y en concordancia a lo previsto en la Constitución Nacional y en la Ley de Universidades vigente.

En el limitado espacio del que dispongo, no invertiré mucha tinta en echar el cuento, harto conocido, sobre cómo se insertó una cabra en la Ley Orgánica de Educación aprobada en 2010, para alterar el claustro universitario, con la pretensión de rasguñar votos aquí y allá, para obtener lo que no han podido por las buenas (aunque tampoco por las malas), a saber, la rectoría de la primera universidad del país.

De aquellas tempestades vinieron los lodos que impidieron por 11 años, la organización de las elecciones en la casa que ha vencido, una y otra vez, a la sombra que insiste en acabarla.

Durante todos esos 11 años hubo cordiales comunicaciones entre la UCV y la Sala Electoral del TSJ. Imagino algo así como «Estimados Magistrados, les participamos que organizaremos las elecciones de acuerdo a nuestro reglamento autónomo»; «¿Apreciada Rectora, así es que es la cosa?, pues les participamos que, si las organizan, los multamos y van presos», «Señores Magistrados, ta’ bien no las organizamos, pero nos quedamos».

En ese estira y encoje, ha transcurrido el tiempo. Hoy finalmente, pareciera que se realizarán las elecciones bajo el esquema del «ni pa’ ti, ni pa’ mi». Vale decir, votarán todos (te lo concedo), pero no con el mismo peso (me lo reservo en virtud de mi autonomía).

¿Este aparente acuerdo (el cual, por cierto, no me consta), debe ser lo que los sesudos pensadores llaman «Actuar en función de la Real Politik»? Es decir, todos ceden en algo, porque, así como estaban, ni el gobierno ocupaba más terreno, ni la UCV dejaba el camino libre. Como diría el compadre Güicho, retorciendo el consabido “amanecerá y veremos”; «veremos si amanece».

No voy a seguir invirtiendo tiempo y espacio en punticas e intrigas políticas. Prefiero asumir que todo transcurrirá en sana paz, por lo que ni antes, ni durante, ni después del evento electoral, habrá sorpresitas de última hora, tal como nos han tenido acostumbrados los últimos 23 años. Dada esta declaración de fe, me permitiré hacer algunas reflexiones sobre estas próximas elecciones (ojo, las universitarias, no se me desvíen). Veamos.

miércoles, 3 de mayo de 2023

Poeta, el pueblo sí lo felicita / Tulio Ramírez @tulioramirezc



Recuerdo que en la escuela municipal donde estudié la primaria, se realizaban muchos actos culturales durante el año escolar. Todavía hoy, no estoy seguro de si se debía a una política de preservación de los valores nacionales, regionales y locales o a una inteligente artimaña para organizar festejos y eludir la dura tarea de dar clases a muchachitos resabiados y tremendos durante seis horas diarias por cinco días a la semana, desde octubre hasta julio del año siguiente.

Adicional a las fechas oficiales indicadas en el calendario escolar de un Ministerio de Educación, por cierto, más  popular que el de ahora, se celebraban otras efemérides. Nunca descubrí si eran inventadas o rescatadas de la memoria colectiva debido al olvido oficial. Un dato bien curioso es que la mayoría de estos eventos siempre caían en viernes al igual que las reuniones del Consejo de Maestros. En este último caso, si bien es cierto que no había clases, tampoco había puente. Los Consejos se hacían.

Todos los años celebrábamos el Día del Árbol, el de La Alimentación, del Panamericanismo, las fechas ligadas a la Independencia (19 de abril, 5 de julio y 24 de julio), el nacimiento del Libertador, el Día de la Raza, entre otras festividades. Pero también se celebraba el aniversario de la fundación del municipio, un año más del primer choque de automóviles en el estado, el día del aguacate pintón, el onomástico del primer director del plantel y otros que no me vienen a la memoria, pero que, con toda seguridad, no estaban reseñados en el calendario oficial.

Así, entre fecha y fecha, se iba construyendo un ambiente festivo y culturoso todo el año. ¿Que por qué puedo dar fe de ello?, porque fui testigo de excepción.  Siempre me las arreglé para estar en la Comisión de Cartelera. Esa condición GARANTIZABA ciertos privilegios como no hacer cola en la cantina. «El joven está colaborando con la organización del acto cultural, tiene prioridad».

Algunos podrían argumentar que tantos eventos eran innecesarios por la pérdida de clases. Sin embargo, no recuerdo que por esa causa se haya incumplido el contenido de los programas de estudio. Prueba de ello es que los exámenes finales se hacían con jurados de otras escuelas quienes, con programa en mano, preguntaban sobre cualquier temática por insignificante y poco trascedente que pareciera. El consabido argumento «pero eso no lo vimos», nunca se esgrimió como defensa o excusa y no se regalaban notas, como sospecho que se hace ahora.

Muchos de esos estudiantes que iban en alpargatas a la escuela pública del barrio y recibían de las monjas «ayuda humanitaria» en forma de paquetes de manteca Los Tres Cochinitos para paliar la situación económica del hogar, son hoy ingenieros, científicos, médicos, economistas, artistas o empresarios exitosos que, gracias a la educación, escaparon del seguro destino para quien no estudiaba: la pobreza.

miércoles, 8 de febrero de 2023

Otras cosas inútiles en Venezuela / Tulio Ramírez @tulioramirezc




 La semana pasada nuestro artículo versó sobre las cosas que, si bien son extremadamente útiles en un país serio, en nuestra Venezuela revolucionaria y pachanguera son realmente inútiles.

En esa oportunidad nos referimos a lo inútil que en Venezuela son las tarjetas de crédito de los bancos nacionales, los seguros de Hospitalización Cirugía y Maternidad, los de Responsabilidad Civil, el derecho de propiedad, las pensiones, las garantías de artefactos, los semáforos y los puestos de estacionamiento para personas con alguna discapacidad.


La reacción de algunos lectores fue inmediata. Recibí correos donde se agregaban inutilidades que no mencionamos en el artículo de marras. Expliqué que el imperio del espacio limitó nuestra lista y que estaba consciente de que podría ser ampliada. Así que prometí volver sobre el tema tomando en cuenta sus contribuciones. Algunas de ellas fueron las siguientes:

El correo de Ipostel. Este servicio, otrora eficiente, se ha convertido en un servicio chatarra, por lo inútil. Nadie se atreve a enviar por esa vía una caja de leche de larga duración, no solo por el temor a que nunca llegue, sino que, de llegar, podría hacerlo como yogur piche.

Los avisos que indican el límite de velocidad permitido. Mientras que, en un país serio, los conductores se cuidan de no transgredirlos, en Venezuela no son respetados ni por las autoridades que están llamadas a hacer que se respeten.

Los teléfonos “de mediecito o de tarjetas”. La verdad no se sabe si la Cantv no los ha desincorporado por formar parte de alguna política para hacer de las calles un gran museo de las comunicaciones en Venezuela, o porque simplemente se les ha olvidado que alguna vez los colocaron.

Las chequeras. Los muchachos nacidos en revolución no tienen la más peregrina idea sobre esta herramienta bancaria. En todas partes del mundo se usa el cheque para las transacciones comerciales. En Venezuela la única utilidad que se le ha encontrado es para hacer figuritas de origami.

martes, 18 de octubre de 2022

¡No estorben! / Tulio Ramírez @tulioramirezc





Esta es una expresión que se escuchaba con frecuencia en las escuelas de mi época, por allá por los años 60. Eran tiempos en los que no se cuestionaba la autoridad de los maestros y órdenes como las de no estorbar, nunca provocaron una denuncia por maltrato infantil ante la Zona Educativa.

Por esos días uno se sentía en la escuela como en casa, es decir, expuesto a regaños, castigos, jalones de oreja sin desprendimiento del lóbulo y hasta coscorrones sin orificio de salida. Quizás la única diferencia con el ambiente hogareño eran los cholazos voladores. Estos no se veían en la escuela, pero estoy absolutamente seguro de que no faltaban las ganas de asestarle un misil de esos al desordenado de la clase. Menos mal, porque las maestras iban a clases con tacones.

Definitivamente eran otros tiempos. Los padres confiaban en el criterio de los maestros y procedían en consecuencia. «Tulio, la maestra me ha dicho que te entretienes mucho en clase y no prestas atención, pues ahora te vas a entretener fregando la loza toda esta semana, y no verás El Zorro por un mes». Esa complicidad maestra-madre dejó de existir con el tiempo. La verdad, no estoy seguro si para bien o para mal.

Ahora, la madre es amiga de la maestra hasta el momento en que el pupilo obtenga bajas calificaciones. A partir de esa infausta boleta, las relaciones se enfrían, quedando el docente bajo sospecha hasta que se le salga alguna expresión como la que titula este artículo.

Si llegare a «maltratar» a «ese muchacho que es un pan de Dios», tenga por seguro que la desafortunada maestra será denunciada por maltrato infantil y violación de los derechos humanos ante la Dirección de la Escuela, la LOPNA, la OEA, la ONU y cuidado si hasta en la Corte Penal Internacional.

miércoles, 24 de agosto de 2022

A mi maestra Yolanda, con cariño / Por Tulio Ramírez



@tulioramirezc

Corría el año 1968, estudiaba 6to grado en la Escuela Municipal Leoncio Martínez, ubicada en el barrio Las Brisas de Petare. Era un caserón enorme y nunca supe si esa estructura fue construida para fines educativos o simplemente fue convertida de casa en escuela.

En esa época era muy común que algunas escuelas públicas y colegios privados ubicados en sectores populares, funcionaran en casas residenciales que las transformaban para impartir clases. Mi escuela era municipal y para llegar a ella, había que subir 134 escalones por el laberinto de casas construidas desordenadamente por los primeros habitantes del barrio.

Era un ambiente muy curioso por la conformación social de sus alumnos. Atendía a quienes vivían en la barriada, pero también inscribían a los provenientes de familias de clase media trabajadora que vivían en casas de vecindad y edificios del Banco Obrero, ubicados muy cerca de la avenida Francisco de Miranda.

Ese arco iris social me permitió estudiar con compañeros muy pobres que usaban alpargatas diariamente y con otros que usaban zapatos menos modestos, unos que cargaban sus útiles debajo del brazo y otros que usaban bultos de cuero. Años después, viví algo parecido en la Universidad Central de Venezuela.

Esa mixtura social, sirvió para descubrir mundos hasta ese momento desconocidos para unos y otros. Los que éramos de la avenida aprendimos a construir papagayos, a disparar con chinas o gomeras, a cazar iguanas, a construir carruchas y a montarse en una mata de mangos sin usar escaleras. Los del barrio, por su parte, aprendieron que «los de la avenida» no eran ricachones que los odiaban, ni señoritos arrogantes que los verían por encima del hombro.

Es importante aclarar, sin embargo, que ese ambiente de camaradería no se generó de manera espontánea. En las primeras de cambio había reservas entre ambos sectores y cada quien se agrupaba con sus iguales.

viernes, 18 de octubre de 2019

Gallinas en los liceos, por @tulioramirezc




Tulio Ramírez 17 de octubre de 2019

Comencemos con las cuentas. Si en el país hay aproximadamente 3000 liceos públicos y corresponden 300 gallinas por plantel, tendremos 900.000 gallinas distribuidas por todo el país. Ahora bien, si en esas instituciones educativas hay un promedio de 450 estudiantes, estaríamos hablando de un millón trescientos cincuenta mil estudiantes. De acuerdo a wikipedia, cada gallina produce una ñema al día. Desayunarían con un huevo solo el 66% de los estudiantes de bachillerato, al tercio restante les tendríamos que decir: ¡coman sardina!.

Pero el asunto no es solo de ñemas por alumno. La cosa se complica cuando pensamos en el espacio a utilizar para que pernocten estos plumíferos. Podríamos ubicarlas en el Laboratorio de Biología, total hace muchos años que está cerrado por falta de insumos y materiales. Ese espacio se ha venido usando para almacenar aires acondicionados dañados, viejas máquinas de escribir y pupitres rotos; además de las pacas de arroz y los guacales de cambur, propiedad del profesor de castellano, quien vende en los recreos para redondearse el sueldo.

martes, 19 de marzo de 2019

Diario de un apagón anunciado, por @tulioramirezc




Tulio Ramírez 18 de marzo de 2019
@tulioramirezc

Jueves 7 de marzo; 4:30 pm: ¡Se fue la luz! No es novedad. En el sector donde vivo los apagones son frecuentes. Solo había que esperar con paciencia el restablecimiento del servicio eléctrico. En mi casa seguíamos sin alteración nuestra rutina. La Revolución nos acostumbró a que tener luz era una suerte que cobijaba a algunos pocos. Siempre se podía estar peor.

Viernes 8 de marzo; 6:30 am: ¡Seguimos sin luz! Despertamos ese viernes sin el servicio y sin agua. Comenzamos a inquietarnos. Tenemos tanque, no nos preocupa mucho. Confiamos en que la luz llegará en cualquier momento. La Revolución, tarda pero no olvida. No hay ninguna información oficial. Llegó el momento de buscar las velas y las pilas para las linternas. No conseguimos ni unas ni otras. Se escucha la primera voz de protesta, mi hija no quiere bañarse con agua fría. Vamos a recibir a Guaidó en Las Mercedes. Al volver a casa, la misma situación, no hay electricidad.

Sábado 9 de marzo; 12:00 m: ¡La cosa se pone fea! Soy un profesor universitario venido a menos gracias a la miseria que gano, sin embargo hice un esfuerzo y el sábado previo a carnaval compré 5 kilos de carne, una fortuna. Para el día de hoy las posibilidades de descomposición de esas costosas proteínas están presentes.

martes, 21 de agosto de 2018

Que alguien me lo explique, @tulioramirezc




Tulio Ramírez 20 de agosto de 2018

La verdad es que el socialismo ha sido un sistema político y económico con muchas incoherencias internas. La distancia entre lo que se pregona y lo que se lleva a cabo, es infinita. Es como cuando se te quiere vender una lavadora de “última generación” que, según el vendedor, ahorrara el trabajo de seleccionar la ropa según su color. El asunto es que después de comprada, terminas con la ropa blanca teñida de rosado porque la fulana lavadora no fue diseñada para que cumpliera esa función. Igual sucede con el socialismo. Te lo venden como la panacea para acabar con las injusticias y la explotación. Al final, cuando lo compras, se convierte en una oferta engañosa. Descubres que no está diseñado para cumplir con esa función, sino que por el contrario, genera más injusticias y mayor explotación.

Ahora bien, hay una diferencia sustancial entre ambos engaños. Cuando te sientes burlado porque la lavadora no tiene las milagrosas funciones con la cuales el vendedor te cautivó, siempre tienes la opción de devolverla o denunciar ante la justicia al vivían que te estafó. Pero, cuando descubres el engaño que supone el socialismo, siempre será muy tarde.

No tienes donde denunciar, porque los que reciben la denuncia son los mismos que te engañaron, o también están engañados.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Huir para salvarse. El caso venezolano, por @tulioramirezc ‏




Tulio Ramírez 07 de agosto de 2018

Durante 11 días del mes de julio de este pavosísimo 2018 (para mis lectores extranjeros, en Venezuela desde 1998 todos los años han sido pavosos, vale decir, han estado signados por la mala suerte, huelgan las explicaciones), tuve la oportunidad de visitar a Ecuador debido a compromisos de carácter académico. Di conferencias y dicté talleres en ciudades como Guayaquil, Salinas, Libertad, Esmeraldas y La Concordia. Son ciudades ubicadas a lo largo de la costa pacífica de ese bello y hospitalario país. Además de hacer lo que todo venezolano hace cuando tiene la oportunidad de salir por unos días, es decir, comprar medicinas y comida para “traer”, retomé la vieja práctica de salir a caminar de noche.

La verdad fue toda una experiencia. Que te agarren las 9 de la noche en la calle y no te pase nada, no tiene precio

miércoles, 2 de mayo de 2018

El hombre que aleteaba, por @tulioramirezc




Tulio Ramírez 01 de mayo de 2018

Caminaba por los pasillos de la Universidad Central de Venezuela, Cavilaba sobre votar o no votar el 20 de mayo. Intuyo que esa duda shakesperiana está ocupando buena parte del tiempo de muchos venezolanos, viéndose interrumpida cuando finalmente llegamos a la caja registradora a pagar el pan, el queso, el aceite de motor o el kilo de carne que debemos estirar hasta la próxima compra, es decir, por una semana más. Entre pensar sobre la mejor opción para salir del gobierno y diseñar las estrategias para esquivar el hambre, está transcurriendo nuestra vida. Abstraídos en esos pensamientos vamos andando sin percatamos cuando algún conocido nos saluda en la calle, ni cuando nos pasa por el lado un niño comiendo desechos recogidos del basurero más cercano.

Así como yo, también andan profesores, estudiantes, empleados, obreros y asiduos al Hospital Clínico Universitario. Caminan por el campus con la vista fija en ninguna parte, maquinando como sobrellevar la pela con las menores consecuencias posibles.