Américo Martín 18 de marzo de 2018
El
policía interno –del que alguna vez escuché decir a los hermanos Héctor y Ludovico
Silva- nos impone desde la inconciencia censuras y conductas reprimidas. El
enemigo interno de que hablaré ahora se parece en algo pero más que del
inconsciente viene de la frontera entre ella y la conciencia. Sus efectos son
parecidos.
Si
conforme a la lógica y la reiterada prueba de los hechos, la unidad nacional es
clave para el cambio pacífico y constitucional hacia la democracia, la insólita
campaña que desde la propia oposición se libra contra ella no puede explicarse
en el marco de la lógica ni invocando lecciones de la historia. Como es difícil
sostenerla contra los poderosos jueces de la razón y de los hechos, la
resistencia anti unitaria apela a la emoción desatada, mientras más
apocalíptica y agresiva, mejor. De ahí vienen el lenguaje chocarrero el
epíteto, la descalificación despiadada, el juego desconsiderado con las
reputación de los demás, la suspicacia, el sé lo que digo y nadie me convencerá
de lo contrario.





















