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viernes, 28 de julio de 2017

El engaño del siglo XXI, @Yedzenia



Por Yedzenia Gainza, 25/07/2017



Dijeron que eran un ejemplo para el mundo, prueba de ello es la oda al nepotismo y la podredumbre representada de forma extraordinaria por la Contraloría General de la República. Dijeron que gobernarían para todos, pero amenazan, encarcelan, torturan o matan si no piensas como ellos. Dijeron que no faltarían las medicinas, pero hace falta pasar días mendigando para encontrarlas. Dijeron que crearían las mejores universidades, pero de esas casas de adoctrinamiento no hay ni una que valga un medio partido por la mitad, por eso sus hijos estudian en el extranjero.


Dijeron que cuidarían nuestros recursos naturales, pero el arco minero está destrozando uno de nuestros tesoros más preciados. Dijeron que la electricidad fallaba porque no llovía y, cuando llovía, le echaban la culpa a una iguana. Dijeron que acabarían con la oligarquía, la burguesía y el capitalismo, ¿han visto quiénes son, cómo viven, qué comen, los carros tienen, cómo viajan y visten? Dijeron también que Venezuela era el país más democrático del mundo,  pero lo que no consiguieron con votos intentan alcanzarlo con las armas. Dijeron que teníamos la mejor Constitución del mundo, que dentro de ella todo y fuera de ella nada, pero la violan sistemáticamente hasta el punto de convocar sin previa consulta una Asamblea Nacional Constituyente para elaborar una nueva Carta Magna, obviamente a su medida.


Dijeron que acabarían con la inseguridad y la violencia, pero el año pasado murieron casi 28500 personas por esta lacra. Dijeron que los jubilados vivirían dignamente, le llaman dignidad a que la pensión no alcance para comer. Dijeron que el país crecía a paso de vencedores cuando lo que realmente aumentaba era el saldo de sus cuentas bancarias. Dijeron que el Guaire sería navegable y apto para bañistas, pero ahora se burlan cuando alguien tiene que meterse en sus aguas fétidas para poder salvar la vida.



Dijeron que Miraflores sería la sede de una universidad, hasta ahora en lugar de recibir estudiantes, celebran allí sus muertes. Dijeron que habría libertad de expresión, lo saben bien los medios censurados y la larga lista de periodistas vetados, amenazados, robados, perseguidos,  golpeados…


Dijeron que las empresas públicas no darían pérdidas, se referían a las que ya no producen. Dijeron que el abastecimiento estaba asegurado Previa humillación a cambio  de una caja con unos cuantos víveres, claro. Dijeron que acabarían la escasez y las colas, ¿desde cuándo no compras lo que quieres, cuando quieres y donde quieres? Dijeron que el dólar se mantendría a 6,30BsF,  olvidaron decir que solamente para los enchufados que hacen negocio con ellos. Dijeron que controlarían la inflación,  a tres cifras le llaman control.

Dijeron que repudiaban toda tipo de injerencia extranjera, aunque no consideren tal el protagonismo de cubanos o chinos, ni las conexiones con grupos terroristas. Dijeron que no había crisis hospitalaria, prefieren que la gente se muera de mengua en sus camas. Dijeron que el país sería justo y próspero, que apretarían la mano contra el narcotráfico; para demostrarlo, nombraron a un narco Vicepresidente de la República, cuentan con todo un cártel en la cúpula del gobierno y, como guinda para la torta,  los sobrinos de la primera dama arrastran la bandera nacional en una cárcel de Nueva York después de haber sacado innumerables kilos de cocaína por la rampa presidencial del principal aeropuerto del país.


Dijeron que su revolución era humanista. Por eso cada día se multiplican los presos políticos, diariamente reprimen las manifestaciones con armas de fuego que disparan a quemarropa contra quienes se atreven a recriminarles su gran teatro. Dijeron que respetarían la propiedad privada, lo demuestran entrando a las viviendas a golpear y robar a sus habitantes aunque sean menores de edad. Dijeron que eran animalistas, lo dejaron claro cuando dispararon a un pobre perro asustado durante un allanamiento ilegal.


Dijeron que eran el “corazón del pueblo”, aunque además de utilizar la diversidad sexual como descalificación, no la consideren parte del mismo. Dijeron que su revolución era bonita, por tal motivo cubren el rostro a los detenidos, piden rescate en moneda extranjera a cambio de no presentarlos ante tribunales militares, se divierten torturándoles con descargas eléctricas, obligándoles a comer heces, cubriéndoles la cabeza con bolsas de plástico, colgándoles de los brazos para que apenas rocen el suelo con la punta de los pies, violándoles con tubos o fusiles…

Dijeron que tendríamos patria, socialismo o muerte. Mintieron en todo, excepto en lo de la muerte.

Fotos:
Web
@mgutierrezphoto

domingo, 2 de julio de 2017

Los últimos héroes, @Yedzenia



Por Yedzenia Gainza, 28/07/2017

Desde abril cuando comenzó la nueva ola de protestas en Venezuela, decenas de personas han perdido la vida como consecuencia de la violencia con la que Nicolás Maduro y sus secuaces atacan para seguir en el poder de un país que sólo les interesa por el dinero que le ordeñan.

Muchos eran jóvenes con múltiples reclamos a una dictadura que convirtió la nación en un enorme albañal cuya porquería está ahogando a millones de personas. Sus nombres se han sumado a la larga lista de víctimas del chavismo, un proyecto que se presentó como el maravilloso genio de la lámpara, pero se quedó en  humo demostrando su verdadera cara: la gran estafa que poco a poco ha ido despojando hasta de sus sueños a los venezolanos.

Mi papá decía “el cementerio está lleno de valientes”, y tenía razón. Nuestros cementerios y cárceles se están llenando de valientes que, cada día, vencen el miedo a enfrentarse a una cuerda de cobardes capaces de matar para proteger el bienestar de otros asesinos más cobardes aún que dan órdenes desde la comodidad de Miraflores o algún ministerio. Cada vez que se confirma una nueva muerte, la población termina proclamando una heroicidad que debe llenarnos de orgullo a todos. Sin embargo, me niego a que por culpa de este régimen despiadado Venezuela se convierta en una necrópolis de chamos que no llegaban a los 20 años.  Yo no quiero sentir orgullo por muchachos muertos, quiero saberlos vivos aunque nunca lleguemos a conocernos.


Yo no quiero un país lleno de calles con nombres de jóvenes baleados, quiero un país con calles llenas de muchachos respirando, suspirando. Quiero muchachos que estudien, trabajen, rían, se diviertan, se enamoren…  Quiero que se reúnan con sus amigos sin tener que esperar años, que salgan de su casa sin que sus padres teman no verlos regresar. Que trabajen en lo que les gusta, que no se vean obligados a deambular por diferentes rincones del planeta vendiendo arepas o mendigando empleo. Que no tengan miedo a caminar de noche ni que su vida social se desarrolle en funerarias y aeropuertos. Quiero que compren lo que puedan permitirse con su salario sabiendo que si desean más, la forma de obtenerlo es trabajando mucho sin vender su conciencia ni quitarle a otros lo que tienen. Quiero que se enamoren y lo celebren con sus panas, los mismos que luego servirán de muletas para seguir adelante cuando les cueste caminar por la senda del desengaño con el corazón roto. Quiero que crucen las fronteras por placer, no por necesidad. Que hagan colas solamente para los conciertos de sus artistas favoritos, que tengan la piel tostada de tanto ir a la playa o de hacer deporte al aire libre sin que eso signifique volver a casa sin zapatos. Quiero que las vacas sean para fiestas o viajes, no para  pagar rescates, tratamientos médicos ni funerales.

Quiero que se gradúen, organicen parrillas que comerán cuando terminen de pintar las rejas de sus casas cada diciembre,  que mientras pasan su primera resaca juren con una cerveza helada no volver a beber jamás, que hagan bromas con los que se han casado primero y luego con los últimos solteros, que si así lo deciden conviertan a sus padres en abuelos, vayan en patota a un juego de béisbol o aprieten los dientes viendo a la Vinotinto. Sueño con el día en el que se peinen las canas o sonrían por las calvas que alguna vez albergaron melenas bonitas cuidadas con litros de champú. Quiero que tengan la oportunidad de equivocarse y corregir sus errores, que vean salir el sol mientras bailan en una fiesta y no sientan escalofríos cuando escuchen una moto cerca. Venezuela no necesita mártires, necesita a su gente viva. No hace falta una larga lista de héroes sino que saquemos del poder al grupito de cobardes que con arma en mano se creen dueños hasta de nuestra forma de pensar.


Todos los venezolanos tenemos derecho a vivir, a disfrutar de las maravillas que ofrece la fortuna de abrir los ojos cada mañana, a eso que algunos llaman “vivir la vida”. Y esta necesidad no tiene ninguna relación con la vida idílica de un cuento de hadas donde todo es perfecto, tampoco con la repugnante opulencia y despilfarro propios de la banda de malandros que pretende perpetuarse en Miraflores a cambio de acallar con balas o una bolsa de víveres la miseria reinante en el país.  Simplemente exigimos nuestro derecho a vivir sin tener que decidir entre desayunar y pagar el autobús, entre comprar pan o un antibiótico. Nuestro derecho a envejecer sin tener que agradecerle a ningún delincuente que nos haya perdonado la vida.



Es una verdadera tragedia respirar esquivando disparos de todo tipo y que el futuro de Venezuela esté siendo exterminado ante la indolencia de gobiernos que han preferido lavarse las manos y mirar para otro lado, como si al hacerlo la sangre derramada en nuestras calles desapareciera de sus conciencias. Es una vergüenza que el país que albergó a cientos de miles de personas que huían de dictaduras atroces en otras latitudes, ahora se encuentre tan solo viendo morir a sus muchachos o escuchando el ensordecedor grito de dolor que queda cuando desaparecen entre una jauría de uniformados.

Hace unos días el gran Laureano Márquez entrevistado por César Miguel Rondón habló de innumerables venezolanos brillantes que han dejado una imborrable huella en nuestra historia. Es deber de todos hacer lo posible por evitar que la dictadura siga matando jóvenes cuyos sueños se quedaron atrapados en una nube de gas o destrozados por un disparo a quemarropa.


Es nuestra obligación que estos muchachos sean nuestros últimos héroes, que sus rostros no se borren de nuestras mentes y nos obliguen a hacer posible el país que ellos ya no podrán ver, el país que se merecían.

Una Venezuela en democracia es el tributo que le debemos a esos héroes cuyos nombres conocimos de la forma más desgraciada y a los que preferiría mil veces anónimos, pero vivos y sonrientes, celebrando triunfos.



domingo, 18 de junio de 2017

La marcha del hambre, @Yedzenia



Por Yedzenia Gainza, 03/06/2017

Los tarifados del régimen dirán que es una exageración, que en Venezuela no hay hambre y las colas en los supermercados es porque hay dinero de sobra para comprar. Ya saben, como en cualquier país del mundo donde los ricos hacen cola en los supermercados para comprarlo todo simplemente porque pueden permitírselo.


La marcha de las ollas vacías o marcha del hambre no es solamente la de familiares de niños desnutridos internados en esas barracas en las que se han convertido nuestros hospitales, tampoco la de las personas que se han visto obligadas a buscar entre la basura algo para comer. Es la marcha de aquellos que ven cómo el salario no les alcanza para cubrir dos baldas de la nevera, la de los que tienen que recurrir al trueque para conseguir alimentos básicos en cualquier hogar, la de los que deben recorrer decenas de supermercados o cientos de kilómetros para comprar la comida que no consiguen en su barrio, la de quienes han visto disminuir las porciones en su plato, las de quienes saltan una o más comidas al día, la de los que dan de desayuno a sus hijos un vaso de agua con azúcar o los mandan a la escuela con un mango para la merienda. La de quienes escuchan a sus tripas protestar con el mismo murmullo que hacen las ollas cuando ya no queda nada en el fondo.

viernes, 2 de junio de 2017

Venezuela no está sola, @Yedzenia



Por Yedzenia Gainza, 29/05/2017

Este domingo en Madrid se llevó a cabo una vez más una manifestación de venezolanos que rechazamos la dictadura que azota nuestro país. Como en otros lugares del mundo, la diáspora se pone en acción para que nuestros vecinos escuchen y se unan a nosotros en un reclamo que debería ser común para todos: la defensa de la libertad, de los derechos humanos, el repudio a la tiranía, la corrupción, la violencia y el narcotráfico.

Llegué temprano y me senté en un banquito de la Plaza de España a observar a la gente que iba llegando, a estudiarme el texto que había redactado fundiendo las ideas de la organización, las mías y las de uno de tantos venezolanos que cada día se levanta con la firme convicción de no ponerle a la dictadura el país en bandeja.

sábado, 13 de mayo de 2017

No habrá paz para los enchufados, @Yedzenia


Por Yedzenia Gainza, 09/05/2017

Una de las grandes frustraciones de la diáspora venezolana es no poder estar en las calles de nuestro país protestando junto a todos los demás. Es inexplicable el dolor que se siente al ver cómo esta dictadura intenta diezmar a la población a través de formas tan perversas como: dispararle bombas a quemarropa, obligarle a tirarse a la cloaca más grande del país para no morir tiroteada, negarse a abrir un canal humanitario para mitigar la escasez de comida y medicinas, atacar hospitales y viviendas, juzgar civiles en tribunales militares, utilizar las tanquetas como aplanadoras… En fin, una sanguinaria pesadilla.

Es aterrador estar en medio de semejante situación. También es tremendo vivir en cualquier lugar del mundo con la angustia de perder a un ser querido a manos del hampa, o lo que es lo mismo, de la dictadura. Es una tortura no poder tomar el primer vuelo con destino a Caracas para enfrentar allí las feroces cargas de gas, balas y metras con las que violando el derecho internacional, uniformados y paramilitares atacan sin piedad a un pueblo hambriento de alimentos, justicia y democracia.


Aunque no éramos capaces de imaginar tanto sadismo, las acciones de Nicolás Maduro y demás represores han dejado de sorprendernos. Pero como no estamos en los años treinta, tampoco al otro lado del Muro de Berlín (por más que lo parezca), ni mucho menos en la época en la que los petrodólares compraban amigos alrededor del globo, ya no es tan fácil tapar el sol con un dedo. Una de las ventajas de vivir en el siglo XXI es el poder de Internet, la herramienta que rompió la barrera espacio temporal y nos permite saber en tiempo real lo que de verdad está pasando en Venezuela, convirtiendo en insuficiente todo el inútil sistema de medios de comunicación al servicio del tirano.


La propaganda que habla de un gobierno extraordinario, con un sistema de salud envidiable, tan preocupado por la alimentación de sus ciudadanos que les hace llegar cajas de comida a sus casas, un sistema educativo que como churros produce egresados en lo que sea, y que enarbola la bandera de un patriotismo exacerbado en pie de lucha contra un montón de guerras imaginarias declaradas por un imperio que casualmente no ataca a ningún otro país de la región, es la misma que con patriotismo y todo se va al carajo cuando los grandes defensores del chavismo son sorprendidos haciendo la compra en supermercados de Oranjestad o Miami, cuando pasean alegremente por las calles de Madrid, París, Ginebra o Nueva York. Porque las virtudes del chavismo deben vivirlas obligatoriamente millones de venezolanos, especialmente aquellos que hurgan en la basura para engañar al estómago, pero no los hijos de Hugo Chávez, Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y un sinfín de sinvergüenzas que, salvo el desfalco hecho al tesoro nacional, jamás podrían mantener con guardaespaldas y todo a su prole en países capitalistas tan caros y distantes de la “revolución bonita”.


Demostrando su prepotencia (además de una gran falta de inteligencia) los voceros de la dictadura se permiten dar charlas sobre derechos humanos en lugares tan remotos como Aranjuez, mientras en diferentes regiones del país asesinan uno tras otro a jóvenes manifestantes.  Sabemos que las misiones diplomáticas de Venezuela no son más que sucursales del chavismo destinadas a la propaganda que con ayuda de muchos interesados pagados durante años con dinero público, intentan esconder lo que realmente ocurre en nuestro país. Son innumerables los pasaportes diplomáticos que con el sagrado nombre de nuestra Venezuela han sido utilizados para privilegiar a personas cuyo único “mérito” es ser familiar o amigo de algún miembro del régimen,  y hasta el peluquero de la hija de Hugo Chávez. Tan evidente ha sido la corrupción durante las dos últimas décadas, que los únicos que justificadamente se encuentran en el extranjero, son los dos sobrinos de Nicolás Maduro que están en una cárcel de Nueva York por planificar el traslado de 800Kg de cocaína (sí, ochocientos kilos) en un viaje que, por supuesto, no hicieron en burro.

Es cierto que los hijos no son responsables de los crímenes que cometen sus padres, pero si hacen la vista gorda sabiendo que con el salario de un funcionario público venezolano no se puede pagar una vida de opulencia y despilfarro, dejan de ser inocentes para convertirse en cómplices. Son tantos los “revolucionarios” que gozan de una vida maravillosa en el extranjero mientras los verdaderos dueños del dinero hacen largas colas para poder comer, que es imposible pasar desapercibidos, y más aún cuando no hacen otra cosa que vanagloriarse de los lujos que gozan gracias a los litros de sangre vertida a lo largo y ancho del país. Es por eso que cada día en diferentes puntos del mundo los enchufados son increpados por venezolanos que tuvieron que salir del país que destruyó esa mafia llamada chavismo. Es por eso que suizos, australianos, belgas, etc., se sorprenden al ver en sus tranquilas calles a personas gritando de dolor exigiendo explicaciones a una cuerda de parásitos que sin la menor vergüenza ríen mientras los hogares venezolanos están de luto.


De Venezuela hemos salido alrededor de dos millones de personas, muchos médicos están trabajando de repartidores, ingenieros de taxistas, contadoras como servicio doméstico. Muchos trabajan durante largas jornadas para poder sobrevivir y tener aunque sea 50 dólares con qué comprar comida a la familia que dejaron en Venezuela. Muchos otros tienen empleos mejores y se pueden permitir una vida menos dura, pero eso no calma el dolor de haberlo dejado todo en la tierra que nos vio nacer y donde a pesar de sus imperfecciones éramos felices hasta que un grupo de delincuentes la llevó a la ruina. Precisamente esa gran diáspora generada por el chavismo seguirá gritándole a todos los enchufados lo que son. Seguirá avergonzándolos en cualquier parte del planeta para que sus nuevos vecinos y amigos sepan cómo llegaron a vivir como viven, cuánta sangre se ha derramado para mantenerlos, de dónde sale el dinero para guardaespaldas, vacaciones y compras. Y lo haremos no solamente en perfecto castellano, sino en inglés, italiano, francés, alemán, árabe o cualquier otro idioma del país donde ustedes viven por capricho y los demás por necesidad. Los increparemos hasta que el aire que respiren les huela al gas con el que atacan las protestas, que lo que coman les sepa al agua del Guaire, la imagen de los cadáveres o el eco de las balas invadan sus sueños, hasta que bajen la cabeza por haber parrandeado a costa del sufrimiento de millones de personas y sientan náuseas por llevar en sus venas sangre de asesinos.



Asuman que este es el impuesto por disfrutar de dinero mal habido, que no encontrarán rincón del mundo donde esconderse de la justicia, que no habrá día en el que caminen sin temor a ser repentinamente perseguidos por un venezolano gritándoles lo que son. Sepan que no habrá paz para los enchufados.

Videos y fotos:
@RCTVenlinea
@ReporteYA
@CaterinaV





sábado, 11 de febrero de 2017

Desconexión, @Yedzenia





Por Yedzenia Gainza, 09/02/2017

A veces, por una o muchas razones toca desconectarse de alguna manera del día a día que agobia a todos los venezolanos. Vivir fuera significa llevar una doble o una múltiple vida: la del país de residencia, con trabajo, clases, cuentas… La del país de nacimiento, con angustia por la incontrolable inseguridad dueña de las calles, la ira ante la multitud de calamidades con las que diariamente lidian nuestros seres queridos, el pesimismo por la cantidad de puertas que el régimen cierra a una nuestra libertad, la impotencia de ver cómo el mundo da la espalda a un país entero que no sabe cuánto tiempo le queda de oxígeno en una bombona que maneja el chavismo. La vida que queremos y por la que luchamos intentando mejorar con el paso del tiempo, y también la vida con la que quisiéramos premiar a nuestros padres o heredar a nuestros hijos.

jueves, 26 de enero de 2017

Memoria y cuenta, @Yedzenia





Por Yedzenia Gainza, 25/01/2017

Hemos presenciado la burla en la que Nicolás Maduro simuló hablar de su gestión. Como es normal en un régimen que no respeta las instituciones y usa la Constitución Nacional como un paquete de pañuelos,  ese teatro no sirvió de nada.

El hombre que ocupa la presidencia de Venezuela en lugar de presentarse como corresponde ante la Asamblea Nacional que a pesar de su mayoría, cada vez parece estar más maniatada por parte de quien debería proteger nuestra Carta Magna, lo hizo ante el Tribunal Supremo de Justicia cuyos magistrados –además de auto votarse para formar parte del mismo–  demostraron una vez más que no están al servicio del país, sino del grupo de malandros que no valen ni el sueldo que cobran del cada vez más escaso erario público.

viernes, 13 de enero de 2017

Sin velitas, @Yedzenia





Por Yedzenia Gainza, 13/01/2017

No hubo flores, bombones, perfumes, viaje, sorpresas, ni cita en la peluquería.

Esta vez nadie ordenó una paella ni puso carne en la parrilla. Tampoco nadie peló verduras para un sancocho.

No se descorcharon botellas de vino, ni siquiera se llenó de cervezas la nevera.

El día comenzó en silencio, sin alegría, sin serenata.

El teléfono sonó sin encontrar respuesta. El timbre no recibió ni una sola caricia en toda la jornada.

martes, 10 de enero de 2017

Nada ha cambiado, @Yedzenia





Yedzenia Gainza, 08/01/2017

Ayer fue el primer día después de las fiestas, el día en el que comenzó la vuelta a la rutina que mañana lunes aplastará más de la mitad de los propósitos de Año Nuevo que no se hayan extinguido en la semana que está por terminar.

Se acabó la temporada de las sonrisas porque sí, de ceder el paso a los conductores que intentan cambiar de carril, de esperar pacientemente a que los despistados noten el semáforo en verde, de saludar en los ascensores y agradecer a quien amablemente presiona el botón para dejar entrar al que se quedaba fuera. Finalizó ese tiempo en el que el mundo parece un lugar mejor porque la mayoría sale de casa con el propósito de que así sea, porque se niega a dejar a los aguafiestas salirse con la suya.

sábado, 31 de diciembre de 2016

El que viene…, @Yedzenia





Por Yedzenia Gainza, 31/12/2016

Para los venezolanos no es fácil despedir un año terrible sin temor a que el próximo sea igual o peor. No importa el lugar del mundo donde hoy las campanadas sonarán a diferentes horas, no importa cuántos deseos se pidan con la mirada al cielo o los ojos apretaditos para intentar contener las lágrimas. En el corazón de cada una de las personas de bien que independiente del punto cardinal que pisen sienten cómo el pie se les va solito cuando suenan los tambores, late con fuerza un deseo común: la próxima Nochevieja todos juntos.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Era él, @Yedzenia





Por Yedzenia Gainza, 25/12/2016

Era de noche, escuchó un ruido abajo y quiso saber de qué se trataba, pero era pequeña. A sus siete años no le temía a la oscuridad, aunque tampoco sabía qué podría ser esa sombra que vio pasar desde su habitación. De su cama a la escalera sólo había que dar tres pasos, así que siguiendo su oído bajó algunos escalones, no muchos por si tenía que ir corriendo a avisar a sus padres y no pocos desde abajo para que no la alcanzara lo que sea que estuviera moviéndose entre los muebles.

martes, 22 de noviembre de 2016

Una taza de avena, @Yedzenia




Por Yedzenia Gainza, 20/11/2016

Laida es la más chiquita de cinco hermanas (Las Rodríguez). Todas son conocidas en el barrio donde nacieron y crecieron, el mismo donde vivió su madre hasta el final de sus días. De todas, ella es la más guapa, la más agradable, ocurrente y simpática, la que siempre tiene una sonrisa a flor de labios y un brillo en los ojos capaz de desarmar cualquier preocupación. Así la recuerdo.

Desde que la conozco nadie se ha quejado de ella, salvo ese periodo de su vida en el que fue chavista –algo que todos le perdonan como quien perdona a un amigo que ha caído en las drogas y no mencionan nunca como los que consiguieron salir de ellas. Su bondad, sus ganas de trabajar y su fortaleza la hicieron cosechar amigos por donde pasaba. Siempre fue muy curiosa y le gustaba escuchar historias sobre cómo era el mundo al otro lado de las fronteras que ella nunca había cruzado. Un atlas no es capaz de transmitir la emoción que alguien siente cuando el amor de su vida camina sonriente por la terminal de un puerto para recogerla después de un largo viaje.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

¿A esto lo llaman feminismo?, @Yedzenia




Por Yedzenia Gainza, 13/11/2016

Hace un par de días vi por casualidad cómo lapidaban por las RRSS a una mujer que viviendo eso que podría llamarse “explosión de felicidad de una madre” ha expresado –de la forma más respetuosa posible– su punto de vista sobre la maternidad y las renuncias que representa. Con una candidez casi típica en este tipo de situaciones, intentaba convencer a aquellas mujeres que pudieran encontrarse en la misma disyuntiva que ella alguna vez atravesó. Es cierto que los ejemplos utilizados no son precisamente los más dramáticos que alguien pudiera dar, pero la vida no siempre está llena de dramas y cuando alguien intenta motivar a otros es libre de utilizar lo que considere apropiado.

A la señora Astrid Klisans la han llamado machista, clasista e incluso cerda. Y no, no lo ha hecho una manada de machos alfa con ganas de aplastar a una mujer por estar en desacuerdo con lo que ellos piensan, no. Lo han hecho señoras que se supone defienden la igualdad de género, el derecho a pensar diferente, el derecho a expresarse sin temor a lo que puedan decir los demás.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Vete para Tú país, @Yedzenia




Por Yedzenia Gainza, 30/10/2016

Desgraciadamente más de un inmigrante ha tenido que escuchar alguna vez esto, por lo general a gritos y con miradas desdeñosas.

Cuando se dejan de lado los audífonos, el teléfono, incluso el libro más vendido del momento y se mira alrededor en las calles, en el transporte público, en la terraza de alguna cafetería… pueden notarse desagradables gestos hacia personas que un buen o mal día dejaron todo lo que aman para hacer una vida a miles de kilómetros de distancia.

jueves, 27 de octubre de 2016

Un golpe más…, @Yedzenia





Por Yedzenia Gainza, 24/10/2016

Cuando el 4 de febrero de 1992 un hombre engañó a un montón de jovencitos llevándolos a ciegas para dar un golpe de Estado que bañó de sangre las calles de Caracas, algo cambió en la mente de muchos venezolanos. El 4 de febrero que todavía celebra el chavismo es una fecha que divide nuestra historia entre cuándo a pesar de todo podíamos vivir en paz y cuándo conocimos el rostro de los asesinos que transformarían el país en una tiranía.

Aquella Venezuela con la suficiente fortaleza institucional no sólo fue capaz de poner tras las rejas a un asesino que con mucha verborrea llena de palabras que suenan bonito (pueblo, sentido común, poder popular, lucha, patria…) sino también de destituir un presidente en pleno ejercicio de sus funciones para juzgarlo por malversación de fondos. Eran los años de una Venezuela con problemas pero con una calidad democrática tal que no podía ni en sus peores pesadillas prever un escenario como el que tenemos en estos días. Eran los años en los que para ser Fiscal General de la República era necesario poseer una dignidad e independencia demostrable, no ser el abogado defensor de los intereses de un partido político. Eran los años de un Tribunal Supremo de Justicia compuesto por verdaderos profesionales del Derecho, garantes de la Constitución, no de monigotes con la “rodilla en tierra”.

miércoles, 5 de octubre de 2016

A mí no, @Yedzenia





Por Yedzenia Gainza, 02/10/2016

Allá por los años ochenta vivía en una casa como cualquier otra rodeada de vecinos que venían de diferentes partes del mundo. Un lateral de su patio daba con el de una familia colombiana, la esquina la compartía con una familia italiana, la pared trasera con una familia gallega, los de la esquina izquierda nunca estaban y los del lateral derecho cambiaban cada dos años más o menos porque la casa estaba alquilada.

Lo mejor de crecer rodeada de gente tan diferente era poder aprender sus costumbres, sus platos, conocer sus experiencias, saber que el mundo no se acababa en ese horizonte de Morrocoy donde parecía que bastaba un pequeño salto para llegar al cielo.

viernes, 30 de septiembre de 2016

No todo es lo que parece, @Yedzenia




Por Yedzenia Gainza, 24/09/2016

Él aparenta ser…

El marido perfecto, el padre perfecto, el vecino perfecto, el empleado perfecto, el cliente perfecto, el feligrés perfecto, el visitante perfecto, el amigo perfecto, el hijo perfecto, el cocinero perfecto, el jugador perfecto. El ciudadano perfecto, el ayudante perfecto, el contribuyente perfecto, el paciente perfecto, el sobrino perfecto, el pasajero perfecto, el nieto perfecto, el conductor perfecto, el compañero perfecto, el primo perfecto,  el admirador perfecto…

En casa:

¿Adónde vas? Vistes como una puta. ¿De dónde vienes? ¿Con quién estás? ¿Para qué vas a salir? Déjame ver el tique. El cambio está incompleto. Esta no es la marca que te pedí. No haces nada bien. ¿No ves que ya eres una vieja? Cállate, sólo dices estupideces. Estás gorda. ¿Para qué vas a estudiar? ¿Vas a gastarte en universidad el dinero de los niños? ¿Vas a conducir? Pero si no eres capaz, acabarás matando a alguien. Demasiado corto. Demasiado estrecho. Demasiado color. Pareces un cadáver. Demasiado maquillada. ¿Qué haces en la calle? ¿Qué amigas son esas? ¿Por qué te arreglas tanto? ¿Qué van a pensar de mí?  Vale, monta una empresa… Pero si te va mal nos dejarás a todos en la calle. Te irá mal, no sabes hacer nada. ¿Cómo que te vas? ¡Nos casamos por la Iglesia! Eso no se hace. ¿Acaso te acuestas con otro? La niña es mayor de edad, pero al pequeño no te lo llevas. Entonces nos abandonas. Me dejas después de 20 años de matrimonio, ¡vaya ejemplo de madre! ¡Llévate lo que quieras! ¿Para qué necesitas dos platos? ¿Piensas tener invitados? ¿Dos vasos? ¿No ibas a vivir sola?

domingo, 18 de septiembre de 2016

Otra triste despedida, @Yedzenia




Por Yedzenia Gainza, 16/09/2016

Ese mosaico multicolor que ha dado la vuelta al mundo como símbolo de la emigración de innumerables venezolanos era para ella una fuente de alegría. Pisarlo significaba la visita de una de sus hijos, pero ahora volvía a ser gris, tanto como el dolor que en la soledad de su casa fue testigo de sus lágrimas por una nueva partida.

De sus cuatro muchachos ahora se iba el más pequeño. Ya había pasado por la misma despedida quince años antes, pero la situación era diferente. Su hija rebelde siempre había querido viajar a Europa, ¿quién no tiene sueños a los veinte años? Así que con la certeza de tenerla de vuelta pronto, la llevó al aeropuerto con una tristeza que no hizo sombra a todas sus esperanzas. A sus muchachos les gustaba su patria, allí habían crecido felices y tenían todas sus raíces. Sin embargo, el país cada vez se fue hundiendo más junto con la confianza de ver a “la desterrada” regresar. Muchas raíces se habían roto, las calles del barrio estaban desoladas y los pocos amigos que quedan ahora están haciendo las maletas.

jueves, 8 de septiembre de 2016

¿Por qué ustedes sí?, @Yedzenia




Por Yedzenia Gainza, 03/09/2016

La multitudinaria manifestación que se vivió en Caracas el primero de septiembre de este año pasará a la historia. Ha levantado ampollas no sólo en las filas del régimen que pone todo tipo de obstáculos para impedir el referéndum revocatorio al que tenemos derecho los venezolanos, sino que traspasó las fronteras hasta esos países donde debido a la cantidad de dinero público que les ha engordado los bolsillos, más de uno se cree con la potestad de decidir quién tiene derecho a qué en nuestra tierra.