Laureano Márquez 24 de noviembre de 2021
Yo
quizá no sepa mucho de elecciones, pero de psiquiatría tampoco. Sin embargo, no
hace falta ser Sigmund Freud para darse cuenta de que los llamados lapsus
linguae son jugarretas del inconsciente. Los errores de la lengua no
son inocentes, ocultan reales intenciones, auténticas convicciones, verdades
profundas interiormente asumidas que, a la hora de ser expresadas en palabras,
la lengua termina articulando lo que el cerebro quiere ocultar, como si no
obedeciera freno ni la pararan falsas riendas.
Analicemos una frase cualquiera. Por ejemplo: «¡es imposible que nos arrebaten la derrota!», dicha en el contexto de un cierre de campaña electoral, cuando se quiso decir, supone uno: «es imposible que nos arrebaten la victoria», porque la lógica indica que nadie puede pretender arrebatar una derrota, siendo esta algo malo, particularmente para quien está compitiendo en unas elecciones.