Luis Manuel Esculpí 14 de abril de 2016
Gran
cantidad de análisis, relatos e interpretaciones se han vertido en diferentes
ensayos, artículos de opinión y libros sobre aquellos acontecimientos. Sin
embargo abundan también las zonas oscuras, las áreas de incertidumbre y las
versiones inconsistentes. Los hechos se sucedían unos tras otros a ritmo
desbocado, como suele ocurrir con los apogeos históricos. Esos tres días
conmovieron el mundo. No resultaría suficiente el testimonio de uno de sus
protagonistas principales, los hubo en demasía y no se han contrastado las
versiones. Quizás sea prematuro escribir esa historia. La verdad no aparece en
su totalidad. Hay ausencias tan notorias como la comisión tan mencionada para indagarla
que nunca se designó. Se suma a la larga lista de promesas incumplidas.
Sabemos
con certeza que fue la más grande manifestación de protesta conocida en nuestra
historia. Comparable a las mayores realizadas hasta ese tiempo en todo el
planeta. Centenares de miles de compatriotas marcharon jubilosos desde
tempranas horas. La alegría matutina se transformaría en tragedia durante las
primeras horas de la tarde, cuando el régimen mostró su faz más aviesa, cruenta
y represiva con un doloroso saldo de diez y nueve muertos y más de un centenar
de heridos.
Tarde
lúgubre, tanto como la cadena donde se fraccionan las pantallas de televisión.
Ordena el plan Ávila. Se suceden ruedas de prensa donde representantes de los
comandos en los componentes de las FAN leen pronunciamientos condenando los
hechos.
El
rating estaba en su nivel máximo, los venezolanos observamos esa noche en vivo
y en directo, la entrega en el fuerte Tiuna, y la renuncia no firmada "la
cual aceptó".
El día
siguiente el vacío de poder es sustituido por un acto donde se confisca la
voluntad popular expresada en la gigantesca movilización, la autojuramentación
y el decreto de disolución de los poderes constituye un golpe de estado que
barruntaría lo que ocurriría después. Es así como podemos responder
parafraseando a la canción de Joaquín Sabina : ¿ quién nos robo el mes de
abril? Luego el rechazo de sectores políticos y del comandante del ejército a
tan absurda pretensión, constituyeron acciones que dieron al traste con la
confabulación de los poderes fácticos.
También
sabemos con certeza, que esa apropiación indebida, junto a la torpeza y la
falta de conducción política posibilitaron el regreso y la prolongación en el
tiempo de un proyecto que ya hace catorce años anunciaba su fracaso. El propósito
de marginar a la coordinadora democrática y sus organizaciones, junto a los
elementos mencionados produjo tal resultado. Ese episodio muestra
fehacientemente la necesidad de la presencia de los partidos y de una dirección
política para guiar estos procesos. Entre las zonas grises de esos días está de
manera destacada y singular la actuación de algunos personajes civiles y
militares -inicialmente entre los conjurados-'encabezados por el actual
gobernador del Zulia.
La
oposición venezolana asimiló esa amarga experiencia, la propia constitución de
la Mesa de la Unidad Democrática es una demostración de ese aprendizaje. A
pesar de sus insuficiencias, restricciones e incluso divergencias, sus aciertos
en la conducción han sido notables hasta ahora. Estamos en un complejo estadio
que plantea nuevas exigencias unitarias, para lo cual resulta imprescindible
colocarse a la altura de ese desafío. Tales exigencias constituyen además
demandas del país opositor atento a la orientación y comportamiento de las
organizaciones políticas que constituyen la columna vertebral de la MUD. Para
responder la alianza tiene que elevarse por encima de las dificultades
coyunturales, fortaleciendo la unidad. Colocándose a la altura de sus
propósitos esenciales para alcanzar el cambio político. Ese es el compromiso
histórico que podrá desbrozar la ruta y abrir cauces para una nueva época.


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