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martes, 2 de diciembre de 2014

Funciones económicas del Estado, @jesusalexis2020



Por Jesús Alexis González, 01/12/2014

El Estado-Nación, es un tipo de organización que posee el monopolio de la fuerza dentro del territorio, supeditado a que sus objetivos sean de integración y homogeneización de la población (Max Weber). Las funciones del Estado desde el punto de vista económico, están identificadas con acciones de regulación, de provisión de bienes y servicios, de carácter fiscal, de redistribución del ingreso, de estabilización de los grandes agregados económicos (evitando fluctuaciones), de aumento en el nivel de empleo, de procurar una tasa positiva de crecimiento económico, de acumulación a los efectos de incrementar la capacidad productiva del propio Estado para impulsar su accionar y el de la Nación como un todo. Para cumplir dichas funciones, el Estado debe instrumentar políticas públicas en aras de actuar sobre la realidad y modificarla, fundamentadas en planes de acción para alcanzar objetivos de interés público en función de programas y proyectos que en conjunto justifiquen el gasto público como obligante apalancamiento financiero de las políticas de Estado, en el marco de un definido proceso de planificación estratégica de desarrollo donde ha de tener relevancia el gasto social definido según la CEPAL como un monto de recursos destinados al financiamiento de planes, programas y proyectos, cuyo objetivo es generar un impacto positivo en algún problema social como educación, salud, nutrición, seguridad, asistencia social, trabajo, vivienda, electricidad, agua y saneamiento. Es así, que el gasto público representa la herramienta más importante para la conducción macroeconómica del país; y de su nivel de eficiencia (o ineficiencia) dependerá el ritmo de la economía bien para dinamizarla o bien para causar fenómenos como la inflación, la sobrevaluación, dependencia de las importaciones, escasez de divisas, caída de las reservas internacionales, devaluación (explícita o implícita), un mercado paralelo con una paridad perversa y mucho más.

La principal función y responsabilidad económica del Estado, es la de garantizar que la mayoría de los ciudadanos puedan vivir bien; es decir condicionar las relaciones económicas para una mejor satisfacción de las necesidades de la población. La otra gran función que debe cumplir, es la de regular la actividad económica mediante la instrumentación de políticas y reglas claras en las áreas de monetaria, fiscal y de regulación propiamente dicha al establecer un comportamiento obligatorio en aras de definir ¿qué se puede hacer y qué no? al tiempo de supervisar y corregir las fallas del mercado. En síntesis, desde el ángulo económico el Estado por intermedio de su Gobierno actúa para influir en la actividad económica con la finalidad de alcanzar objetivos sociales vinculados con el bienestar de la población. Tal enfoque es diametralmente opuesto a la función económica del Estado socialista (pre-comunista), que se basa en la propiedad social de los medios de producción (luego de nacionalizados/expropiados/confiscados) hasta convertirse en el rector y organizador de toda la economía a la luz de un centralismo democrático (principio leninista) como una etapa de transición hacia la autogestión social comunitaria.

Hacemos un alto para una interrogante: ¿porqué el Estado interviene en la economía? El mercado no siempre (o casi nunca) se comporta de manera ideal; de hecho no existe ninguno absolutamente puro y perfecto, y muy por el contrario en su desenvolvimiento se estructuran ciertos desequilibrios que impulsan la intervención directa del Estado en el proceso con la finalidad de corregir sus fallas (sin dinamitarlo) y regular la actividad económica para cumplir con sus funciones inherentes a la redistribución del ingreso, asignación de recursos y estabilidad de la economía, sin llegar a coartar la libertad política y económica. Es de resaltar, que en Venezuela se observa una clara intención de fortalecer la presencia del Estado en la economía en conjunción con la demolición del sector privado, cuya tapa de despegue puede ubicarse en el año 2005 con la reforma de la Ley del Banco Central y la creación del Fonden; momento a partir del cual si inicia un soslayamiento de nuestra Constitución en sus Artículos 3: “El Estado tiene como fines esenciales (…) la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes consagrados en esta Constitución”;  299: “El régimen socioeconómico de la República Bolivariana de Venezuela se fundamenta en los principios de justicia social, democracia, eficiencia, productividad y solidaridad, a los fines de asegurar el desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa para la colectividad. El Estado, conjuntamente con la iniciativa privada promoverá el desarrollo armónico de la economía nacional con el fin de generar fuentes de trabajo, alto valor agregado nacional, elevar el nivel de vida de la población y fortalecer la soberanía económica del país…; 115: “Se garantiza el derecho de propiedad. Toda persona tiene derecho al uso, goce, disfrute y disposición de sus bienes”.

Ha de quedar suficientemente claro, que el Estado a través de su Gobierno debe hacer uso de la regulación como instrumento para influir en la actividad económica (inversión, empleo, etc) con la finalidad de alcanzar objetivos económicos y sociales vinculados con el bienestar de la población, asumiendo un papel de regulador de la demanda agregada lo cual es mucho más importante y trascendente que el de simple regulador de precios, que a todo evento es consecuencia de la escasez y el desabastecimiento ante la aniquilación del aparato productivo nacional, agravado ahora con la caída del precio del petróleo que por mucho tiempo permitió el reflejo de una ficticia prosperidad, al extremo de ocupar Venezuela a nivel mundial el último lugar en el Índice de Libertad Económica 2014.

A manera de una reflexión final, podemos señalar que la fortaleza del Estado y su Gobierno descansan sobre el correcto manejo de las variables económicas; lo cual induce a formular dos inquietudes; ¿Quién regula las fallas económicas del Gobierno? ¿Cómo se corrigen las imperfecciones económicas del Gobierno?


Econ. Jesús Alexis González
@jesusalexis2020

martes, 25 de noviembre de 2014

Economía acorralada por el Estado, la familia y los obreros, @jesusalexis2020


Por Jesús Alexis González, 24/11/2014

En función de intentar comprender (más allá de la obviedad cuantitativa) las causas del profundo desajuste macroeconómico que experimenta Venezuela, abordamos el basamento ideológico que sustenta la relación Estado-familia-obreros en lo que se refiere a las aspiraciones redistributivas de carácter igualador, que intenta promover (1) estándares elevados de vida o (2) una igualdad en las necesidades mínimas, con la intención soterrada de evitar que la movilidad social (nuevas clases medias) actúe en contrario al enfoque del proceso que adelanta la izquierda comunista. Al propio tiempo, visualizaremos la pretensión gubernamental por una ampliación de los derechos de los trabajadores para participar en la gestión económica (y empresarial), en un horizonte que procura una lucha de clases para controlar los medios y modos de producción con la finalidad ulterior de cambiar estructuralmente las relaciones sociales, y retornar a un  Estado (totalitario) como principal agente productor de bienes y servicios, que de igual modo asume (contradictoriamente) la garantía de los derechos civiles, sociales y políticos de todos los ciudadanos.

Resulta pertinente recordar, que las políticas liberales impulsadas por el Consenso de Washington (año 1989)  se orientaban al funcionamiento de un sistema de mercado sin regulaciones (autoregulado) en la producción y distribución de bienes, bajo el marco de la libre competencia; escenario que a la postre mostro una incapacidad para disminuir la desigualdad social (pobreza y exclusión). Tal situación, motivo la refundación del Estado interventor para que participara activamente en la instauración de una cohesión social,  asumiendo el rol de principal (y casi único) coordinador y facilitador de una específica matriz socioeconómica entre la sociedad y los agentes económicos, hasta constituirse (el Estado), en respuesta a un clamor asistencialista emanado de la sociedad, en la más relevante estructura social que podía inducir beneficios sociales colectivos en armonía con un obligante crecimiento económico sostenido; en un contexto donde los sindicatos obreros, aparte de luchar por mejorar sus condiciones laborales, también participarían para restringir la libertad empresarial. Es evidente, que el mercado autoregulado y el principio de la igualdad tienen entre sí postulados incompatibles, ya que uno (el mercado) exige la no intervención del Estado mientras que en el otro (la igualdad) se infiere que el Estado debe asumir la carga de eliminar los obstáculos que impidan al ciudadano contar con una seguridad social a la luz de gozar de sus derechos (civiles, sociales, políticos y económicos); contradicción que origina una especie de economía mixta donde coexisten un sector privado (en vías de demolición) que participa en un mercado altamente controlado como mecanismo asignador (¿?), y un sector público con un marcado rol intervencionista al extremo de imponer (alejado de cualquier forma de “pacto social”) las políticas sociales y económicas hasta configurar una relación Estado-sociedad bajo una premisa de difícil logro: “que cada integrante de la sociedad se sienta como un miembro pleno, capaz de participar y de disfrutar de la vida en común” (Kymlicka y Norman, 1997) al establecer vínculos determinados entre los sectores sociales y el Estado, sin que medie el obligante compromiso entre el capital y el trabajo a los efectos de inducir tanto crecimiento económico y empleos dignos, como la generación de recursos financieros para sostener la inversión social.

A tenor de lo expuesto, puede inferirse que la perturbación económica (con implícita desestabilización política e institucional) que en la actualidad impera en Venezuela, es en mucho consecuencia de una errática gestión fiscal del Estado ante el exceso de recursos (humanos y financieros) que concentra habida cuenta de su cuantiosa e improvisada (y populista) participación directa en materias de índole social con el consecuente efecto sobre el crecimiento del gasto público (en dependencia exclusiva de la renta petrolera), al tiempo de convertirse en un obstáculo para el desenvolvimiento de la economía al desatender el impulso que debe prestar a la acumulación de capital (y su rentabilidad) en favor de magnificar los planes sociales compensatorios (renunciando a la debida eventualidad de algunos de ellos) propiciando una esperanza creciente hacia el Estado (la mano extendida), hasta materializar una contradicción que conduce a una disminución en la eficiencia funcional (y burocrática) de las políticas públicas  y a una pérdida de legitimidad en la actuación del Gobierno, incluida la ruptura del consenso social. En lo referente a la intervención del Gobierno en la economía, debería condicionarse su participación a la eficiencia (o ineficiencia)  en razón a la obligación de hacer buen uso de los recursos fiscales siempre escasos y a su costo de oportunidad (escoger implica renunciar) so pena de apuntalar, por una parte, un déficit fiscal continuado y por la otra, estimular en las familias el fácil sendero de delegar en el sector público la procura de recursos para financiar la satisfacción de ciertas necesidades (rentismo mental) que ellos mismos pudieran asumir, con la sola condición de contar con un empleo decente. En fin, ha de estar suficientemente claro que la supervivencia del Estado social (y benefactor) está limitada tanto por el tipo (y condicionantes) de las prestaciones que aspira (y puede) suministrar, como por la fase del ciclo económico en que se encuentre el país, ya que en una etapa expansiva variados componentes de la inversión social tienden a disminuir al ser absorbidos por el aparato productivo; mientras que por el contrario  en una fase recesiva algunos elementos del gasto social se contraen ( o deberían) por la elemental circunstancia de hacerse más difícil la recaudación de ingresos para atender el crecimiento natural y los incrementos en materia de política social. Es justamente una situación de desequilibrio macroeconómico y crisis recesiva, lo que debe impulsar hacia una redefinición del sector público en su rol de operador para la satisfacción de las necesidades inherentes al bienestar de la familia, previa revisión del esfuerzo compartido. En consecuente comportamiento, ha de revisarse lo relacionado con el desplazamiento que ha sufrido el sector empresarial en su participación en la conformación del PIB como reacción a la imposibilidad de competir con las perversas importaciones subsidiadas, con obvio efecto sobre la desaparición de su responsabilidad social, que en lo sucesivo lo intenta cubrir el Estado en un papel demáximo patrón aumentando de tal forma su tamaño y por ende cambiando su ya complicada estructura organizativa por una más pesada, lenta e ineficiente.

En la existencia de un Estado social de gran tamaño, que ahora aumentará sus complicaciones ante el anuncio que el venidero 28/11 se instalará para la reactivación del tejido empresarial el Consejo Presidencial del Gobierno Popular de la Clase Obrera,  puede encontrarse la razón de la ausencia de materia económica fundamental al momento de aprobarse el pasado 18/11 según Gaceta Oficial No 40.543 unas 28 leyes “vinculadas con la economía” y destinadas a “la diversificación, el crecimiento y el desarrollo económico de la patria”, donde no se incluyeron temas trascendentes como la sobrevaluación, un plan antiinflacionario, el ajuste cambiario (reducción del subsidio cambiario), una flexibilización del control de cambio, una política monetaria, la monetización del déficit fiscal (emisión de dinero inorgánico), caída del PIB, desequilibrio de la balanza de pagos, desabastecimiento y escasez, dependencia alimentaria, situación crítica de las reservas internacionales (especialmente las operativas), estímulo a la inversión productiva (nacional y extranjera, pública y privada) y un largo etcétera. Se desprende entonces, que las leyes en comento están dirigidas al hecho fiscal (reforma tributaria y fiscal) con la finalidad de aumentar los ingresos, cuyo monto reducirá muy poco (cerca del 2% del PIB) el actual déficit fiscal (superior al 20% del PIB), con el agravante que no se hace mención alguna sobre la obligante reestructuración del tamaño del Estado, con la finalidad de elevar la eficiencia del gasto público y así poder disminuir su monto; lo cual debe complementarse con la devolución a la economía del uso de los factores de la producción.


Econ. Jesús Alexis González
@jesusalexis2020

lunes, 17 de noviembre de 2014

Sobrevaluación con inflación y sin ajuste: trio perverso, @jesusalexis2020


Por Jesús Alexis González, 17/11/2014

En Venezuela, el mercado externo ha venido sustituyendo el mercado interno con el consecuente estrangulamiento del aparato productivo nacional, a la par de estarle confiriendo mayor importancia a las variables vinculadas con las relaciones internacionales y dentro de ellas al tipo de cambio, que pasa a convertirse en una de las más importantes en la actividad económica nacional y un elemento determinante de la estabilidad (o inestabilidad) económica. De igual modo, presenta una clara sobrevaluación o atraso cambiario del bolívar (comparación entre el tipo de cambio real y el tipo de cambio nominal) con relación al US$, habida cuenta de los diferenciales de inflación entre nuestro país y el resto del mundo que en mucho es la causa del desequilibrio macroeconómico y por ende de la crisis socioeconómica e institucional, dando por valido que los niveles de precios y el tipo de cambio se influyen mutuamente con  obvio efecto sobre el comercio exterior y el mercado de divisas hasta configurar un contexto donde las exportaciones no petroleras han venido decreciendo cediendo su espacio a las importaciones, propiciado por el abaratamiento de los productos extranjeros y el desplazamiento de nuestro sector industrial manufacturero y agrícola en favor de un renovado rentismo, al extremo de representar el sector petrolero el 96% del ingreso de divisas.

Nos permitimos una interrogante: ¿Qué es el tipo de cambio? El tipo de cambio es un precio relativo, y por tal razón  el tipo de cambio nominal es la relación cambiaria entre dos monedas (precio de una moneda en términos de otra moneda), a la luz del régimen que adopte un país desde el flexible (el mercado establece la cotización) hasta el tipo de cambio fijo (el Banco Central lo define y controla la oferta de divisas para mantener la paridad), en el entendido que entre estos dos extremos pueden acordarse otros regímenes que impliquen mayor o menor intervención del ente emisor. El tipo de cambio real, representa el precio relativo de una canasta de bienes transables (comercializados internacionalmente para un nivel dado de tipo de cambio) respecto a otras, y se establece de acuerdo a las condiciones del movimiento de los precios en los países implicados los cuales a su vez están definidos en función de los diferenciales en el cambio del nivel de precios, es decir la inflación presente en cada país; o lo que es lo mismo, es el tipo de cambio nominal deflactado por  un índice de precios doméstico y uno externo hasta perfeccionar un tipo de cambio de equilibrio que refleja la comparación de poderes de compra de las dos monedas dado los respectivos niveles de precios. Formulemos otra interrogante: ¿Qué significa la sobrevaluación o atraso del tipo de cambio? El uso del tipo de cambio como herramienta de ajuste (sin devaluar) para corregir desequilibrios macroeconómicos, y en especial para mantener el control de precios como estrategia de lucha contra la inflación, conduce irreversiblemente (al mediano plazo) a una sobrevaluación (atraso cambiario) ante la inflexibilidad (como es nuestro caso) para aumentar las exportaciones (no petroleras) y reducir las importaciones, aunado a la perversidad de resquebrajar el funcionamiento del aparato productivo nacional en su rol de generador, tanto de bienes y servicios como de empleos dignos al no poder competir con importaciones subsidiadas a Bs 6,30/$. Es así, que mantener en Venezuela un tipo de cambio fijo sobrevaluado (sin devaluar) con 4 tipos de cambio interactuantes (Cencoex, Sicad I, Sicad II y paralelo) que se  desenvuelven dentro de un modelo económico carente de perfil y desprovisto de estabilidad jurídica donde cerca del80% de las divisas asignadas son adjudicadas a un tipo de cambio de Bs 6,30 para realizar más del 70% de las importaciones y teniendo un elevado IPC, al tiempo de no utilizar la tasa de cambio como mecanismo de ajuste al desequilibrio externo, coloca al país en un umbral de permanente crisis que intenta soslayarse bajo la versión mediática de estar en presencia de una situación de hostilidad solapada y un enfrentamiento económico continuado entre el Gobierno y el Sector Privado(¿?) en una Nación donde el Estado controla la casi totalidad de los ingresos (haciendo que la sociedad dependa de él y por tanto la subordina), cuando en realidad el verdadero conflicto radica en la indefinición e improvisación marcadamente populista del hecho económico, y haciendo uso de los precios justos como artillería.

La política cambiaria (mecanismos mediante los cuales se fija el tipo de cambio) ha de instrumentarse en armonía con una eficiente política monetaria (participación del Banco Central en el control de la cantidad de dinero en circulación), a la luz de orientarse hacia alguna de dos modalidades concretas: (1) la subvaluación de la moneda para apoyar el crecimiento de la actividad productiva y de la economía en su conjunto, al abaratar y hacer competitiva la producción nacional en el mercado internacional y estimulando por tanto las exportaciones (de bajo impacto al inicio); (2) la sobrevaluación de la moneda, acción que se traduce en un encarecimiento de los productos nacionales (si los hubiere) en el mercado internacional mientras que los productos extranjeros se hacen más baratos en el mercado doméstico, motivando un incremento delas importaciones y desestimulando las exportaciones habida cuenta de ser menos competitivos los productos nacionales en el exterior, todo lo cual conduce ( a veces más tarde que temprano) a un ajuste cambiario (devaluación), que puede ser de un 55% en la Venezuela 2015 con indeseables efectos  financieros, con  fuga de capitales (cerca de US$ 200.000 millones desde 2002 mediante empresas ficticias) y un cruel desabastecimiento impulsado por la escasez de dólares y la paralización del aparato productivo nacional; hasta propiciar más devaluación (¿macrodevaluacion?),  a pesar que el país ha percibido más de US$ 1.500 millardos de ingresos fiscales en los últimos 15 años, ejecutados en gran parte por intermedio de un fallido experimento de “modelo económico”. Tal posibilidad de una macrodevaluacion, se hace probable al momento que el precio de la cesta petrolera nacional se ubicó en 70,83 dólares/barril(14/11/2014) luego de 10 semanas de caída continuada, y cuando las reservas liquidas apenas se sitúan en unos US$ 600 millones (10 días de importaciones) para un total de reservas internacionales (octubre 2014) por US$ 19.700 millones donde el 70% está en barras de oro;  con el agravante que por cada 1 US$ de caída en el precio de nuestra cesta petrolera el sector publico deja de percibir US$ 770 millonesen ingresos netos; lo cual representa una disminución de US$ 17.710 millones con relación al 2013 y de unos US$ 11.550 millones con respecto al 2014; situación que puede traducirse para 2015 en una inflación cercana al 100%, una contracción de al menos un 4%, un déficit fiscal superior al 20% del PIB que obligará (para mantener el nivel de gasto) a un financiamiento monetario mediante la emisión de dinero inorgánico por parte del BCV respaldada con pagarés que entrega Pdvsa a la Tesorería Nacional, generando obviamente más inflación, crisis e inestabilidad.

Una reflexión final: a pesar de nuestra condición de optimista preocupado nos resulta difícil entender declaraciones de voceros oficiales tales como: “el Banco Central no puede ser responsable de todo el equilibrio monetario” (El Universal, 14/11/2014), “No está planteada ninguna devaluación; nosotros seguiremos trabajando con 6,30, con el Sicad I y el Sicad II” (Correo del Orinoco, 10/11/2014); “el dólar paralelo o dólar artificial no es parte del problema que ocupe al Ejecutivo” (El Mundo, 10/11/2014).


Econ. Jesús Alexis González
@jesusalexis2020

martes, 11 de noviembre de 2014

¿Salario real decoroso en contexto inflacionario?, @jesusalexis2020


Por Jesús Alexis González, 11/11/2014

El salario real (SR) refleja el poder de compra en bienes y servicios que tiene el salario nominal (SN) luego de su ajuste de acuerdo al índice de precios al consumidor (IPC), es decir una variación del precio nominal de los artículos que conforman la canasta básica con el consecuente efecto sobre el poder adquisitivo (aumento o disminución); es así entonces que el SR es igual al SN deflacionado por el nivel de precios interno, el cual crece (SR) en función a la productividad (relación entre lo producido y los medios empleados), a la luz del desarrollo tecnológico, de las inversiones, de una adecuada estructuración del proceso productivo que responda a un determinado modelo económico, y gracias al avance del sistema educativo que provoca un aumento del salario real ya que los ciudadanos perciben una remuneración más alta porque se capacitan, favoreciendo la condición de vida al inducir una mejora en el acceso a bienes y servicios y por ende a una mejor calidad de vida, habida cuenta que el SN sobrepasa la carestía o costo de vida. De igual forma, la política salarial y los incrementos nominales se relacionan con el comportamiento de la inflación, provocando que el aumento sea, al menos, igual a la variación anual del IPC experimentado por la economía en el periodo inmediato anterior, induciendo obviamente una modificación del SR, que transfiere hacia adelante la inflación pasada (inercial). Es claro, que la remuneración debe fijarse en armonía con el salario real de equilibrio que emerge del mercado de trabajo en correspondencia con las condiciones de la oferta y demanda de mano de obra, en el entendido que si los salarios son impuestos unilateralmente por el Gobierno (por encima del nivel de equilibrio) como una complacencia populista a una supuesta mejor distribución de la riqueza, estos acabaran ajustándose por cantidades generando desempleo, operando en sentido contrario al mandato constitucional sobre el acceso a los derechos sociales y muy particularmente a la suficiencia del salario como condición del bienestar. A tenor de lo expuesto, el salario mínimo (SM)ha de entenderse como la cantidad menor que debe recibir en efectivo el trabajador por los servicios prestados en la jornada laboral, y deberá ser suficiente para satisfacer con decoro las necesidades básicas de la familia en el orden material, social y cultural; teniendo como norte no sólo la distribución de la riqueza sino la disminución de la pobreza apuntalada por una evolución favorable del poder adquisitivo de sus ingresos, al evitar que la inflación afecte el nivel de precios y en consecuencia el poder de compra.

Resulta imprescindible, acotar brevemente algunas referencias sobre los nefastos efectos de la inflación. Veamos: (1) perdida en el poder adquisitivo del dinero, con la consecuente carga de injusticia social sobre los estratos menos favorecidos, al igual que en los trabajadores y jubilados quienes perciben ingresos fijos; (2) incertidumbre sobre los pagos a futuro, propiciando que los agentes económicos posterguen sus aspiraciones de inversión productivas para evitar riesgos en un proceso que exige un horizonte temporal de largo plazo; (3) desajusta el sistema de precios (vital para el funcionamiento de la economía), dando paso a una distorsión e ineficiencia en la asignación de recursos a los fines productivos; y (4) eleva los costos de transacción, razón por la cual los empresarios tienen que asumir los “costos de cambiar el menú” ante la obligación de enfrentar la elevación de costos, desestimulando la inversión productiva que en obviedad implícita frena el crecimiento económico y genera desempleo, al tiempo de profundizar los desequilibrios sociales; mientras que los consumidores han de acoplarse al “costo en suela de zapatos”, es decir buscar alternativas inmediatas de demanda de bienes y servicios (si los consiguen) que facilite, tanto la disminución de la tenencia de dinero en efectivo que a diario pierde valor, como para evitar convertirlos en depósitos bancarios con tasas pasivas de interés por debajo del IPC con el consecuente deterioro del patrimonio familiar.

Mención especial,  merece lo referente al bienestar de las clases medias (media-media, media- baja, media-alta). En general, y como se desprende de un informe de la CEPAL, en laAmérica Latina actual la movilidad social se produce muy escasamente de una generación a otra y se ha ido extinguiendo aquella máxima que indicaba que una generación hacia el sacrificio y la siguiente recibía los beneficios; y en mucho la causalidad está vinculada con la pérdida del decoro del salario ante la caída del poder de compra inducido Por el elevado IPC presente en algunos países (como es el caso de Venezuela); situación que no sólo está dificultando el ascenso socioeconómico camino al bienestar, sino algo mucho más grave: está induciendo un desmembramiento del nivel de vida alcanzado con honestidad, esfuerzo y sacrificio; lo cual equivale a señalar que no se está disminuyendo la pobreza y la exclusión sino que adicionalmente se está acabando con la clase media.


Econ. Jesús Alexis González
@jesusalexis2020

martes, 28 de octubre de 2014

Venezuela, Nivel Socio Económico en picada, @jesusalexis2020


Por Econ. Jesús Alexis González, 28/10/2014

El Nivel Socio Económico (NSE), se corresponde con el uso integral de variados indicadores que reflejan el nivel de bienestar alcanzado por un individuo o familia, a la luz de tener (o no) cubiertas en el presente las necesidades trascendentes, en armonía con la posibilidad de planificar su futuro. El NSE, hace referencia a: (1) Nivel de vida; (2) Costo de vida; (3) Servicio público y (4) Calidad de vida. Veamos. Nivel de vida: Es un concepto definido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) refiriéndose al bienestar que un individuo, como integrante de un grupo, aspira o puede llegar a aspirar, no sólo por los bienes materiales que pudiere acaparar a lo largo de su vida, sino también por los bienes y servicios públicos que le provee el Estado fundamentalmente en cuanto a educación, salud, infraestructura y otros, a los efectos de posibilitar la movilidad hacia estratos sociales superiores (o mejorando el existente). A tenor de ello, el nivel de vida puede entenderse como la cantidad de bienes y servicios que es posible consumir con un ingreso económico determinado en aras de satisfacer necesidades prioritarias, que le permita a su vez ubicarse en un determinado estilo de vida (bienestar material); en conjunto con los bienes y servicios públicos que consume de manera colectiva. El Programa de las Naciones para el Desarrollo (PNUD), establece algunos índices para evaluar el nivel de vida tales como (a) Índice de desarrollo humano, fundamentado en la esperanza de vida al nacer, nivel educativo y en la cuantificación de un nivel de vida digno medido tanto por el PIB como en términos de la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) en US$ para propiciar comparaciones; (b) índice de pobreza multidimensional (IPM), que pondera en el ser humano lo referente a educación, asistencia sanitaria y la calidad de vida; (c) La disponibilidad de servicios médicos por habitante; (d) Abastecimiento de agua, electricidad y calidad del medio ambiente; y (e) Producto Interno Bruto (PIB).

El costo de vida, ha de entenderse como los gastos necesarios para mantener un cierto nivel de vida; y en la práctica constituye un número índice que mide los cambios relativos en los precios de un conjunto específico de bienes de consumo representativos de la compra regular del consumidor promedio. Desde el ángulo del Estado, hace referencia al gasto mínimo que debe ejecutar la Administración Pública para mantener la economía doméstica en un adecuado ritmo de crecimiento. El Servicio público (en concordancia con el punto anterior), se refiere a la actividad asumida por el Estado (directa o indirectamente) en aras de asegurar a los ciudadanos la satisfacción de las necesidades colectivas, teniendo como norte la continuidad, la igualdad y la obligatoriedad en un contexto de protección de la economía nacional en función de contribuir al bienestar general como mandato Constitucional. En cuanto a la calidad de vida, hace referencia al nivel de ingresos y de comodidades que una persona, grupo familiar o comunidad poseen en un momento determinado, contentivo de los elementos (emotivos, culturales y materiales) que facilitan que la vida sea digna, cómoda, agradable y satisfactoria, en cuanto al bienestar integral del ciudadano.

A manera de una aproximación cuantitativa, resulta pertinente señalar que la Canasta Básica Familiar, se ubicó (Cendas, septiembre 2014) en Bs 24.541,63 para una variación anualizada de un 92,9%, mientras que la Cesta Alimentaria se situó en Bs 13.482,56 (54.9% de la Canasta Básica); todo ello en un escenario laboral donde más del 70% de los trabajadores formales percibe el salario mínimo (Bs 4.251/mes), monto al cual debe sumarse el ticket de alimentación (Bs 1.351/mes), para un “gran total” de Bs 5.602/mes como salario mínimo integral. Siendo así, para cubrir la Canasta Básica se hace obligante (en teoría) que trabaje el 80% del grupo familiar (4 de 5 miembros), mientras que para cubrir la Cesta Alimentaria se hace necesario (en teoría)  que trabaje el 40% de la familia (2 de 5 miembros); y en ambos casos sin ninguna posibilidad de ahorro. Ahora bien, supongamos a efectos puramente académicos, que una familia desea (le urge) comprar al menos un vehículo usado que hoy tiene un costo de Bs 600.000,00, para lo cual deciden con gran esfuerzo (sacrificando otras necesidads ahorrar (¡!) el 10% del salario mínimo integral (Bs 1.120/mes). Resultado: lo podrán empezar a “disfrutar” al cabo de 536 meses, es decir 44 años después (¿los herederos?); dentro de otras dos irrealidades; (1) que la inflación no afecte el precio durante ese lapso (¡!) y (2)  que al comprarlo pueda conseguir repuestos para el “cacharrito”.

Finalmente, abrimos un espacio de reflexión individual en búsqueda de una evaluación particular sobre el actual nivel socio económico del venezolano, teniendo como referencia que el binomio crecimiento económico y mejoramiento de la calidad de vida, tendrá efectos favorables no tanto por lo que se produce sino como se distribuye entre la población los excedentes de lo producido; en caso contrario se vendrá en picada el nivel socio económico, arrastrando a la población hacia un indeseable empobrecimiento.


Econ. Jesús Alexis González


@jesusalexis2020

miércoles, 22 de octubre de 2014

Venezuela: entre el rentismo y la política, @CentroGumilla


Por Piero Trepiccione, 21/10/2014

La verdad no se si la disminución de los precios petroleros es algo coyuntural o se hará tendencia en los próximos meses, pero lo cierto es que personalmente apuesto a que se mantengan o suban, ya que Venezuela, ahora menos que nunca, està preparada para soportar una caída abrupta de su principal y casi único producto de exportación. Sabemos hasta la saciedad la influencia que el rentismo ha ejercido y ejerce sobre el funcionamiento del Estado y de la sociedad misma; pero quienes sufrirían un colapso petrolero internacional serían los venezolanos más vulnerables, aquellos que històricamente, han estado apartados del manejo doloso de los recursos provenientes del llamado oro negro.

Nuestra economía es muy vulnerable y dependiente de los vaivenes del mercado petrolero global. Aunque la Opep se fortaleció en los últimos años y ello favoreció los altos precios, también hay que tomar en cuenta otros factores que han incidido. El crecimiento exorbitante y permanente de la economía china por ejemplo, así como el florecimiento de economías alternativas que han requerido una mayor cantidad de combustibles para potenciar sus niveles de producción. Pero, al parecer, también con los altos precios del crudo, se ha impulsado la aparición de nuevas zonas de explotación petrolera que están incrementando sobremanera la oferta en los mercados globales. Y es allí donde se puede ir rompiendo el equilibrio entre la demanda y la oferta globales generando como consecuencia una disminución progresiva de precios.

Una disminución del ingreso fundamental del Estado venezolano en estos momentos de caída de la producción local, alto endeudamiento tanto del gobierno como de la propia petrolera estatal, y un elevado y no pocas veces irracional, gasto público, se puede convertir en un cocktail explosivo en materia de situación socioeconómica de los venezolanos; que si bien es cierto lograron percibir la renta petrolera en los últimos tiempos a través de la política social del gobierno, impactando favorablemente con una disminución de los niveles de pobreza y además, reduciendo la desigualdad según el índice de Gini, ahora se volverían más vulnerables hacia un retroceso gradual o abrupto, según sea el caso, de sus niveles de vida. Todo esto simplemente por el uso de la fórmula pragmática de “rentismo y política” que ha caracterizado el ejercicio de muchos gobiernos en Venezuela sin establecer bases sólidas para reducir la monodependencia petrolera y poder afianzar líneas de producción y autoabastecimiento regular en otras áreas cruciales de la economía nacional.

http://sicsemanal.wordpress.com/2014/10/21/venezuela-entre-el-rentismo-y-la-politica/#more-5399

martes, 21 de octubre de 2014

Bondades del Modelo económico de Bolivia ¿Y VENEZUELA?, @jesusalexis2020


Por Econ. Jesús Alexis González, 20/10/2014

Más allá del enfoque ideológico,  la prosperidad económica a la luz del denominado Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo (NMESCP)que combina lo económico y lo social el cual comenzó a instrumentarse en enero 2006,, se convirtió en la plataforma electoral que facilitó la reelección del Presidente boliviano para un tercer período (hasta 2020); bajo el impulso de un continuo crecimiento económico, que para 2014 se espera sea superior al 5% del PIB siendo la más alta de América del Sur, al tiempo que disminuyeron la deuda externa desde un 52% del PIB en 2006 a un 17% en 2014; hecho que fue posible habida cuenta de una disciplina fiscal, un estímulo a la iniciativa privada y una apertura de las inversiones extranjeras. Cabe preguntarse, ¿cuáles son los fundamentos de ese exitoso Modelo? Veamos.

Ante todo, es conveniente acotar que entienden los bolivianos por Modelo Económico: una forma de organizar la producción y la distribución, siendo por tanto la estructura de las relaciones sociales de producción que define cómo se generan  y se distribuyen los excedentes económicos en función a una distribución equitativa del ingreso en aras de eliminar gradualmente los problemas sociales. En lo especifico de las bases conceptuales que lo sustentan, señalan que con el NMESCP no pretenden ingresar directamente al cambio de modelo de producción capitalista, sino sentar las bases para la transición desde el sistema capitalista hacia el nuevo modelo de producción socialista en el cual gradualmente se irán resolviendo muchos problemas sociales y se consolidará la base económica para una adecuada distribución de los excedentes económicos; asumiendo que la estabilidad macroeconómica es el punto de partida y no la meta para generar el desarrollo económico, en concordancia con un Estado promotor de la economíacon la obligación de generar el crecimiento económico en todas las instancias del país, para lo cual   pone énfasis en la producción y en la generación de productos con valor añadido con la consecuente generación de excedente que destinan con prelación a la redistribución hacia los sectores excluidos, cumpliendo así con el papel de Estado redistribuidor del excedente,  que en simultaneo vigila y corrige las fallas del mercado.De igual modo, el NMESCP procura cambiar el patrón primario exportador por un proceso industrializador y generador de desarrollo productivo, para convertirse en un gran productor de energía y alimentos sin descuidar los otros sectores de la economía, en un ambiente que impulsa la demanda interna a la par de la demanda externa para lograr el crecimiento económico, induciendo la elevación de la capacidad de generar ahorro interno para la inversión reduciendo el endeudamiento externo y alcanzando un superávit fiscal.

Ahora bien, ¿cómo funciona el NMESCP? Identifica dos pilares: (1) el sector estratégico, que genera excedentes integrado por cuatro sectores: hidrocarburos, minería, electricidad y recursos ambientales; y (2) el sector generador de ingresos y empleo, conformado por la industria manufacturera, turismo, vivienda y desarrollo agropecuario. En tal enfoque, el Estado es el redistribuidor transfiriendo los recursos de los sectores excedentarios a los generadores de empleo e ingreso; procurando liberar a Bolivia de la dependencia de la exportación de materias primas para abandonar el modelo primario exportador y construir un país industrializado y productivo.. En resumen, con el NMESCP se pretende un escenario donde, entre otros aspectos, se preserve la estabilidad macroeconómica como patrimonio social e impulsar el desarrollo económico, con la activa participación del Estado en la economía en un rol de promotor de la economía plural, de redistribuidor del ingreso en función de la inclusión social e interviniendo para corregir las fallas del mercado; todo ello sustentado en un patrón de desarrollo industrializador y productivo generador de empleo que haga factible un crecimiento en función de la interna y externa, generando recursos domésticos para la inversión, menor endeudamiento y superávit fiscal.

Nos resulta pertinente, mostrar unas cifras comparativas de ciertos indicadores económicos Bolivia-Venezuela, a los efectos de visualizar las contradicciones de crecimiento entre dos países que se califican de “antimperialistas” y “anticapitalistas” que de igual manera participan en el ALBA y Mercosur; veamos;


Es de señalar, que los problemas que se presentaban en la llamada “IV Republica” hoy han rebrotado con mayor intensidad en el proceso revolucionario que se adelanta en la “V República”, incluido la profundización del rentismo; situación validada por muchas y variadas alarmas predictivas dentro de las cuales destacan que en 2014 estamos importando más del 82% de lo que consumimos, nos hemos convertido en importadores de petróleo, se ha reducido la capacidad productiva nacional, mantenemos un permanente déficit fiscal; con una pérdida de motivación sobre nuestro futuro económico. Concluimos emulando una expresión boliviana: para superar nuestra vulnerabilidad, se hace necesario definir un modelo económico para Venezuela, formulado por venezolanos.


Econ. Jesús Alexis González
@jesusalexis2020

martes, 14 de octubre de 2014

“Revolución fiscal” o urgencia de ingresos, @jesusalexis2020


Por Jesús Alexis González, 13/10/2014

La política fiscal (PF), como parte integral de la política económica que promueve el desarrollo  de un país, tiene como finalidad darle estabilidad a la actividad económica a la luz de las medidas que toma el Estado para procurar ingresos que permitan la realización de la actividad pública, no como una función directa sino como propiciador de un entorno que facilite el desenvolvimiento de los factores de la producción, y para lo cual integra dos componentes: (1) gasto público y (2) ingresos públicos. La gestión tributaria, se vincula con la fijación y aplicación de prestaciones en dinero como una exigencia del Estado con el objeto de obtener recursos para adelantar sus fines por intermedio del financiamiento del presupuesto nacional; cumpliendo al propio tiempo cuatro roles básicos: (A) equilibrio macroeconómico; (B) distribución de la renta; (C) asignación de recursos a la economía; y (D) controlar las fluctuaciones cíclicas (p.ej. exceso de liquidez e inflación). En resumen, la PF es la utilización del gasto público y los impuestos para controlar la actividad económica nacional.

La CRBV, consagra en su Art. 316 que “El sistema tributario procurará la justa distribución de las cargas públicas (….) y la elevación del nivel de vida de la población….”; principio que orienta, suponemos, la denominada “revolución fiscal” que pretende instrumentar el Gobierno (con antecedentes desde 2006) en función de una revisión de las leyes tributarias para “elevar la cultura tributaria del pueblo” y hacer menos regresivo el sistema para impulsar que quienes más ganan sean los mayores contribuyentes (¡¡elemental!!), o lo que es lo mismo más progresivo (mandato constitucional) en aras de elevar la recaudación no petrolera. Tal pretensión revolucionaria, está muy lejos de  integrar  un proyecto coherente en materia de política económica al orientarse fundamentalmente a (1) disminuir la presión sobre el mercado de divisas(recogiendo dinero inorgánico) apartado de un concreto plan de ajuste (o como quieran llamarlo); y (2) obtención de mayores ingresos (fines recaudatorios) al margen de una racionalización y eficiencia en el gasto público que facilite una disminución del déficit fiscal que para finales de 2014 puede superar el 19% (ceteris paribus). Ambos lineamientos, permiten inferir la intención de mantener el ritmo del gasto (mayormente corriente y populista) haciendo uso de los impuestos como herramienta estratégica; habida cuenta de la  obviedad en cuanto a que el Gobierno evitará a toda costa una disminución del gasto en una antesala al evento electoral 2015 (parlamentarias), que pudiera propiciar una mayor desaceleración de la economía con el consecuente aumento del malestar social. Cabe destacar, que en el presupuesto nacional 2014 el IVA aporta un 35% del gasto, el I/lr a personas jurídicas aporta el 15% y las personas naturales un 1%, para un total del 51%.

La propuesta de nuevas cargas tributarias, en conjunto con la revisión de las exenciones y exoneraciones del i/lr, descansa sobre ciertas afirmaciones que no necesariamente se corresponden con la realidad: (a) la carga fiscal del i/lr (personas jurídicas) es muy baja; enfoque que no contempla los impuestos parafiscales (antidrogas, ciencia y tecnología, deporte, cultura, vivienda, turismo y otros) y los municipales que al sumarlos sitúa la carga fiscal entre un 50% y 60% de las ganancias, las cuales están limitadas a un 30% mediante la ley de precios justos disminuyendo evidentemente la recaudación vía i/lr ante la disminución de la rentabilidad (contrario al deber ser), a la par de obstaculizar la conformación de nuevos gravámenes (punto de quiebre); y (b) la evasión fiscal (no petrolera) es marcadamente alta; enfoque que en todo caso hace referencia a unaineficiencia burocrática que facilita acciones impropias por parte de los contribuyentes, que deben ser supervisadas y controladas por la administración tributaria. Seapropicio señalar, que ante la corrupción imperante (enriquecimiento alabado socialmente por muchos  como un éxito de vida) se hace viable rebrotar el impuesto al patrimonio de las personas naturales (Anteproyecto Seniat, 2006) que gravaría la titularidad de sus activos tangibles e intangibles; acción tributaria prioritaria al observar, que en los últimos 10 años (2003-2013) a través de Cadivi y Sitme se asignaron más de US$ 260.000 millones muchos de los cuales adquirieron la figura de “fuga de capitales” desviándose de la posibilidad de contribuir en la generación de riqueza nacional, en un país que le han ingresado (1999-2013) más de US$ 1.250.000 millones y acumulado deuda financiera y comercial superior a los US$ 280.000 millones.

Capítulo aparte (y vinculante) merece la crítica situación referida a la generación de ingresos, que por una parte están afectados por la caída de la cesta de crudo (5 semanas consecutivas) hasta US$ 82,72 (10/10/2014) alejándose del promedio 2013 que se ubicó en US$ 98,08 y de los US$ 90,00 como precio de equilibrio financiero; y por la otra por el comportamiento de las reservas internacionales, que para octubre 2014 se situaron en unos US$ 19.814 millones en una estructura donde las reservas liquidas (disponibilidad e inversiones en divisas) se ubicaron en US$ 1.668 millones (8,4%), el oro monetario en US$ 14.266 millones (72%), los DEG (derechos especiales de giro) en US$ 3.400 millones y los créditos del Fondo Monetario Internacional unos US$ US$ 480 millones (2,4%). Ante tal contracción de los ingresos e iliquidez de las reservas internacionales (para una economía de puertos que supera los US$ 80.000 millones en importaciones), ha de incorporarse tanto los efectos perversos de la inestabilidad cambiaria, como el remanente de deuda por cancelar 2014 por US$ 3.073 millones.

A manera de conclusión, debemos resaltar que los conductores de nuestra economía no están escuchando ni la voz del pueblo cuando los encuestados expresan (Datin Corp, Estudio coyuntura septiembre 2014), entre otros aspectos, que la economía está mal o pésima (62%), que la situación seguirá igual o empeorara (83%)y que la gestión del Gobierno es negativa (68%); ni la voz de los comerciantes e industriales, quienes señalan como condicionantes negativas de actividad al control de cambio (82,4%) y la falta de divisas(87%). Finalmente nos permitimos una reflexión: la mayor irracionalidad económica es seguir haciendo lo que se viene haciendo y esperar un resultado distinto!!!.


Econ. Jesús Alexis González

@jesusalexis2020

domingo, 12 de octubre de 2014

¿Por qué cayeron las reservas internacionales? ¿Cuáles son las consecuencias?, por @vsalmeron

Por Víctor Salmerón | 8 de octubre, 2014

Las estadísticas del Banco Central de Venezuela desnudan que las reservas internacionales, es decir, el tanque de dólares que tiene el país para pagar deuda externa, importaciones y otras necesidades como divisas para viajes o estudios en el exterior,  registra un desplome de 33% entre el cierre de 2012 y el 7 de octubre ubicándose en 19 mil 925 millones, el nivel más bajo desde el 19 de diciembre de 2003.

La caída se aceleró una vez que, según lo explicado por funcionarios a Reuters, el Gobierno retiró la semana pasada 1.700 millones de dólares para cancelar mañana el pago de capital e intereses correspondientes al vencimiento de bonos que la administración de Hugo Chávez emitió en octubre de 2004.

Del monto de las reservas solo una mínima parte está en efectivo o en bonos que pueden convertirse rápidamente en billetes verdes, el resto corresponde fundamentalmente a barras de oro que, salvo que sean vendidas o colocadas como garantía para solicitar préstamos, no le sirven al directorio del Banco Central al momento de aprobar el monto de las divisas que el Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex) asigna cada mes.

Los balances auditados del Banco Central revelan que las barras doradas representan 70% de las reservas internacionales, la magnitud más elevada entre los países de América Latina, y las reservas líquidas se encuentran en montos bastante bajos.

Efraín Velásquez, presidente del Consejo de Economía Nacional, explica que “al cierre de septiembre las reservas internacionales líquidas se ubicaban en 2 mil 800 millones de dólares, por lo tanto, tras el retiro de la semana pasada para pagar deuda han descendido a una cifra cercana a tan solo mil millones de dólares, evidentemente esto hará que se desfase la asignación de divisas al sector privado hasta que se recuperen”.

Barclays destaca en una nota enviada a sus clientes que en el pasado las autoridades solían acumular recursos fuera de las reservas para realizar los pagos de deuda y considera que lo ocurrido es una señal de falta de previsión y de iliquidez de divisas.

La previsible lentitud en la asignación de divisas al sector privado, hasta que se recuperen las reservas líquidas, ocurrirá en un  contexto en el que las empresas ya padecen una fuerte sequía de dólares. En un entorno en el que Pdvsa solo entrega al Banco Central la mitad de las divisas provenientes del petróleo y el resto fluye hacia fondos que maneja el Gobierno, crecen los pagos de deuda, las exportaciones no petroleras prácticamente han desaparecido y la demanda de divisas se dispara por la mayor dependencia en las importaciones y un dólar artificialmente barato, el país se enfrenta a un cuadro de iliquidez de moneda dura.

El ajuste Maduro. Un estudio elaborado por Francisco Rodríguez, analista de Bank of America, explica que la caída que sufrieron las importaciones en el primer semestre, tras el descenso en las asignaciones de divisas, apunta a un declive similar al experimentado en períodos en que el país ha sufrido severos ajustes.

El Instituto Nacional de Estadísticas registra que en el primer semestre las importaciones se ubican en 17,3 millardos de dólares, cifra que representa una caída de 22% respecto al mismo lapso de 2013 y Francisco Rodríguez asevera que si el descenso continúa a este ritmo las importaciones de 2014 declinarán 35,5% respecto a 2012, lo cual se traduciría en el cuarto ajuste más fuerte en cuanto a contracción de las compras en el exterior desde 1946.

Entre 1982-1984 las importaciones sufrieron un declive de 46,7% en medio de la crisis desatada el Viernes Negro; entre 2001-2003 cayeron 45,4% por el paro petrolero; entre 1988-1990 descienden 43,7% por el paquete de ajuste de Carlos Andrés Pérez y entre 1992-1994 se contraen 33,3% por las medidas que adopta el gobierno de Rafael Caldera.

Así, la caída de las importaciones entre 2012-2014 superaría a la experimentada durante la crisis que sufrió el país durante el segundo mandato del expresidente Rafael Caldera.

Del total de las importaciones 77% corresponde a materias primas, insumos y bienes de capital que las empresas requieren para producir, de tal forma, que la contracción en las compras al exterior impacta el crecimiento de la economía y la creación de puestos de trabajo en el sector formal.

 Mala administración. Venezuela se ha convertido en un petroestado con escasez de dólares en medio de decisiones poco acertadas. Reformas legales obligaron al Banco Central a transferirle al Fonden, un fondo con el que el Gobierno cubre planes de gasto, 53 mil millones de dólares en los últimos nueve años, con lo que las reservas líquidas se desplomaron a mínimos históricos.

Luego, el expresidente Hugo Chávez repatrió las barras de oro que el país tenía colocadas en el Banco de Inglaterra, con lo que ya no pueden ser utilizadas como garantía para obtener financiamiento.

Efraín Velásquez señala que “usualmente Venezuela colocaba como garantía el oro que tenía en el exterior y obtenía préstamos a muy bajas tasas de interés para reforzar las reservas líquidas cuando era necesario. Ahora, con el oro en Caracas, esto no es posible”.

La presión sobre las reservas va en ascenso. Entre 2001 y 2012 el precio del oro ganó brillo de manera constante acumulando un salto sin precedentes de 516% y el Banco Central revalorizó los lingotes con lo  que suavizó el impacto de las transferencias al Fonden.

Pero el precio del oro ha dado un giro en un ambiente en que los inversionistas esperan que la Reserva Federal incremente las tasas de interés y reduzca la inyección de liquidez que impulsa la demanda por el metal precioso, hundiendo el valor de la Onza Troy a niveles no vistos desde 2003.

Para valorar las barras de oro que forman parte de las reservas el Banco Central utiliza el promedio móvil de los seis últimos meses del mercado matutino en Londres y si el brillo del metal continúa apagándose las reservas seguirán debilitándose.

Entre diciembre de 2012 y junio de este año el Banco Central de Venezuela tuvo que ajustar a la baja el valor de las barras doradas que forman parte de las reservas desde 1.686 dólares por onza troy hasta 1.290 dólares por onza.

A la cadena de malas noticias se añade que el precio del petróleo, el producto que aporta 96 de cada 100 dólares que ingresan al país, también está a la baja y los barriles que vende Venezuela se cotizaron la semana pasada en 85,5 dólares reflejando un declive de 12% respecto al promedio del segundo trimestre.

En este contexto los inversionistas observan un alto riesgo en Venezuela que en lo que resta de año aún debe cancelar 6 mil 400 millones de dólares por vencimientos de deuda externa y entre 2015-2017 deberá desembolsar cada año 10 mil millones de dólares en promedio.


jueves, 9 de octubre de 2014

Béisbol preferencial, @centrogumilla


Por Javier Contreras, 8/10/2014

La junta directiva de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) ha expresado la satisfacción por la aprobación de dólares a 6.30 bs, medida que facilita la contratación de jugadores extranjeros y permite pensar en un nivel de competitividad atractivo para los fanáticos. Mediante este acuerdo, el Ministerio del Poder Popular para el Deporte y la Juventud con el beneplácito de CENCOEX, estarán otorgando a la LVBP una cifra que ronda entre 6 y 8 millones de dólares.

El béisbol organizado, conocido como el pasatiempo nacional, tiene motivos para celebrar, hecho que alegra a muchos venezolanos seguidores de la pelota. Lo que no debe pasar por debajo de la mesa es la tasa preferencial de cambio con la que el Gobierno colabora con la LVBP, tasa que no ha sido aprobada desde hace tiempo para rubros como calzado, ropa, libros e incluso productos relacionados a la salud. Ciertamente el esparcimiento es un componente importante de la calidad de vida, pero no deja de llamar la atención la erogación de divisas extranjeras para una actividad que dura poco más de tres meses y finalmente es un negocio de pocos.

Ninguna animadversión contra el béisbol, tampoco contra los propietarios de los equipos, la intención es señalar las desigualdades que produce contar con distintos tipos de cambio que facilitan la discrecionalidad de criterios para la adjudicación de dólares. Ojalá que el espaldarazo recibido por la LVBP se haga extensivo a los otros deportes profesionales y amateur del país, para que se atiendan las infraestructuras, se capacite a los entrenadores y se puedan adquirir los equipos que cada disciplina amerite; esto sin olvidar que hay sectores productivos del país que bien valdría la pena reciban dólares realmente preferenciales.

http://sicsemanal.wordpress.com/2014/10/08/beisbol-preferencial/

martes, 7 de octubre de 2014

Estabilidad cambiaria: emergencia no atendida, @jesusalexis2020


Por Jesús Alexis González, 06/10/2014

La política cambiaria está referida a las medidas adoptadas por un Gobierno a efectos de regular (controlar) el tipo de cambio (TC) de una divisa (p.ej el US$), el cual refleja tanto su oferta (originada por las exportaciones y otras entradas de capital) y su demanda (requerimientos para lasimportaciones), como la diferencia en las tasas de inflación interna (entre  países con relaciones de intercambio); es decir la diferencia entre los precios nacionales (p,ej Venezuela con una inflación anualizada de un 80%, la más alta del planeta) y la de otros países (con inflación anualizada cercana al 3%) hecho que convierte menos competitivas las exportaciones (precios relativos más altos) y más atractivas las importaciones (precios relativos más bajos); que en el caso de Venezuela se traduce en una profundización de la dependencia petrolera (rentismo). Es de hacer notar, que la política fiscal y monetaria son fundamentales en la cadena de causalidad de la inflación con el consecuente efecto sobre el TC; situación que erróneamente impulsa una contradictoria acción gubernamental al hacer uso del TC para intentar reducir la tasa de inflación a corto plazo (abaratando las importaciones), lo cual, como ya citamos, merma la competitividad de las exportaciones (estrangulando el aparato productivo nacional) ante la presencia de masivas importaciones; que en el caso venezolano de los últimos 12 años ha configurado un estruendoso fracaso (las reservas internacionales cayeron durante el 3T 2014 en un 7,4%, un crecimiento negativo esperado del PIB 2014 de -0,5% y una disminución de las importaciones durante el 1S 2014 de un 21,8%) a la luz de una persistente sobrevaluación del bolívar que de igual forma estimula las importaciones ( el Banco Internacional de pagos de Basilea, nos califica como  la moneda más sobrevaluada del mundo con un 91%).

Del contexto antes referenciado, nos emanan al menos tres interrogantes: (1) ¿Cuál es la génesis de la crisis cambiaria en nuestro país? Respuesta: Un anclaje cambiario (cambio fijo) sobrevaluado con 3TC (más el paralelo) soportado con continuas devaluaciones (encubiertas/implícitas); (2)¿Alternativa de solución? Respuesta: Se orienta hacia la instrumentación de un cambio fluctuante con un solo TC, gestionado entre 2 bandas (techo/piso) cuya distancia es “acordada” por el BCV (inyecta dólares cuando toca techo y recoge cuando busca piso) en correspondencia con la oferta y la demanda; (3) ¿Es viable tal propuesta en los momentos actuales? Respuesta: Al corto plazo rotundamente ¡¡no!!Veamos. Cualquier esquema cambiario, está en primer término, subordinado al control de la inflación ya que en caso contrario todo nuevo TC se “sobrevaluará” irremediablemente, rebotando el esquema al inicio de la crisis; y en segundo término se han de corregir otros desequilibrios macroeconómicos en materia fiscal y monetaria vinculados fundamentalmente con la disminución (aumento de eficiencia) del gasto público y restringir la emisión de dinero inorgánico como una forma de monetizar el déficit fiscal (17% del PIB); cuyo fluir de liquidez se destina mayoritariamente (en el caso de privilegiados ciudadanos) a la compre de divisas en el paralelo, mientras que la restante liquidez se convierte en demanda insatisfecha dentro del mercado nacional ante la rígida oferta de productos (más inflación), al punto que el índice de escasez (marzo 2014) superó el 30%.

Desde otro ángulo, cualquier esquema de unificación cambiaria que fije un TC por encima de Bs6,30/$ implica una devaluación, que al propio tiempo no se traducirá en una inmediata suspensión del control de cambio que en la práctica está funcionando como (A) una herramienta de control político; (B) una fuente de corrupción (cerca del 30% del presupuesto nacional, unos Bs 21.000 millones, no entra al circuito de la economía real; y más de US$ 20.000 millones fueron liquidados a empresas “fantasmas”) y (C) un apalancamiento del gasto público mediante recursos obtenidos en el mercado paralelo. De igual modo, procurar la estabilidad cambiaria  basándose en un único TC gestionado obliga a que el Gobierno cuente con divisas suficientes (o colocar bonos) para “defender” dicho TC en el mercado de cambio, que justamente no es el caso en comento. En razón de ello, sostener el TC  será potencialmente probable si se genera una “nueva” oferta de divisas complementaria a la proveniente de Pdvsa, cuyo origen pudiera encontrarse en (1) la repatriación parcial de capitales propiedad de venezolanos (habidos en el presente y pasado), que según cifras oficiales superan los US$ 165.000 millones; (2) un estímulo a las inversiones extranjeras directas; (3) fomento de las exportaciones no petroleras;(4) un incremento de la producción y productividad de la economía (en nada parecido a la economía comunal); y (5) colocación de bonos-dólar. Alcanzar ese escenario exige, como condición indispensable, la creación de un clima de confianza donde impere la estabilidad política, coherencia de un sistema económico, respeto a la propiedad y profunda seguridad jurídica; en íntima correlación con un régimen democráticoque muestre una obvia división de poderes.

A título de reflexión final, debemos acotar que en contracorriente al necesario clima de confianza, el Gobierno Nacional creó recientemente el Consejo Presidencial para las Comunas en aras de “demoler los restos del Estado burgués”.


Economista Jesús Alexis González
@jesusalexis2020

sábado, 4 de octubre de 2014

Deflación en Europa, por Miguel Méndez Rodulfo

Miguel Méndez Rodulfo 03 de octubre de 2014

El temor de Europa de caer en recesión durante un periodo prolongado, tal como estuvo Japón durante dos décadas ha hecho que las autoridades del Banco Central Europeo (BCE), representado por su presidente Mario Draghi, hayan decidido dar un paso al frente para evitar que la deflación se entronice en ese continente. En estos momentos países como Grecia, Bulgaria, Chipre, Hungría, Eslovaquia, Croacia y Portugal, padecen de deflación; sin embargo, en el resto de los países de la unión europea, existe también una tendencia a precios muy bajos en sus economías, lo cual ha hecho encender las alarmas. Para combatir este flagelo, las opiniones de los expertos sugieren dos tipos de soluciones: una monetarista, la cual busca bajar los tipos de interés y aportar fondos a las entidades financieras para fomentar el crédito a familias y empresas. La segunda, de corte keynesiano, propone incrementar el gasto público para dinamizar la economía. El consenso europeo se inclina por la primera opción, dado su alineamiento con las políticas de austeridad. Hay que decir que la segunda opción es la que ha manejado la Reserva Federal en EEUU, lo que quiere decir que norteamericanos y europeos han diferido en la solución de la crisis económica que azota al mundo desde 2008. Habría que dejar constancia que la economía de USA crece desde hace más de dos años y ya ha alcanzado indicadores como el de desempleo que se ubica actualmente a niveles de 2006, mientras que Europa se encuentra al borde de la recesión, con Alemania, su locomotora, mostrando signos de fatiga, aunque es verdad que Portugal, Grecia y España ya iniciaron su despegue al crecimiento, algo que la deflación amenaza con acabar.

En este contexto la tasa de inflación cayó en septiembre al 0,3% lo que motivó al BCE a tomar medidas para  estimular la demanda agregada, con lo cual ha seguido el ejemplo de los bancos centrales de Estados Unidos, Reino Unido y Japón. La institución dirigida por Draghi actuó en dos ámbitos: el del precio del dinero, reduciendo el tipo de interés de referencia, desde el 0,15% al 0,05%; y el de las remuneraciones de los depósitos que los diferentes bancos colocan en el BCE, lo que penalizó la inmovilización del dinero, haciendo negativas las tasas (-0,2%), por lo que el central europeo cobrará, en lugar de pagar por esos depósitos. Por otra parte, el BCE también instrumentó mecanismos de subastas de liquidez, para que las entidades financieras tomaran esos fondos y los utilizaran para inyectar créditos a empresas y familias, reanimando la economía y ahuyentando el riesgo de deflación; sin embargo, buena parte de ese dinero barato se utilizó para devolver los créditos a largo plazo de 2011 y 2012, que los bancos habían adquirido, por lo que el objetivo del eurobanco no se cumplió a cabalidad.

Adicionalmente se implementó una muy importante decisión en materia de estímulos cuantitativos, relativa a la adquisición de diversos tipos de activos financieros; en efecto, se autorizó la compra de los llamados ABS (bonos respaldados por activos, por sus silabas en inglés), los cuales abarcan títulos de activos bancarios, (incluyendo titularizaciones de créditos a los sectores privado y público) con el fin de mejorar los balances bancarios al permitir que el BCE compre estos créditos dudosos, de manera que las instituciones financieras puedan prestar más. El objetivo en teoría sería llegar a comprar unos 800.000 millones a lo largo de los próximos 2-3 años. Además, también se autorizó la adquisición de bonos garantizados. El objetivo del Plan de Estabilidad y Crecimiento europeo, es que los precios suban 2%. Europa necesita una amplia estrategia económica que haga frente a la debilidad de la oferta y la demanda en los países a través de una mezcla sólida de políticas estructurales, fiscales y monetarias, pero la ausencia de crédito pone en peligro la recuperación de las pequeñas y medianas empresas que dependen de la financiación bancaria.

Miguel Méndez Rodulfo

3 de octubre de 2014