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martes, 2 de abril de 2013

La prostitución de las masas

   
Por Eduardo Colmenares F., 1/04/2013
Recibido por correo electrónico

En las sociedades modernas existen grupos de personas que deambulan en la vida dentro de lo que llamaríamos la subcultura de la pobreza. Esos seres no han escogido ese camino ni ese ambiente para desarrollar sus existencias sino sencillamente sus antecesores nunca conocieron otro destino y terminaron buscando refugio en sitios y barrios de centros poblados que en el tiempo se constituyeron en verdaderos cinturones de miseria. Nada ha cambiado para ellos desde que Víctor Hugo escribió Los Miserables. Esta subcultura no solo se percibe en las grandes ciudades sino que hoy se puede observar también en el campo y algunos poblados del interior de muchos países especialmente de Latinoamérica y África. También es fácil determinar que estas masas de pobres se ven contrastados con unos pocos afortunados que poseen niveles de vida ostentosos con quienes se confrontan en el trascurrir de lo cotidiano y de ahí sus frustraciones y resentimientos. Cuando uno observa con detenimiento. Ninguno de estos dos grupos muestran inclinaciones en cultura política alguna más allá de las subculturas propias tanto de la pobreza crítica como de la riqueza pomposa, ambas por igual apolíticas por definición. En resumen, un gran problema social se convierte en el tiempo en una tragedia política.

Cuando analizamos con detenimiento las raíces históricas que desencadenan estas calamidades sociales de subdesarrollo se puede observar, como el problema de fondo,  es que todas provienen de relaciones deformadas en el intercambio político entre la sociedad y  estados atávicos dominantes, generalmente aceptadas pasivamente por la historia. Han surgido independencias que conceden soberanías nacionales y revoluciones que introducen elementos ideológicos en la solución,  con la intención de crear sociedades mas justas pero en muchos casos regresamos a las mismas realidades de pobres en masas y ricos en clanes, solo con el cambio de nombre de los protagonistas.

Por otro lado existen hoy sociedades en las cuales se están superando estas injusticias sociales y donde, por generaciones, se han venido creando clases intermedias salidas de la pobreza que crecen con el tiempo y conforman oportunidades abiertas hacia el futuro de los que están por venir.   La pregunta es entonces ¿Porque unas sociedades progresan y otras no? En mi opinión, la respuesta es muy sencilla, aunque muy compleja para implementar en su solución. Si observamos con detenimiento y sin prejuicios ideológicos notamos que la clave la constituye la forma como se manejan las relaciones sociedad civil - estado. En aquellas sociedades desarrolladas estas relaciones son de respeto, entendiendo que el poder político real lo ejerce la sociedad civil a través de instituciones públicas conformadas por personas que no buscan destacar su imagen sino servir con humildad. En esos casos el estado es un servidor público con poderes equilibrados que actúan dentro de normas basadas en principios de justicia y equidad, prestando ayuda a los más frágiles de la sociedad, como son los niños y adolescentes, los ancianos, los discapacitados, las embarazadas y los enfermos. Los ciudadanos, así llamados en esas culturas, no están sometidos por el estado y no les deben recompensas ni culto a su desempeño, ni sumisión a sus líderes. Solo exigen oportunidades iguales para todos en educación, salud y trabajo dentro de un régimen de libertades amparados por leyes justas y sistemas de justicia sin privilegios. El estado posee un tamaño conforme a sus necesidades esenciales y permite que sea la sociedad la gran emprendedora y productora de bienes y servicios en ambientes de alta competividad. Todo lo anterior está regulado por democracias pluralistas descentralizadas donde los ciudadanos en elecciones libres son los que expresan su opinión con conciencia y sin presiones.

En estas sociedades donde proliferan “los cinturones de miseria”,  las relaciones entre las personas y el estado son de absoluta dependencia y sumisión a la autoridad del estado. Son sociedades donde históricamente se ha sometido al pueblo a obedecer al  caudillo o presidente, o a quienes ellos representan, aun en democracias incipientes. Bajo esa premisa de crear y hacer creer en una imagen de magnificencia del ESTADO es donde los ciudadanos son cohibidos y convertidos en súbditos, cuasi esclavos, ante el poder supremo de estados omnipotentes, ineficientes y de los caudillos que lo representan. Muchas son las personas que se entregan al facilismo y el clientelismo que irremisiblemente los conducen a la pobreza en la esperanza que sea el estado el que les resuelva la vida. A través del tiempo la pobreza, ya convertida en marginalidad, se concentra en espacios de hábitat inadecuado, dentro de núcleos de familiares deformados, propiciados por la paternidad irresponsable y auspiciada por un estado paternalista y de una sociedad de cómplices, que se torna indiferente para adquirir mano de obra barata y así satisfacer sus ambiciones de confort. Cuando los estados persisten en mantener invertida la relación entre ellos y los pueblos, la pobreza critica, ya establecida como subcultura,  se convierte en un estamento mental y de comportamiento de graves consecuencias, aun dentro de democracias plurales.

Para desgracia para los venezolanos, nuestros centros poblados encierran enormes cantidades de personas dentro de la subcultura de la pobreza donde se ha encontrado el caldo de cultivo para ser manipuladas impunemente dentro de un proyecto político que esconde la mano peluda del comunismo internacional manejado desde Cuba. De acuerdo a ese proyecto los pobres son usados como medio para crearle sustentación política electoral para deformar la democracia hacia la construcción de una cultura marxista que solo funciona en la mente febril del neocaudillismo latinoamericano de la izquierda trasnochada. Esas masas se han degradado para conseguir ventajas materiales que le permitan aliviar su pobreza a cambio de la fidelidad hacia un líder mesiánico que se ha constituido en ídolo de multitud de pobres, que tanto dañó causa al logro de enrumbar al país en la ruta de la modernidad. La pobreza, así prostituida, a esos niveles es una degradación política que no permite la evolución de una sociedad hacia el bienestar y el progreso sostenido y como tal, debe ser erradicada de raíz y no “aliviarla” para mantenerla en estado latente y así ser utilizada con propósitos políticos que llevan a la instauración de regímenes totalitarios.

Venezuela atraviesa hoy por una crisis de proporciones muy preocupantes, con una sociedad dividida y desarticulada, con un estado pervertido en el ejercicio del poder, concentrado en verdaderas mafias de aprovechadores que se rasgan su pecho con mensajes socialistoides Mientras tanto amasan grandes fortunas y prostituyen a las masas mas desfavorecidas dentro de una maquinaria aceitada para manipular un ventajismo insólito de “legitimación” electoral, Pero desaparecido su líder, se acerca su fin dentro de una profunda crisis económica causada por su incompetencia. Crisis que nos llevará inexorablemente a un abismo inflacionario que muy probablemente desembocará en una era poschavista con una transición muy traumática. No importa cuales sean los resultados electorales del próximo Abril del 2013, se hace mandatario reformular la republica. El discurso de Capriles va en esa dirección  Una rectificación de fondo de las bases políticas sobre las que se formula nuestra constitución deben ser debeladas. La pregunta clave tiene que dirigirse a debatir sobre el país que deseamos los venezolanos para deslastrarnos de los viejos paradigmas del caudillismo presidencialista y de los estados omnipotentes que son muy eficientes en crear masas de pobres y unos pocos ricos ostentosos. Deseamos un estado fortalecido con un poder político ilimitado frente a una sociedad descompuesta con una mayoría viviendo en la pobreza, o deseamos una sociedad de ciudadanos, moderna, emprendedora, con poder político a nivel local y nacional, con un estado con servidores públicos de vocación.  He aquí el dilema existencial de los venezolanos del futuro.

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