Identificación que se está poniendo en el Estado Táchira
para la compra de alimentos.
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Un Ciudadano Común Caracas, marzo de 2014
Para muchos observadores en
el mundo, el problema venezolano puede parecer simple: un líder heroico declara
la guerra a una oligarquía opresora que se apodera de las riquezas del país y
que trata de mantener a la masa popular en la miseria y la ignorancia. Esa es
la idea trasmitida por el gobierno venezolano. Y, en verdad, esta visión no
tendría nada de novedosa, pues así ha resumido Hollywood el problema
latinoamericano muchas veces. Pero la realidad, siempre más compleja que lo que
imaginamos, se aleja bastante de la simpleza de esa imagen fabulada, aunque no
por falta de oligarquía y de injusticia social.
Venezuela, como toda América
Latina, es un país de grandes desequilibrios sociales, que no tienen
justificación desde el punto de vista político, moral o religioso. Tiene
grandes recursos naturales y durante ochenta años ha recibido una renta
petrolera, que lo ha mantenido por encima del ingreso per cápita del resto de
la región. El producto interno bruto per cápita, es
decir, el valor promedio de los bienes y servicios producidos por los
habitantes en 2012, fue de $ 12.729, mientras que el de Brasil fue de 11.340
dólares y el de Argentina de 11.573. Pero al lado de la riqueza, hay
también una enorme injusticia social y la masa popular vive en condiciones
imperdonables de pobreza. Esa miseria en medio de la riqueza, es una afrenta a
la dignidad del hombre que reclama a un cambio profundo de la sociedad.
Sobre esas bases se levantó
el proyecto político Socialismo del Siglo
XXI de Hugo Chávez, quien fue electo Presidente en 1998. Pero el proyecto tenía
una dirección no revelada: la intención de imponer un régimen comunista, como
el cubano, ha arrastrado al país hacia un desastre económico y político, y en
lugar de justicia social, el proyecto
socialista está dejando miseria con opresión, como legado.
La lucha contra la burguesía ha culminado en la destrucción de la
economía y en el desabastecimiento generalizado. El venezolano de hoy está
obligado a buscar los artículos de primera necesidad haciendo filas de 4 y 6
horas, sin que ello les asegure la compra. Hace más de un año desapareció la
leche fresca pasteurizada, no se consigue azúcar, aceite, harina, papel
sanitario, ni muchos otros productos y los precios han subido a niveles
escandalosos. Ahora las empresas son del pueblo pero no producen nada y la única
vía de sostener el consumo interno es utilizando los ingresos petroleros para
importar los artículos necesarios.
Durante los últimos catorce
años, Venezuela ha recibido más ingresos que en el resto de su historia, desde
1811, como resultado del alza de los precios del petróleo. En esos años de revolución, el petróleo ha generado
972.565 millones de dólares.
¿Cómo explicar
entonces que no tengamos pan? ¿Cómo explicar las filas de 5 y 6 horas para
comprar, un pollo, un pote de leche, una botella de aceite o un rollo de papel
higiénico? ¿Cómo explicar las marcas en el cuerpo para entrar a un
supermercado? “Ahora nos van a marcar el cuerpo como si fuésemos
vacas”, decía una mujer que hacía la fila para entrar a un Supermercado
propiedad del gobierno.
Los hospitales enfrentan una situación
crítica por la escasez de suministros; escasea el material quirúrgico, los
anestésicos, los antibióticos y los reactivos de laboratorio. En muchos de ellos
no se pueden realizar intervenciones de alto riesgo y 235 pacientes han muerto
en los últimos meses por falta de suministros para atender enfermedades
cardiovasculares, según informó la organización Médicos por la Salud” al diario El Nacional.
La delincuencia ha alcanzado niveles
inimaginables y el venezolano vive encerrado por miedo a los delincuentes. El
número de robos, asaltos, secuestros y asesinatos es tan elevado, que en el año
2005, el gobierno dejó de dar estadísticas de homicidios, pero organizaciones
no gubernamentales y fuentes periodísticas aseguran que en 2010 hubo un total
de 17.600 homicidios, 21.692 en 2012 y 24.763 en 2013. Es decir, 79 homicidios
por cada 100.000 habitantes, la cifra más alta de América del Sur, mientras que
Colombia sólo registró 34 y México 15. …
y si protestamos nos llaman fascistas.
Una parte de los ingresos se ha usado
en programas de sociales, que han permitido participar a la masa popular en la
riqueza petrolera y que ha modificado la vida en los barrios urbanos y en
muchos pueblos del interior. Hoy, es justo decirlo, muchos pueblos alejados
cuentan con servicios médicos y odontológicos, y muchas manos vacías obtienen
ingresos de las subvenciones gubernamentales, pero también, muchas manos
productivas se han convertido en inactivas y el explotado se ha convertido en rentista
de una economía paralizada.
El gobierno trata de convencer de que
los ingresos se destinan a los programas sociales, pero los principales ramos
del gasto han sido otros. Los recursos se han estado dilapidando en el financiamiento
de los movimientos de izquierda en todo el mundo y en el apoyo de los gobiernos
de Cuba, Bolivia y Nicaragua; en un gigantesco programa de armamento para
defender al país del imperialismo y
en la importación de abastecimientos para cubrir la caída de la producción. El
crecimiento escandaloso de la deuda externa, ha sido una de las consecuencias.
En 1998 la deuda externa del país era de $28.455 millones de dólares pero en
2011 había subido a 114.300 millones y continúa
subiendo.
Pero hay todavía más. El gobierno
socialista es el más corrupto de nuestra historia. muchos de sus seguidores
están amasando grandes fortunas, sin que las autoridades tomen medidas para
impedirlo. En 2010 se encontraron cientos de contenedores con unas 120.000
toneladas de alimentos importados por el gobierno que se habían podrido en los
patios de los puertos venezolanos y en 2013 se denunció un fraude de cerca de
40.000 millones de dólares, cometido contra el órgano de control de divisas: ¡nadie
ha sido procesado por eso!
Pero no se trata sólo de pan. El Socialismo del Siglo XXI ha significado,
sobre todo, la imposición de un régimen de gobierno despótico que ha destruido
las instituciones democráticas y la libertad del ciudadano.
En Venezuela no
existe estado de derecho ni tiene vigencia el pluralismo político. El
gobierno considera que todo el que no apoya
a la revolución es un traidor a la
patria y usa su poder para hostigar, intimidar y
agredir a los opositores. Se priva a los
ciudadanos del ejercicio de sus derechos políticos sin los juicios que
establece la ley. El Presidente ordena personalmente la incautación de
las propiedades de los ciudadanos sin los juicios de expropiación que establece
la ley. Los cuerpos policiales y las bandas armadas invaden los domicilios
privados sin cumplir los procedimientos legales de allanamiento… y si
protestamos nos llaman fascistas.
El gobierno nacional y su partido
intervienen los teléfonos de los ciudadanos y hacen públicas sus conversaciones.
A pesar de que la ley establece el secreto del voto, el partido socialista ha
logrado averiguar cómo votan los ciudadanos y ha publicado la lista de los
opositores para despedirlos de sus empleos públicos. ¡O se es rojo o se perderá el
empleo en la administración pública! Este es un principio del gobierno
venezolano… y si protestamos nos llaman fascistas.
En Venezuela no
hay libertad de prensa. Se persigue y se encarcela a los periodistas por
informar sobre lo que pasa, aunque presenten evidencias múltiples, por dar noticias que a juicio de los funcionarios alarman o incitan al odio; se abren
sistemáticamente procedimientos administrativos a los medios de comunicación y
se aplican sanciones discrecionales. En Venezuela se está ahogando
a los periódicos porque no se les permite la obtención de papel.
El poder judicial se encuentra de rodillas ante
el ejecutivo y los jueces son destituidos o encarcelados sin cumplir con los procedimientos establecidos por la
ley,
por dictar sentencias opuestas a la opinión del gobierno.
Al gobierno cubano se le ha entregado
el control del sistema de identificación nacional, el sistema de registro
civil, las notarías públicas y el sistema de salud que atiende a la masa
popular. Se ha permitido la instalación de contingentes militares cubanos con un enorme poder
en las fuerzas armadas y la bandera cubana ha estado ondeando en muchos
edificios públicos… y si protestamos nos llaman fascistas…
El proyecto
chavista, pues, nos ha conducido a una aberración: después de catorce años
de socialismo, Venezuela es un país
de injusticia, miseria, opresión y
pérdida de la soberanía nacional. Un producto típico de los regímenes comunistas,
para los cuales, la justicia social sólo puede lograrse con el cercenamiento de
la libertad y la opresión del ciudadano. Así gobernó
Stalin y así ha gobernado Fidel Castro. Pero la pérdida de la
libertad, no puede ser aceptada como costo obligado del cambio que requiere el
país. ¡La opresión no puede ser el precio de la justicia social!
Esta situación ha
sido constatada por los organismos internacionales. La Comisión Interamericana
de Derechos Humanos ha elaborado informes detallados sobre la situación y ha
exigido respeto para los ciudadanos, pero el gobierno venezolano ha respondido
con una prohibición para que esa Comisión pueda operar en el país.
El Presidente quiere conversar de paz aunque no hay
una rebelión armada para derrocarlo. Pero si llama paz al fin de la protesta,
entonces debe ofrecer un giro radical de su gobierno. No puede pretender la paz
mediante la simple sumisión: acepta lo
que digo y te ahorrarás problemas, no es un buen fundamento de la paz.
Saneamiento de la economía, reducción de la
inflación y fin del desabastecimiento. Lucha efectiva contra la delincuencia.
Respeto del derecho del ciudadano, fin de la represión, libertad de los presos
políticos y desactivación de las bandas armadas del Partido Socialista.
Garantías para la libertad de prensa; independencia del poder judicial. Lucha
contra la corrupción y cese del uso del patrimonio nacional como propiedad del
partido de gobierno. Fin del financiamiento de los movimientos políticos
extranjeros. Fin de la presencia militar cubana y cese de la entrega de
nuestros recursos a Cuba. ¡Esto si es un piso firme hacia la paz!
Por eso se protesta en Venezuela: para
exigir que un gobierno que reparte el dinero del país promoviendo campañas
electorales en tierra lejanas, garantice que el venezolano pueda obtener sin
esperas ni marcas humillantes, los alimentos básicos de su familia y pueda
recibir atención médica eficiente y oportuna; para exigir que un gobierno que
gasta enormes cantidades en aviones de combate, en tanques de guerra y en todo
tipo de armamento, garantice su derecho a transitar libremente por las calles,
sin miedo a ser secuestrado, asaltado o asesinado, sólo para quitarle un par de
zapatos. Para exigir el trato digno como ser humano y como ciudadano ¡Pero el Presidente considera que eso es fascismo!
¡Por esto se protesta en Venezuela! Para que si
vinieran por nuestro vecino y luego por nosotros mismos, no tuviéramos que
lamentar que ya fuera demasiado tarde para hablar…
Un Ciudadano Común
Caracas, marzo de 2014
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