Por Oscar Bastidas Delgado
Tres premisas apoyan este
artículo: 1) Cuando se habla de democracia es obligatorio considerar los
términos poder y participación en lo político y en lo económico; 2) la
democracia revaloriza el papel de la participación de los ciudadanos en la toma
y ejecución de las decisiones que les conciernen; y 3) la democracia económica
es extensión obligatoria de la democracia política y viceversa.
Para definir el poder debe
tocarse el concepto de influencia, éste se manifiesta en el cambio de conducta
de un individuo como resultado de las acciones de otro, para influenciar debe
existir algo que confiera autoridad a quien pretenda hacerlo.
Para Ander-Egg,
poder es el “dominio, imperio, facultad para hacer o abstenerse o para mandar
algo, suprema potestad rectora o coactiva del Estado”; Weber lo concibe como
“recurso que permite conseguir la obediencia de los demás y la posibilidad de
imponer la voluntad en el interior de una relación contra cualquier
resistencia, sea cual fuese la base de esa posibilidad”; y Norberto Bobbio como
“la capacidad o posibilidad de obrar, de producir efectos, y puede ser referida
tanto a individuos o grupos humanos…".
El poder es directamente
proporcional a la posesión de información y al dominio de los medios de
producción y de decisión; se puede no ser propietario de los medios de
producción pero actuar como si se fuese como hacen los consabidos “reyes detrás
de los tronos” o los gobernantes autoritarios y dictadores que actúan como
dueños de un país valiéndose de un poder que no les corresponden porque como
electos recibieron un mandato y deberían ser los mas humildes funcionarios
públicos, no los jerarcas mandones de país.
Esas referencias al poder son
básicas para comprender la dinámica económica de la Venezuela actual y el
derrumbe de lealtades logradas desde la cúspide presidencial a fuerza de dinero
y de cargos; lealtades que dejan de ser automáticas ante el aumento de la
pobreza, la escasez, la inseguridad, la división entre ciudadanos, el coctel de
la hiperinflación y otras situaciones demostrativas de la ausencia de rumbo
gubernamental que abonan la lógica deserción de numerosos oficialistas como se
observó en las pasadas elecciones del 6D.
A propósito de esas deserciones,
los supuestos marxistas - palabras grandes para un Maduro y un Cabello -
deberían recordar las afirmaciones de Poulanzas acerca de la autonomía relativa
del Estado para comprender por qué el cuerpo social integrado en el Estado no
siempre sigue con fe ciega a quienes lo dirigen, y también por qué son
numerosas las veces en las que las necesidades primarias reseñadas por Maslow
quiebran las fidelidades burocráticas. El barco oficialista hace aguas y el
grito generalizado de sus tripulantes y pasajeros es el de sálvese quien pueda.
Pero este panorama sobre el poder
quedaría incompleto si no se relaciona con el derecho de los ciudadanos a
fortalecerse económicamente y elevar por iniciativa propia, individual o
asociativa, sus niveles y calidad de vida, esto solo es posible de existir
democracia económica. La Constitución Nacional garantiza la libre dedicación de
las personas a las actividades económicas de su preferencia sin más
limitaciones que las previstas en ella y las leyes, y afirma que “el Estado promoverá la iniciativa privada,
garantizando la creación y justa distribución de la riqueza, así como la
producción de bienes y servicios que satisfagan las necesidades de la
población, la libertad de trabajo, empresa, comercio, industria, sin perjuicio
de su facultad para dictar medidas para planificar, racionalizar y regular la
economía e impulsar el desarrollo integral del país”.
En su artículo 113 no permite los
monopolios: ¡pero el Estado si lo ejerce con las armas y el apoyo de los
poderes!; el 115 garantiza el derecho de propiedad: ¡pero el gobierno estatiza
a diestra y siniestra sin compensar a los despojados!; el 301 pauta que el
Estado —conjuntamente con la iniciativa privada— promoverá “el desarrollo
armónico de la economía nacional […] para garantizar una justa distribución de
la riqueza mediante una planificación estratégica democrática, participativa y
de consulta abierta”: ¡pero el gobierno destruyó la capacidad instalada del
sector privado!.
También en su artículo 308 que “el Estado protegerá y promoverá la pequeña
y mediana industria, las cooperativas, las cajas de ahorro, así como también la
empresa familiar, la microempresa y cualquier otra forma de asociación
comunitaria para el trabajo, el ahorro y el consumo, bajo régimen de propiedad
colectiva, con el fin de fortalecer el desarrollo económico del país,
sustentándolo en la iniciativa popular”: ¡pero el gobierno asfixia esa
empresas al desmembrar las redes de apoyo que en algún momento existieron.
A pesar de esos elevados
preceptos constitucionales, jamás en estos años de supuesto socialismo se
observaron rendijas que le permitiesen a la iniciativa privada participar
libremente en la producción, distribución y consumo de bienes y servicios; sus
dirigentes, no satisfechos con despilfarrar una renta petrolera que le
proporcionaba suficientes recursos para emprender importantes transformaciones
socioeconómicas, siguieron la receta ortodoxa cubana y estatizaron para luego quebrar
más de 1.500 empresas industriales, agrícolas y financieras.
Pero el poder no puede aislarse de
las decisiones y de quienes participan en ellas; teóricamente a mayor número de actores decidiendo, mayor
democracia, pero… atención, no es lo mismo decidir a nivel presidencial que en
la Asamblea Nacional o en la limpieza de calles. Una democracia participativa
debe generar el mayor número de espacios de decisiones ciudadanas en los
niveles estratégicos del país: ¿qué hacer cuando el centralismo y el
militarismo dominan y hacen impenetrables esos niveles al común?.
Dos preguntas surgen: 1) Si en la
cúspide de la pirámide burocrática estatal solo participan pequeñas roscas
políticas y militares: ¿puede hablarse de participación protagónica y de
democracia?; y 2) Si en lo que los marxistas llaman la base económica, el
gobierno posee pleno poder de las empresas públicas y se apropia de las divisas
generadas por ellas y de las plusvalías de sus trabajadores al mismo tiempo que
destruye el tejido empresarial privado: ¿existe
democracia económica?. Las respuestas son obvias, no hay participación protagónica
ni democracia económica.
Otra interrogante: ¿Puede
considerarse democrático un gobierno que impone modelos organizacionales y
pretende mantenerlos solo a fuerza de apoyos económicos?: ¡Obvio que no es
democrático!, quien impone es totalitario mientras que el democrático buscar
participación y consenso; si en algo se han destacado tanto el mandatario
fallecido como el actual, es en la imposición de modelos.
Véanse los modelo impuestos: 1. -
Los Saraos o Sistemas de Aldeas Rurales
Auto Organizadas Sustentables; 2.- los gallineros verticales de
Merentes; 3.- los cultivos
hidropónicos
y huertos intensivos traídos por la Universidad Agraria de La Habana; 4 .- los Fundos Zamoranos; 5.- Los NUDES o Núcleo de Desarrollo Endógeno; 6.-
Las EPSs o Empresas de Propiedad Social ( 2005); 7.- La
mal llamada cogestión que resultó ser un Estado capitalista burlando
cooperativas de trabajadores que jamás recibieron acciones de las empresas
estatizadas como en Venepal; 8.- los
consejos obreros que apuntalaron el fracaso de Sidor y Venepal; 9.- los
consejos comunales mantenidos con billetes que “de arriba”; 10.- Las Empresas
Socialistas o de Propiedad Social (2008) que, estatizadas o constituidas con
chinos e iraníes, están quebradas; y 11.- las comunas, figura de la geometría
territorial rechazada en el Referéndum del año 2007, pero impuesta mediante ley orgánica, y mantenidas como
vitrinas para visitantes extranjeros.
El ejemplo más ilustrativo de
imposición y desconexión con las palancas de un desarrollo endógeno lo constituyó el supuesto impulso a la
constitución de cooperativas como #puntas de lanzas de la revolución” por el
fallecido. Efectivamente, entre el 2003 y el 2007 Chávez logró cuatro récords
planetarios: 1.- el mayor número de cooperativas constituidas en dos años, para
el 2005 ya eran 155.000; 2.- el mayor cementerio de cooperativas, para
noviembre 2015 las registradas eran 413 000, de las que solo unas 100.000 tenían
RIF y solo unas 20.000 declaraban al Seniat; 3.- el mayor número de
cooperativas falsas y de maletín erosionando la imagen del cooperativismo
genuino al facilitar operaciones turbias con empresas públicas sin que el
Seniat y Sunacoop actúen; y 4.- un alto número de cooperativas dependientes de
contratos gubernamentales que de ser rescindidos deberán cerrar.
El primer error fue de Chávez al
iniciar ese proceso invitando a los círculos bolivarianos a constituirlas y su
mayor contradicción fue catalogarlas como capitalistas sin percatarse de que
las capitalistas eran las impulsadas por él y sus seguidores; muestra
inequívoca es la del “alcaldito de Valencia” que observó en ellas “una
irresistible oportunidad para lucrarse” con contratos refrendados por padre y
el apoyo de una ex miss, y el reciente caso de la Red
de Cooperativas
de las Bárbaras
(madre e hija), encabezada por la Red de Abastos Bicentenario (RABSA)
que hizo su agosto con el Plan de Abastecimiento Seguro de Caracas[1].
Maduro, por su parte, se
convirtió en el gobernante más nefasto en la historia del cooperativismo
venezolano que ni en las dictaduras gomecista y perezjimenista había recibido
tantos maltratos; la gota que rebasó el vaso la puso en noviembre 2014 cuando le
impuso impuestos a las cooperativas sin percatarse que el mismo Chávez les
había establecido la exención en la Ley Especial de Asociaciones Cooperativas
(LEAC), y que las cooperativas no deben pagar impuestos pues su capital se
constituye para enfrentar problemas y no para generar ganancias.
Pero Chávez no solo cometió errores
con sus propias cooperativas; en su afán monopólico arremetió contra toda
empresa “enemiga” del “mar de la felicidad” con ataques que abarcaron desde la
expropiación de empresas salvables como el de la Compañía Anónima Venezolana de
Pulpa y Papel (Venepal C.A.) y otras exitosas como Agroisleña y los fundos
familiares turísticos, hasta la destrucción de las casas de bolsas bajo el
vacuo argumento de causar la inflación cuando solo permutaban legalmente
títulos en el extranjero, por ese desconocimiento básico del ministro Giordani,
cuatro directivos de Econoinvest Casa de Bolsa perdieron más de tres años de
vida en las cárceles para finalmente salir sin condena alguna. La triste
realidad es que las medidas del fallecido con la ayuda del actual, generaron para
el 2015 una contracción del 75% en la productividad del sector industrial.
Esas imposiciones y
estatizaciones demuestran que los jerarcas del gobierno desconocen los procesos
de emprendimiento, particularmente los productivos, pero son diestros en
utilizar herramientas capitalistas en el manejo del aparato público y las
empresas estatizadas. Se jactan de provenir de la clase obrera y hasta ser de
ella pero son los peores patronos, no actualizan contratos laborales ni
conceden cargos fijos para poder despedir “disidentes” a conveniencia, para
todo eso cuentan con el monopolio de las armas, las cárceles y los tribunales
contra los trabajadores disidentes, Sidor y Ferrominera lo muestran: ¿Eso es
democracia económica?.
Hoy, a lo señalado, a la sinergia
de una pésima gerencia en lo económico, a los regalos a otros países, al
colador de la corrupción, a la mayor escasez de bienes de nuestra historia, a
los dos millones de desempleados disfrazados de empleados públicos, se suman 50.000
tarjetas socialistas sin control alguno a favor del ejercito de pedigüeños y se
decretan días libres cuando el país necesita producción: ¿cuándo verá Maduro
que la supuesta guerra económica es su propio harakiri?, su “autosuicidio” como
diría alguien por allí.
Lamentablemente, a pesar de los
esfuerzos que numerosos emprendedores y empresarios realizan, el monopolio estatal,
el exceso inapropiados de controles, la discrecionalidad gubernamental para
favorecer ciertas empresas y las leyes con atajos para multar y cerrar otras, coartan
la democracia económica. Definitivamente, los obreros dirigentes del supuesto socialismo
desarrollan un capitalismo tan salvaje, que con sus areperas compiten con
humildes familias que venden arepas y empanadas para sobrevivir.
12-04-16

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