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martes, 29 de noviembre de 2016

La cosa está muy fea por @garciasim


Por Simón García


Desde que el representante del Vaticano, monseñor Celli, aplicó este dicho coloquial para calificar la situación que sufrimos, el gobierno se ha empeñado en empeorarla. La implosión de la economía ha prendido todas las alarmas. El crecimiento de las dificultades para subsistir se hace inaguantable. Y para coronar el descalabro, Maduro no cumple los compromisos de la mesa de diálogo.

La lentitud oficialista no obedece sólo a alborotar las discrepancias en las fuerzas de cambio. En ella, influyen varios factores, entre otros, tres inocultables: los sectores gubernamentales contrarios al diálogo, no por radicales sino para proteger sus ilegales enriquecimientos rápidos. La segunda, es que el visor totalitario del gobierno identifica como agresión la aplicación del referendo revocatorio. Y finalmente, que la acentuación de la autocratización no es un proceso homogéneo.

El Presidente; que en vez de gobernar para solucionar problemas, los multiplica, apuesta descaradamente a que sea la MUD quien tumbe el tablero. Sabe que seguir las reglas del diálogo y atender los intereses del país lo lleva a una derrota insalvable. El plan gubernamental para provocar el estallido del diálogo es provocador hacia la MUD, grosero con el papa y una burla hacia el 80% de los venezolanos que aun sostiene la expectativa de convivencia sin hambre y con respeto a la Constitución.


Si el poder fuera democrático ya se hubiera realizado el referendo revocatorio. Pero la infiltración del Estado por mafias asociadas a actividades delictivas como la corrupción, el contrabando de extracción o el narcotráfico envilecieron el proyecto que originalmente ilusionó a los venezolanos. Hoy en día, una apabullante mayoría de sus seguidores llegó a la conclusión de que apoyó la revolución que no era.

El Gobierno puede abandonar la mesa y Maduro saldrá de la historia como un dictador bananero. Pero puede optar por una transición, sustituyendo al presidente, para evitar que la destrucción de la economía abra las puertas al hambre, a la anarquía y a la violencia. En esa opción, la MUD es el seguro para una transición pacífica, electoral y constitucional. Así lo entiende más de la mitad de la base del PSUV.

Lo mejor para el PSUV es seguir el librito azul. Lo mejor para el país es salir de Maduro, con la mayor premura y el mayor consenso posible, por la vía del medio referendo y que el PSUV mantenga su presencia en el gobierno hasta las elecciones presidenciales del 2018. El segundo compromiso es la realización de las elecciones de gobernadores, confiscadas inconstitucionalmente sin justificación alguna.

Necesitamos pasar del diálogo a una negociación que permita un entendimiento nacional sobre las condiciones para un cambio en convivencia, un programa con metas de reconstrucción progresista tanto de la economía como de la institucionalidad y criterios para la formación de un gobierno de integración nacional capaz de tomar las primeras acciones para comenzar a sacar al país de la crisis. Un gobierno respaldado por la Asamblea Nacional, sin que implique la participación directa de la MUD.

La Agenda del gobierno contra el diálogo debe ser derrotada y para ello hace falta la presencia de nuevos actores y factores. Seguir en la mesa, acrecentar la presión internacional, actuar en función del país desde la Asamblea y diversificar la presión popular.

28-11-16