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sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Qué pasó con la organización popular de base?


Por Nelson Freitez


Uno de los componentes centrales del proyecto político bolivariano durante más de una década fue la promoción de diversas organizaciones sociales de base en ámbitos territoriales. Se pregonó el protagonismo comunitario y se privilegió el sujeto popular urbano, por encima de otro laboral o campesino. 

Multiplicidad de formas organizativas se generaron tanto en ciudades como en centros rurales, para agrupar a vecinos, mujeres, pobladores. Desde Mesas Técnicas de Agua y Energía pasando por Comités de Tierra Urbana, Cooperativas y Consejos Comunales, fueron auspiciadas por el gobierno nacional y los gobiernos estadales y municipales, el partido de gobierno y una amplia gama de fondos de financiamiento.

Hasta el año 2006, fecha de la 2da reelección presidencial, se mantuvo una creciente efervescencia en la creación de una diversidad de formas organizativas de base territorial entre los sectores populares, que llegaron a expresar cierta pluralidad presente en las comunidades. Ya desde ese entonces se indujo a tales organizaciones a promover la candidatura del Pdte Chávez a la reelección y a asumir abiertamente roles proselitistas, lo cual fue excluyendo a quienes en las comunidades no compartían esa opción política.En esos años comenzó la promoción de los Consejos Comunales cuya función principal consistía en articular las distintas organizaciones de base existentes en cada ámbito comunitario y coordinar programas y acciones con entes estatales para resolver necesidades comunitarias prioritarias. Llegaron a despertar una gran motivación entre sectores populares y alcanzaron un importante crecimiento. Se les transfirieron recursos financieros para la ejecución de pequeñas obras en sus comunidades y se diseñaron mecanismos de control interno, que convirtieron la aspiración de contraloría social de la comunidad al Estado, en autocontrol para rendirle al Gobierno.


Desde los años 2009-2010 se inicia la promoción de las Comunas, las cuales debido a razones que abordaremos, evidentemente hoy manifiestan niveles de agotamiento en participación comunitaria, baja realización en resolución de necesidades y una alta dependencia de los entes gubernamentales y, en algunos casos, del partido de gobierno.

¿Qué pasó con la promoción gubernamental de la organización comunitaria de base? ¿Por qué sus resultados son tan exiguos en términos de participación, incidencia, protagonismo real? En primer lugar, por el carácter artificial, burocrático, impuesto de la organización comunitaria; en la última década la organización fue tutelada, orquestada y controlada por un ente estatal, un órgano militar o una instancia del PSUV. Si no nacía así, posteriormente era cooptada por algún ente que le manipulaba sus procesos internos.

En segundo término, el diseño de una Comuna era tan complicado, pleno de funciones e instancias que en ningún ámbito llegó a constituirse plenamente. Resumía roles normativos y ejecutivos tan variados que saturaron a quienes decidieron emprender su montaje hasta agotarse y decepcionarse ante sus limitados logros. Además, su constitución se armó al margen del tejido social comunitario preexistente, superponiéndose sin lograr expresar la múltiple y plural realidad comunitaria.

Una tercera razón está asociada a la agudización de la crisis económica y social frente a la cual las formas organizativas que el gobierno ha venido promoviendo no han podido dar una respuesta masiva, suficiente, eficaz. Los entes comunitarios prevalecientes, Consejos Comunales y Comunas, han sido rebasados por la magnitud y velocidad del deterioro social y, pese a que el gobierno les ha atribuido funciones en la distribución de alimentos, el déficit es de tal proporción que terminaron atendiendo exclusivamente a las familias confesamente identificadas con el partido de gobierno.

En última instancia, la promoción de una organización comunitaria desde los cenáculos del gobierno y del partido de gobierno, está determinada a crear entes apéndices que al no tener vida propia y depender de dinámicas y recursos que emanan de quienes las buscan controlar, no alcanzan sustentabilidad, van perdiendo legitimidad, se van quedando cada vez con menor participación y no llegan a expresar ni reflejar las motivaciones, aspiraciones y demandas de la población de la cual supuestamente emanan. Hoy la organización comunitaria que el gobierno promovió sobrevive con la misma precariedad de los recursos que el Estado cada vez menos les transfiere. Esta es hoy su mayoritaria realidad.


25-11-16