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domingo, 13 de noviembre de 2016

Mitología del Dialogo y algunas propuestas, @Ismael_Perez




Por Ismael Pérez Vigil, 12/11/2016

Querámoslo o no, el país está sumido en los vericuetos del dialogo político, entre el gobierno y la oposición, para salir de esta aguda crisis política, económica y social. Y alrededor del tema se tejen todo tipo de mitos, interpretaciones y conjeturas, que es necesario analizar.

El diálogo es el tema de todas las conversaciones políticas del país. Discutimos sus bondades y defectos. Las características de los mediadores, del Presidente  de UNASUR, Ernesto Samper y sus simpatías por el Chavismo y la idoneidad de los expresidentes Rodríguez Zapatero, Fernandez y Torrijos y su imparcialidad, en la que no creemos. Nos enzarzamos en especulaciones sobre la mediación de El Vaticano, las supuestas inclinaciones “izquierdistas” del Papa Francisco y como su vinculación con las negociaciones entre los Estados Unidos y Cuba, pudiera favorecer al régimen de Maduro. Se especula también acerca de la posible influencia sobre los negociadores de la Santa Sede que pueda haber ejercido el Papa Negro, Arturo Sosa, y sus conceptos acerca del proceso venezolano y el hecho de que, en su criterio, no necesariamente correcto, de que la oposición no tiene una opción que ofrecer al país.

Discutimos y nos quejamos de que no estamos informados adecuadamente por nuestros negociadores acerca de cuáles son sus objetivos en la negociación y afirmamos alegremente que nos han “entregado” al haberse sentado a negociar con el Gobierno tirano de Nicolás Maduro y de haber entregado las joyas de la corona –el juicio al Presidente y la marcha a Miraflores– tan solo porque nos lo pidió la Iglesia y El Vaticano, sin exigir nada a cambio o que primero que estuvieran dadas toda una serie de condiciones que nos garanticen una supuesta paridad de fuerza. Pareciera, por los reclamos de información y participación, que algunos creen en una especie de democracia asamblearia, en donde los negociadores deben informar en detalle, a viva voz y a las multitudes cuales son, paso a paso, sus actividades y esperar que de una amplia consulta salgan los “consejos” y opiniones para volver a la mesa de discusión con las propuestas “frescas”, recién salidas de esa sabia asamblea multitudinaria.

Trivializando la situación, algunos piensan que el método de discusión a aplicar para resolver los graves problemas del país es como si se tratara de una junta de condominio discutiendo acerca del problema de los ascensores o de la junta comunal del barrio resolviendo el problema de la basura acumulada en una de las calles. En el fondo, sí, el método pudiera ser el mismo, pues  ambos son problemas de negociación y diálogo, pero el de la negociación entre la oposición y el gobierno es algo más complejo y sobre todo involucra no unas decenas de afectados, sino varios millones, a los cuales es materialmente imposible consultar en cada uno de los pasos que se deben dar.

Ya he argumentado porque considero que el diálogo es nuestra mejor alternativa y no creo necesario repetir los argumentos. Basta con decir lo que ya muchos han dicho, que la fuerza de la oposición es tal que ha obligado al Gobierno a sentarse a la mesa y aceptar a el Vaticano como mediadores, que seguramente no es de su agrado, pues se sentía muy bien con la triada de expresidentes más UNASUR. A pesar de esa fuerza innegable y de que es imprescindible negociar con toda la fuerza de nuestra mayoría, sobre todo electoral, no hay que olvidar que del otro lado hay también una fuerza, sobre todo institucional y represiva, de cuyos efectos tenemos experiencia de la que pueden atestiguar cientos de víctimas –y sus familiares– que están en la cárcel y en régimen de presentación en tribunales, sin olvidar los heridos y víctimas fatales de este proceso.

Pero también he afirmado que es preciso negociar manteniendo la presión, nacional e internacional. Criticar a la oposición y la MUD, como muchos han hecho por los errores cometidos –y que la propia MUD ha reconocido– en los inicios del proceso de negociación es importante y es necesario para mantener alertas a nuestros negociadores y corregir el rumbo; pero más importante es que asumamos una actitud más proactiva y propositiva y nos preguntemos que podemos aportar, que podemos hacer los ciudadanos para ser útiles al proceso y mantener esa presión nacional e internacional, ese ambiente de agitación que existe en el país, que esta soterrado y a punto de estallar en cualquier momento.

En vez de limitarnos solo a criticar en nuestros círculos íntimos, familiares, de amigos o trabajo, a los miembros de la MUD y el equipo negociador, hay sobrados motivos para mantener una actitud de permanente movilización en el país. Por problemas menos graves que lo ocurrido hasta ahora con el diálogo y la falta de comunicación adecuada, en el pasado, en años recientes, realizamos asambleas de ciudadanos, reuniones de vecinos, para mantenernos informados, para informar a nuestros líderes locales, regionales y nacionales y dirigentes de partidos acerca de nuestros puntos de vista, acerca de nuestras preocupaciones, sobre muchos de los problemas del país. ¿Por qué no las estamos haciendo ahora? ¿Qué le impide a los vecinos de cualquiera de las ciudades y pueblos del país, reunirse por ejemplo en sus Asambleas de Ciudadanos, como ya hicieron en el pasado, e invitar a los negociadores de la MUD o a algunos de sus integrantes o a los comandos locales o regionales de oposición, para intercambiar puntos de vista y que estos escuchen los comentarios del ciudadano común?

¿Qué impide a nuestras ONGs, defensoras de los derechos humanos, las que se ocupan de los temas educativos, del ambiente, de los temas de salud, de los temas electorales, de los problemas regionales específicos, etc. exponer por escrito o a viva voz, a los mediadores del dialogo, la situación real de la crisis en Venezuela desde sus puntos de vista? ¿Por qué esas ONGs no los tienen atiborrados de cartas, solicitudes de entrevistas y reuniones, exponiéndoles nuestros problemas y preocupaciones?

Se trata además de insistir y presionar para que en el proceso de diálogo se den acciones reciprocas frente a lo que hace el Gobierno, que además de manera palmaria insulta, amenaza y desconoce lo que los mediadores han señalado que son acuerdos ya alcanzados en el proceso de diálogo; como por ejemplo, actitudes como las de esta semana del Procurador General de la Republica quien anunció que interpuso una acción de amparo autónomo contra la Asamblea Nacional por haber emitido amenazas contra los Poderes Públicos; en reciprocidad la Asamblea Nacional debe reanudar de inmediato el juicio político al Presidente de la Republica que fue suspendido la semana pasada a instancias de la Iglesia Católica Venezolana y el mediador de El Vaticano. Más aún, la oposición debe reanudar también de inmediato la solicitud de aplicación de la carta Democrática de la OEA y el Protocolo de Ushuaia que reafirma el compromiso democrático de los firmantes de Mercosur, del cual se supone que Venezuela forma parte.

De manera pues que además de criticar y hablar sobre los errores cometidos, se trata de dar apoyo activo, en la calle, a nuestros negociadores y proponerles ideas y alternativas.

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