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miércoles, 5 de enero de 2022

El ciclo del tiempo, por @angellombardi


Ángel Lombardi Lombardi 03 de enero de 2022

@angellombardi

Cumplida la liturgia de la Navidad, tanto en su versión sagrada como profana, empiezan los días del ciclo cósmico del tiempo. Un «final» y un nuevo-comienzo. Katabolé toú kósmou (desde la creación del mundo) a la culminación de los tiempos y nosotros, somos el centro del tiempo.

Antrophos, nacidos para morir. En términos existenciales somos un tiempo que se consume (el año «viejo») y un año-nuevo, como un volver a nacer, una nueva oportunidad. Y así cada año. Ciclos estacionales que se llenan de historias, símbolos y mitologías personales. Ritos y mitos, personales y colectivos, de nuestra infancia y prehistoria arcaica. Nacemos antes de nacer, la ciencia lo llamará genética y memoria de la sangre y de la especie; ciclo cósmico y mimético del eterno-retorno.

Cada año que fenece, termina en una contabilidad de propósitos no cumplidos y unas renovadas promesas de cumplimiento. Se agregarán otras promesas y muchos buenos propósitos. El deseo de logros y armonía sustituye a la razón y al olvido de lo no logrado en un tiempo transcurrido. En estos ciclos míticos anuales el homo-sapiens es sacrificado al homo-religioso.

René Girard, en los llamados ciclos-míticos distingue tres momentos: la crisis, la violencia colectiva y la epifanía divina. En términos existenciales concretos y simples y personales, cada periodo de nuestra vida se enfrenta a la posibilidad de padecer: crisis/violencia/epifanía.

Situados en nuestro turbulento e incierto tiempo venezolano, de crisis y violencias de todo tipo, la epifanía como esperanza de tiempos mejores, es vital para enfrentarnos al por-venir.

En la liturgia del tiempo, la consciencia moderna se ha ido debilitando con respecto a la sacralidad del tiempo trascendente, que nos remite a un cuerpo de creencias tradicionales pero necesarias. Que nos identifican en un «yo y un nos». Vivimos en la historia. Somos historia y vamos con la historia.

Trascender nuestro natural egoísmo se ha convertido en una exigencia ética universal. El papa Francisco lo ha dicho claramente: «Fratelli tutti en la casa común», esa es la gran novedad y necesidad de nuestro tiempo. Ocuparnos, más allá de la retórica de los buenos deseos, del semejante en necesidad. El tiempo humano es personal y colectivo y no nos pertenece de manera particular y egoísta. En la tradición cristiana, el tiempo es lineal y progresivo, «siempre a mejor» dirá Kant.

El año 2021 venezolano nos encuentra en un país postrado, lleno de incertezas. Continúa el desangramiento demográfico y el autoritarismo gubernamental. La transición democrática en términos políticos sigue sin definirse. La economía empieza a «moverse», pero sin la confianza necesaria para un verdadero despegue. El «orden mundial» luce dinámico y problemático, marcado por la disputa chino-norteamericana por la hegemonía global. La pandemia sigue y nos va a acompañar por cierto tiempo.

El miedo sigue allí. Fin de año y Año Nuevo. Otra vez el tiempo de la memoria y el tiempo renovado de la vida.

Ángel Lombardi Lombardi

@angellombardi

  

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