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martes, 8 de noviembre de 2016

¡Defender la revolución!: ¿para qué?, por @MiguelBM29



MIGUEL BAHACHILLE 07 de noviembre de 2016

El argumento más recurrido por el oficialismo para preservar el actual estatus quo es que “la revolución llego para quedarse y por tanto debe ser defendida por el pueblo”. El gobierno se resiste a admitir que su intento de convertir en mito, a modo cubano, la asonada contra el sistema democrático dirigida por Chávez en 1998, fracasó. Hoy el forraje marxista no es entendido siquiera por muchos de sus operarios. El sainete con rótulo de “socialismo del siglo XXI” llega a su fin porque se reveló como lo que siempre fue: “una gravosa comedia”. Veamos sus efectos en algunos ámbitos sociales luego de 17 años.

Inflación. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha estimado que Venezuela tendrá en 2016 una caída en su economía del 10%; es decir en constante decrecimiento. Que la inflación para final de año superaría el 700%. ¿Qué influjo tiene “eso” para pueblo al que intentan seguir seduciendo con la patraña socialista? Por ejemplo, una familia que destinaba hace un año Bs. 50.000 mensuales para sus gastos usuales, deberá erogar ahora siete veces más. Es decir, Bs. 350.000. ¿Defender qué?

Escasez. Encuesta de Datanálisis (may-2016) revela que la escasez de alimentos y enseres regulados en los anaqueles de abastos y expendios de Caracas es del 82,30% y en los hogares del 41%. No hay que ser estadístico para llegar a esa conclusión. Basta ver al pueblo humillado en colas suplicando por comida. Por su parte el presidente de la Federación Farmacéutica de Venezuela, Freddy Ceballos, estimó en 80% la escasez de medicinas. ¿Defender eso?

Inseguridad. Informe del Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), revela que en 2015 hubo en Venezuela 27.875 muertes violentas. Noventa fallecidos por cada 100.000 habitantes. De los 145.000 homicidios ocurridos en países de América Latina y del Caribe, nuestro país “aportó” el 20%. Se estima que incremento de la violencia criminal para finales de año será del 8%.

Migración. Iván de la Vega, investigador de la Universidad Simón Bolívar, señaló que en estudios realizados por la Organización de Naciones Unidas se estima que 1.600.000 de venezolanos ha migrado entre el 2000 y 2015. Los destinos más buscados, entre otros, son Estados Unidos, España, Chile y Ecuador.

Nada puede ocultarse. El informe anual del Banco Mundial (26-10-2016) que evaluó el avance económico de 190 países, Venezuela ocupó el número 187; Méjico N° 47; Colombia 53; y Perú 54. Naque que agregar. En otro ámbito, la Organización de Naciones Unidas para los Derechos Humanos expresó “gran desasosiego por la erosión de las garantías básicas a más de la creciente violencia y grave escasez de alimentos, medicinas y productos básicos”.

Bajo ese escenario, qué análisis racional puede esgrimir el régimen para retardar cualquier elección e insistir con la moratoria de su gestión evidentemente catastrófica. Ya no es “útil” la creación y filtrado de propaganda socialista para fijar convicciones, actitudes y, en última instancia, apoyo ciudadano. Los “recados populistas” fracasaron porque nunca se concertaron con la realidad diaria del venezolano. Es inútil pues apelar a la maña cubana o a la habilidad de retozones psiquiatras para inducir pasiones o guías sociales probadamente destructivas.

Las proclamas socialistas con imágenes de felicidad plena son, por decir lo menos, inútiles. Al 80% del país les irrita porque difieren de la trama diaria del que está obligado a pernoctar horas en enormes colas buscando comida. La manipulación como técnica de control tiene cada día menos cabida en la población disminuida y maltratada. No puede seguirse jugando con el desgaste, angustia, ansia e inseguridad del pueblo. Con el hambre no se juega.

Ya no es factible que la élite dominante pueda convencer a la masa para que siga adaptándose a los designios ansiados por Chávez. El actual esquema social y político no es defendible porque nada hay que defender. El 81,3% revocaría al presidente Maduro contra el 13,5% que aprobaría su permanencia (Hercón, Oct-2016). Ningún pretexto vale ante la punzante realidad. El diálogo es válido en etapas políticas difíciles pero la miseria se agravará si el país sigue “en revolución”. ¿Defender qué?