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domingo, 6 de noviembre de 2016

Diálogo y diplomacia vaticana, por @rafluciani



RAFAEL LUCIANI 05 de noviembre de 2016
@rafluciani

Son ya varios los llamamientos que el Papa Francisco ha hecho al presidente Maduro y a los líderes políticos en el país en estos últimos tres años. Sus palabras han insistido siempre en que «la justicia es lo único que puede asegurar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos» (marzo, 2016). En esta ocasión, la respuesta del Pontífice responde a una petición de facilitación que hiciera la Mesa de la Unidad meses atrás y que el Gobierno aprovechó inesperadamente en su momento de mayor debilidad. De otra forma, nunca la hubiese buscado en la forma en la que lo hizo.

Se nos impone hacer un discernimiento ético como país ya que todos, por acción u omisión, hemos sido cómplices de este mal. En situaciones tan complejas como la nuestra la vía para lograr una transición sin muertes es a través de la puesta en práctica de varios mecanismos simultáneos, como son: el inicio de un diálogo político, las acciones que viene desarrollando la Asamblea Nacional, y el ejercicio de cada ciudadano de los derechos que le otorga la Constitución. El fin no es otro que el rescate de la institucionalidad democrática perdida.

La diplomacia vaticana no nació ayer. Su larga experiencia en los diálogos sociopolíticos es uno de sus grandes tesoros. Sin embargo, no podemos pensar que la presencia de un delegado del Vaticano sea la solución o el fin de toda posible salida. Una cosa es el facilitador para que se pueda dar el diálogo, y otra la voluntad y la capacidad de las partes en proponer, negociar y poner en práctica acuerdos que beneficien al bien común. El proceso de diálogo no exonera a la oposición de seguir la lucha por los canales institucionales y constitucionales que ya había iniciado.

El Papa está muy claro en lo que estamos viviendo. Tanto el Nuncio como los obispos venezolanos han sido sus interlocutores. La diplomacia vaticana está al tanto de la inmensa corrupción existente, de los altos niveles de inseguridad e impunidad, del ensañamiento ideológico y la violación de los derechos civiles, de la escasez de medicinas y alimentos. El delegado del Vaticano, Mons. Claudio María Celli, actual presidente para la Promoción de la Nueva Evangelización, participó en la firma del primer acuerdo entre la Santa Sede y el Estado de Israel, llamado Acuerdo Fundamental. Las negociaciones las dirigió en dos niveles: un nivel de expertos, en el que se habló de todos los temas, y otro de Asamblea Plenaria, que se encargó de debatir las disputas que pudieran surgir a nivel de expertos. El resultado se consiguió en 1993 con la firma del acuerdo. Mons. Celli también participa en el diálogo del Vaticano con los gobiernos de China y Vietnam para propiciar las relaciones diplomáticas.

Nunca se acepta una facilitación a menos que se llegue al convencimiento por parte del ente facilitador de que la realidad no puede seguir así. Para esto se necesita un diálogo porque ninguna familia en Venezuela desearía que sus miembros fueran carne de cañón de quienes abusan de las armas. Por ello, a pesar del malestar nacional, el Vaticano busca colaborar con el problema de la legitimidad democrática en Venezuela. Su presencia neutral, a diferencia de los otros facilitadores como Zapatero, puede contribuir a la despolarización político-ideológica de las partes y a la búsqueda de una salida.

El problema no es la participación o no del Vaticano, sino nuestra disposición a enmarcar el diálogo como un parte de los otros dos mecanismos mencionados que deben seguir en marcha en pro del rescate de la democracia.

Rafael Luciani
Doctor en Teología
rlteologiahoy@gmail.com
@rafluciani