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viernes, 11 de noviembre de 2016

La nave de los locos por @miglatouche


Por Miguel Ángel Latouche


Los argonautas lograron librarse de Caribdis, un horrible monstruo Marino que adoptaba forma de remolino y se tragaba las embarcaciones,  gracias a la ayuda de Tetis. La Diosa, una de las Nereidas, sirvió de guía para que Jasón lograse timonear a Argos fuera del peligro. Aquel que guía la nave tiene en sus manos la vida y el bienestar de los marineros. El ejercicio del timonel es el de direccionar la embarcación, es el que guía. Un puede decir lo mismo de quienes gobiernan la nave del Estado. Tienen bajo su responsabilidad la suerte de todos nosotros.

Uno siente que se encuentra frente a una suerte funesta, como si los hados se hubiesen puesto de acuerdo para colocarnos frente a frente con la posibilidad del naufragio. Solo la locura puede explicar alguna de las cosas que nos pasan. La verdad es que uno no puede fácilmente someter el devenir de nuestra vida pública desde la lógica de la racionalidad.

Uno parece estar sometido a la locura: el gobierno se niega a recibir una donación de medicinas de Caritas por considerar que se trata de parte de una conspiración imperialista. No son capaces de reconocer que vivimos una terrible escasez de medicinas; nos prometen una hermosa navidad, a pesar de que no hay productos, de que el dólar se disparó, que el bolívar ha trasmutado hasta convertirse en polvo cósmico, que no hay gasolina; nos dicen que el futuro será luminoso pero no hay camas para las parturientas, ni píldoras para el control natal, -lo que atenta en contra de la libertad reproductiva de las damas-.


Nos dicen que se han logrado las metas previstas para el sistema carcelario, sin que se muestren estadísticas de funcionamiento de uno del sistema penitenciario más terrible de América Latina, a pesar del control que ejercen los pranes, a pesar de que los centros de reclusión se han convertido en arsenales. Vivimos de eufemismo en eufemismo: no hay presos políticos sino políticos presos. Pero además vivimos enmascarando la realidad, como si el gobierno no tuviese responsabilidades. La verdad es que no basta con cambiarle el nombre a las cosas, ni con acusar a los demás.

Jheronimus van Aken, mejor conocido como el Bosco, es un pintor flamenco, del siglo XVI que nos regala una obra genial entre cuyos cuadros se encuentra La Nave de los Locos, la cual pueden ver quienes tienen la oportunidad de visitar el museo de Louvre en Paris. Cosa nada fácil por demás en esta época de control de cambios y crisis económica. La obra se ubica en la tradición renacentista introduciéndonos en un mundo surreal de carácter burlesco. Muestra a un conjunto de sujetos que pierden sus vidas de manera frívola, viviendo una vida de locura que los ubica lejos de las normas básicas de la convivencia.

Se trata de una obra que critica la vida disoluta. Para decirlo con los cánones de su época, se trata de una crítica a quienes vivían en el pecado. No seamos tan estrictos. Es claro que las cosas cambian con el tiempo y que los cánones de la moralidad se han liberalizado para bien. El cuadro me interesa por su valor simbólico. Uno entiende que la vida que debemos vivir sea una vida buena. Una vida que gire alrededor de una idea de bienestar que pueda efectivamente materializarse.

No debe preocuparnos solamente que la vida esté llena de vicios, de frivolidad, debe llamar nuestra atención que estemos gobernados por incapaces para realizar una buena gestión de lo público, para generar mejoras sustantivas en la calidad de la vida de la gente. A mí no me cabe duda de que nos gobierna gente que se encuentra dotada para la política. Ahora bien una cosa es hacer política y otra hacer buen gobierno. Cuando se navega en la nave de los locos se incrementan las posibilidades del naufragio colectivo.

Es evidente que la mesa de negociación se ha convertido en un mecanismo para ganar tiempo, en un intento por garantizar que la navidad llegue más pronto, se trata de un juego mediante el cual se trata de sembrar esperanzas en un futuro que luce lejano. Se juega con las ilusiones y con las expectativas de la gente.

Se trata de una navegación peligrosa en un buque siniestro que se mueve sin dirección fija y con un timonel incompetente que vende falsas promesas. Son tiempos oscuros los de la nave de los locos.

10-11-16