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martes, 15 de noviembre de 2016

Las claves del plan económico de Trump: más gasto y el fin de la disciplina fiscal por @expansioncom


Por Sam Fleming


Los planes del electo presidente de EEUU para reducir los impuestos se traducirían en un aumento de la deuda federal de 7,2 billones de dólares. Ha prometido 550.000 millones en infraestructuras.

Mientras Donald Trump se prepara para entrar en la Casa Blanca, empieza a cobrar fuerza una idea: la era de la contención fiscal en EEUU podría estar llegando a su fin. Trump se mostró crítico durante la campaña con el aumento de la deuda nacional de EEUU bajo Barack Obama, y llegó a asegurar de forma poco convincente que pagaría los 19 billones de dólares en ocho años.

Sin embargo, como han reconocido los mercados de bonos en las últimas 48 horas, al priorizar los recortes fiscales y un paquete de infraestructuras en los 100 primeros días de la Administración Trump, su equipo parece concebir un paquete de estímulos en un momento en el que EEUU ya se acerca al pleno empleo. Eso podría implicar no solo un crecimiento más alto, sino también un aumento de la inflación más rápido.

Si esto es de verdad a lo que apunta el Congreso liderado por los republicanos, supondría un importante cambio en un momento en el que organizaciones como el Fondo Monetario Internacional han abogado por un mayor apoyo presupuestario en todo el mundo. Esto podría llevar a la Reserva Federal a acelerar la subida de los tipos de interés a valores más normales.


"La política fiscal adquiere una importancia mucho mayor que en los últimos cinco o seis años", apuntó Torsten Sløk, economista internacional jefe de Deutsche Bank. "Desde la perspectiva de la Fed, la importancia de la política fiscal implica que la política monetaria tendrá que ser menos flexible".

¿Qué conlleva el plan?

Los planes de Trump para reducir los impuestos se traducirían, según un análisis del Centro de Política Fiscal, en un aumento de la deuda federal de 7,2 billones de dólares en la primera década. Además, el equipo de transición de Trump ha prometido invertir 550.000 millones de dólares en infraestructuras y ha hablado de aumentar el gasto en defensa, entre otras cosas, sumando 42 barcos a la marina y renovando la defensa nuclear y de misiles. La agenda también incluye medidas para reducir la regulación.

Sus planes fiscales, que en la actualidad son sólo un esbozo, tendrán que concretarse dialogando con el Congreso. El plan "Un Mejor Camino" del portavoz de la Cámara Paul Ryan sirve como patrón. Es un paquete más conservador, pero coincide con el de Trump en la reducción del impuesto de sociedades y en la consolidación de los tramos fiscales del IRPF, así como en la rebaja de algunas tasas.

¿Qué ocurre con las infraestructuras?

El hecho de que Trump mencionase las infraestructuras en un discurso de aceptación la mañana del miércoles pone de relieve la importancia de este componente. Alcanzó la victoria gracias al apoyo de los estados del medio oeste, donde sus votantes querrán apreciar signos tangibles de la acción del Gobierno sobre el empleo. Una forma obvia de hacerlo es mediante la construcción de puentes y carreteras.

Lo que ayudará a Trump en este área es el consenso de ambos partidos sobre la necesidad de renovar las infraestructuras estadounidenses. La Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles ha previsto que las infraestructuras requerirán una inversión de 1,44 billones de dólares entre 2016 y 2025. Este apartado también formaba parte de los planes de Hillary Clinton para sus primeros 100 días.

Los asesores de Trump han sugerido que está dispuesto a incrementar la deuda nacional para destinar fondos federales a infraestructuras, lo que aumentaría las perspectivas de que aplique estímulos fiscales. El problema es que la planificación de proyectos de infraestructuras requiere tiempo, así que no está clara la rapidez con la que se dejarían sentir los efectos sobre el crecimiento.

¿Qué hará Trump en relación al comercio?

La promesa de la campaña de Trump de romper o renegociar pactos como el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), y combatir las prácticas comerciales injustas de China imponiendo aranceles punitivos ha llevado a los economistas a lanzar advertencias sobre la posibilidad de volver a entrar en recesión.

Si sacase a EEUU del Nafta, amenazaría las elaboradas cadenas de suministro norteamericanas de las que dependen muchas empresas estadounidenses. Una guerra comercial con China se traduciría en precios más altos para los consumidores, y elevaría la inflación. También dañaría a las compañías que dependen de las importaciones chinas y a los agricultores y otros negocios de EEUU para los que China se ha convertido en un importante mercado. De aplicarse al mismo tiempo y en su formato más radical, ambos pilares asestarían un duro golpe al crecimiento estadounidense.

Por ese motivo, algunos expertos en comercio han empezado a advertir de que, pese a la probabilidad de que una Administración Trump tome más medidas contra la competencia desleal de China, podría no aplicar la agenda radical completa con la que ha amenazado.

¿Qué sucede con la reforma de la Reserva Federal?

Los asesores de Trump han sugerido que las políticas de estímulo de la Fed son injustas porque penalizan a los ahorradores y han tenido implicaciones desiguales para los distintos segmentos de la sociedad. Durante la campaña, Trump se mostró ferozmente crítico con Janet Yellen, la presidenta de la Fed, por sus políticas de bajos tipos, pero no se prevé que dimita hasta el final de su mandato en 2018.

Lo primero que tendrá que hacer con respecto a la Fed será cubrir dos asientos vacantes en el consejo de la institución, potencialmente con legisladores de una tendencia más dura. En segundo lugar está la cuestión de las propuestas de reforma que llevan algún tiempo circulando entre los republicanos del Congreso. Estas incluyen medidas para que la Fed aplique normas monetarias más estrictas, algo a lo que se niega vehementemente. La llegada de Trump podría dar un espaldarazo a los legisladores conservadores que defienden esas ideas.

¿Qué implica todo esto para la economía?

Aunque los republicanos se consideran a sí mismos el partido del conservadurismo fiscal, su nuevo presidente puede llevarles por la senda de los estímulos. Y pese a que el partido solía ser el adalid del libre comercio, Trump basó su ascenso en el proteccionismo. El esclarecimiento de las verdaderas prioridades políticas resultará un proceso tenso.

"Son promesas y no propuestas", apuntó Diane Swonk de DS Economics. "La pregunta reside en cuáles de las promesas hechas a los votantes cumplirá , y en qué hará en relación a las empresas".

12-11-16