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viernes, 4 de noviembre de 2016

Lo que está en juego por @felixseijasr


Por Félix Seijas Rodríguez


El principal capital de la Unidad es la fuerza popular que le respalda. Sentarse en la mesa de diálogo exponía a la MUD a pagar ciertos costos en tal sentido. Jamás, en los 17 años de gobierno chavista, la oposición había contado con el nivel de respaldo que hoy exhibe dispuesto a manifestar su descontento en las calles. El gobierno, por su parte, nunca había estado más débil. En el peor momento de Hugo Chávez cerca del 60% de la población estaba descontento con su gestión, pero ni la mitad de ellos se encontraba tan enojado como para salir a protestar; y ya es historia lo que sucedió. Hoy en día el 80% está seriamente molesto con la gestión de Nicolás Maduro y el 65% está dispuesto a salir a las calles a expresar su inconformidad, de los cuales la mitad no solo está dispuesta, sino que lo desea fervientemente. Acudir al diálogo amenazaba entonces con enviar señales de debilidad a esa masa inquieta, enfriando el ambiente, y jugando a favor de lo que se supone es la agenda del gobierno: debilitar a la Unidad como representante del descontento y ganar tiempo para rescatar su estabilidad en el poder.

Todo esto puede ser contrarrestado con buena comunicación, pero los primeros pasos de esta historia resultaron ser un desastre en tal sentido. Más allá de quién está de acuerdo o no con el diálogo, lo que existe en el pueblo opositor es un estado de desconcierto. A ellos les cuesta entender las acciones de la MUD, porque en las últimas semanas estas parecen contradecirse a diario. Y no les falta razón.
Para nadie es un secreto que a lo interno de la Unidad existen diferentes visiones de cómo proceder. Esto no es necesariamente malo, de hecho es lo deseable en un sistema plural. El asunto está en que a la hora de actuar, esta diversidad debe hacerlo con base en consensos, los cuales deben ser comunicados de manera eficiente. A algunos les gustará y a otros no. Las críticas son inevitables. Pero si la hoja de ruta está clara, la adhesión a la causa que promete conducirte al objetivo deseado llega como consecuencia. Y por más diversa que sea la Unidad, su razón de existir es una meta común. Ahora bien, el virus que puede destruir esta instancia es el de las agendas personales y eso la población lo huele a kilómetros de distancia, y lo hace más rápido si le envías las señales incorrectas.

La MUD no puede darle largas a está historia del diálogo si, como podemos sospechar, no va a conducir a nada concreto, particularmente en el tema electoral. Debía sentarse, y lo hizo. Pero no tiene mucho tiempo para presionar por resultados que definan si permanece o no en ella. Indispensable también resulta mejorar sus mecanismos de coordinación interna, así como su capacidad comunicacional. En juego está su fortaleza, su capital, y lo que ello significa para el rumbo que tomará la historia en los próximos meses y la incidencia de ello en la vida de millones de venezolanos. Y aquí no se trata de ser pro MUD o de no serlo, se trata de estar ante la instancia mejor engranada que ha tenido la oposición al régimen “revolucionario”, y en uno de los momentos más críticos que haya vivido nuestra nación.

04-11-16

http://www.el-nacional.com/felix_seijas/juego_0_951504918.html