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martes, 15 de noviembre de 2016

Mireya Lozada: pese al diálogo Gobierno-MUD la población seguirá expresando su malestar


Por Vanessa Davies


La oposición debe decir claramente cuáles son los límites y posibilidades de la ruta que va a seguir, recomienda la psicóloga social y profesora de la UCV. Los venezolanos estamos hartos de la crispación, advierte, pero defendemos la salida electoral

Dos pollitos mojados seguramente se veían mejor que los dos integrantes de Contrapunto que, el lluvioso viernes 4 de noviembre, tocaron la puerta de la oficina de la psicóloga social Mireya Lozada. Pero la calidez de su bienvenida -que incluyó café caliente, galletas y pastelitos- borró el accidentado inicio de esa jornada en Caracas. En los primeros minutos la psicóloga actuó como psicóloga -ella es de las buenas- más que como entrevistada, y escuchó comprensivamente quejas, reclamos por la situación del país y desahogos. Tal parece que no hay un espacio de la vida nacional en el que el malestar no sea el gran protagonista.

Lozada, profesora e investigadora de la Universidad Central de Venezuela (UCV), ha mantenido los esfuerzos por la reconciliación en Venezuela y en favor del diálogo. Lo hizo cuando parecía que la sangre llegaría al río, y persistió en su idea cuando bajaron las tensiones. La suya, en este momento en el cual gobierno y oposición tomaron la decisión de dialogar con facilitación internacional, es una voz más que autorizada; es un voz comprometida con la paz y con la inclusión. No solo coordina el posgrado en Psicología Social de la UCV sino que promueve la iniciativa “Aquí Cabemos Todos”.


“El diálogo va a tener sus vaivenes y se va a intentar socavar las bases que lo sustentan, desde la fragilidad o anulación del otro”, advierte Lozada. Como el gobierno “ha violentado el derecho ciudadano” al revocatorio, ahora tiene “que dar muestras claras de que va a rectificar, de que va a retomar el hilo constitucional”, manifiesta.

De acuerdo con sus apreciaciones, dos factores inciden en contra de las mesas conjuntas gobierno-MUD: la satanización del adversario, porque si lo negué antes, ¿ahora cómo lo reconozco como interlocutor válido? Y también “la política como espectáculo, la puesta en escena”, la representación mediática del conflicto. Este momento requiere un temple que “no puede seguir los vaivenes de las tendencias de opinión mediática, que tienen todo el derecho a expresarse pero que no pueden ser las que guíen” el proceso.

Hay una interacción entre los sectores políticos, y también “una dinámica social que está a la espera de los resultados de ese diálogo”, recuerda. Por ello “los actores de la oposición deben definir una política comunicacional que genere confianza, que muestre claramente los límites y posibilidades y que no cree falsas expectativas”. Aunque la población está agotada y espera salidas, “también ha alcanzado la madurez suficiente para que se le diga claramente cuál es la ruta a seguir, cuáles son los límites y posibilidades de esa ruta y cuáles son las acciones de los ciudadanos que pueden contribuir a llevar adelante esos objetivos y alcanzarlos”, reflexiona.


La sociedad está sufriendo

Lozada señala que la disonancia entre el discurso oficial que sostiene que todo está bien y la realidad que ratifica lo contrario genera malestar. La persona se puede sentir burlada, porque su día a día es de escasez, aunque le digan lo opuesto. Así, la persona no se siente escuchada ni protegida; tampoco “se busca solución efectiva a esas demandas” que expresa la colectividad con acciones como asalto de camiones y linchamientos.

La impunidad y la corrupción generan “una ruptura ética” y descomponen la sociedad, alerta la psicóloga. “Está dándose una lucha por la sobrevivencia” y una fragmentación en lo social, en lo político, en lo militar. La crisis socioeconómica no solo afecta la credibilidad sino que lleva a la deslegitimación de instituciones y sectores políticos, afirma Lozada. Simultáneamente aumenta el militarismo “en un clima político de tensión constante, de crispación, de enfrentamiento”.

La sociedad sufre, el país “enfrenta un sufrimiento social que tiene consecuencias” y que se traduce en dolor, impotencia, indignación y desesperanza. Todo “va minando la capacidad de resistencia de la población”, y además altera la convivencia. La analista lo define como un sufrimiento ético-político que puede “dar lugar a salidas insurreccionales”.

Sin embargo, la población ha demostrado en todos los años de confrontación nacional –y lo sigue haciendo- “que sigue apostando por una salida pacífica y democrática al conflicto, en todos los sectores sociales”. Las ofertas que se ubican al margen de la democracia “no consiguen avanzar”, contrasta Lozada. “Aunque a nosotros nos cuesta celebrar la democracia y defenderla, ella está allí. Se trata de reconocer y defender nuestro carácter democrático y seguir en esa ruta pacífica, electoral y democrática” que se mantiene. “Hay una cultura democrática en nuestro país, en nuestra sociedad que defiende la convivencia” y que busca una salida electoral “para resolver esta conflictividad que se ha extendido durante muchos años”.


Hartos de la crispación

-¿De qué estamos cansados como sociedad?

-Ese clima político de tensión permanente, la constante crispación, la confrontación de actores políticos, la violación de derechos humanos, el desamparo que sufre la ciudadanía por la inseguridad van agotando la capacidad de la gente. Se está sobreestimando la capacidad de resistencia de la población, y llega un momento en que esa resistencia cede, sobre todo en un contexto de escasez, de desabastecimiento, de desempleo. Pero somos capaces, aún en estas circunstancias, de seguir apostando por la democracia, de seguir defendiéndola y seguir buscando salidas constitucionales. Eso me parece que debemos celebrarlo y debemos reconocerlo. Eso plantea a los actores políticos un desafío.

La polarización ha causado daños humanos, territoriales, de infraestructura. En la misma línea “ha estimulado la desconfianza y la negación del otro. Creo que ese es uno de los daños mayores que ha producido”, estima Lozada, porque se ve al contrario como enemigo y no como adversario. “Eso obstaculiza el manejo democrático y pacífico de los conflictos, y limita las posibilidades de acuerdo en asuntos de interés común”, además de excluir a los sectores sociales que buscan su espacio.

El sufrimiento social que observa Mireya Lozada está causado “por la constatación, en la vida cotidiana, de limitaciones, de dificultades para vivir. Es la vivencia diaria y dramática, en la vida cotidiana, de muchas dificultades”.

-¿El liderazgo político está sufriendo también?

-El sufrimiento lo están viviendo sobre todo los sectores de menores ingresos, que no tienen cómo adquirir lo básico y que confrontan niveles de violencia, represión y control, incluso por parte de programas que violentan sus derechos. Pero el resto de la población también está enfrentando dificultades. Uno siente indiferencia, cinismo de los actores políticos en relación con ese sufrimiento y ese malestar social. No es posible que haya medicinas que se vencieron en unos depósitos mientras la gente las está necesitando y que la clase política sea indiferente a ese hecho. Incluso, se bromea con cierta dosis de cinismo sobre el malestar social. Eso está mostrando una distancia alarmante entre la clase política y la población a la que dice representar.

-¿Lo dice por quienes gobiernan?

-Por la clase política que tiene la obligación y la responsabilidad de atender esas necesidades. Es preocupante, porque no se está escuchando a la población, no se está resolviendo con eficiencia la problemática. Eso permite cuestionar la capacidad de esos gobernantes para resolver los problemas cotidianos de la gente.


La población seguirá expresando su malestar

-¿Qué tanto más se puede “estirar esa liga”?

-Hay inquietudes en cuanto a cuándo puede darse ese desborde social. ¿Cuál es el punto de quiebre, de tolerancia y de resistencia de la población? La población ha venido lidiando con esta crisis y ha tenido que enfrentarla, individualmente o con las redes de apoyo que se han creado. Pero esa resistencia no es infinita, esa resistencia tiene límites. Las vías que ha tratado de ofrecer la oposición para buscar una salida electoral van siendo obstaculizadas. Ese cierre de un espacio, de unos canales donde se pueda procesar ese malestar y transitar hacia nuevas situaciones es riesgoso, porque puede derivar hacia otro tipo de expresiones de desborde social que ya conocemos.

-¿Qué cree que lo ha contenido?

-Se están dando otras formas de expresión, de desborde en diferentes contextos. El malestar social ha ido tomando una forma extendida en acciones anárquicas, de anomia social. Son acciones riesgosas, que ponen en peligro a la población. Está demostrándose el desborde, pero también la contención. Esta situación no puede prolongarse indefinidamente; tiene que encontrar un cauce, y el cauce está siendo obstaculizado.

El derecho ciudadano al revocatorio ha sido irrespetado, sentencia: “Esa violación del derecho del elector, justamente a una población que sigue apostando por la salida electoral pacífica, lleva a un sector mayoritario a protestar, a salir a las calles, a expresarse. Ese sector no va a ceder”. Avizora que la población “va a seguir expresando su malestar, y lo va a hacer paralelamente a las iniciativas de dialogo que se han emprendido”

-Gobierno y oposición están dialogando y se están insultando.

-En un contexto como el nuestro, en el que durante 17 o 18 años se ha satanizado al adversario, se lo ha descalificado y se lo ha negado, el diálogo es difícil y no se va a lograr de inmediato.

Las experiencias mundiales revelan que los diálogos de paz “pueden tomar años”, como sucedió en Centroamérica, en Vietnam, en Irlanda. Puntos como la amnistía, la reparación social, el poder político hicieron cuesta arriba el consenso en otras naciones. En Venezuela posiblemente también, porque la polarización vuelve muy difícil alcanzar acuerdos. La de ahora no es la primera iniciativa de diálogo en el país en los últimos 17 años, pero el actual representa “uno de los mayores desafíos”.


“Absolutamente necesario”

A pesar de las abundantes opiniones en contra, Mireya Lozada no tiene dudas acerca de lo imprescindible del “cara a cara” entre todos los sectores: “El diálogo es absolutamente necesario”. Pese a ello, “es usado como un mecanismo de coerción” por el gobierno, piensa Lozada, y por eso emplea estrategias para debilitar o sacar de juego a líderes de la oposición “o a fuerzas vivas de la sociedad”. Igualmente, para desmoralizar a sus adversarios y para fortalecer a sus aliados.

-¿Venezuela puede esperar tanto tiempo como ha ocurrido en otros países?

-Como los procesos de diálogo pueden durar tanto tiempo, hay algunos acuerdos y consensos que son urgentes y básicos para atender las demandas de la población y el sufrimiento social. El malestar de la población, que no solo se expresa en todos los sectores sociales, también se va a expresar en relación con las respuestas que den esas mesas de negociación a esa demanda social. De hecho, ya se ha generado malestar frente al diálogo, porque se habla de que hay negociación a espaldas de las mayorías, que hay intervencionismo extranjero, que hay mayorías a favor del revocatorio y no del diálogo, que hay el derecho a estar informado de los pasos que dan los partidos y dirigentes. Estos son factores que inciden en la representación que la gente se está haciendo del diálogo. También se dice que el diálogo lo está usando el gobierno para ganar tiempo, o para dividir a la oposición.

-¿La sociedad va a esperar todo ese tiempo?

-Es una gran responsabilidad para los sectores políticos asumir el diálogo de seguridad con el grado de responsabilidad que les corresponde. Pero en caso de que no avancen o de que privilegien intereses personales o grupales sobre las demandas populares, la población va a expresarse y no sabemos qué formas va a tomar esa expresión cuando pareciera que no es posible una salida democrática.

La reconstrucción necesita inclusión

Mucho se habla de la reconciliación nacional. Mas el punto previo es establecer los puntos en común de la sociedad venezolana, plantea Lozada. “Justo porque hemos vivido este tiempo y nos ha puesto a prueba, tenemos una posibilidad preciosa de generar una mirada autocrítica a las experiencias y aprendizajes de lo que ha sido llamado la Cuarta y la Quinta República. Tenemos la posibilidad de contrastar, de evaluar ambas y ver qué experiencias y aprendizajes se derivan”, enfatiza. Unidos “podemos reconstruir el tejido social”, y eso incluye “todos los sectores, porque la idea es que sea un proyecto inclusivo y sustentable", defiende.

-¿Eso puede salir de la mesa de diálogo?

-Ojalá esas mesas nos lleven a reconocer las mayorías y minorías. A lo largo de este tiempo se ha dado una lucha por el reconocimiento de distintos sectores sociales, porque se han excluido unos e incluido otros, pero en este momento tenemos por delante el reto del reconocimiento: de reconocernos como mayorías y minorías. Es la reconfiguración de lo social y lo político en torno a un marco común, que es el marco constitucional, y reconocer nuevos liderazgos y la necesidad de definir un proyecto de país en un modelo posrentista.

15-11-16