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miércoles, 12 de noviembre de 2014

PAQUETE DE “MODELOS”, por Diego Bautista Urbaneja

Diego Bautista Urbaneja 07 de noviembre de 2014

Se ha implantado en el vocabulario opositor la idea del “fracaso del modelo económico” de este gobierno. Más allá de que la expresión resulte un poco un poco abstracta, y en ese sentido no exprese cabalmente el calvario que es la vida cotidiana de los venezolanos, es también cierto que describe, a su nivel, la realidad de las cosas. En efecto, el modelo económico, la política económica, o como se la quiera más sencillamente llamar, es un completo fracaso.

Modelo político

Pero ese fracaso remite a otro de mayor nivel. Para ser consistentes con el vocabulario, lo llamaremos el fracaso del modelo político. Porque en efecto, el modelo económico de este gobierno es un reflejo y una consecuencia de su modelo político. La política económica es un instrumento de los objetivos políticos que este régimen se ha trazado desde sus comienzos, allá por los tiempos de Hugo Chávez. Tal objetivo era el de una máxima concentración de poder en su persona, requisito a su vez de otro gran objetivo, que era el de la perpetuación en tal poder. Ello requería el control máximo de la economía, la reducción el mínimo posible de la actividad económica o de cualquier otro tipo que estuviera fuera del control gubernamental. Y de allí los controles, las expropiaciones, las restricciones, las amenazas, las trabas… que vimos aparecer en todos los ámbitos, y en especial en el económico. Todo ello se ha orientado a impedir el surgimiento de dinamismo, formas de riqueza, formas de poder, que escaparan a la mirada vigilante y amenazante del Gobierno, y de sus garras si decidía usarlas. Una sociedad y una economía sometida a esos grados de control, a esa hostilidad al dinamismo y la autonomía, propias de las diversas esferas de la vida social, y de nuevo en especial de la esfera económica, están destinadas al estancamiento y al retroceso, es decir, al fracaso.

El modelo político tiene otra consecuencia que se derrama en el funcionamiento de la economía y de cualquier otra actividad: la competencia técnica, la excelencia propia en la actividad de que se trate, los criterios profesionales, tampoco han de escapar a los objetivos del modelo. Lo importante no es que se sepa desempeñar el cargo o el oficio, lo importante es que el funcionario esté engranado a los objetivos de maximizar y perpetuar el poder de quienes están al frente del “modelo”.

Este “paquete” de modelos, el modelo político descrito y su consiguiente modelo económico, fue heredado tal cual por los sucesores de Chávez, que lo reciben ya en un estado muy avanzado de maduración, y ya sabemos cuál es la etapa siguiente a la excesiva maduración.

¿Éxito?

Si fuéramos a evaluar el éxito de ese modelo político, en cuanto a sus propios objetivos, tendríamos la “tentación” de pensar que ha sido alto. Chávez concentró muchísimo poder y se perpetuó en él hasta su muerte. Legó ese poder concentrado a sus sucesores, que intentan perpetuarse en él, usándolo de la forma que estamos viendo. Pero aquí entra en juego una contradicción central de todo este esquema: en sociedades donde no se ha eliminado por completo el juego político democrático, si el modelo político tiene como consecuencia un modelo económico destinado al fracaso, este fracaso redundará en el fracaso del modelo político, por mucho que este parezca haber logrado sus propios objetivos, e incluso aunque lo haya hecho por un tiempo relativamente largo.

Esta es lo que estamos viendo en estos tiempos. Lo visible es el hundimiento de la economía y es ello lo que afecta de modo terrible nuestro modo de vivir. El hundimiento de la economía, acompañada de la crisis de competencia técnica que como vimos el modelo político también trae consigo, invade los otros terrenos y se refleja en la crisis de salud, en la eléctrica y en casi cualquier otra que usted quiera pensar. El esquema político que está en el origen de todo, queda un poco atrás en el escenario y resulta poco visible.

Debate

No es necesariamente cosa de traer estas conexiones al debate cotidiano. El transcurso del debate político ya dirá hasta dónde es válido y eficaz el uso de este tipo de argumentaciones. Lo importante es tener estas cosas lo más claras posible. Y tener en cuenta lo fundamental: por mucho que quede en la penumbra, es el esquema político, lo que llamamos “el régimen”, el que habrá de pagar por el fracaso del modelo económico que prohijó. Ello ocurrirá cuando las oleadas de descontento social y popular que tal fracaso ya está trayendo consigo, tengan la serenidad, la capacidad de organizarse, y la tenacidad necesaria para constituir una amplia y sólida mayoría democrática, de forma que una vez que se exprese y manifieste constitucionalmente ni aun el más empecinado y arbitrario régimen pueda continuar en el poder.


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