Por Arnaldo Esté
Teniendo ya escrito lo que
sigue nos llegan las graves noticias sobre el narcotráfico y la implicación de
venezolanos de la alta familia en ello. Ante ello el gobierno, y especialmente
las autoridades judiciales –como toda la nación– deben pronunciarse. El
silencio es un delito.
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La libertad tiene que ver con
la búsqueda y la creación. Con la condición humana del atrevimiento. La
aventura, el error y el logro.
Es el territorio de la ética,
de la eticidad, de lo que algunos llaman elethos. Es lo que pega, integra y
amalgama, cohesiona y da sentido, a la persona y a sus agrupaciones. Es lo que
más necesitamos y en eso la libertad como valor, como profundización de
la democracia para la búsqueda y la creación.
Cuando he escrito, como muchos
y cada vez más gente, sobre la crisis general en curso, aun cuando le he dado
la importancia necesaria a lo económico, he insistido en el sustrato ético de
esa crisis y, más allá de la crisis actual, a la de los débiles valores
tradicionales de los venezolanos. Valores que, como grandes referentes,
expresarían a la vez cohesión y necesidad de esa búsqueda y creación. La
búsqueda y creación de nuestro proyecto de país. Tarea con todos, incluyendo
los derrotados.
Así que superar una crisis,
que no es de procedencia reciente, tiene que ver con valores, y estos con
aprendizajes derivados del ejercicio de lo social.
Ante las demandas políticas
actuales esto puede tener un sabor pajoso. Pero ¿qué hacer? Es mi trabajo
decirlo.
Pero no es tan así. Las
elecciones próximas, que han estado precedidas de ventajismos, chantajes y
compras de conciencia, será –está siendo– un ambiente de aprendizaje social:
alcance de un camino lleno de tentaciones, cotidianas corruptelas menudas y de
otras, no tan menudas y cotidianas pero de masa negra y abundante. Un camino en
el que se reunieron sueños y utopías –ahora frustradas y en desgaje– con
descarnados juegos de poder: un mesías se cae de sus escaleras, tarimas,
montajes y simbologías pastosas y el fracaso esperado de un equipo de
generales toeros de habilidades infinitas.
Con estas elecciones y más
allá de ellas hay una dura tarea. Tiene que ver con una palabra con uso de
comodín. Aparece en todos los discursos políticos. Es el objeto a vencer de
todo populismo. Pero no encuentro otra para referirme a la calidad subjetiva, a
la tenencia de sí mismo –y de la nación– como válido para esa búsqueda y
creación: la dignidad.
Salir de este hueco y trabajar
muy fuerte es la manera, el método, para hacer de la dignidad un valor vigente.
Hay desde dónde arrancar. En
estos mismos escritos he mencionado algunas muestras: la música y los músicos,
el teatro y los teatreros, los investigadores universitarios que produjeron
Encovi, el amor por la naturaleza que encontré esta semana, al irme de paseo
huyéndole a los ruidos de un vecino empeñado, como el gobierno, en destruir a
martillazos su casa. En el jardín Topotepuy, en ese bello y alfileteado
cerro el Volcán, creado por dos venezolanos románticos y atrevidos, Kathy y
Billy Phelps. arnaldoesté@gmail.com
14-11-15

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