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viernes, 18 de noviembre de 2016

Construyendo Patria: la Convención Anual de la AsoVAC por @daVinci1412


Por Gioconda San Blas


Sobreponiéndose a la durarealidad nacional, la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (AsoVAC) activa su 66ª Convención Anual, bajo el lema: “Lo universal y lo local en ciencia, tecnología e innovación”. Creada en los años difíciles de la dictadura de Pérez Jiménez bajo el liderazgo de Francisco De Venanzi, titán de nuestro paisaje académico en la segunda mitad del siglo XX, la AsoVAC y su convención anual han servido de espejo de la nación desde que en 1950 comenzó su andar en una tierra que no creía (sigue sin creer) en la actividad científica y tecnológica como ruta indispensable para el desarrollo material y espiritual de una nación moderna.

La persistencia de las sucesivas directivas de la AsoVAC en organizar su Convención Anual es digna de encomio, sobre todo en momentos como los actuales, cuando todo en el país parece derrumbarse. El ánimo, abatido por las estrecheces vivenciales y la incertidumbre política, encuentra solaz al toparse durante las semanas del 14 al 25 de noviembre con una programación científica de foros, simposios, talleres y conferencias a lo largo y ancho del país, al cobijo de la 66ª Convención.

Al presentar el programa, la directiva actual nos recuerda que “si bien las reglas de la ciencia aspiran a ser universales, su quehacer es local, porque es en este entorno donde el científico puede hallar las motivaciones a su investigación”. Así las cosas, el programa va desde simposios sobre la caraota hasta foros en gestión de innovación y tecnología; de sesudas conferencias en las fronteras de la ciencia y de la microbiología hasta reportes epidemiológicos sobre la reemergencia de enfermedades infecciosas; del uso de modernas tecnologías para la educación hasta temas de economía, historia y ciencias sociales.


Es decir, a pesar del empobrecimiento intelectual provocado por la desbandada de casi 1.600 investigadores fuera de nuestras fronteras, todavía hay grupos científicos que se esfuerzan en mantener líneas de investigación meritorias en el país. Nada que objetara quienes buscan afuera lo que no encuentran adentro, cada quien tendrá sus legítimos motivos para abandonar su tierra. Pero de tanto llorar a los emigrados, hemos desvalorizado a quienes han decidido quedarse para construir patria contra viento y marea.

No es verdad que se quedan quienes no tendrían oportunidades fuera, como tampoco es cierto que los expatriados sean sin excepción candidatos al Nobel. Hay de todo de un lado y del otro. Y con todos queremos contar. Uno de esos investigadores jóvenes que hasta ahora persiste en hacer ciencia en Venezuela, escribía recientemente en su blog: “En este chiquero temporal donde estamos sumergidos, todavía vivimos […] venezolanos que hacemos buena ciencia así sea a pedradas, porque la creatividad y la inteligencia poco tienen que ver con el dinero”.

En ese mismo blog se menciona que de los 100 científicos venezolanos más citados en el ranking de Google, 67 de ellos están activos en Venezuela, otros 8 activos comparten pasantías en otro país, 8 siguen activos en el exterior, 15 están retirados de la actividad científica y 3 a pesar de estar retirados, tienen puestos en gerencia de la actividad científica. Es decir, 77 de los 100 científicos más citados del país siguen en esta tierra“con el propósito de hacer del conocimiento y el desarrollo tecnológico algo tangible”. Ellos publicaron unos 380 trabajos científicos en 2015 y su promedio de publicaciones por año/investigador se ubicó en poco más de 5.

De manera que la atmósfera de esta 66ª Convención Anual de la AsoVAC es propicia para sacudir la nostalgia por lo que no tenemos o hemos perdido y más bien, animarnos a reforzar lo que síposeemos: investigadores jóvenes y no tanto, dispuestos a seguir luchando por este país, talento local, creatividad en medio de la estrechez, así como desterrados que desde la lejanía se disponen a contribuir a la reconstrucción, cuando el tiempo llegue.

En estos días de tanta incertidumbre y desazón, una amiga me trajo de vuelta una frase de Antonio Gramsci, el notable filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano, cuya prisión en las infectas cárceles de Mussolini lo llevó a una muerte prematura. Decía Gramsci que "el pesimismo es un asunto de la inteligencia; el optimismo, de la voluntad". Nada más rotundo para dar fe de que en nuestra comunidad científica, a pesar de los avatares, hay todavía razones para el optimismo con inteligencia. La 66ª Convención Anual de la AsoVAC es testimonio de ello.

17-11-16