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jueves, 3 de noviembre de 2016

Las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía ante la crisis de salud



“Vengan benditos de mi Padre, reciban el Reino, porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, anduve forastero y me dieron alojamiento, estuve enfermo y me visitaron…” (Mt 25, 35-36)

Somos una Congregación que nació hace 127 años en nuestra Patria, cuya misión es “trabajar en la extensión del Reino de Dios mediante la asistencia a los pobres y el cuidado de los enfermos en hospitales y demás instituciones de beneficencia, y la educación cristiana de la niñez y de la juventud carentes de los suficientes recursos económicos… (Constituciones HPM, Nº2). Por tanto, las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía no somos una mera Institución de prestación profesional, sin fines de lucro, sino que buscamos hacer visible los valores del Evangelio, de promover la salud, curar, sanar a los pobres, enfermos y necesitados (Cf. Constituciones, Nº40).

Empezamos por recordar que la Organización Mundial de la Salud ha puesto en marcha la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y se compromete a trabajar codo a codo con sus asociados de todo el mundo para alcanzar estos nuevos objetivos. La Agenda, que retoma los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), tiene un alcance y una ambición sin precedentes. Se mantienen algunas prioridades como la erradicación de la pobreza, la salud, la educación, la seguridad alimentaria y la nutrición, pero se establece además una amplia gama de objetivos económicos, sociales y ambientales y se prometen sociedades más pacíficas e inclusivas.


La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo 83 manifiesta que “La Salud es un derecho fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida. El Estado promoverá y desarrollará políticas orientadas a elevar la calidad de vida, el bienestar colectivo y el acceso a los servicios. Todas las personas tienen derecho a la protección de la salud, así como el deber de participar activamente en su promoción y defensa, y el de cumplir con las medidas sanitarias y de saneamiento que establezca la ley, de conformidad con los tratados y convenios internacionales suscritos y ratificados por la República”.

Como responsables de la dirección y administración de cuatro hospitales católicos en el país, el primero de ellos fundado por el Padre Santiago Machado el 22 de abril de 1888, en Maiquetía, ante la situación grave de salud en Venezuela manifestamos nuestra preocupación, pues cada día se nos dificulta hacer realidad nuestra misión ya que es casi imposible adquirir reactivos, medicamentos para tratar todas las patologías, medicamentos indicados en protocolos de tratamiento para quimioterapia, insumos médicos quirúrgicos, equipos especializados para la atención integral de los pacientes, la paralización de equipos de diagnóstico por falta de aprobación de divisas preferenciales, las fallas constantes de electricidad y agua, la dificultad de adquirir los alimentos para suministrar una dieta adecuada a los pacientes, mantenimiento de estructuras, los deberes formales y laborales y la acentuada escasez de recursos profesionales.

Si nos referimos a las trece Casas Hogares donde se acogen Adultos Mayores, hermanos en situación de calle y niñas en condiciones no favorables para su sobrevivencia y estudios -la mayoría de escasos recursos-, vivimos la impotencia de no poder adquirir los alimentos necesarios por la escasez y por lo costoso de los mismos; es una odisea encontrar los medicamentos y, para hacer efectiva la nómina de los trabajadores que prestan su servicio en estas Casas, tenemos que hacer esfuerzos inmensos ya que las limosnas no alcanzan. Consideramos que este derecho a vivir una vejez plena se está violando porque el Estado, quien tiene la obligación, no facilita ni apoya la atención a nuestros mayores. Nos sentimos solas en esta misión porque la familia en muchos casos no puede aportar lo necesario para la manutención de sus mayores. Por Providencia de Dios es que nos mantenemos activas en el servicio, confiando en personas que generosamente comparten hasta de lo poco que tienen para mantener la Obra de caridad. No así sucede con muchos mayores pobres que están desamparados y abandonados a su suerte en este país y la de tantos hermanos de calle que padecen hambre, desprotección y desamparo.

Nos indigna saber que, a pesar de haber vivido en los últimos años la mayor abundancia petrolera de nuestra historia, hoy nuestra misión de atención a los más pobres y vulnerables es mucho más demandante y urgente, y la llevamos a cabo cada día en medio de las más grandes limitaciones, sin poder acoger más adultos mayores en nuestras Casas Hogares porque no tenemos cómo alimentarlos. Esto significa que la tan anunciada lucha contra la pobreza y opción por los pobres de quienes han administrado los recursos, no ha pasado de ser una propaganda ideológica y utilización de los pobres para sus intereses. Nuestros pobres merecen respeto. Sin embargo, creemos en la conversión y cambio de vida, confiamos que este pecado estructural que estamos viviendo, que está ocasionando hambre, sufrimiento físico y desequilibrio emocional en muchos venezolanos, pueda revertirse con la conversión del corazón de los operadores políticos, y se inaugure un auténtico diálogo y concertación de todos los actores para recuperar nuestro país.

Como servidoras de la salud pedimos al Gobierno Nacional agilizar todos los procesos para los trámites de importación nacional, equipos, insumos, materia prima para los medicamentos y reactivos, servicios básicos y alimentación, así como también facilitar la compra de alimentos y medicinas a precios justos para nuestras casas Hogares, y velar por todos los mayores que se encuentran en la calle o están en sus hogares sin la debida atención, por la tragedia de pobreza a la que hemos llegado en nuestro País; igualmente pedimos que a todo Centro de salud pública se le faciliten todos los insumos y equipos necesarios para que nuestro pueblo no sufra más este calvario de muerte y sea atendido con la dignidad que se merece. Igualmente urge un corredor humanitario en alimentación y salud para que no se sigan perdiendo vidas tan necesarias para la reconstrucción y futuro del país.

En medio de tanta precariedad renovamos nuestro compromiso de seguir sirviendo a nuestros hermanos enfermos y Adultos mayores en situación de pobreza, con integridad, calidad, caridad y respeto, a ejemplo de nuestra fundadora Madre Emilia de san José que se identificó por su compasión, solidaridad y entrega a los enfermos, y con la mística de nuestro Padre Fundador Santiago Machado, quien en la inauguración del primer hospital en Venezuela dijo: “Nos sentimos entusiasmados al poder enjugar lágrimas, aliviar dolores, estancar sangre y hacer menos amargos los días de infortunio de nuestros enfermos”. Ante las situaciones de dolor y pobreza que le tocó enfrentar expresó a un pobre: “He venido porque ustedes también son hijos de Dios y venezolanos que me duelen a mí porque son parte mía y por quienes yo tengo que luchar”.

Como a ellos, nos duele nuestro país, nos duelen nuestros hermanos. Queremos seguir dando nuestro aporte en las diferentes obras de educación, de servicios de salud, de acogida y rehabilitación de tantos hermanos que se encuentran en la calle por diversas razones de pobreza y abandono.

Queremos seguir firmes con la certeza de que Dios nos acompaña en esta hora tan dura y que vendrán tiempos de resurrección porque la Luz prevalecerá sobre las tinieblas, la Vida sobre la muerte, la Justicia sobre las injusticias y la Paz sobre la violencia. Auguramos con la ayuda de Dios que en un tiempo no muy lejano las diferentes fuerzas políticas del País y el pueblo puedan buscar juntos el camino de recuperación de nuestra Patria. Oramos a Dios Padre, y pedimos la intercesión de nuestra Madre y Patrona, María de Coromoto, nos concedan la fortaleza que necesitamos para recuperar la dignidad de hijos de Dios en este bello territorio.

31-11-16