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jueves, 17 de noviembre de 2016

Sobre las imposibilidades de la alquimia por @miglatouche


Por Miguel Ángel Latouche


Decía Platón que el ejercicio de lo político requiere de una episteme que le proporcione significado, que nos permita pensar acerca de la actividad práctica en la cual incurren quienes trabajan en la construcción de espacios para la convivencia entre los miembros de una determinada comunidad política. Los políticos requieren de un conjunto de saberes, categorías, ideas que guíen su quehacer, que les permita orientarse, que les proporcionen una justificación valida a las cosas que hacen dentro del ámbito de lo público. La acción del político debe estar fundamentada, según el Estagirita, por el conocimiento. Puesto de otro modo la Política, así con mayúscula, no es una actividad instrumental.

Claro uno entiende la dimensión del argumento: Cuando los políticos actúan en beneficio y en representación de la comunidad política, se trascienden así mismos, cuando no lo hacen, ¡pues no! Así, en el primer caso actúan en función de valores e intereses que van más allá de lo que cada uno es en tanto que sujeto individual, se preocupan menos por la repartición de cargos que por el bienestar general de la población. Uno puede pensar en aquella frase según la cual ‘el que quiere gobernar a los demás debe ser mejor que los demás’, yo diría que al menos debe trabajar más que los demás. Así la política no puede ser considerada como un quehacer que proviene de la intuición o de la valoración particular que uno haga del momento político. Toca colocarse a la altura de los tiempos, diría Ortega y Gasset, e interpretarlos. Solo una buena comprensión de la realidad permite intervenir sobre ella con éxito.


No basta con percibir que las cosas son como uno quiere que sea. La realidad está allí más allá de nuestros deseos, interpretar sus contenidos correctamente implica un ejercicio de alejamiento de nuestras propias preferencias para evitar que éstas se nos impongan e induzcan a nuestro pensamiento por caminos equivocados. Pero, además, requiere que el pensamiento se construya desde categorías lo suficientemente sólidas para que, desde esa solidez, podamos desarrollar nuestra capacidad interpretativa. Una buena prescripción requiere de un buen diagnóstico.

Entonces cuando uno ve las formas improvisadas desde las cuales se actúa en política en nuestras latitudes, que son las que nos interesan porque acá vivimos, no puede uno más que horrorizarse. Llama la atención que alguna gente vea éxitos allí donde la evidencia demuestra que se han producido fracasos. Uno ve el resultado de la reunión de la Mesa de Diálogo entre la MUD y el Gobierno del domingo pasado y no le queda más remedio que gritar: “que se vayan todos”. Uno siente que se encuentra atrapado por una clase política bastante empobrecida desde el punto de vista de sus capacidades para leer la realidad y para intervenir en ella.

Uno tendría que decir que se vaya el gobierno que nos mal gobierna, es ineficiente y corrupto, nos ha llevado a la pobreza. Pero tendría que decir que se vaya esta oposición que no entiende que nos jugamos la República, que no hace comunión con la gente, que no la escucha. Yo insisto en la idea de que los temas tratados en la mesa no responden a las aspiraciones del país profundo. Se discute la distribución del poder, no el bienestar de la gente.

Hemos presenciado un acto de alquimia del discurso: Amaneció y en Venezuela no hay presos políticos, el desastre de la economía se debe al sabotaje, los Diputados de Amazonas no existen, ¿se reconoce un fraude? Uno no entiende cómo es que en el documento conjunto que suscriben los representantes de la MUD y Gobierno se ‘habla’ en el mismo tono que utiliza el segundo para justificar sus ineficiencias ante el país. La verdad es que salimos muy mal parados de esa reunión, aunque se arreche Ocariz.

El Gobierno hizo lo que tenía que hacer con la saña de siempre, uno no podía esperar menos. Pero levantarse de una mesa de negociación, suscribir un documento que va en contra de la propia postura es un acto irresponsable y estúpido. ¿Desde dónde se piensa lo político? ¿Que justifica este ánimo de perder cada vez que es posible no hacerlo? ¿Cómo interpretar la poca humildad de ciertos líderes? Es necesario un propósito de enmienda, es imprescindible escuchar. Uno no puede ceder tanto y recibir tan poco.

Un axioma fundamental de la teoría de la negociación es que uno no puede salir de la mesa en una situación peor que la del status quo; otro es que uno no negocia en contra de sus propios intereses; otro es que aquel con apuro de tiempo tiene una desventaja estratégica; otro es que grupos de negociación que muestran fisuras tienden a tener peores resultados relativos. Pare usted de contar uno podría escribir un manual de la antinegociación y llenarlo de ejemplos.

No tenemos una buena comprensión de la realidad lo que es un problema vital. De esta mesa salimos muy mal parados aunque se inventen discursos para justificar los desatinos. No es fácil convertir plomo en oro.

116-11-16