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lunes, 21 de noviembre de 2016

#WorldToiletDay: ¿Utilizamos correctamente nuestro saneamiento doméstico?, @iAgua




Por Rafael Marín Galvín, 18/11/2016

Cuando hablamos de aguas residuales urbanas y redes de saneamiento públicas, en el ámbito local contamos con las conocidas Ordenanzas y Reglamentos de Vertidos que marcan pautas para que la emisión de aguas residuales, fundamentalmente industriales, a saneamientos públicos agredan lo menos posible a los colectores de aguas residuales, además de ajustarse al rendimiento de depuración que las EDAR municipales sean capaces de desarrollar, lográndose que el agua depurada cumpla con lo exigido en las Autorizaciones de Vertido a cauce público.

Pero ¿qué pasa con las aguas residuales de procedencia doméstica? Salvo la prohibición expresa de que nuestros desagües se empleen como sumideros de aguas no domésticas y/o industriales, totalmente prohibido en las Ordenanzas de Vertidos, no tenemos nada más que obligue al ciudadano de a pié.

Preocupados por la situación, desde el Grupo de Trabajo de Inspección de Vertidos y Laboratorio de la Comisión V de AEAS se han llevado a cabo varios estudios sobre el tema. Una evidencia contrastada es que la mayoría de los contaminantes de las aguas residuales domiciliarias se hallan tan ampliamente distribuidos en cualquier producto de uso doméstico de cualquier establecimiento comercial de nuestras ciudades, que el usuario particular se convierte en un sujeto emisor de contaminación, lesiva al saneamiento y al medio ambiente en general.

Por otro lado, se da la paradoja de que, con poca o nula base técnica ni científica, se bombardea al usuario mediante campañas publicitarias periódicas con la bondad y conveniencia de aplicar, a escala particular, actuaciones en materia de aguas residuales domésticas, que se demuestran en realidad nocivas para la propia integridad de los sistemas de saneamiento públicos. Pasemos revista brevemente a estos temas.


Restos de higiene personal

Por su actualidad, este tema es uno de los más conocidos. Extendido el empleo de las toallitas y bastoncillos para higiene personal, que han mejorado el bienestar de la personas y han pasado a ser un producto de uso común en nuestros hogares, su evacuación directa vía saneamiento doméstico nos está presentando graves problemas, tanto en la funcionalidad de las instalaciones, como por el encarecimiento en el mantenimiento de la explotación de nuestros bombeos y EDAR.

Muchos fabricantes de estos productos los presentan como “responsables y respetuosos con el medio ambiente” calificándolos de biodegradables, por lo que se pueden desechar incluso a través del WC, al asimilarlos al papel higiénico tradicional.

Sin embargo, una vez desechados vía inodoro, la práctica diaria constata que se van produciendo unas importantes acumulaciones y tapones tanto en colectores como en las propias depuradoras, generando problemas en los elementos de elevación y compactación de las instalaciones (bombeos, filtros y tamices), daños en los sistemas hidráulicos y por consiguiente, una mayor incidencia en el día a día de la explotación de la depuradora con considerables sobrecostes técnicos y económicos asociados (hasta 6 € hab/año, unos 2 millones de € para una ciudad de 300.000 hab. según AEAS).

En este sentido, recientes estudios llevados a cabo tanto desde el sector, como desde los propios fabricantes de toallitas higiénicas, como desde OCU han concluido irrefutablemente que la supuesta biodegradabilidad de estos productos es muy baja (en absoluto comparable a la del papel higiénico tradicional), que su desagregación en el saneamiento también es muy precaria y que su gestión una vez usados debe acometerse vía residuos sólidos urbanos más que evacuados vía inodoro.

Como efecto asociado se ha propiciado incluso una iniciativa internacional para luchar contra el denominado coloquialmente como “el monstruo de las cloacas, que tantos problemas está provocando en nuestros saneamientos, y a la que no cesan de adherirse empresas de aguas de nuestro país. Aún más, está gestándose un proyecto de norma europea para fijar los criterios aplicables para considerar qué productos son efectivamente desagregables en el saneamiento y cuáles no.

En resumen, las toallitas higiénicas y otros textiles nunca deben, con las calidades actuales, evacuarse vía inodoro sino como un residuo sólido domiciliario más.


Fármacos, cosméticos, drogas

Como es de esperar, estas sustancias se incorporan a las redes de saneamiento a través su excreción por la orina y las heces, bien en su forma original, bien como sustancia metabolizada (metabolito). También lo hacen a través de la higiene, tras la utilización de productos vía tópica, como las cremas, geles, champús, etc.., o por enjuagues de los envases que se han utilizado para su administración oral.

Admitida sin límite, lógicamente, la vía fisiológica, estos productos pueden acceder a las redes de saneamiento por la eliminación inadecuada de fármacos obsoletos o caducados, directamente por vía sanitaria y llegar a las EDAR. Los tratamientos de estas aguas en las depuradoras no suelen ser suficientes para eliminar los residuos de estos productos, por lo que muchos de estos compuestos pueden acabar llegando hasta los medios receptores libres (ríos, lagos, acuíferos, mares, etc.).

Sin ser aún un problema a gran escala, ya se ha detectado la presencia de algunas de estas sustancias como antiinflamatorios (ibuprofeno, diclofenaco, etc.), antibióticos (metrodinazol, ofloxacin, etc.) así como de otros compuestos (analgésicos, cardiovasculares, antiepilépticos, anti-conceptivos, etc.), drogas de abuso (cocaína..) en varios ríos españoles si bien a concentraciones muy bajas. Estos niveles no son capaces de generar problemas de salud pública, pero sí que pueden afectar a varios organismos acuáticos (peces, anfibios, larvas de insectos, moluscos...) a los que acarrean problemas de crecimiento, desarrollo y taras genéticas más o menos graves.

En orden a lo dicho, debe abogarse por un uso racional de los fármacos y por su eliminación correcta a través de los puntos “SIGRE”, Sistema Integrado de Gestión de Residuos de los Medicamentos y de sus Envases, habilitados a tal efecto en las farmacias. En cuanto a las drogas de abuso, cualquier comentario al caso es gratuito.


Aceites vegetales usados y grasas alimentarias

La eliminación de los aceites de fritura agotados es, sin duda, una de las prácticas periódicas más cotidianas en nuestros hogares (así como en instalaciones de restauración). Así pues, su evacuación directa por el desagüe doméstico puede provocar varios problemas en los saneamientos resumidos ahora brevemente.

Primero, en unión de restos de los detergentes y jabones de uso doméstico, llegan a provocar en zonas de los colectores sujetas a velocidades de vehiculación bajas (poca pendiente, codos, bombeos) así como en desagües generales de viviendas, las denominadas “bolas de grasa”, capaces de generar atascos en colectores y elementos anexos, roturas y puestas en carga de los mismos. Además, dificultan el intercambio gaseoso entre agua residual y aire en contacto con ella aumentando la progresiva anoxia del agua residual a lo largo de los colectores, con lo que aquélla llega a la EDAR con mínimos contenidos en oxígeno, cuando no en anaerobiosis.

Por otro lado, los aceites una vez en la EDAR dificultan el pretratamiento del agua (por su asociación con las arenas de ésta) generando problemas de sedimentabilidad, incrementando los residuos producidos en depuración y en su caso, favoreciendo también el incremento del consumo de aire (u oxígeno) en las balsas de aireación. En éstas, además, actúan agresivamente frente a los microorganismos depuradores obstaculizando su aireación celular y por tanto, su rendimiento depurador.

Por lo argumentado, debe insistirse en que los aceites de fritura agotados han de ser enviados por el usuario doméstico a los Puntos Verdes Municipales, Centros de Recogida de Residuos o similares y nunca ser directamente arrojados por los desagües de nuestros hogares.

Equipos domésticos de tratamiento de agua

Aunque el agua de consumo cumpla el RD 140/2003 y sea salubre y limpia (potable) puede tener algunas características que no agraden a algunos consumidores: dureza, contenido salino, sabor/olor al desinfectante empleado. Asimismo, y dentro de su carácter de potabilidad, podría en ocasiones generar problemas tales como incrustaciones en electrodomésticos y redes interiores, y otros, haciéndole tener la percepción errónea de agua de mala calidad al cliente.

De este modo, algunos usuarios optan por tratamientos domiciliarios del agua recibida de la red mediante diferentes equipos comerciales. Hay muchos modelos y sistemas en el mercado pero los más utilizados son la ósmosis, los filtros de carbón activo y los descalificadores por resinas de intercambio iónico (solos o en conjunto).

En el caso de la ósmosis se opera con un alto volumen de agua de desecho frente a la realmente empleada (entre el 50 y 90%) y se elimina el 90% de la contaminación química y casi el 100% de la bacteriológica: sin embargo, de generalizarse el uso de agua osmotizada para consumo, no es previsible una contribución preocupante a la contaminación emergente y sustancias prioritarias al saneamiento por este motivo.

Lo que sí sería importante, es que tomando en consideración el empleo generalizado de descalcificadores domésticos para reducción de la salinidad del agua, si toda el agua consumida en una población se descalcificase en los hogares, se podría llegar a incrementar la conductividad media del agua residual urbana hasta en un 10%, lo que según qué casos, podría acarrear problemas de depuración en EDAR biológicas así como una paulatina salinización en el cauce público que reciba el propio vertido ya depurado.


Biocidas y fitosanitarios (plaguicidas)


Entre los biocidas, de profuso uso en nuestros jardines domésticos, podemos encontrar numerosas sustancias, desde tan sencillas como el cloro, hasta más complejas como derivados órgano-fosforados, piretrinas y piretroides, sales de amonio cuaternario, derivados cumarínicos, fenoles y otros productos variados de síntesis.

En cuanto a productos fitosanitarios encontramos productos sencillos como el azufre, sulfato de cobre y bórax y, más complejos, como derivados órgano-fosforados, órgano-nitrogenados, fenoles y una gran variedad de otros productos orgánicos. En este sentido, el vertido directo de los enjuagues y limpiezas de recipientes empleados en jardinería doméstica puede representar un apreciable input negativo en nuestros saneamientos. Dada la biotoxicidad de estas sustancias, muy poco biodegradables, serían capaces de atravesar las EDAR e ingresar en el medio natural bien como efluente depurado, bien a través de la aplicación de fangos de depuradora en agricultura. Por todo ello, se debe instaurar una cultura de buenas prácticas en el empleo doméstico de biocidas, atendiendo a lo establecido en sus fichas de uso y etiquetas. Además, siempre debiera sopesarse el empleo de otras alternativas más compatibles con el entorno para el control de plagas.

El empleo de productos biocidas autorizados a tales fines por particulares (sin ningún tipo de capacitación) requerirá de actuaciones de información y de educación ambiental, debiendo incluir el suministrador comercial en las instrucciones de uso las precauciones del producto así como una mayor información en cuanto a lo negativo y desaconsejado de su eliminación a través del saneamiento. Para ello, lógicamente, el usuario debería contar con centros públicos de recogida y gestión de estos productos y nunca usar el váter como sumidero de emergencia para desprenderse de los restos de estos productos.

Trituradores de basuras

Inventados en 1927 en EE.UU., han sido instalados en numerosas viviendas desde los años 60 del siglo pasado para triturar y desmenuzar los residuos orgánicos de comida y así evacuar el producto por el desagüe de la cocina. ¿Qué afección puede tener la generalización de esta práctica en nuestros saneamientos?

Supóngase una población de 300.000 habitantes, que genera unos 75.000 m3 de agua residual al día, la cual contiene aproximadamente 45.000 kg de DQO. Esta misma población, de generalizarse el uso de los trituradores de basura, aportaría unos 180.000 kg de materia biodegradable al agua residual, lo que suponiendo una tasa de conversión del 25% en DQO, prácticamente duplicaría la carga de entrada a la EDAR urbana (45.000+45.000) kg/d de DQO, así como la generación extra de biosólidos y su posterior tratamiento y gestión. ¿Estaría la EDAR en disposición de depurar este efluente? Además, el impacto que el alto contenido de restos orgánicos tendría en la explotación y mantenimiento de colectores, bombeos, tanques de tormenta y otros elementos de la red de saneamiento sería notable. Finalmente, el sobrecoste económico tampoco sería desdeñable.

En resumen y apelando al sentido común, no parece muy lógico y aún menos sostenible, tirar una basura sólida (restos de alimentos con un 50% de sequedad) al agua, la cual la transformaría a una concentración de sólidos menor del 0,2%, y luego, una vez en la EDAR, volverla a separar de ésta, con el consiguiente sobrecoste de energía eléctrica, reactivos químicos, personal, etc., para obtener de nuevo un residuo (fango al 20 o 30% de sequedad) que deberá ser eliminado como si hubiera ido al cubo de basura. Por otro lado, no debemos olvidar que la digestión anaerobia de una EDAR no hace “desaparecer” la materia orgánica, sino que reduce en un 50% los sólidos volátiles y en un tercio los totales.

Por lo dicho, debemos concienciarnos en cuestionar la supuesta bondad de los trituradores domésticos de basuras, puesto que ni son ecológicos, ni representan un avance en nuestra calidad de vida, y sí supondrían un constatable colapso de nuestros sistemas de colectores y bombeos de aguas urbanas, y de nuestras actuales depuradoras (colapso también en el aspecto económico, ojo). La basura orgánica debe ser conducida al cubo de basura para su tratamiento adecuado, al igual que el papel, vidrio, envases, etc. se disponen en sus respectivos contenedores.

Como conclusión final de todo lo dicho, el inodoro, el váter y en general el desagüe de nuestra casa no es un sumidero en el que tirar todo lo que no nos sirve: es simplemente un elemento para recoger un tipo específico de residuos líquidos, esencialmente de procedencia orgánica y papel higiénico convencional, y por consiguiente muy fácilmente biodegradables. Para el resto, los canales de evacuación deben ser otros: basuras domésticas, puntos verdes municipales, redes de gestión de medicamentos usados o gestores de aceites alimentarios usados, entre otros.

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