ANTONIO DELGADO 14 de noviembre de 2015
El
régimen bolivariano de Venezuela, que por años gastó miles de millones de
dólares para comprar el amor de los pobres, ahora intenta salir victorioso en
los comicios parlamentarios del 6 de diciembre haciendo uso de otra emoción: el
miedo.
Y es
que, carente de los recursos del pasado e inmerso en una de las mayores crisis
económicas en la historia moderna del país, el régimen de Nicolás Maduro hará
todo lo posible para convencer a sus bases tradicionales de que podrían perder
los beneficios que actualmente reciben del Estado si votan contra el chavismo
en las elecciones, dijeron analistas consultados para la actual serie sobre las
elecciones del país petrolero.
Y para
ello, el régimen incluso va a hacer uso de un argumento que la oposición lleva
años catalogando de mentira, el de que el voto no es secreto, explicaron los
expertos.
Según
las encuestas, es mucho el miedo que el chavismo debe generar para evitar una
derrota en los comicios, cuando la impopularidad de Maduro supera el 80 por
ciento y la intención de voto a favor de la oposición supera en más de 30
puntos a la del chavismo.
Esos
números demuestran que una porción significativa de los electores chavistas
están admitiendo a los encuestadores que en esta ocasión no están dispuestos a
seguir acompañando al régimen. Muchos están decepcionados ante lo que consideran
una muy mala gestión de gobierno de Maduro.
Ese es
el segmento que el régimen buscará intimidar, valiéndose de operativos de
movilización que serán ejecutados por efectivos de la Guardia del Pueblo, dijo
el general Antonio Rivero, dirigente opositor que mantiene contacto con
oficiales activos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
“El
plan de arrastre lo va a ejecutar la Guardia Nacional y la Guardia del Pueblo”,
dijo Rivero, quien recibió detalles de los preparativos del régimen.
“Van a
ser agentes uniformados quienes van a tocar a la puerta de los electores para
llevarlos a los centros de votación”, agregó el general, quien se vio obligado
a salir a la clandestinidad tras ser acusado por el chavismo de delitos de
instigación pública y de asociación para delinquir durante las manifestaciones
de protesta del año pasado.
El
grueso de esa operación va estar centrada sobre los 2.5 millones de empleados
públicos y sobre los beneficiarios de la Misión Vivienda, programa
gubernamental que otorga hogar a cerca de medio millón de familias.
“En
cada uno de estos hogares viven varios adultos, quizás dos o tres electores, de
modo que podemos hablar de algo más de un millón de electores que viven en
casas otorgadas por el chavismo”, señaló Rivero.
El miedo, instrumento de coacción
El
régimen va a tratar de convencer a esas personas el día de la elección de que
ellos saben cómo votan, y de que si votan en contra del oficialismo van a
terminar perdiendo los beneficios del Estado que reciben, ya sea vivienda,
empleo u otro tipo de programa social, coincidió Antonio De La Cruz, director
ejecutivo de la firma Inter American Trends, que lleva años investigando los
mecanismos de fraude electoral utilizados por el chavismo.
“La
principal emoción que ellos manejan para motivar al electorado es el miedo”,
dijo De La Cruz. “El miedo a perder los beneficios, ya sea una misión, ya sea
el trabajo. Han construido un perverso sistema para explotar al máximo los
temores del elector”.
Esos
temores son fáciles de conjurar en Venezuela, donde permanece el recuerdo de la
aborrecida Lista Tascón, documento cuya existencia siempre fue negada por el
chavismo, pero que fue utilizado para castigar a quienes firmaron en el 2004 a
favor de un referendo revocatorio del mandato del presidente Hugo Chávez.
La
lista permitió que millones fueran sometidos a una especie de apartheid
económico que les cerraba las puertas a los beneficios que les correspondía
como venezolanos.
Monitoreo y ‘voto asistido’
La
mayoría de los analistas consultados coinciden en que el gobierno miente cuando
trata de convencer a los venezolanos de que el voto no es secreto.
Pero
la mentira aunada a la poderosa máquina de monitoreo del voto, construido
ilegítimamente por el chavismo, ha terminado siendo una herramienta muy
poderosa en los comicios anteriores.
Según
documentos obtenidos por el Nuevo Herald, el sistema de monitoreo permite al
chavismo obtener información en tiempo real sobre la evolución de las
elecciones, e identificar a aquellos electores que aún no han acudido a las
urnas para irlos a buscar.
Ese
sistema, que ha sido esencial para el chavismo en elecciones pasadas, hace uso
de las bases de datos del Seguro Social, del Ministerio de Poder Popular de las
Comunas, de los empleados públicos y de las Misiones para ubicar a cada uno de
los electores dentro de estos centros de votación.
El que
esto se haga constituye una nueva manifestación de ventajismo porque se trata
de información a la que ningún otro movimiento político tiene acceso.
Pero
la información es crucial para las campañas electorales del chavismo. La
mayoría de las personas que aparecen en estas bases de datos, dado que reciben
ayuda o algún tipo de beneficio del Estado, son blancos fáciles de la intimidación
y de las operaciones de control social.
Las
personas que aparecen en estas bases de datos son repartidas entre los
distintos “patrulleros”, quienes tienen la tarea de cerciorarse de que fueron a
votar, y en ocasiones incluso llevan a los electores hasta la máquina de
votación para monitorear el acto del sufragio y cerciorarse de que fue a favor
del oficialismo, en una práctica de “voto asistido” ampliamente denunciado por
la oposición en el pasado.

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