Laureano Márquez13 noviembre 2015
Este
gobierno huye de sí mismo, no se puede soportar, rompe los espejos que le
reflejan. Los fiscales cómplices lo abandonan, los encargados de las
expropiaciones tiran la chaqueta cuando ven a la gente de trabajo llorar una
vida perdida, cosa que conmueve al más pintado. Anda como la oración de Santa
Teresa, pero al revés: “todo le turba, todo le espanta, nada le sale, Dios no
le basta”. No le han crecido las personas de corta estatura porque no ha
montado un circo. La suerte le abandona. Esta atrapado en sus contradicciones,
a punto de perder unas elecciones, cuestionado internacionalmente, con los
precios del petróleo mucho más bajos que lo que necesita para su habitual
festín de petrodólares, con todos los organismos de Derechos Humanos con las
alarmas encendidas. Verdaderamente su situación es lastimosa y por tal razón,
como suele suceder con algunas personas y algunos gobiernos, está en uno de
esos momentos peligrosos para sí mismo y para los demás. Debemos ayudarlo a
irse en paz, como si fuese un gobierno malo más y no como la tragedia en que se
ha convertido para el destino de los venezolanos, especialmente de aquellos que
dice defender. Diciembre será el primer paso de un largo camino que habrá que
transitar, tranquilos y sin nervios, como diría López.
El
gobierno sabe que la causa de una de las crisis económicas más grandes de
nuestra historia y de la inflación más alta del planeta es la absurda,
contradictoria y destructiva política económica. Sabe que este dañó solo puede
corregirse con medidas impopulares y difíciles, como suele suceder siempre que
viene la austeridad luego de una borrachera financiera. Pero está atado de
manos. No puede reconocer que lleva 17 años metiendo la pata, no puede tomar
medidas de esas que se suelen asociar al neoliberalismo, porque se notaría su
desnudez. Seguirá adelante rumbo al abismo. Culpará a quien pueda: volverá a Obama
y al decreto y también a la CIA y a Uribe y a Rajoy y a la OEA y a la NASA, si
es menester. Pero ya nadie le cree. Ese disco se rayo, como decía la gente de
antes.
El
gobierno sabe perfectamente de su derrota en las elecciones que se avecinan,
que se le han vuelto una verdadera pesadilla: si las pierde, como indican todas
las encuestas, incluyendo las compradas, se enfrentará al fantasma del que ha
pretendido huir: el desafecto popular, ganado a punta de convertirse en
negación del discurso que le llevo al poder, de todo lo que alguna vez dijo
defender: honestidad administrativa, respeto a los derechos humanos,
imparcialidad de la justicia, autonomía universitaria, progreso y bienestar. Si
las gana es mucho peor aún, porque si la gente proclama como fraudulentas las
elecciones que ganaba de verdad, qué no dirán de unas ganadas con un evidente
70% de la población en contra y con observadores internacionales que
observarán, aunque no de les deje venir. Este gobierno está tan claro en que va
a perder la Asamblea el 6 de diciembre que se inventó una tarjeta parodiando a
la de la Unidad y la puso al lado, sin objeción del CNE. La llama “somos la
oposición” y el presidente le hace publicidad. Este gobierno a punta de no
saber donde esconderse, se escondió en la oposición. Nos hace creer que la
oposición es quien gobierna y ellos la adversan. Llegan al extremo de pedir “un
voto castigo consciente contra quienes han golpeado al pueblo”, ¡aunque Ud. No
lo crea!
Este
gobierno lo sabe todo, desde las causa del hundimiento del país, hasta las
conversaciones privadas de la gente. Solo hay algo que el gobierno ignora: no
sabe es que es gobierno. Esta como Mickey Rourke en la película “El ángel
diabólico” en la que Louis Cifier (Lucifer) lo contrata como detective para que
investigue el caso de un tipo que le vendió el alma y se le está escondiendo.
Todas las evidencias conducen a que el que vendió su alma es el propio
detective que investiga, pero él –obviamente- no lo ve. Pretendió engañar al
diablo y terminó engañándose a sí mismo. Ahora baja en un ascensor cuyo
descenso no para. No sabe quién es ni por qué se hunde. Por su propio bien,
este 6 de diciembre hay que ayudarle a que se entere.

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