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domingo, 30 de octubre de 2016

Capriles: “La convocatoria es para exigir la restitución del hilo constitucional” por @prodavinci


Por Hugo Prieto


Desde comienzos de año, el líder opositor que planteó el Referendo Revocatorio como la vía constitucional, pacífica, democrática y electoral para salir del gobierno de Nicolás Maduro, fue Henrique Capriles Radonski. El cronograma de la consulta estaba listo, sólo faltaba distribuir los cotillones electorales para que la gente pusiera su huella y se recogiera el 20% de las manifestaciones de voluntad, pero el gobierno, a través del control institucional (en este caso de la jurisdicción penal), lo impidió.
La situación ha cambiado radicalmente en comparación con la que había en la campaña electoral de 2012, en la que Capriles advirtió lo que estamos viendo, “un proceso atado a una persona, que se extinguió con la propia muerte de Chávez”. Actualmente, la correlación de fuerzas es de 80% a 20%, “no hay condiciones para una guerra civil”, dice Capriles. “Mi llamado a Miraflores (convocatoria hecha para el próximo jueves) está cargado de responsabilidad. Vamos a exigirle al gobierno que restituya el hilo constitucional y nos devuelva algo que nos robó, el derecho al voto”.
Entre enero y octubre pasamos de una crisis institucional a una crisis constitucional. La forma de resolver el conflicto, según el abogado constitucionalista, Jesús María Casal, es la consulta en las urnas, para que el pueblo se pronuncie o una la salida de fuerza. ¿Cuál cree usted que va a ser la solución?

Tiene que ser electoral. No hay otra. Esta mal llamada revolución es una farsa que se mantuvo gracias a un precio del petróleo elevado. ¿Pero qué pasa cuando vamos a los grandes números? Que aparte de los programas sociales, mucho del dinero que entró producto de la renta petrolera fue a parar a los bolsillos de unos pocos. Nunca hubo un proceso de diálogo en estos 18 años. Aquí hay una generación que no entiende la palabra diálogo, entre otras cosas, porque la política que se desarrolló en ese lapso fue, precisamente, de confrontación. Hay quienes se hacen eco del llamado a la confrontación. “Ya va, compañero. No es por ahí, ese no es el camino”.Pero la confrontación fue lo que prevaleció en las dos últimas décadas. Y Chávez, que permanentemente estimulaba el conflicto, ¿cómo los dirimía? Mediante elecciones. Los venezolanos nos acostumbramos a vivir en la confrontación, pero nuestra válvula de escape, era un proceso electoral. Y estos mismos señores, que ahora están en el gobierno, decían que si no había elecciones, Chávez las inventaba. Entonces, la solución de la crisis, necesariamente, pasa por un proceso electoral. Si hay algo que nos diferencia de Colombia y de otros países, es que venezolanos votamos. Mira los niveles de participación.
Hablando de ese llamado, hay gente que piensa que la confrontación de la Asamblea Nacional debió ser con el Tribunal Supremo de Justicia y no con el Ejecutivo, porque por ahí iban a venir las trabas. Eso también iba a impedir la sensación de que el parlamento estaba peleado con el resto de los poderes.
Con el mayor respeto… ¿Es que acaso hay alguna diferencia? ¿Digamos, entre el TSJ y Miraflores? Son la misma cosa. Cuidado, el gobierno siempre está buscando a un culpable y ahora quiere echarle la culpa de todos los problemas del país a la Asamblea Nacional, así como  hacernos creer a los venezolanos que el conflicto institucional y la situación de crisis es consecuencia del “sabotaje” de la Asamblea Nacional y del hecho de que el gobierno no controla a la Asamblea Nacional. Es el mismo chantaje que nos aplicaron para que el pueblo eligiera gobernadores y alcaldes del PSUV. Aquello de que “si el gobernador o el alcalde no es del PSUV, no va a poder gobernar”. Con ese chantaje, mira adonde han llevado a Venezuela. Y lo digo porque a mí me tocó llegar a la gobernación de Miranda después de la peor gestión que se hizo en toda la historia del estado. Me refiero a este alto personero de la cúpula del gobierno. Yo creo que el triunfo del 6-D despejó el camino para que entráramos en esta fase terminal, diríamos, de un proceso, de un gobierno insalvable.
¿No es una especulación decretar la muerte del chavismo?
Después de la muerte de Hugo Chávez, yo fui a un proceso electoral que marcó un cambio en la correlación de fuerzas del país, para mí era claro que el chavismo, que la revolución, todo esto, era Chávez. Yo soy de los que cree que lo que estamos viendo es lo que se iba a producir luego de su muerte. Esto era un proceso que estaba atado a una persona. ¿Y qué es lo que estamos viendo? Que sobre el control institucional y el conflicto tratan de defender un proceso que se acabó. Esto se acabó. No ha cambiado todavía porque tienen el control (a excepción de la AN) de todas las instituciones, de lo contrario la situación sería muy distinta. Tan es así —para Maduro y para todos ellos— que por eso se niegan a realizar elecciones, porque el proceso se acabó. Lo que queda es una estructura burocrática, una cúpula, apoyada por otra cúpula, de índole militar, por el monopolio de las armas. Eso les ha permitido todos estos desmanes que hemos visto en los últimos meses. Esta crisis es peor que la del 2002 y la más grave que ha vivido el país en su historia contemporánea. No es una confrontación o una polarización. Yo creo que es una cúpula contra un país.
Durante este largo período ha estado en disputa la iniciativa política. Habría que reconocerle a Hugo Chávez que tenía instinto político. De hecho, fue él quien convocó al Referendo Revocatorio en 2004. Para la oposición ha sido difícil moverse en este terreno. Quizás porque hay divisiones en su seno. Hubo dificultades, incluso, para alinearse alrededor del Referendo Revocatorio. No está claro que la oposición pueda mantener la iniciativa política.
En el chavismo las decisiones las tomaba una persona, su palabra era punto y final. Esa forma de trabajar les dio frutos políticos a ellos. ¿Pero cuál es el balance? Una Venezuela destruida como nunca. Las condiciones económicas actuales son peores que cuando se dio el Caracazo, pero por largo. No creo que sea buen ejemplo. Chávez habrá sido un político muy habilidoso, con olfato, se inventaba, ¿Pero a qué costo para el país? La oposición, primero, somos demócratas, debatimos, tenemos ideas distintas, buscamos acuerdos y eso lleva su tiempo, hay discusiones, hay encuentros. Yo me remito a los resultados. Las veces que agarramos caminos de improvisación, muy al estilo “como vamos yendo, vamos viendo“, hemos fracasado. Pero cuando hemos buscado el acuerdo —y el mejor ejemplo son las elecciones del 6-D— obtuvimos, en una sola tarjeta, la votación más grande que ha habido en este país. Nunca en la historia de Venezuela una coalición de partidos había tenido tanto apoyo. Yo no soy anti nada, ni trabajo sobre la base del odio, ni tengo un cartapacio de facturas para cobrar. Yo creo que cuando se vaya Maduro, necesitamos tener una mirada que alcance a ver el día siguiente. Necesitamos una unidad para que podamos, entre todos, salvar a Venezuela. No es para que alguien agarre el coroto. Entonces, tendríamos a otro Chávez, pero de oposición. No, cuidado.
Es cierto, la oposición tiene fuerza electoral, pero no ha podido convertir el descontento, el malestar social, en una acción política. En mi opinión, eso no se ha logrado porque hay una carencia de liderazgo. Ese tema está abierto y no se ha resuelto. No quisiera subestimar el papel del líder ni del liderazgo, en un momento crucial, en el que hay que demostrar si lo hay o no. ¿Qué papel va a cumplir Henrique Capriles Radonski en esta etapa?
Yo creo que dentro de una coalición conformada por 16 partidos políticos generar acuerdos no es fácil, es complejo. Ahora, cuando yo establezco una comparación entre lo que nosotros hemos logrado, con los recursos que tenemos, frente a un gobierno que no tiene escrúpulos, que es capaz de cualquier cosa, lo que quiero es poner de manifiesto —y en este punto no me refiero tanto al liderazgo político sino a la sociedad venezolana—  es que ha sido algo heroico. Quizás estamos imbuidos en el quehacer político, y eso le resta volumen a nuestro proyecto de país. ¿Por qué somos mejores que el chavismo? Aquí hay que explicarle a la gente lo que viene después de Maduro, porque la lucha no es para ver quién se queda con el poder político, sino para reconstruir a Venezuela. ¿Cuál es mi papel en esta coyuntura? Mi posición ha sido la misma. Yo quiero que los cambios se den dentro de la Constitución, por la vía democrática, pacífica y electoral. Pero actualmente, el juego político es otro. ¿Por qué? Porque nos robaron el derecho a votar. Una cosa es que hicieran trampa en los procesos electorales, que estuvieran cargados de vicios, y otra que te digan “aquí no hay más elecciones”. En la ‘Toma de Venezuela’ le dije a la gente: “yo no vine a que me aplaudan”. Aquí hay una ruta porque esta convocatoria se hizo para que se restituya el hilo constitucional, aunque había gente que quería ir a Miraflores. Mi papel es conducir a la sociedad, sin que la sociedad pierda la cabeza, para que un pueblo organizado y movilizado obligue al gobierno a restituir el hilo constitucional y que los venezolanos podamos resolver la crisis mediante su decisión, mediante el voto.

La situación es otra, muy distinta. Pero impone un desafío. ¿Hasta dónde va a llegar Henrique Capriles? Hago esa pregunta por lo siguiente, en la campaña de 2012, luego del triunfo de Nicolás Maduro, usted descartó la marcha al CNE y ciertamente ha dado las razones que motivaron esa decisión. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar en este momento?
Son dos países distintos. En 2012 teníamos un país dividido en dos mitades, en dos fuerzas electorales muy parecidas, muy de tú a tú. Pero la otra mitad con las armas, con el respaldo de la Fuerza Armada, todas las instituciones, en condiciones completamente distintas. Hoy es 80% que quiere cambio y 20% que no lo quiere, pero que podría reducirse aún más, cuando se advierta que aquí se enterró lo poco que había de la maltrecha democracia venezolana. Yo creo que el poder militar, que está muy dividido, viendo ese país que se moviliza y exige su derecho al voto, también se verá ante un cuadro muy complicado. Lo digo y lo repetiré, no como una respuesta cargada de soberbia, porque yo no soy soberbio, podré tener muchos defectos, pero ese no es uno de ellos. Yo le evité a este país una guerra civil. Y si tengo que elegir entre la presidencia y la guerra civil, mi opción nunca será la guerra civil.
No ha respondido la pregunta. El punto…
… no, no, ahí voy. Voy a llegar a Miraflores, precisamente porque ahora no hay condiciones para una guerra civil. No existen. Una guerra civil es pueblo contra pueblo. ¿Qué van hacer las Fuerzas Armadas? ¿Van a tomar las armas y matar a la gente? No lo creo. Si a Nicolás Maduro le queda algo de racionalidad —y para eso es la movilización del jueves— debería abrir un espacio de diálogo, de negociación, que es absolutamente necesario. Un espacio de rectificación. ¿Maduro qué quiere, matar a la gente? Son otras las condiciones y por eso mi llamado está absolutamente cargado de responsabilidad. Pero, además, bastante que lo advertí, lo alerté, ¿por qué ha cambiado el tono de los comunicados de la comunidad internacional? Está la cumbre de Cartagena (Colombia). El presidente de Perú va a pedir que se aplique la Carta Democrática. ¿Por qué está ocurriendo todo eso? Porque nos robaron lo que nunca antes se habían atrevido a robarnos, que es el derecho a votar. ¿Me expliqué bien, no? Hasta Miraflores.
Sí, y si lo quería remachar, lo acaba de hacer.
Yo soy el mismo, pero las condiciones son otras.
¿Cuando habla de rectificación a qué hechos concretos se refiere?
Al hecho de que Nicolás Maduro levante el teléfono y le diga a Tibisay Lucena que fije la fecha para la recolección del 20%. Que lo haga para el viernes, sábado y domingo de la semana que viene. El proceso estaba listo, lo único que faltaba era la entrega del material electoral. Eso es rectificar. No se trata de que Maduro les pida perdón a los venezolanos, porque nunca lo va hacer, ni nos importa tampoco.
Falta el reconocimiento de la Asamblea Nacional, la liberación de los presos políticos, entre otros temas que figuran en la agenda opositora.
Todo viene, todo viene, pero yo estoy hablando estrictamente de la movilización a Miraflores, que el gobierno la tiene en su narrativa como un punto de honor, como un símbolo. Por eso hablo de rectificación, porque el gobierno ha dado un golpe. No es un golpe militar, pero sí un golpe judicial, porque el gobierno controla la justicia. Ha suspendido un proceso electoral, que es un derecho constitucional. Bueno, levanta esa suspensión, permite que el pueblo coloque el 20% y no vamos a Miraflores, pierde sentido esa movilización. Ahora, los otros puntos de la agenda, los otros puntos de lucha, donde el gobierno también tiene que rectificar, siguen. No estamos cambiando una cosa por otra. En ese sentido, la oposición no tiene nada que negociar con el gobierno. Aquí no se plantea el diálogo como una guerra, tipo Colombia. Ni estamos hablando de un cese al fuego, no compañero. El que está echándonos plomo es el gobierno. El que tiene que cambiar su posición es el gobierno. Lo que la oposición está pidiendo es que se cumpla lo que está establecido en la Constitución. No estamos agrediendo al gobierno. Pero el gobierno, en su chantaje, en su manipulación, trata de vender internacionalmente la idea de un conflicto.
Usted habló del tema militar —elemento que no quisiera introducir, pero que es inevitable—. A los militares les entregaron la administración pública, ellos crearon una empresa para explotar petróleo y gas, y podrían verse en la tentación de no someterse a lo que ha ocurrido en Venezuela. Aquí, periódicamente, la gente vota por una fuerza política, que de resultar ganadora, administra eso que tanto les gusta a los políticos, que es la renta petrolera. Pero qué bueno sería administrarla sin tener que ir a un proceso electoral competitivo. No veo ninguna razón por la cual los militares le quiten el respaldo a Maduro.
No estoy de acuerdo. Primero, no generalizaría, no metería a todo el mundo en el mismo saco. Segundo, los militares no tienen futuro con Maduro, por la sencilla razón de que este país no tiene futuro con Maduro. La renta petrolera, en este país, ya es insuficiente. Los venezolanos ya no podemos vivir de la renta petrolera. Y no vamos a salir del modelo rentista, mientras Maduro y el PSUV sigan en el gobierno, porque ellos no saben crear empleos, ellos no saben generar otras fuentes de ingresos. Ellos son los propios vivarachos que se pegan a la teta del Estado. El clásico ejemplo del reposero es la cúpula del gobierno. Aquellos que no hacen ningún esfuerzo y viven de una industria, de un recurso, que ellos no crearon. Ellos hablan de PDVSA como si hubiesen creado esa empresa, cosa que no es cierto y eso lo sabemos todos. Yo separaría a los militares de una cúpula rozagante y obesa. Muy a lo venezolano diría lo que se ve cuando pasamos con el carro por una alcabala. ¿Quién es el jefe? El gordo. El que lleva el uniforme a la medida y en perfecto estado. El carro que está parado en el destacamento es el del jefe. Mientras el soldado es el flaco, a quien le queda el uniforme dos tallas más grandes, le ves la cara de cansancio, y en la expresión de la mirada a la persona que vive la crisis. Son dos realidades completamente distintas. Algo que se empieza a reflejar en las encuestas es que Maduro está hundiendo a la Fuerza Armada. Maduro tiene claro que su sostén está en la Fuerza Armada. Por eso le ha entregado lo poco que queda, pero lo poco que queda es insuficiente.

El padre Arturo Sosa realizó una intervención en Medellín sobre la caracterización del momento político. En una declaración posterior a su nombramiento como Superior de la Compañía de Jesús ratificó algunas cosas que había dicho. Habló de la necesidad de sentarse alrededor de una mesa y de buscar un acuerdo. Así como de los grandes problemas de la sociedad venezolana. Del pensamiento mágico y de los sentidos comunes que se habían instalado en el país. La oposición tiene una parte de la solución, pero el chavismo tiene la otra parte. De ahí la necesidad del diálogo. Al final, la única solución es la mesa, no es otra cosa. ¿Por qué no le dice a la gente cómo es esa Venezuela post Maduro y cómo sería esa negociación? Porque tarde o temprano aquí habrá una transición política.
No es por culpa de la oposición que aquí no ha habido diálogo. Sí, es cierto, el gobierno ha llamado al diálogo pero para que nada cambie. Y eso no es lo que esperan los venezolanos. El diálogo tiene que ser algo productivo, tiene que generar resultados. Dialogar no significa claudicar. Diálogo no es entreguismo. Lo que ocurre es que hay tanta desconfianza, que ante cualquier llamado al diálogo, la gente dice: “Ah, esto es para que Maduro agarre oxígeno y se lave la cara”. Una de las cosas que dijo el padre Sosa (en una intervención más reciente) es que en los centros de votación donde comúnmente votan los militares, ganó la oposición el 6-D. Lo reitero, la Fuerza Armada también quiere un cambio, lo quiere. Pero no te olvides que es una institución vertical, obediente y a lo interno, en la cadena de mando, no es deliberante. Entonces, no metamos a todo el mundo en el mismo saco. Y algo similar podríamos decir del chavismo. No todo el chavismo es antidemocrático. Yo conozco sectores del chavismo que sí son democráticos. A ellos les preguntaría ¿Cuál es su opinión luego de que Maduro suspendió el revocatorio?
¿A usted no le parece que en la oposición hay mucha hipocresía cuando habla de reconciliación? Que lo hace de la boca para afuera. El chavismo democrático tiene sus reservas y se pregunta “¿De verdad estos señores quieren la reconciliación?”
Una de las recomendaciones que yo les doy al chavismo democrático es que no vea tanto VTV, ni que se guíe tanto por el sistema de medios públicos. El aparato de comunicación del gobierno está peor que nunca y lo digo porque no cumplen algo elemental, como es la función social de los medios. Desconocen la realidad del país. Me imagino que eso es inaceptable para un periodista, eso es antiético completamente. ¿Qué no seas capaz de informar lo que está pasando para proteger al gobierno, para proteger a un partido político? Esto lo digo porque el gobierno vende la idea de que toda la oposición es hipócrita, doble cara, falsa. Sí hay, y lo digo porque yo los he enfrentado, posiciones en los extremos. Del lado del gobierno y del lado de la oposición. Yo he tenido que lidiar con el extremo del gobierno que me tilda de violento y con el extremo de la oposición que me tilda de cobarde.
Algo de eso se vio en ‘La toma de Venezuela’, donde hubo señalamientos, ataques directos a su persona. ¿No es un síntoma de la división interna?
¿Qué hace el gobierno cuando la gente dice “A Miraflores”? Apaga mi voz, pero lo que yo estoy diciendo es: “No, no vamos a Miraflores”. ¿Cuál es la mayoría? ¿Los que vociferaban vamos a Miraflores? o lo que pasó. ¿Qué pasó? ¿La gente fue a Miraflores? Si consideras que los líderes que hablaron en esa concentración no sirven, si no crees en ellos y quieres ir a Miraflores. ¿Por qué no lo haces? Quizás por dos razones. Uno, porque no te sientes acompañado. Dos, porque estás allí no con la intención de hacer una crítica, sino porque respondes a otros intereses, a un sector extremista que te utiliza, o que formas parte de ellos, y tu verdadero objetivo es arrastrar al resto. ¿Si tanto interés había en ir a Miraflores, por qué la gente no fue? Porque hay conducción y prevalece una actitud racional. El que está en el centro combate los extremos. Aquí, al final, el gobierno (los sectores del chavismo democrático) y la oposición van a tener que sentarse sobre la base de reglas, van a tener que ir a un proceso de negociación. Pero entiéndase bien: negociación no es negocio. No se trata, como mucha gente pudiera pensar, que se van a negociar los cargos o el control de la renta petrolera. Un chanchullo, algo turbio. No, no estoy hablando de ese tipo de negociación. Señores, estoy hablando de un proceso de negociación porque Venezuela se está hundiendo y hay que salvarla. ¿A qué estás dispuesto tú? ¿A qué estoy dispuesto yo?
30-10-16