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domingo, 30 de octubre de 2016

El camino de la vanidad y orgullo es del demonio, por @Pontifex_es




Papa Francisco 29 de octubre de 2016

Santo Evangelio según San Lucas 14,1.7-11

La verdadera humildad cristiana: Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: "Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: "Déjale el sitio", y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: "Amigo, acércate más", y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco
 
Esta es la vía de Dios, el camino de la humildad. Es el camino de Jesús, no hay otro. Y no hay humildad sin humillación.

Al recorrer hasta el final este camino, el Hijo de Dios tomó la condición de siervo. En efecto, humildad quiere decir también servicio, significa dejar espacio a Dios negándose a uno mismo, despojándose, como dice la Escritura. Esta – este vaciarse – es la humillación más grande.

Hay otra vía, contraria al camino de Cristo: la mundanidad. La mundanidad nos ofrece el camino de la vanidad, del orgullo, del éxito... Es la otra vía.

El maligno se la propuso también a Jesús durante cuarenta días en el desierto. Pero Jesús la rechazó sin dudarlo. Y, con él, sólo con su gracia, con su ayuda, también nosotros podemos vencer esta tentación de la vanidad, de la mundanidad, no sólo en las grandes ocasiones, sino también en las circunstancias ordinarias de la vida.

En esto, nos ayuda y nos conforta el ejemplo de muchos hombres y mujeres que, en silencio y sin hacerse ver, renuncian cada día a sí mismos para servir a los demás: un familiar enfermo, un anciano solo, una persona con discapacidad, un sin techo...

Pensemos también en la humillación de los que, por mantenerse fieles al Evangelio, son discriminados y sufren las consecuencias en su propia carne. Y pensemos en nuestros hermanos y hermanas perseguidos por ser cristianos, los mártires de hoy – hay tantos – no reniegan de Jesús y soportan con dignidad insultos y ultrajes. Lo siguen por su camino. Podemos hablar en verdad de una nube de testigos: los mártires de hoy(Homilía en la Plaza de San Pedro, 29 de marzo de 2015)

Oración de Sanación

Mi Señor, te agradezco por cada gota de compasión que has derramado en mi vida que me ha servido para ser humilde y sencillo. Mantén siempre mi corazón lleno de una sana humildad, que sepa empequeñecerme en cada acto que haga. Tú siempre me escuchas y me hablas directo al corazón. Manifiestas tu poder con sutileza y tus señales prodigiosas se esconden bajo el rostro de la amabilidad en cualquier pequeño gesto caritativo que ocurre a mi alrededor.

Quiero ver mi corazón libre de malos deseos, de la codicia y de la vanidad. Ayúdame a no buscar los halagos de este mundo y siempre me considere como un siervo inútil al cuál le queda mucho por hacer todavía. Con tu humildad, líbrame de ese cáncer del orgullo y la soberbia que me lleva a ver a los demás por encima del hombro, y que poco a poco me conduce por ese oscuro pasaje solitario que me lleva a creer que sólo me bastan mis fuerzas

Padre amado, quiero ser humilde y verdadero, sobre todo en la oración, ese en ese diálogo profundo que entablo contigo y que siento que hablo como con un amigo que consuela y anima a salir adelante. Ven y transforma mi vida, mi corazón, aduéñate de él, hazme humilde y compasivo ante las necesidades de mi prójimo, en mis decisiones, en mi obrar y sobre todo en cada palabra que digo.

Quiero ser una persona llena de fe, de amor. Quiero que mi norte seas Tú, porque sólo Tú eres la esencia de la vida misma que lleva a la plenitud y a la abundancia. Un corazón dócil y humilde, Tú jamás lo desprecias. Por eso, me siento seguro que me escuchas, acudes a mi llamado y me ofreces tu compasión y tu amor. Amén

Propósito para hoy
Haré un examen de conciencia para evaluar mis actos de caridad ¿Me he esforzado lo suficiente en dar? ¿he dado sólo lo que me sobraba o he sido generoso? Meditar...

Reflexionemos juntos esta frase:
"Aprendamos a decir “gracias” a Dios, a los demás. Lo enseñamos a los niños, pero luego lo olvidamos". (Papa Francisco)