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domingo, 30 de octubre de 2016

El dilema del diálogo por @goyosalazar


Por Gregorio Salazar


En una verdadera mesa de diálogo, no las pantomimas dilatorias las que está acostumbrado el gobierno, veríamos surgir prontamente el punto de partida para el desmoronamiento final de este gobierno en cuestión de semanas.

La pregunta es que en medio de posiciones tan excluyentes, sin ningún punto de coincidencia, cuando ambos sectores paradójicamente se arrogan la defensa de la Constitución y la emocional tirria opositora al diálogo ¿quién va a poner la mesa “en su santo lugar”? ¿Podrá el Vaticano?

En momentos en que la patada a la constitución acelera el vaciamiento de poder del gobierno de Maduro, una mesa de conversaciones avalada con la presencia de mediadores aceptados por ambos extremos, con una agenda prioritaria y debidamente jerarquizada, sería un nuevo frente donde el sector oficialista no podría mantenerse por mucho tiempo atrincherado tras sus barricadas de cartón.

¿Por cuánto tiempo puede seguir manteniendo la tesis de que intentar realizar un referéndum revocatorio al presidente de la república es un golpe de Estado? ¿A quién pueden convencer que la protesta y las exigencias de respeto a la Constitución son simples planes desestabilizadores? ¿Cuánto más podría retrasar las elecciones pendientes?


Y algo crucial, ¿cómo justificar ante mediadores imparciales que el TSJ haya emitido una treintena de sentencias que desconocen a la Asamblea Nacional y no se haya ocupado de cortar el nudo gordiano que ha conducido la confrontación entre poderes sentenciando de una vez por todas sobre el caso de los diputados de Amazonas? Resolver ese último punto en el que sólo caben dos escenarios, ratificar a los diputados de Amazonas o revocar su elección y convocar a nuevos comicios, conduciría a corto plazo a la reconstitución plena de los poderes que le entregaron los votantes a la AN para que pueda entonces proceder sin bloqueos y sin obstrucciones a la plena reinstitucionalización del país, como ha debido ocurrir a lo largo de este año.

Recobrar y ejercer como primeros pasos, por ejemplo, la facultad para elegir los magistrados del TSJ y sustituir los rectores del CNE con períodos vencidos, introduciría justeza, equilibrio y adecentamiento del alto tribunal y, en segundo lugar, pondría fin a todas las manipulaciones, retrasos y omisiones del ente electoral respecto a las convocatorias de las elecciones estadales y municipales ya que el revocatorio en 2016 parece burlado.

La Constitución, hoy más que nunca, se ha convertido en una camisa de fuerza para la desaforada tendencia de Maduro y su entorno a actuar arbitrariamente. La fórmula que ha encontrado para actuar a despecho de la carta magna es recurrir a grotescos exabruptos, que a su vez deben ser justificados o mantenidos vigentes con mayores desmanes y desafueros. Eso se pagará caro. En este momento, bajo enorme presión de calle y aislamiento internacional, difícilmente podría mantener en una mesa de diálogo ese doble juego.

No hay que entrar en crisis porque las fuerzas unitarias exploren la posibilidad de abrir un diálogo que hoy luce imperioso y cuyos resultados pueden evitar una gran tragedia a Venezuela. Al gobierno se le agota el tiempo para las fintas, las imposturas y los dobles discursos. Una mesa de diálogo con todas las reglas de ley se convertiría en una nueva presión, tal vez la definitiva, para un gobierno asilado continentalmente, a las puertas de sanciones internacionales y evidentemente huérfano de apoyo popular.

Para talibanes como Aristóbulo Istúriz, la AN no existe y ha sido Obama quien ha convocado las multitudes que colmaron este miércoles las calles de Venezuela. Insulso, ridículo, insostenible. La MUD tiene la agenda clara: debate parlamentario, calle y paro. A la presión popular a fondo le falta el frente del diálogo. Las razones para intentarlo son muchas y muy graves. Ejemplos inspiradores en la historia sobran.

30-10-16