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domingo, 23 de octubre de 2016

Mr. Trump, Sr. Maduro por @LeoMoralesP


Por Leonardo Morales


En los Estados Unidos como en Venezuela hay expectativas respecto a consultas electorales que deben a hacerse a los ciudadanos: en el país del anglosajón Donald Trump compite contra la Sra. Hillary Clinton por los votos de los ciudadanos estadounidenses donde, según los analistas electorales, el voto latino tendría una importancia enorme en el resultado. En el último debate realizado fue notable el esfuerzo de los candidatos por conectar con la población latina residente en territorio norteamericano, en la que parece haber sacado mejor partido la abanderada demócrata.

Para el 8 de noviembre la patria de George Washington escribirá un nuevo episodio en su historia democrática; durante los últimos 8 años un presidente de color, para sorpresa de muchos y bofetada a incrédulos, un hombre de color; Barack Obama, dirigió los destinos de la potencia más importante del mundo. ¿Quién hubiera podido imaginar, un decenio atrás, que una nación en la que aún subsisten algunos niveles de racismo se decantaría en dos oportunidades por un presidente negro?

Hasta ahora todos los inquilinos de la White House han sido del sexo masculino. Bien, el mundo está a las puertas de que la nación del Tío Sam ofrezca una nueva sorpresa al elegir a una mujer, a la Sra. Hillary Clinton.

En el caso venezolano también hay elecciones. Nada extraño en estos últimos 16 años, elecciones tras elecciones, consultas y consultas, y no por ello los niveles de democraticidad y fortalecimiento de las instituciones complacen a analistas y ciudadanos en general.


Muchos comicios han habido: este año 2016 se deberían realizar las elecciones regionales pero al gobierno no les interesaba y el CNE satisfizo el interés del Ejecutivo –nada raro por demás. Se consultó sobre el referendo revocatorio presidencial (1%), pronto, si no lo impide el TSJ, se consultará al 20% de la población y, como resultado de dicho proceso, hacer el referendo revocatorio este mismo año, no obstante, de nuevo, el CNE le brindo una capsula de oxígeno para alargar la vida presidencial del deslegitimado de Miraflores hasta el 2017.

Mientras en los Estados Unidos dan lecciones de superación de atavismos en la Venezuela de hoy perviven y retoñan ideas militaristas y cesaristas, profundamente antidemocráticas. Nunca como ahora, en lo que va de este siglo, habíamos estado tan cerca de un régimen no deseado ni querido.

Las instituciones

El Sr. Trump, una amenaza más sería que el huracán Matthew, se le ocurrió en el último debate insinuar que no estaría seguro de reconocer el triunfo de la Sra. Clinton; puso en dudas las instituciones democráticas del Estado, lo que la ha valido una tempestad de críticas desde el bando demócrata y también del lado republicano. Para los norteamericanos dinamitar las instituciones es mucho más grave que calificar a un contendiente de deshonesto y eso lo pagará Trump, no en impuestos sino en puntos que perderá en la carrera presidencial. Los extremos del derechista Trump los corregirán las instituciones norteamericanas.

Aquí los excesos de la izquierda siguen su curso y las instituciones sometidas al uso de collarín de tanto asentir a los requerimientos de quien dicta su comportamiento. La Constitución, que tanto se alabó, quedó para ser interpretada a favor de los intereses del gobierno. Ya no hay poder legislativo que ejerza funciones y se pretende que gobernadores y alcaldes asuman la responsabilidad de ser signatarios de un presupuesto aprobado a contrapelo de la norma constitucional.

Los extremismos, de izquierda o derecha, como muchas veces se ha sugerido, tienden a encontrarse en algún punto. A los extremistas las normas y las instituciones les estorban, por eso se conducen como trombas para satisfacer unos antojos que no saben construir a través de los cauces formales y legales que brinda la institucionalidad democrática.

22-10-16