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domingo, 23 de octubre de 2016

Un gobierno contra el Estado por @garciasim


Por Simón García


La estabilidad de la sociedad exige que el Estado funcione como un poder legítimo por su origen y por su aceptación. Maduro ha perdido esta segunda fuente de legitimidad por dos razones: su gobierno ha dejado de contar con el apoyo de prácticamente toda la población. La segunda es que, después de haber destruido la producción y restringido la democracia, ha optado por demoler al Estado mismo. Se ha colocado en modo delictivo contra la Constitución.

Tiene aún cartas bajo la manga. Pero son las que pertenecen a las despedidas. Unas, como la represión, que siempre conducen a un último cartucho. Otras como la renuncia, inspirada en reducir los costos colaterales por el daño inmenso que la cúpula le ha inferido al país que va a dejar.

Las fuerzas de cambio están obligadas a derrotar a los sectores minoritarios que son responsables de la crisis y que ahora se han alzado contra el Estado de Derecho. En esta lucha cuentan con el punto a favor de que una mayoría de militantes y votantes oficialistas están en desacuerdo con las políticas de Maduro.

La soterrada guerra interna por quien va a suceder a Maduro es suficientemente reveladora de que le están sonando dobles de campana. El Presidente está al borde de un vacío y se niega a reconocer que carece no sólo de la legitimidad carismática que tuvo Chávez, sino que pulverizó la votación que heredó de éste y traicionó uno de los preceptos de la alquimia del llamado socialismo del siglo XXI: fuera de la Constitución nada.


Maduro se vio obligado a violar a la Constitución Nacional porque aplicarla significaría su derrota. Tuvo que desacatarla y avanzar en la destrucción de tres pilares del Estado de Derecho: la soberanía reside en el pueblo, quien la ejerce a través del voto; la existencia de la autonomía y separación de poderes.

Todas las decisiones contra la Asamblea, más que expresar un tradicional conflicto de poderes, son la consumación de un delito de prevaricato entre el Presidente y las Salas Electoral y Constitucional del TSJ con el objetivo de alargar a Maduro en el mando del plan de destrucción del país.

Ya algunos tienen atragantado el grito “para Miraflores”. Pero ese no es ni el camino más corto ni el más eficaz para tomar las banderas que Maduro ha abandonado en el plano constitucional, en el terreno de la democracia y en la aplicación de soluciones a la crisis.

La estrategia electoral, pacífica, democrática y constitucional tiene que lograr nuevos niveles de eficacia y nuevas modalidades destinadas a neutralizar y mover hacia una salida de Maduro y hacia un cambio de modelo a las fuerzas que constituyen el sostén real de un gobierno, que sin ese apoyo, estaría en el suelo.

La clave está en reforzar la relación con la gente y partir de los temas de la crisis para unir al país en torno a las soluciones que el gobierno no tiene. Y sobre todo, al persistir en el carácter pacífico y constitucional, concentrarse en mejorar la organización, la eficacia y la capacidad de las fuerzas políticas y sociales para presionar, negociar, acordar y lograr un cambio de gobierno y de país.

22-10-16