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lunes, 10 de octubre de 2016

Un régimen aterrado por los votos del pueblo, por @ChuoTorrealba


Jesús “Chuo” Torrealba 09 de octubre de 2016

Maduro no quiere revocatorio.  Tampoco quiere elecciones regionales.  Ni siquiera quiere llegar a la recolecta del 20 % de las manifestaciones de voluntad del padrón electoral a nivel nacional, único requisito que exige la Constitución para convocar al Referendo Revocatorio, y para evitarlo está urdiendo maniobras entre el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, para intentar mantenerse en el poder sustituyendo con burocracia el pueblo que ya no tiene.

Estas maniobras del madurismo para aferrarse al poder aun siendo repudiado por la mayoría generan legítima molestia en sectores de la población, que exclaman: “¡Pero bueno! ¡Hasta cuando! ¡Estos tipos siempre se burlan de la Ley y la Constitución! ¡Hay que hacer otra cosa!”.  Cuando se les pregunta a esos ciudadanos justamente indignados cuales serían esas “otras cosas” la respuesta ya no es tan categórica: “Bueno, no sé, otra cosa, más contundente… ¡Calle, queremos calle! ¿Por qué no le piden la partida de nacimiento a Maduro? ¡Él es colombiano! ¡Algo hay que hacer!”

La gente tiene razón en mostrarse indignada.  El régimen esta agrediendo a las personas, a las familias y al país.  Las personas ya no saben si regresarán vivas a su casa cuando salen cada madrugada, al trabajo o al rebusque.  Las familias ya no tienen con que hacer mercado,  ni con que mantener a los niños en el colegio, ni mucho menos con que atender una contingencia médica, sea enfermedad crónica o accidente imprevisto.  Para el país, la perpetuación de Maduro en el poder es una sentencia de muerte aplicada por cuotas: Una nación donde los mejor preparados tienen que irse, y donde los que van naciendo sufrirán taras mentales porque presentan bajo peso al nacer y no consumirán las vitaminas, proteínas y minerales indispensables entre cero y dos años, es una sociedad a la que le destrozaron el presente y le quieren amputar el futuro.

Por eso, la justeza de la rabia ciudadana no esta en discusión. El asunto urgente es: ¿Qué hacer con ella? ¿En que dirección invertirla? ¿Cómo hacer para que esa indignación popular no se “desahogue” sino que se convierta en energía de cambio, en fuerza impulsora de las transformaciones positivas, políticas y económicas, que todos queremos?

Para responder a esa pregunta no basta con tener “labia”, discurso enardecido, ese que arranca aplausos con facilidad aunque luego deje la sensación de que en realidad no se dijo nada, porque quedamos en las mismas…

Tampoco basta con tener “bolas”, porque esa concepción “testicular” de la política (atavismo machista y vestigio militarista, porque el militarismo no es otra cosa que un machismo de uniforme) jamás podido sustituir lo que es el verdadero coraje cívico y el auténtico valor personal, aquel con que Vargas enfrentó a Carujo, aquel con que Gallegos enfrentó a Pérez Jiménez, aquel con que Betancourt enfrentó y derrotó a Chapita Trujillo y a Fidel Castro…

En realidad para convertir la indignación popular en energía de cambio lo que es indispensable tener es estrategia, y afortunadamente el pueblo democrático venezolano si tiene una, que ha probado ser exitosa: Es la estrategia DEMOCRÁTICA, PACÍFICA, ELECTORAL Y CONSTITUCIONAL con que hemos venido cercando al régimen, nacional e internacionalmente, hasta reducirlo a su actual estado de desesperación.

Porque esa diferencia es bueno tenerla muy clara:  Nosotros estamos INDIGNADOS, pero no “desesperados”.  Aquí el desesperado (es decir: el que ya no puede esperar nada del futuro, el sin esperanza) es Maduro. Maduro y todo lo que el representa.  El pueblo democrático venezolano tiene hoy la certeza de ser mayoría, de que ocho de cada diez compatriotas quieren cambio de presidente, de gobierno y de modelo, y con esa fuerza avanzamos exigiendo que se cumpla el artículo 72 de la Constitución Nacional, el mismo que establece el Referendo Revocatorio como derecho del pueblo.

Esta lucha del pueblo venezolano por la democracia y la libertad tiene hoy además el respaldo internacional que nunca antes tuvimos.  Así, con la fuerza inmensa de ser mayoría clara, con el respaldo de la Constitución y de la comunidad internacional, avanzamos a enfrentar en este octubre complejo y exigente la trampa ventajista de una cúpula corrupta e ineficiente, que disfraza su miedo con fingida prepotencia pues sabe que el fin de su estadía en el poder es sólo cuestión de tiempo, de poco tiempo…

El régimen tiene muy poco margen de maniobra: Maduro y su séquito saben que la jornada del 26, 27 y 28 de octubre va a ser un terremoto político, un tsunami social. Saben que van a salir venezolanos hasta de debajo de las piedras para poner su huella y exigir la salida del gobierno con la convocatoria del Referendo Revocatorio.  Saben además que la trampa torpe de poner menos máquinas de las necesarias lo que va a generar es que igualmente vamos a recoger mucho más del 20% nacional (único requisito que exige la Constitución), y además van a estar durante tres días con tres noches millones de venezolanos, en las colas y en las calles, expresando su indignación y exigiendo cambio.  Saben que, por feroz que sea la censura que impongan y por muchas que sean las necias “cadenas” de radio y TV que hagan, el país y el mundo van a saber que durante 72 horas ininterrumpidas millones de venezolanos, mucho más que los que votaron por Maduro en 2013, se volcaron a las calle a exigir su salida del poder.

¿Qué puede ocurrir? Que el terror del régimen al voto del pueblo los lleve a intentar un golpe de estado judicial contra el Referendo Revocatorio, y que unas cuantas togas express del TSJ se alíen con cuatro rectoras maduristas del CNE para ni siquiera llegar a la recolección del 20%.  Eso pueden intentarlo.  Pueden también intentar sabotear intensamente la jornada del 26, 27 y 28 de octubre, mezclando “operación morrocoy” con violencia callejera, para luego decir que el resultado de tan accidentada jornada los dirán un mes después. En el repertorio de los tramposos son pocos ya los trucos que quedan…

Hagan lo que hagan, los elementos de fondo de la situación del país permanecen inalterables: El gobierno es minoría dentro del país y no tiene ya aliados internacionales que lo alcahueteen; la situación económica es insostenible, y la única perspectiva futura con este gobierno es “para peor”; La tres caras de la inseguridad que azota a los venezolanos (los pranes, la OLP y los colectivos) son culpa del gobierno, y el país lo sabe, y no lo perdona.  Si el proceso del RR llega a su final, ganaremos.  Si el régimen tramposo intenta interrumpirlo vendrá una oleada nacional de protesta social que contará con la comprensión y respaldo del mundo entero y el régimen, en vez de perder una elección, lo perderá todo.

Corazón ardiente y cabeza fría. Coraje y estrategia. Calle activa y conducción política.  ¡Y sobre todo unidad, unidad, unidad! No hay salidas “mágicas”. Pero hay una solución segura, que hemos construido entre todos. ¡Palante!

Jesús “Chuo” Torrealba