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viernes, 16 de diciembre de 2016

Hay que construir la paz


Por Rafael Viloria


Por ahí por la década de los ochenta tuve la buena ocasión de conocer a una modesta y sencilla persona, que llevaba como nombre “Ladislao Hernández”. Además de ser aragüeño, era sindicalista de las filas del partido comunista. Escribió un libro que se titulaba “La Muerte de tras de las maquinas". Con frecuencia se dice, que ser comunista, es sinónimo de “ateo “… ser que niega, la existencia de Dios: un impío…

Ladislao: Era un ser cuya conducta era todo lo contrario. Decía Ladislao, que Dios estaba en todas partes. Evoco esta reminiscencia de este viejo amigo, en razón de lo que por estos tiempos en nuestro país, es nuestra sociedad, está ocurriendo con vertiginosa frecuencia.

“.. Decía y creo que todavía lo dice, un viejo amigo jesuita Alberto Dorremochea (El Dorre) que la sociedad se estaba moviendo, en un mar de confusiones en un desierto de ideas...” aguda incertidumbre “principio de indeterminación”. Esto en razón de que hay todo un mundo de ideas, criterios; pero todos en su conjunto obedecen a lineamientos ideológicos, que a la postre encajan en lo que decía el dorre. Es decir promueven confusiones.

Hoy la sociedad está haciendo uso de métodos de variada naturaleza, intentando con ello, salir del mar de las confusiones y ver si es posible despertar, reaccionar, rescatar la “ Fe” y actuar coherentemente entre lo que pensamos, decimos y lo que hacemos. Nada fácil la tarea; si la comparamos con el devenir histórico de la humanidad, antes y después de Cristo.


Hasta ahora en pleno siglo XXI, los textos bíblicos registran una verdad axiomática: “Somos todos en su conjunto hijos de Dios”. La historia de la humanidad registra algunos hechos, que creo en particular que deberían ser revisados. Todo ello en función de caer en el Mar de lo planteado por el dorre. “En ese marco todo aquello de los estigmas ideológicos, en un concilio ecuménico del “Vaticano” el Papa Juan Pablo XXIII, planteó que el vaticano, tenía que abrir las puertas y las ventanas, para que entrara el aire, y entrara el Sol. Muchos años después: El Papa Francisco en su gira por Ecuador y Bolivia señalo que las ideologías terminaban convirtiéndose en dictaduras.

Es decir unos poquitos escogidos, atribuyéndose el derecho de pensar, expresar y hacer lo que a la postre, nada tenía que ver con el desenvolvimiento de la humanidad.

Todos estamos persuadidos de la presencia de la existencia real de una profunda crisis social. Venezuela está perdiendo su más preciado patrimonio humano: la gente. Esa gente, que es pueblo; que constituye su principal riqueza no puede seguir entrompada en la dependencia a la que ha sido conducida por quienes erróneamente han tratado de convencernos que el camino trazado es el correcto. El pueblo venezolano tiene hoy el compromiso de despertar, reaccionar y actuar en el rescate de la Fe y plantearse el reencuentro con Dios; no para que nos guie hacia una guerra sin sentido ajena a los verdaderos sentimientos que como pueblo hemos desarrollado. Aquí tenemos que recordar al Centauro del Llano con aquello de Vuelvan Caras para reconstruir la Patria que todos aspiramos hoy, no mañana.

Debemos unir voluntades y disposiciones comunes en la causa justa de vivir convivir y coexistir en armonía con la paz social que todos debemos practicar defender y preservar; al margen de lo que cada uno en su individualidad le dicte su conciencia. A quienes en suerte tienen la responsabilidad de conducir los destinos de este país; que entiendan que su mensaje de fraticida guerra en nada nos favorece; solo queremos vivir en paz con nuestra familia, con la sociedad; no creo que sea mucho, no pedir exigir, porque mis derechos comienzan cuando terminan los derechos de los demás. Dios nos está esperando.


Ex Presidente De CECONAVE (Central Cooperativa Nacional de Venezuela)

16-12-16