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sábado, 31 de diciembre de 2016

El socialismo del siglo XXI, Odebrecht y el nuevo reventón de cloacas, por @ENouelV



EMILIO NOUEL 30 de diciembre de 2016

Cierran con broche de oro el año la asociación transnacional para delinquir conocida como Corruptos sin fronteras y el socialismo del siglo XXI.

En esta ocasión son las investigaciones sobre los negociados ilícitos de la empresa brasileña Odebrecht y el inicio del proceso penal contra la señora Kirchner, los que hacen estallar la cloaca.

Ya era vox populi que aquella poderosa firma mercantil obtenía enormes contratos bajo el ala de altos funcionarios del gobierno brasileño, mediando, por supuesto, ingentes sobornos dentro y fuera  del país.

Lo eran también las repugnantes denuncias contra la mafia kirchnerista, cuyas andanzas han quedado al descubierto con abundante documentación, incluso fílmica.

Y la diplomacia bolivariana no podía quedar por fuera de esta deriva podrida.

En tanto que actor principal de una danza de miles de millones de dólares provenientes de contrataciones públicas transfronterizas logrados por métodos nada sanos, Odebrecht gozaba de los favores y la protección de políticos de diversas ideologías, que en los últimos años se ubicaban, principalmente, en el campo del izquierdismo suramericano, verbigracia, el lulapetismo, el chavismo y el kircherismo, cuyos gobiernos cabalgaron sobre la última ola de altos precios de los commodities.

Sólo en Brasil se había iniciado la investigación de esta enorme corrupción, aunque se conocía las conexiones con gobiernos de otros países.

Cómo una corriente política que se vanagloria de luchar por los más pobres y necesitados, que se llena la boca de una retórica contra las oligarquías y se rasga las vestiduras enarbolando un discurso anticorrupción, pudo contagiarse hasta los tuétanos de la mayor porquería nunca vista en materia de negociados ilegales con las administraciones gubernamentales de la región.

Es la pregunta que se hacen los ingenuos que creyeron en la supuesta sinceridad y honestidad de estos revolucionarios, que históricamente no se han comportado en la práctica de otra manera.

Una vez más dan muestras de su tartufismo en funciones administrativas públicas.

De “Asociación destinada a cometer delitos” habla el juez de la causa contra Cristina Kirchner. En cristiano: delincuencia organizada, banda creada para robar al fisco nacional.

En Venezuela, la corrupción militar-cívica ha alcanzado en los últimos lustros cotas inauditas. En términos cuantitativos, se pierde de vista si la comparamos con la kirchnerista.

Lo que diferencia la situación venezolana de las demás es una grosera impunidad. El control de los tribunales por parte de la tiranía que impera en nuestro país impide que se persiga y sancione la delincuencia que se ha enseñoreado a lo largo y ancho del aparato del Estado.

El latrocinio, como siempre, a quien perjudica mayormente es al pobre. Es dinero que se sustrae de las obras y servicios públicos que los más desprovistos de recursos de la sociedad requieren.

Sin leyes adecuadas ni jueces independientes, en ausencia de transparencia en la administración gubernamental, y sin una voluntad política para combatir la corrupción administrativa dentro y fuera de los ámbitos nacionales, la delincuencia política transfronteriza, como parece ser el caso de nuestra región latinoamericana, perdurará y causará enormes daños a nuestras naciones.  

Sin embargo, y a pesar de todo, este fin de año concluye con buenas noticias. Brasil y Argentina, sus jueces y fiscales, están asestando duros golpes a un flagelo social destructor, que hoy tiene nombre y apellido: el populismo izquierdista del socialismo siglo XXI. 

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