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sábado, 24 de diciembre de 2016

Oír al país por @garciasim


Por Simón García


Estalló una muestra, caótica y anárquica, de la violencia que siembra la crisis que el gobierno genera. La reacción ciega de protesta, que deriva en conductas delictivas y aumenta las calamidades, llena la ausencia de cambio real. Bolívar es la señal de que la sociedad llegó a su nivel máximo de aguante. Es impredecible lo que pueda ocurrir.

El empobrecimiento, el aumento de las calamidades, la colocación de la población en un igualitario estado de lucha por la subsistencia ha pasado a ser  una técnica de control y dominación. Una forma cruel de impedir que la gente se ocupe de su falta de derechos, de los problemas de la democracia y de enfrentar pacíficamente la consolidación de una dictadura.

El gobierno no puede rectificar ni tiene margen para producir la menor recomposición sin dejar de ser un régimen de dominación. La única opción de continuidad política para la minoritaria clase beneficiaria del actual poder, es ceñirse al lema de Chávez: todo dentro de la Constitución, sabiendo que ello significará el fin de su hegemonía. Pero es la única carta para seguir en el escenario político y convertir el drama en tragedia.

Sobre este dilema puede influir una política activa de diálogo, presión y  apertura desde las fuerzas de cambio hacia los siete millones de venezolanos que aún son seguidores del gobierno y hacia las instituciones, aún controladas por los sectores oficialistas conservadores, que pueden propiciar el respeto a la Constitución Nacional. Ya no es posible que la cúpula siga manejando el diálogo como truco para perpetuarse.

La MUD fue a la mesa de diálogo pensando en el país, en su unificación y en lograr medidas para salir de la crisis antes que ella estallara con costos mayores para todos. Una decisión justificada y acertada.


Cuando se produjo el incumplimiento gubernamental, la manera de Maduro de patear la mesa, la MUD dejó de participar, aunque se mantuvo en la comisión que trabaja en la libertad de los presos políticos, presidida por un mediador honorable como lo es el Nuncio.

A partir de allí se desató una confrontación interna en la que la MUD se empeña en minar la confianza en sí misma. El pretexto es el diálogo, pero la razón verdadera es la  persecución de objetivos distintos. Los que han logrado éxitos combatiendo juntos a un adversario común, creen que pueden avanzar más haciéndolo por separado. Cálculo fatal.

No todo el 80% de la población que quiere salir de Maduro está identificado con la MUD, lo que obliga a la dirección opositora a buscar allí una confianza respaldada en hechos. La MUD se ha topado con una compleja resistencia del régimen, que obliga a examinar su estrategia, su funcionamiento unitario, su conexión con los problemas de la gente y sus planes para el 2017.

Sus seguidores no debemos permitir que la MUD sea objeto de una pérdida de credibilidad. Es urgente promover un amplio movimiento para relanzar la exigencia de la renuncia o el revocatorio al presidente. El país que avala a la MUD está exigiendo que ella actúe como una dirección unitaria que lo exprese con eficacia. No que la divida.

23-12-16