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jueves, 31 de enero de 2019

Crisis de Estado por @aveledounidad



Por Ramón Guillermo Aveledo


Escribo con la dificultad de quien piensa que cuando esta nota sea publicada, en dos o tres días, otros cambios podrían mancharla de obsolescencia. Riesgo de escribir en Venezuela. Riesgo, por cierto, muy menor a aquel que corre cualquier habitante de los barrios que justificadamente teme por su vida y la de su familia ante el FAES y los malandros, si es que hiciera falta la conjunción copulativa.

El drama de estos días, crucial y probablemente decisivo, muestra la verdadera crisis de Estado en que nuestro país se ha ido metiendo.

La crisis de Estado no empezó el 23 de enero. Tampoco el 10. Fue produciéndose desde que se confundió al Estado con el PSUV y se agrava sensiblemente cuando éste se confunde con el pequeño grupo en el poder, ese mismo que como tenemos meses insistiendo, al expropiarnos lo Público, ha privatizado el Estado en su propio y exclusivo beneficio. La versión criolla y siglo XXI de esa especie de silogismo clásico revolucionario según el cual, acaba habiendo una identidad indisoluble entre el proletariado y el jefe, que antes era el “Comandante Supremo y Eterno” y ahora vendría a ser el jefe y los que salieron con forzada sonrisa al balcón palaciego a marcar un contraste, tan revelador como desfavorable para ellos, entre su magra escena y el gentío inmenso que poblaba la Miranda y la Libertador en Caracas, y plazas y anchas avenidas en todo el país.

Hay crisis de Estado no porque haya dos presidentes, uno deslegitimado y con poder de fuego y otro cada vez más legítimo y sólo armado de la esperanza popular. O dos Asambleas, la constitucional y la constituyente. O dos tribunales o dos fiscales. Hay crisis de Estado porque éste casi no sirve para lo que tiene que servir. Aunque reprima, es incapaz de producir orden. Tiene tribunales que no dictan justicia, Contraloría que no controla, Defensoría que no defiende. Aunque emite una moneda, ésta carece de valor. Fija precios que nadie cumple porque no puede cumplir. Y así, vaya usted sacando la cuenta de las cosas que se supone que debería ofrecernos pero no sabe, no quiere o no puede, sea luz eléctrica o agua potable, comunicaciones o infraestructura, educación o salud y un interminable etcétera.


Hay crisis de Estado cuando la Constitución, que debe ser el mapa de la República y la guía de la actuación de sus gobernantes, es ignorada, vulnerada y manipulada por quienes, a despecho de su juramento, la usan como barricada.

Hay crisis de Estado porque el crédito de la República está en el suelo. Nadie nos fía, todo hay que pagarlo al contado y no hay plata y nadie nos presta; casi nada tenemos ya que vender. Y los que todavía nos compraban, nos vendían o nos prestaban, ya no están tan dispuestos a hacerlo, porque desconfían de nuestra capacidad de cumplir. Y uso la primera persona porque como venezolano, soy igual que otros treinta millones, damnificado del radical descrédito de quienes detentan el poder y solo lo usan para aprovecharlo y mantenerlo, sea como sea.

Esa es la crisis. Ese es el desafío.

29-01-19




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