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jueves, 20 de octubre de 2016

A FIRMAR, por @trinomarquezc



Trino Márquez 19 de octubre de 2016
@trinomarquezc

La jornada del próximo 26, 27 y 28 de octubre será la más importante organizada por la MUD y los demócratas desde las elecciones del pasado 6 de diciembre. El régimen ha sido llevado a pulso hasta esa instancia, a pesar de todas las amenazas y obstáculos que ha interpuesto. Sin prisa, pero sin pausa, la dirigencia opositora  logró sortear las dificultades y arrinconar al Gobierno hasta colocarlo en el candelero. Las maniobras diseñadas por los asesores cubanos y por sus propios expertos podrían resultarle nocivas.

Redujeron el número de centros de votación y el de las máquinas con el fin de impedir que el total de firmas recolectadas supere con creces los cuatro millones necesarios. ¿Cuál podría ser el resultado de la elevada concentración resultante?  Que las colas alrededor de los centros de votación habilitados sean kilométricas, que la gente decida permanecer en ellas de forma estoica durante muchas horas y a lo largo de los tres días que dura la jornada. Lo que quedará en la retina de la gente, en las instantáneas que se tomen y en los videos y películas que se filmen, serán esas largas filas de ciudadanos esperando ejercer su derecho a firmar. Si el régimen hubiese colocado suficientes centros y máquinas, la población firmante se habría dispersado y diluido. Para el régimen habría sido más sencillo adulterar y reducir la cifra final.

La decisión, primero del CNE y luego de la Sala Electoral, acerca de recoger 20% de las firmas por cada Estado es tan arbitraria e inconstitucional que, probablemente, se convierta en un acicate para los opositores menos comprometidos y los chavistas descontentos que viven en las entidades federales a las cuales el gobierno considera cautivas. Esos sectores podrían decidir ir a estampar la firma y armar largas colas en los pocos centros habilitados en Cojedes, Delta Amacuro y Guárico. Aunque no se alcancen las rúbricas suficientes en esos Estados, lo que producirá mayor impacto político serán las imágenes de la gente agolpada en torno de los centros autorizados esperando imprimir su firma y su huella. La decisión de la Sala Electoral resulta tan obscena que hasta el mismísimo Herman Escarrá, personaje camaleónico y tramoyista, se deslindó públicamente de ella. En el lenguaje oficial: se declaró en desacato.

Esa disposición de la SE, además, resultará inaplicable en el caso de que la cifra de firmas supere con comodidad las cuatro millones requeridas y un número equivalente de ciudadanos se quede a las puertas de las instalaciones sin poder firmar debido a la mezquindad del CNE.

Será muy embarazoso para el CNE, el TSJ o el Gobierno salir  a justificar la anulación o decapitación del referendo revocatorio porque no se acumularon las firmas en unos Estados que reúnen menos de 5% del electorado nacional. La desobediencia a la orden de los magistrados quedará justificada.

Los militares, incluida su cúpula, estarán muy atentos y perfectamente informados  de lo que ocurra durante esos días en el país. Serán observadores excepcionales pues estarán esparcidos por todo el territorio nacional. No creerán las versiones de los José Vicente Rangel o Aristóbulo Istúriz quienes declararán que se movilizaron apenas 30.000 personas. En el caso de que el régimen desconozca la expresión de la soberanía popular, la situación de Nicolás Maduro  será aún más precaria de lo que ya es. Su gobierno habrá quedado todavía más debilitado y solitario. En el plano internacional será una especie de leproso.

Los días 26, 27 y 28 de octubre deben convertirse en una inmensa toma pacífica de Venezuela. Durante esos tres días la camarilla impopular y, a partir de ese momento, ilegítima que gobierna quedará desenmascarada.

Todavía le queda el recurso de la violencia, arma a la que podrá acudir, pero, como dice el refrán popular: donde ronca tigre no hay burro con reumatismo. El terror provocado por los colectivos armados puede ser eficaz en locales dispersos y aislados adonde acuden reducidos focos de electores, pero no alrededor de instalaciones donde se aglomeran miles de ciudadanos. Este es otro de los autogoles que se metió el régimen: al concentrar los centros de votación redujo la capacidad de intimidación de sus facinerosos. 

Todo el mundo democrático estará pendiente de lo que sucede en Venezuela. El país será el epicentro de las noticias durante esos días. Al gobierno debería interesarle que todo transcurra en calma. Peor para él si toma el atajo de la violencia. Así es que: ¡a firmar por la democracia!