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martes, 18 de octubre de 2016

Final de una utopía ricacha, por @MiguelBM29



MIGUEL BAHACHILLE 17 de octubre de 2016

El gobierno aun cuando era “muy millonario y manirroto” logró el gran milagro; se convirtió en el centro de la crítica pública porque omitió o despreció la interposición de la conciencia ciudadana en asuntos que conciernen a toda la nación. Hasta el Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lo percibe así. Pidió a Nicolás Maduro que escuche las quejas de los venezolanos y agregó: “Sé que la situación económica es muy difícil, pero las protestas demostradas por el pueblo, no solo por los partidos políticos, deberían ser tenidas en cuenta de forma muy seria”.

Sin embargo la terca jefatura encabezada por el Presidente se niega con impasible “sordera” a considerar cualquier vía democrática para auscultar la queja ciudadana sobre todo de los chavistas que aún quedan. El régimen, desde el inicio, se dejó llevar por objetivos que no se corresponden con la realidad del vecino. La “dirigencia socialista” vive en el borde, y seguirá allí, porque nació desviada de nuestra habitualidad. La euforia atizada por un vano populismo se descubre como lo que siempre fue: una utopía ricacha e insolente. Hoy la mayoría invoca cambios por estar, dicho en criollo, “limpia y con hambre”.

Cualquier ámbito social que se inquiera devela como esta “maraña patrañera” nos hunde en el más pasmoso laberinto de nuestra historia republicana. Notamos el cambio por su carácter destructivo sin saber con precisión quiénes son los auténticos conductores del hilo gubernativo. Veamos el caso de la Educación. Es evidente el desplome del sistema educativo, pero nadie está al tanto de cuántos niños y con qué asiduidad desertan ni de profesores que dejan la profesión. Lo mismo ocurre con los médicos, técnicos y personal calificado.

El barniz oficial para tapar el caos, no sólo educativo, se basa en un supuesto patriotismo que rechaza el influjo de fisonomías extrañas. Que esta revolución, como la cubana, ha creado su propio sistema formativo. Que los excelentes profesionales y técnicos formados en la democracia iniciada en 1958 están inoculados por el virus capitalista. ¡Era indispensable pues comenzar desde cero! La miseria e inseguridad erigida por esta hechura socialista queda por cuenta del vecino. El 80% de venezolanos cree que esta gerencia está imposibilitada para subsanar cualquier conflicto porque tutela un poder con mucha fibra represiva y poca atribución cívica.

La enorme anarquía causante del actual “shock social” incita a tomar conciencia a favor del cambio; también “educar” al pueblo para que no repita errores como de haber elegido un presidente militar con un sinnúmero de restricciones para incursionar en el mundo civil. Afortunadamente el pueblo aprendió la lección. El 88% clama por el fin de este sistema destructor. Más de 11 millones votaría a favor del revocatorio contra Maduro (Encuestadora VENEBARÓMETRO).

Todo el país pagó muy caro por este “traspié histórico”. Aquello que parecía propicio para “la nueva política”; es decir, buscar identificaciones a través de slogans colmados de recetas socialistas resultó catastrófico. Los que asumieron en 1998 decidieron desde un pódium no conservar lo bueno erigido durante décadas; ya que lo realmente bueno vendría por acción de un prodigioso bienhechor. El milagro del inexpugnable quijote surgido de la profundidad del pueblo para restaurar la justicia negada en “La Cuarta” fracasó.

Esta nefasta experiencia de alto costo material y social sirvió para entender que la política es una profesión; que no se puede gobernar con fórmulas vacías. Ojalá sea el fin de una maña muy venezolana de valorar antes de calibrar. El país tiene ante sí una gran ocasión para revocar no solo a un presidente accidental sino de una buena vez el remanente de una cultura mesiánica que hormiguea en nuestro metabolismo político.

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